miércoles, 4 de marzo de 2026

 LA PEDAGOGÍA EN LA ERA DE LA REVOLUCIÓN DIGITAL

Valentín Vásquez

San Andrés Ixtlahuaca, Oaxaca, México

valentin02111956@gmail.com


Introducción

La educación es un producto social en el que participan diferentes actores: familia, escuela y sociedad; es decir, se trata de un producto social. La educación inicia en el ambiente familiar en el niño desarrolla el lenguaje oral, continua en la escuela, en la que se aprende a leer y escribir (lenguaje escrito) y prosigue permanentemente en la sociedad (iglesia, convivencia social, etc.).

 De los actores sociales descritos, con la escuela se añaden otros actores: profesores y alumnos. Con estos nuevos actores, aparece el proceso de enseñanza-aprendizaje, cuya función principal inicial en las sociedades que nos antecedieron, fue la enseñanza de conocimientos de los profesores a los alumnos. Aunque en las sociedades ancestrales propiamente no existían lo que hoy conocemos como profesores, su función la desempeñaban personas mayores (adultos) con una enorme experiencia acumulada (ancianos). En las sociedades posteriores, particularmente durante el Renacimiento que inaugura la aparición del capitalismo manufacturero e industrial para formar técnicos al servicio de las máquinas.

La tecnología siempre ha sido una herramienta muy valiosa para potenciar el aprendizaje de los alumnos (ábaco, juego de geometría, regla de cálculo, etc.); pero, desde la primera revolución tecnológica (Revolución Industrial) en Inglaterra iniciada en la segunda mitad del siglo XVIII con una revolución tecnológica basada en las máquinas de vapor y desarrollada hasta las postrimerías del siglo XIX con sucesivas revoluciones industriales: química, eléctrica, petrolera, etc. Estas revoluciones tecnológicas se extendieron a todo el mundo hasta la década (60-70) del siglo XX. Después de esta década se inicia a gestar una revolución tecnológica conocida como Revolución digital, que tal vez sea más apropiado llamarla tecnología digital.

La tecnología hizo su aparición a finales de siglo XX con la invención del Internet (World Wide Web), computación, telefonía móvil, Big Data, Internet de las Cosas e Inteligencia Artificial, inventos tecnológicos sucesivos cada vez más complejos, que han potenciado todas las actividades productivas (extractivas, manufactureras, agropecuarias, etc.) y no productivas (comerciales, financieras, turismo, etc.) y desde luego la educación, particularmente la pedagogía (enseñanza-aprendizaje).

Respecto a la enseñanza-aprendizaje, el principio pedagógico fundamental debe ser la vinculación de la enseñanza con el trabajo productivo, con la finalidad de aplicar en la práctica, la teoría y con ello fomentar el desarrollo intelectual de los jóvenes estudiantes. En suma, en la era de la tecnología digital, la educación básica generara los conocimientos, habilidades y valores mínimos necesarios, que servirán de fundamento de estudios superiores (educación media superior y superior), para formar profesionales integrales con una firme preparación teórico-práctica.

 

La información en la era de la revolución digital

Caballero y Martín (2022) escriben que, con la revolución digital, ha aparecido un nuevo concepto: el big data, que hace referencia a una cantidad masiva de datos o datos a gran escala.

Una vez que se tienen almacenados los datos, es lograr extraer los datos, el siguiente es extraer nueva información, el objetivo último del big data. De esto se encarga la revolución digital en general y, en particular la inteligencia artificial. Esta se puede concebir el campo de la informática que busca replicar tareas complejas que habitualmente han venido realizando los humanos, incluyendo reconocimiento de imágenes, escritura o voz, o incluso toma de decisiones en tiempo real.

La revolución digital ha hecho posible acceder a una gran cantidad de información variada, útil para diversas actividades: económicas (industriales, comerciales y de servicios), científicas, tecnológicas, etc.

Respecto a la información científica disponible en los dispositivos electrónicos es inmenso. Esto plantea todo un reto para las instituciones de educación superior tanto para la enseñanza de la ciencia, como para la investigación.

El big data de conocimientos ha repercutido en el diseño curricular de gran cantidad de especialidades y como consecuencia en la formación de profesionales especializados en una determinada de la realidad material. En lo relativo a la investigación, que tiene como objetivo generar ciencia y en la práctica formar investigadores, también la revolución digital permite el acceso a una gran cantidad de información científica, que sirve de plataformas para la investigación, siempre y cuando se tenga un criterio de veracidad, para seleccionar la información más relevante relacionado con el problema de investigación.

