LA PEDAGOGÍA EN LA ERA DE LA REVOLUCIÓN DIGITAL
Valentín Vásquez
San Andrés Ixtlahuaca, Oaxaca, México
valentin02111956@gmail.com
Introducción
La
educación es un producto social en el que participan diferentes actores:
familia, escuela y sociedad; es decir, se trata de un producto social. La
educación inicia en el ambiente familiar en el niño desarrolla el lenguaje
oral, continua en la escuela, en la que se aprende a leer y escribir (lenguaje
escrito) y prosigue permanentemente en la sociedad (iglesia, convivencia
social, etc.).
De los actores sociales descritos, con la
escuela se añaden otros actores: profesores y alumnos. Con estos nuevos actores,
aparece el proceso de enseñanza-aprendizaje, cuya función principal inicial en
las sociedades que nos antecedieron, fue la enseñanza de conocimientos de los
profesores a los alumnos. Aunque en las sociedades ancestrales propiamente no
existían lo que hoy conocemos como profesores, su función la desempeñaban
personas mayores (adultos) con una enorme experiencia acumulada (ancianos). En
las sociedades posteriores, particularmente durante el Renacimiento que
inaugura la aparición del capitalismo manufacturero e industrial para formar técnicos
al servicio de las máquinas.
La
tecnología siempre ha sido una herramienta muy valiosa para potenciar el
aprendizaje de los alumnos (ábaco, juego de geometría, regla de cálculo, etc.);
pero, desde la primera revolución tecnológica (Revolución Industrial) en
Inglaterra iniciada en la segunda mitad del siglo XVIII con una revolución
tecnológica basada en las máquinas de vapor y desarrollada hasta las
postrimerías del siglo XIX con sucesivas revoluciones industriales: química,
eléctrica, petrolera, etc. Estas revoluciones tecnológicas se extendieron a
todo el mundo hasta la década (60-70) del siglo XX. Después de esta década se
inicia a gestar una revolución tecnológica conocida como Revolución digital,
que tal vez sea más apropiado llamarla tecnología digital.
La
tecnología hizo su aparición a finales de siglo XX con la invención del
Internet (World Wide Web), computación, telefonía móvil, Big
Data, Internet de las Cosas e Inteligencia Artificial, inventos tecnológicos
sucesivos cada vez más complejos, que han potenciado todas las actividades
productivas (extractivas, manufactureras, agropecuarias, etc.) y no productivas
(comerciales, financieras, turismo, etc.) y desde luego la educación,
particularmente la pedagogía (enseñanza-aprendizaje).
Respecto
a la enseñanza-aprendizaje, el principio pedagógico fundamental debe ser la
vinculación de la enseñanza con el trabajo productivo, con la finalidad de aplicar
en la práctica, la teoría y con ello fomentar el desarrollo intelectual de los
jóvenes estudiantes. En suma, en la era de la tecnología digital, la educación
básica generara los conocimientos, habilidades y valores mínimos necesarios,
que servirán de fundamento de estudios superiores (educación media superior y
superior), para formar profesionales integrales con una firme preparación
teórico-práctica.
La información en la era de la revolución
digital
Caballero
y Martín (2022) escriben que, con la revolución digital, ha aparecido un nuevo
concepto: el big data, que hace referencia a una cantidad masiva de datos o
datos a gran escala.
Una
vez que se tienen almacenados los datos, es lograr extraer los datos, el
siguiente es extraer nueva información, el objetivo último del big data. De
esto se encarga la revolución digital en general y, en particular la inteligencia
artificial. Esta se puede concebir el campo de la informática que busca
replicar tareas complejas que habitualmente han venido realizando los humanos,
incluyendo reconocimiento de imágenes, escritura o voz, o incluso toma de
decisiones en tiempo real.
La
revolución digital ha hecho posible acceder a una gran cantidad de información
variada, útil para diversas actividades: económicas (industriales, comerciales
y de servicios), científicas, tecnológicas, etc.