En suma, la revolución digital pone a disposición infinidad de información de todo el mundo en tiempo real que tiene que ser procesada para diferentes finas.

La revolución digital es una herramienta que puede potenciar la enseñanza y el aprendizaje, es decir, impacta tanto a docentes y estudiantes. Respecto a los docentes, ha acabado con el monopolio que los docentes poseían de los conocimientos que impartían. Ahora, los conocimientos ya están disponibles en los dispositivos electrónicos (lap top, teléfonos celulares, tabletas, etc.), el problema, es que esta disponibilidad ha reducido el aprendizaje en los estudiantes, ya que se dedican a copiar mecánicamente los conocimientos sin razonarlos. Es decir, la revolución digital, ha alterado el rol de docentes y estudiantes en la enseñanza-aprendizaje.

Carr (2010) escribió que la imprenta inventada por Johannes Gutenberg (1445), con la que automatizó la producción de libros y así produjo la sustitución de los tradicionales escribanos de la Edad Media. La imprenta fue la primera revolución para difundir información a un gran público.

El autor citado, continua explicando, que como nuestros antepasados de la baja Edad Media, hoy nos encontramos entre dos mundos tecnológicos, Después de 550 años, la imprenta y sus productos se están viendo desplazados del centro de nuestra vida intelectual hacia sus márgenes el cambio comenzó a gestarse  en los años centrales del siglo XX, cuando empezamos a dedicar cada vez más tiempo y atención a los baratos y abundantes productos de entretenimiento llegados con la primera ola de medios eléctricos y electrónicos: la radio, el cine, el fonógrafo, y la televisión. Sin embargo, estas tecnologías, se vieron siempre limitadas por su incapacidad para transmitir la palabra escrita. La cultura dominante seguía transmitiéndose a través de la imprenta. Ahora la corriente se desvía de forma rápida y decisiva a un nuevo canal. La revolución electrónica está llegando a su culminación: la computadora -personal, portátil, de bolsillo- se ha convertido en nuestra constante compañera; e internet, en nuestro medio favorito para almacenar, procesar y compartir información en todas sus formas, incluida la textual. El nuevo mundo seguirá siendo, por supuesto, un mundo alfabetizado, repleto de los familiares símbolos del alfabeto. No podemos volver al mundo oral perdido, como no podemos volver a los tiempos en que los relojes no existían…Cuando nos conectamos a la red, entramos en un entorno que fomenta una lectura somera, un pensamiento apresurado y distraído, un pensamiento superficial. Es posible pensar profundamente mientras se navega en la red, como es posible pensar someramente mientras se lee un libro, pero no es éste el tipo de pensamiento que la tecnología promueve y recompensa. Sin dejar de admitir que hoy día resulta difícil imaginarse la vida sin internet ni herramientas de este entorno como Google, su uso continuado entraña consecuencias neurológicas. Lo mismo sucedió con el reloj al apartarnos del flujo natural del tiempo, al decidir cuándo comer, trabajar, dormir o despertar; dejamos de escuchar nuestros sentidos y comenzamos a obedecer al reloj; es decir, nos desincronizamos de nuestro reloj biológico natural (ciclo circadiano) y las enfermedades están a la vista.

 