Respecto
a la información científica disponible en los dispositivos electrónicos es
inmenso. Esto plantea todo un reto para las instituciones de educación superior
tanto para la enseñanza de la ciencia, como para la investigación.
El
big data de conocimientos ha repercutido en el diseño curricular de gran
cantidad de especialidades y como consecuencia en la formación de profesionales
especializados en una determinada de la realidad material. En lo relativo a la
investigación, que tiene como objetivo generar ciencia y en la práctica formar
investigadores, también la revolución digital permite el acceso a una gran
cantidad de información científica, que sirve de plataformas para la
investigación, siempre y cuando se tenga un criterio de veracidad, para
seleccionar la información más relevante relacionado con el problema de
investigación.
En
suma, la revolución digital pone a disposición infinidad de información de todo
el mundo en tiempo real que tiene que ser procesada para diferentes finas.
La
revolución digital es una herramienta que puede potenciar la enseñanza y el
aprendizaje, es decir, impacta tanto a docentes y estudiantes. Respecto a los
docentes, ha acabado con el monopolio que los docentes poseían de los
conocimientos que impartían. Ahora, los conocimientos ya están disponibles en los
dispositivos electrónicos (lap top, teléfonos celulares, tabletas, etc.), el
problema, es que esta disponibilidad ha reducido el aprendizaje en los
estudiantes, ya que se dedican a copiar mecánicamente los conocimientos sin
razonarlos. Es decir, la revolución digital, ha alterado el rol de docentes y
estudiantes en la enseñanza-aprendizaje.
Carr
(2010) escribió que la imprenta inventada por Johannes Gutenberg (1445), con la
que automatizó la producción de libros y así produjo la sustitución de los
tradicionales escribanos de la Edad Media. La imprenta fue la primera
revolución para difundir información a un gran público.
El
autor citado, continua explicando, que como nuestros antepasados de la baja
Edad Media, hoy nos encontramos entre dos mundos tecnológicos, Después de 550
años, la imprenta y sus productos se están viendo desplazados del centro de
nuestra vida intelectual hacia sus márgenes el cambio comenzó a gestarse en los años centrales del siglo XX, cuando
empezamos a dedicar cada vez más tiempo y atención a los baratos y abundantes
productos de entretenimiento llegados con la primera ola de medios eléctricos y
electrónicos: la radio, el cine, el fonógrafo, y la televisión. Sin embargo,
estas tecnologías, se vieron siempre limitadas por su incapacidad para
transmitir la palabra escrita. La cultura dominante seguía transmitiéndose a
través de la imprenta. Ahora la corriente se desvía de forma rápida y decisiva
a un nuevo canal. La revolución electrónica está llegando a su culminación: la
computadora -personal, portátil, de bolsillo- se ha convertido en nuestra
constante compañera; e internet, en nuestro medio favorito para almacenar,
procesar y compartir información en todas sus formas, incluida la textual. El
nuevo mundo seguirá siendo, por supuesto, un mundo alfabetizado, repleto de los
familiares símbolos del alfabeto. No podemos volver al mundo oral perdido, como
no podemos volver a los tiempos en que los relojes no existían…Cuando nos
conectamos a la red, entramos en un entorno que fomenta una lectura somera, un
pensamiento apresurado y distraído, un pensamiento superficial. Es posible
pensar profundamente mientras se navega en la red, como es posible pensar
someramente mientras se lee un libro, pero no es éste el tipo de pensamiento
que la tecnología promueve y recompensa. Sin dejar de admitir que hoy día
resulta difícil imaginarse la vida sin internet ni herramientas de este entorno
como Google, su uso continuado entraña consecuencias neurológicas. Lo mismo
sucedió con el reloj al apartarnos del flujo natural del tiempo, al decidir
cuándo comer, trabajar, dormir o despertar; dejamos de escuchar nuestros
sentidos y comenzamos a obedecer al reloj; es decir, nos desincronizamos de
nuestro reloj biológico natural (ciclo circadiano) y las enfermedades están a
la vista.