La formación de profesionales en la era de la revolución digital

Ortega y Gasset (1930) escribió que la visión de la universidad no se reduce a formar profesionales e investigadores. El carácter catastrófico de la situación presente europea se debe a que el inglés medio, el francés medio, el alemán medio, son incultos, no poseen el sistema vital de ideas sobre el mundo y el hombre correspondientes al tiempo. Ese personaje medio es el nuevo bárbaro, retrasado con respecto a su época, arcaico y primitivo en comparación con la terrible actualidad y fecha de sus problemas. Este nuevo bárbaro es principalmente el profesional, más sabio que nunca, pero más inculto también (el ingeniero, el médico, el abogado, el científico). No obstante, si se toma en cuenta los planes de enseñanza, se encuentra siempre la exigencia al estudiante, sobre su aprendizaje profesional y lo que trabaje en la investigación, la asistencia a un curso de carácter general de filosofía e historia. No hace falta aguzar mucho la pupila para reconocer en esta exigencia un último y triste residuo de algo más grande e importante. El síntoma de que algo es residuo (en biología como en la historia) consiste en que no se comprende por qué está ahí. La justificación que hoy se da a aquel precepto universitario es muy vaga: conviene que el estudiante reciba algo del “cultura general”. No se es “culto” en física o matemáticas. Eso es ser sabio en una materia. La vida es u n caos, una selva salvaje, una confusión. El hombre se pierde en ella. Pero su mente reacciona ante esa sensación de naufragio y perdimiento: trabaja para encontrar en la selva “vías”, “caminos”; es decir, ideas claras y firmes sobre el universo, convicciones positivas sobre lo que son las cosas y el mundo. El conjunto, el sistema de ellas, es la cultura en el sentido de la palabra; todo lo contrario, pues, que ornamento. cultura es lo que salva del naufragio vital, lo que permite al hombre vivir sin que su vida sea tragedia sin sentido o radical envilecimiento. No podemos vivir humanamente sin ideas. De ellas depende lo que hagamos, y vivir no es sino hacer esto o lo otro. En este sentido, es la cultura, particularmente la filosofía parala formación de profesionales.

En otra obra, Ortega y Gasset (1914) escribió que la filosofía, en la medida en que aspira a la determinación de un sentido, busca producir síntesis, conexiones ocultas tras la masa indiferenciada de hechos…la guerra ha sorprendido al europeo sin nociones claras de las cuestiones últimas, esto es, aquellas que corresponde esclarecer a la filosofía. Entre 1915-1916, en pleno fragor de la Primera Guerra (1914-1918), en la lección II escribió del objeto de estudio de la filosofía es el universo…El universo es el vocablo enorme y monolítico que como una vasta y vaga gesticulación oculta, más bien que enuncia, este concepto rigoroso: todo cuanto hay…El filósofo se sitúa ante su objeto en actitud distinta de todo otro conocedor: el filósofo ignora cual es su objeto y de él solo sabe, que no es ninguno de los demás objetos; y, que es un objeto integral, que es el auténtico todo, el que no deja nada fuera y por lo mismo el único que se basta. Pero precisamente ninguno de los objetos conocidos o sospechados posee esta condición. Por tanto, el universo es lo que radicalmente no sabemos, lo que absolutamente ignoramos en su contenido positivo. Por esta razón propongo que, al definir a la filosofía como conocimiento del universo, entendamos por tal un sistema integral de actitudes intelectuales, en el cual se organiza metódicamente la aspiración al conocimiento absoluto. Lo decisivo, pues, para que un conjunto de pensamientos de pensamientos sea filosofía, estriba en que la reacción del intelecto ante el universo sea también universal, que sea en suma un sistema absoluto. En la lección III de filosofía, habló de dos tipos de verdades: la científica y la filosófica. Aquella es exacta pero insuficiente, ésta es suficiente pero inexacta. Y resulta que ésta, la inexacta, es una verdad más radical que aquella -por tanto y sin duda, una verdad de más alto rango-, no solo porque su tema sea más amplio, sino aun como modo de conocimiento, en suma, que la verdad inexacta filosófica es una verdad más verdadera.

Lombardo (1933-1935) en su polémica con Antonio Caso, define la filosofía como síntesis y remate del conocimiento y de la cultura…preocupados los directores de la universidad en expulsar al positivismo de la más importante casa de estudios de la República [Universidad Nacional Autónoma de México], se abrazaron con pasión a una doctrina filosófica que negaba a la razón humana la facultad del conocimiento de la esencia de las cosas, reconociendo ese poder solo a la intuición, de acuerdo con las tesis del impulso vital de Henri Bergson y otros pensadores partidarios de la filosofía irracionalista, entonces en boga en una Europa acobardada que iba a sumirse pronto en la crisis de la Segunda Guerra Mundial.

Savater (2008) que existen predicadores que consideran inevitable nuestra deshumanización por culpa de los ordenadores, los vídeos, internet y otros inventos. Lo cierto es que ninguno de tales instrumentos tiene por qué perturbar en modo alguno nuestra humanidad, ni siquiera nuestro humanismo.  Son herramientas, no demonios; surgen del afán de mejorar nuestro conocimiento de lo remoto y de lo múltiple, no del propósito de vigilar, torturar o exterminar al prójimo: si finalmente se lo emplea para tales fechorías, es culpa de cualquiera menos de las máquinas. Es regla general que tales herramientas no sólo no deshumanizan a nadie, sino que sean en seguida puestas al servicio de lo más humano. Por supuesto, tan erróneo es el dictamen apocalíptico que certifica la abolición del espíritu por culpa de los ordenadores como la beatitud trivial de quienes creen que la inteligencia de esos aparatos logrará darles la agilidad mental de la que carecen.