La formación de profesionales en la
era de la revolución digital
Ortega
y Gasset (1930) escribió que la visión de la universidad no se reduce a formar
profesionales e investigadores. El carácter catastrófico de la situación
presente europea se debe a que el inglés medio, el francés medio, el alemán
medio, son incultos, no poseen el sistema vital de ideas sobre el mundo y el
hombre correspondientes al tiempo. Ese personaje medio es el nuevo bárbaro,
retrasado con respecto a su época, arcaico y primitivo en comparación con la
terrible actualidad y fecha de sus problemas. Este nuevo bárbaro es principalmente
el profesional, más sabio que nunca, pero más inculto también (el ingeniero, el
médico, el abogado, el científico). No obstante, si se toma en cuenta los
planes de enseñanza, se encuentra siempre la exigencia al estudiante, sobre su
aprendizaje profesional y lo que trabaje en la investigación, la asistencia a
un curso de carácter general de filosofía e historia. No hace falta aguzar
mucho la pupila para reconocer en esta exigencia un último y triste residuo de
algo más grande e importante. El síntoma de que algo es residuo (en biología
como en la historia) consiste en que no se comprende por qué está ahí. La
justificación que hoy se da a aquel precepto universitario es muy vaga:
conviene que el estudiante reciba algo del “cultura general”. No se es “culto”
en física o matemáticas. Eso es ser sabio en una materia. La vida es u n caos,
una selva salvaje, una confusión. El hombre se pierde en ella. Pero su mente
reacciona ante esa sensación de naufragio y perdimiento: trabaja para encontrar
en la selva “vías”, “caminos”; es decir, ideas claras y firmes sobre el
universo, convicciones positivas sobre lo que son las cosas y el mundo. El
conjunto, el sistema de ellas, es la cultura en el sentido de la palabra; todo
lo contrario, pues, que ornamento. cultura es lo que salva del naufragio vital,
lo que permite al hombre vivir sin que su vida sea tragedia sin sentido o
radical envilecimiento. No podemos vivir humanamente sin ideas. De ellas
depende lo que hagamos, y vivir no es sino hacer esto o lo otro. En este
sentido, es la cultura, particularmente la filosofía parala formación de
profesionales.
En
otra obra, Ortega y Gasset (1914) escribió que la filosofía, en la medida en
que aspira a la determinación de un sentido, busca producir síntesis,
conexiones ocultas tras la masa indiferenciada de hechos…la guerra ha
sorprendido al europeo sin nociones claras de las cuestiones últimas, esto es,
aquellas que corresponde esclarecer a la filosofía. Entre 1915-1916, en pleno
fragor de la Primera Guerra (1914-1918), en la lección II escribió del objeto
de estudio de la filosofía es el universo…El universo es el vocablo enorme y
monolítico que como una vasta y vaga gesticulación oculta, más bien que
enuncia, este concepto rigoroso: todo cuanto hay…El filósofo se sitúa ante su
objeto en actitud distinta de todo otro conocedor: el filósofo ignora cual es
su objeto y de él solo sabe, que no es ninguno de los demás objetos; y, que es
un objeto integral, que es el auténtico todo, el que no deja nada fuera y por
lo mismo el único que se basta. Pero precisamente ninguno de los objetos
conocidos o sospechados posee esta condición. Por tanto, el universo es lo que
radicalmente no sabemos, lo que absolutamente ignoramos en su contenido
positivo. Por esta razón propongo que, al definir a la filosofía como
conocimiento del universo, entendamos por tal un sistema integral de actitudes
intelectuales, en el cual se organiza metódicamente la aspiración al
conocimiento absoluto. Lo decisivo, pues, para que un conjunto de pensamientos
de pensamientos sea filosofía, estriba en que la reacción del intelecto ante el
universo sea también universal, que sea en suma un sistema absoluto. En la
lección III de filosofía, habló de dos tipos de verdades: la científica y la
filosófica. Aquella es exacta pero insuficiente, ésta es suficiente pero
inexacta. Y resulta que ésta, la inexacta, es una verdad más radical que
aquella -por tanto y sin duda, una verdad de más alto rango-, no solo porque su
tema sea más amplio, sino aun como modo de conocimiento, en suma, que la verdad
inexacta filosófica es una verdad más verdadera.
Lombardo
(1933-1935) en su polémica con Antonio Caso, define la filosofía como síntesis
y remate del conocimiento y de la cultura…preocupados los directores de la
universidad en expulsar al positivismo de la más importante casa de estudios de
la República [Universidad Nacional Autónoma de México], se abrazaron con pasión
a una doctrina filosófica que negaba a la razón humana la facultad del
conocimiento de la esencia de las cosas, reconociendo ese poder solo a la intuición,
de acuerdo con las tesis del impulso vital de Henri Bergson y otros pensadores
partidarios de la filosofía irracionalista, entonces en boga en una Europa
acobardada que iba a sumirse pronto en la crisis de la Segunda Guerra Mundial.
Savater
(2008) que existen predicadores que consideran inevitable nuestra
deshumanización por culpa de los ordenadores, los vídeos, internet y otros
inventos. Lo cierto es que ninguno de tales instrumentos tiene por qué
perturbar en modo alguno nuestra humanidad, ni siquiera nuestro humanismo. Son herramientas, no demonios; surgen del afán
de mejorar nuestro conocimiento de lo remoto y de lo múltiple, no del propósito
de vigilar, torturar o exterminar al prójimo: si finalmente se lo emplea para
tales fechorías, es culpa de cualquiera menos de las máquinas. Es regla general
que tales herramientas no sólo no deshumanizan a nadie, sino que sean en
seguida puestas al servicio de lo más humano. Por supuesto, tan erróneo es el
dictamen apocalíptico que certifica la abolición del espíritu por culpa de los
ordenadores como la beatitud trivial de quienes creen que la inteligencia de
esos aparatos logrará darles la agilidad mental de la que carecen.
Savater
(2009) escribe que la filosofía busca no tomarlo todo de una manera aforística,
es decir, por separado, sino buscar la interrelación. La filosofía siempre
trata de buscar una plena visión de conjunto …No es que no sepamos cosas, es
que nos llega una cantidad enorme de información, principalmente de internet. Pero
esa masa de información a veces es cierta, a veces es falsa, a veces es
irrelevante, a veces importantísima, a veces está fundada, a veces infundada.
El problema ya no es recibir información, pues hoy el mundo tiene más
información de la que puede asimilar, el problema es orientarse de tal manera
que la información sirva para algo. Entonces, la filosofía es la pretensión de
que hay que crear un marco dentro del cual entre lo relevante y de que alguna
manera sirva de muralla contra lo irrelevante, lo trivial y lo engañoso. El
criterio, en el sentido literal de la palabra. Criterio significa en griego
“cedazo”, sobre el se pasan de alguna manera las cosas para saber con qué nos
quedamos y con qué no.