Savater (2009) escribe que la filosofía busca no tomarlo todo de una manera aforística, es decir, por separado, sino buscar la interrelación. La filosofía siempre trata de buscar una plena visión de conjunto …No es que no sepamos cosas, es que nos llega una cantidad enorme de información, principalmente de internet. Pero esa masa de información a veces es cierta, a veces es falsa, a veces es irrelevante, a veces importantísima, a veces está fundada, a veces infundada. El problema ya no es recibir información, pues hoy el mundo tiene más información de la que puede asimilar, el problema es orientarse de tal manera que la información sirva para algo. Entonces, la filosofía es la pretensión de que hay que crear un marco dentro del cual entre lo relevante y de que alguna manera sirva de muralla contra lo irrelevante, lo trivial y lo engañoso. El criterio, en el sentido literal de la palabra. Criterio significa en griego “cedazo”, sobre el se pasan de alguna manera las cosas para saber con qué nos quedamos y con qué no.

 

Estrategias para el desarrollo del pensamiento abstracto

Salgado (2014) plantea que el aprendizaje de la lengua oral lo llevamos a cabo en nuestro grupo humano de pertenencia, desde el mismo momento en que nacemos, por la interacción espontánea que establecemos con otros hablantes y sin que sea necesaria la mediación del sistema educativo. No podemos pensar, entonces, que dicho sistema se limite a proporcionar otros contextos diferentes de interacción. El aprendizaje de la escritura, en cambio, es una de las responsabilidades ineludibles que nuestra sociedad ha delegado en los educadores; precisamente porque la adquisición de la lectura y la escritura requiere de la intervención premeditada y consciente del adulto experto, sin la cual se vería seriamente dificultada. Si partimos de un principio compartido por casi la totalidad de la comunidad científica: el hecho de que el lenguaje y el pensamiento conforman una unidad dinámica y compleja. Nadie pone en duda que ambos factores interactúan dialécticamente. Hay quienes afirman que “el desarrollo del pensamiento está determinado por el lenguaje”. Otros, en cambio, desde una postura menos radical, consideran que, sin llegar a determinarlo, el lenguaje condiciona el desarrollo del pensamiento. Si tenemos en cuenta que todo pensamiento presupone la elaboración de ideas, nos tenemos que ubicar en el plano de las abstracciones; y el lenguaje natural, como sistema de signos, es en sí mismo una abstracción, aunque no vayamos más allá de los vocablos que acuñamos para nombrar la realidad concreta que nos rodea. Por ejemplo, para construir la idea [concepto] de “perro”, comenzamos a desarrollar un proceso mediante el cual vamos construyendo ciertas generalizaciones. Luego gradualmente, a través de un proceso exploratorio de ensayo y error, en constante interacción con la realidad y con los hablantes expertos que nos rodean y nos suministran, consciente e inconscientemente, información lingüista pertinente, vamos prescindiendo de todos los elementos concretos individuales aislados que nuestra experiencia nos proporciona, con sus infinitas diferencias y particularidades, y llegamos a concebir un concepto totalmente abstracto que no tiene sensibilidad concreta. Así pues, la lengua oral es espontánea, acumulativa e irreflexiva. La lengua escrita es premeditada, analítica y reflexiva, y quizá proporcione las herramientas necesarias para el desarrollo de un pensamiento crítico.