Estrategias para el desarrollo del pensamiento abstracto
Salgado
(2014) plantea que el aprendizaje de la lengua oral lo llevamos a cabo en
nuestro grupo humano de pertenencia, desde el mismo momento en que nacemos, por
la interacción espontánea que establecemos con otros hablantes y sin que sea
necesaria la mediación del sistema educativo. No podemos pensar, entonces, que
dicho sistema se limite a proporcionar otros contextos diferentes de
interacción. El aprendizaje de la escritura, en cambio, es una de las
responsabilidades ineludibles que nuestra sociedad ha delegado en los
educadores; precisamente porque la adquisición de la lectura y la escritura
requiere de la intervención premeditada y consciente del adulto experto, sin la
cual se vería seriamente dificultada. Si partimos de un principio compartido
por casi la totalidad de la comunidad científica: el hecho de que el lenguaje y
el pensamiento conforman una unidad dinámica y compleja. Nadie pone en duda que
ambos factores interactúan dialécticamente. Hay quienes afirman que “el
desarrollo del pensamiento está determinado por el lenguaje”. Otros, en cambio,
desde una postura menos radical, consideran que, sin llegar a determinarlo, el
lenguaje condiciona el desarrollo del pensamiento. Si tenemos en cuenta que
todo pensamiento presupone la elaboración de ideas, nos tenemos que ubicar en
el plano de las abstracciones; y el lenguaje natural, como sistema de signos,
es en sí mismo una abstracción, aunque no vayamos más allá de los vocablos que
acuñamos para nombrar la realidad concreta que nos rodea. Por ejemplo, para
construir la idea [concepto] de “perro”, comenzamos a desarrollar un proceso
mediante el cual vamos construyendo ciertas generalizaciones. Luego
gradualmente, a través de un proceso exploratorio de ensayo y error, en
constante interacción con la realidad y con los hablantes expertos que nos
rodean y nos suministran, consciente e inconscientemente, información lingüista
pertinente, vamos prescindiendo de todos los elementos concretos individuales
aislados que nuestra experiencia nos proporciona, con sus infinitas diferencias
y particularidades, y llegamos a concebir un concepto totalmente abstracto que
no tiene sensibilidad concreta. Así pues, la lengua oral es espontánea,
acumulativa e irreflexiva. La lengua escrita es premeditada, analítica y
reflexiva, y quizá proporcione las herramientas necesarias para el desarrollo
de un pensamiento crítico.
Turner
y Chávez (1999) escriben que el educador tiene que lograr, que el aula no se
convierta en teatro donde se declame, sino taller donde se trabaje. Cuanto más
los alumnos realicen actividades y sepan cómo hacerlas, el resultado del
aprendizaje será más firme, lo esencial permanecerá en la memoria del alumno y
servirá de base para la adquisición de nuevos conocimientos y habilidades. Los
autores, citan a Félix Varela, destacado pedagogo cubano, quien siempre
planteó, que el papel del maestro era: “enseñar
al hombre a pensar desde sus primeros años”; y puso todo su empeño en
demostrar que resultaba necesario dedicar tiempo en la enseñanza de las
operaciones intelectuales; sobre todo al análisis y a la síntesis. Esos
procesos del intelecto no podían quedar abandonados a la espontaneidad. La
enseñanza media debía iniciarse por la Lógica (ciencia del pensamiento). Con su
estudio previo se pretendía, precisamente, que los alumnos desarrollaran las
habilidades intelectuales generales. La Lógica sería la asignatura rectora para
ese fin y los alumnos aprenderían de manera consciente, la estructura y el
origen de las ideas, así como la forma de relacionarlas entre sí. Las
habilidades intelectuales proporcionadas por la Lógica se combinarían con el
estudio de las ciencias naturales, dando énfasis a la observación y la
experimentación, lo que posibilita que los alumnos adquieran también las
habilidades prácticas, y se producía así la particularización de las
habilidades intelectuales, al aplicarlas al estudio de un objeto concreto
determinado. En la unidad de todo este proceso dinámico estaba, para Varela, la
verdadera fuente del conocimiento, lo que generaría un aprendizaje firme.
Además, Varela enfatizó que: “enseñar a
trabajar es la tarea del maestro. A trabajar con las manos, con los oídos, con
los ojos y después, y, sobre todo, con la inteligencia”.