Turner y Chávez (1999) escriben que el educador tiene que lograr, que el aula no se convierta en teatro donde se declame, sino taller donde se trabaje. Cuanto más los alumnos realicen actividades y sepan cómo hacerlas, el resultado del aprendizaje será más firme, lo esencial permanecerá en la memoria del alumno y servirá de base para la adquisición de nuevos conocimientos y habilidades. Los autores, citan a Félix Varela, destacado pedagogo cubano, quien siempre planteó, que el papel del maestro era: “enseñar al hombre a pensar desde sus primeros años”; y puso todo su empeño en demostrar que resultaba necesario dedicar tiempo en la enseñanza de las operaciones intelectuales; sobre todo al análisis y a la síntesis. Esos procesos del intelecto no podían quedar abandonados a la espontaneidad. La enseñanza media debía iniciarse por la Lógica (ciencia del pensamiento). Con su estudio previo se pretendía, precisamente, que los alumnos desarrollaran las habilidades intelectuales generales. La Lógica sería la asignatura rectora para ese fin y los alumnos aprenderían de manera consciente, la estructura y el origen de las ideas, así como la forma de relacionarlas entre sí. Las habilidades intelectuales proporcionadas por la Lógica se combinarían con el estudio de las ciencias naturales, dando énfasis a la observación y la experimentación, lo que posibilita que los alumnos adquieran también las habilidades prácticas, y se producía así la particularización de las habilidades intelectuales, al aplicarlas al estudio de un objeto concreto determinado. En la unidad de todo este proceso dinámico estaba, para Varela, la verdadera fuente del conocimiento, lo que generaría un aprendizaje firme. Además, Varela enfatizó que: “enseñar a trabajar es la tarea del maestro. A trabajar con las manos, con los oídos, con los ojos y después, y, sobre todo, con la inteligencia”.

Los mismos autores citados continúan exponiendo sus ideas: Por lo general, en la pedagogía la preocupación ha estado centrada en el acto de enseñar, en la actividad del maestro, en el aspecto externo de su actuación en la clase, pero no se ha trabajado, estudiado y profundizado suficientemente en el aprendizaje, en el desarrollo de habilidades intelectuales de los alumnos, que los haga asimilar activamente el contenido de la enseñanza. Ha existido en la práctica, la supremacía incondicional del volumen de conocimiento sobre el desarrollo de actividades mentales. En actualidad la actividad intelectual del alumno se reduce en la mayoría de los casos, a tomar algunas notas mecánicamente, que resumen las conclusiones presentadas por el maestro, o se dedica a tomar textualmente un dictado, a realizar algunos ejercicios en se repiten los mismos pasos ya presentados, o a responder algunas preguntas que reproducen lo expresado por el profesor. Con esta actividad insuficiente, no hay inicio de aprendizaje real que pueda traducirse después en una búsqueda del libro de texto, en una motivación para profundizar y ampliar lo estudiado, no hay firmeza en lo aprendido ni relaciones con los nuevos conocimientos, ni, por supuesto, se aprecia en los alumnos un pensamiento dialéctico y creador.

Los autores concluyen diciendo que, en las investigaciones y los estudios realizados en los últimos veinte años, todos llegan a la conclusión de que en el mundo contemporáneo con los avances impetuosos de la ciencia, la técnica y el saber en general, resulta apremiante, no la acumulación de los conocimientos, sino aprender como adquirirlos que es lo mismo apropiarse de los necesarios y tener las habilidades y capacidades intelectuales desarrolladas al efecto. Esto significa que el trabajo del maestro con el estudiante, se debe centrar ahora, , esencialmente, en activar el aprendizaje por parte del alumno, más que en la enseñanza por parte del maestro, lo que demanda asegurar la participación intelectual activa del estudiante y ejercitar sistemáticamente sus habilidades intelectuales  (análisis, síntesis, comparación, generalización, inducción, deducción), hasta lograr el desarrollo del pensamiento dialéctico y creador.  

Casanova (2001) en su exposición, en lo referente a la importancia de la filosofía en la educación superior: El especialista que hace explícita la filosofía que está detrás de su investigación o que deduce reflexiones teóricas y epistemológicas de su propia investigación es todavía excepcional. Es raro el investigador o el profesor que no se limita al estilo experimental de resolver o investigar un determinado problema de su especialidad, sino que también piensa en lo que está detrás de ese problema y en las consecuencias más generales que entraña la investigación experimental o empírica del mismo para la reestructuración del concepto y de las redes conceptuales a que pertenece. En seguida cita a Tocqueville:

He vivido con hombres de letras, que han escrito la historia sin participar en ella, y con hombres políticos, que sólo se han dedicado a producir los hechos sin describirlos. He observado que los primeros siempre veían las causas generales, mientras los otros, que vivían a diario, en lo deshilvanado de los hechos, atribuían todo a incidentes particulares, y pensaban que los pequeños resortes que ellos movían sin cesar entre sus manos, eran los mismos que movían el mundo. Creo que unos y otros están equivocados”.

Relacionar varias disciplinas entre sí y fortalecer el filosofar del científico con la investigación empírica, experimental e histórica es uno de los objetivos de un programa de investigación y de docencia en el que solo empezamos a navegar.

 

Discusión

La revolución digital inició con la invención del Internet (World Wide Web) y comprende la computación, telefonía móvil, Big Data, Internet de las Cosas e Inteligencia Artificial. La tecnología digital se ha convertido en una herramienta muy poderosa para potenciar actividades productivas (extractivas, industriales, agropecuarias, etc.) y no productivas (comerciales, financieras, etc.) y desde luego la educación, particularmente el proceso de enseñanza-aprendizaje.

Desde la primera mitad del siglo XX ya se percibía la formación de especialistas en diferentes profesiones, en detrimento de la formación integral, en un entorno en el que todavía no había aparecido la revolución digital.

En la actualidad cuando estamos “inundados” de una infinita cantidad de información, es indispensable tener criterios de veracidad, para seleccionar la información relevante para nuestros fines y descartar los datos (cuantitativos y cualitativos) irrelevantes.

En la era de la revolución digital es más importante la formación filosófica de los profesionales para la síntesis de los conocimientos parciales de la gran cantidad de conocimientos científicos particulares para elevarlos de verdades a medias a verdades universales.

 

Conclusiones

La revolución digital es una transformación cualitativa en las tecnologías de la información y comunicación, que también ha revolucionado espacialmente y temporalmente, el movimiento de mercancías, migración humana, ciencia e investigación, educación, etc.

La revolución digital es una poderosa herramienta para potenciar la educación, particularmente el proceso enseñanza-aprendizaje al proveer de una masa inmensa de información cuantitativa y cualitativa, así rapidez en el procesamiento de los datos y, con ello agilizar la toma de decisiones.

Al sustituir mano de obra en las empresas (industriales, comerciales y de servicios), ha generado desempleo masivo y la subsecuente precariedad de los salarios de los trabajadores.

Es urgente la síntesis filosófica de la gran cantidad de conocimientos de las ciencias particulares.

Dada la gran cantidad de profesionales especialistas, es indispensable incorporar en sus currículums la parte filosófica, para superar los conocimientos parciales que les proporcionan las ciencias particulares.

Los dispositivos digitales son herramientas que, sabiéndolas utilizar correctamente, potencian las actividades de enseñanza-aprendizaje.

La revolución digital en sus diferentes variantes, con la gran cantidad de información que aportan, facilitan la formación de científicos e investigadores.

En síntesis, el perfil del profesional en la era de la revolución digital debe considerar: crítico, creativo, clasificador, sistematizador, generalizador, dialéctico y teórico-práctico.

 

Referencias bibliográficas

Caballero Rafael y Martín Enrique. 2022. Las bases de big data y de la inteligencia artificial. Los libros de la Catarata. Madrid, España.

Carr Nicholas. 2010. ¿Qué está haciendo internet con nuestras mentes? Superficiales. Santillana Ediciones Generales, S.A. de C.V. México D.F.

González Casanova Pablo. 2001. La universidad necesaria en el siglo XXI. Ediciones Era, S.A. de C.V. México, D.F.

Lombardo Toledano Vicente. 1933-1935. Polémicas filosóficas: Caso vs Lombardo, Caso vs Zamora. Centro de Estudios filosóficos y sociales “Vicente Lombardo Toledano”. 2008. México, D.F.

Ortega y Gasset José. (1914). Meditaciones del Quijote. Editorial Gredos (2004-2010), Madrid, España.

Ortega y Gasset José. (1915-1916). Lecciones de Filosofía. Editorial Gredos (2004-2010), Madrid, España.

Ortega y Gasset José. 1930. Misión de la universidad. Conferencia expuesta en Buenas Aires, Argentina.

Salgado Hugo. 2014. La escritura y el desarrollo del pensamiento. En torno a los procesos de aprendizaje de la lengua. Fondo de Cultura Económica de Argentina, S.A. Buenos Aires, Argentina.

Savater (2008). El valor de educar. Editorial Booket (2024). Ciudad de México.

Savater Fernando. 2009. La aventura de pensar. Penguin Random House Grupo Editorial, S.A.U. Barcelona, España.

Turner Martí Lidia y Chávez Rodríguez Justo A. 1999. ¿Se aprende a aprender? Editorial Pueblo y Educación. La Habana, Cuba.