Los
mismos autores citados continúan exponiendo sus ideas: Por lo general, en la
pedagogía la preocupación ha estado centrada en el acto de enseñar, en la
actividad del maestro, en el aspecto externo de su actuación en la clase, pero
no se ha trabajado, estudiado y profundizado suficientemente en el aprendizaje,
en el desarrollo de habilidades intelectuales de los alumnos, que los haga
asimilar activamente el contenido de la enseñanza. Ha existido en la práctica,
la supremacía incondicional del volumen de conocimiento sobre el desarrollo de
actividades mentales. En actualidad la actividad intelectual del alumno se
reduce en la mayoría de los casos, a tomar algunas notas mecánicamente, que
resumen las conclusiones presentadas por el maestro, o se dedica a tomar
textualmente un dictado, a realizar algunos ejercicios en se repiten los mismos
pasos ya presentados, o a responder algunas preguntas que reproducen lo
expresado por el profesor. Con esta actividad insuficiente, no hay inicio de
aprendizaje real que pueda traducirse después en una búsqueda del libro de
texto, en una motivación para profundizar y ampliar lo estudiado, no hay
firmeza en lo aprendido ni relaciones con los nuevos conocimientos, ni, por
supuesto, se aprecia en los alumnos un pensamiento dialéctico y creador.
Los
autores concluyen diciendo que, en las investigaciones y los estudios
realizados en los últimos veinte años, todos llegan a la conclusión de que en
el mundo contemporáneo con los avances impetuosos de la ciencia, la técnica y
el saber en general, resulta apremiante, no la acumulación de los
conocimientos, sino aprender como adquirirlos que es lo mismo apropiarse de los
necesarios y tener las habilidades y capacidades intelectuales desarrolladas al
efecto. Esto significa que el trabajo del maestro con el estudiante, se debe
centrar ahora, , esencialmente, en activar el aprendizaje por parte del alumno,
más que en la enseñanza por parte del maestro, lo que demanda asegurar la
participación intelectual activa del estudiante y ejercitar sistemáticamente sus
habilidades intelectuales (análisis,
síntesis, comparación, generalización, inducción, deducción), hasta lograr el
desarrollo del pensamiento dialéctico y creador.
Casanova
(2001) en su exposición, en lo referente a la importancia de la filosofía en la
educación superior: El especialista que hace explícita la filosofía que está
detrás de su investigación o que deduce reflexiones teóricas y epistemológicas
de su propia investigación es todavía excepcional. Es raro el investigador o el
profesor que no se limita al estilo experimental de resolver o investigar un
determinado problema de su especialidad, sino que también piensa en lo que está
detrás de ese problema y en las consecuencias más generales que entraña la
investigación experimental o empírica del mismo para la reestructuración del
concepto y de las redes conceptuales a que pertenece. En seguida cita a
Tocqueville:
“He vivido con hombres de letras, que han
escrito la historia sin participar en ella, y con hombres políticos, que sólo
se han dedicado a producir los hechos sin describirlos. He observado que los
primeros siempre veían las causas generales, mientras los otros, que vivían a
diario, en lo deshilvanado de los hechos, atribuían todo a incidentes
particulares, y pensaban que los pequeños resortes que ellos movían sin cesar
entre sus manos, eran los mismos que movían el mundo. Creo que unos y otros
están equivocados”.
Relacionar
varias disciplinas entre sí y fortalecer el filosofar del científico con la
investigación empírica, experimental e histórica es uno de los objetivos de un
programa de investigación y de docencia en el que solo empezamos a navegar.
Discusión
La
revolución digital inició con la invención del Internet (World Wide Web) y
comprende la computación, telefonía móvil, Big Data, Internet de
las Cosas e Inteligencia Artificial. La tecnología digital se ha convertido en
una herramienta muy poderosa para potenciar actividades productivas
(extractivas, industriales, agropecuarias, etc.) y no productivas (comerciales,
financieras, etc.) y desde luego la educación, particularmente el proceso de
enseñanza-aprendizaje.
Desde
la primera mitad del siglo XX ya se percibía la formación de especialistas en
diferentes profesiones, en detrimento de la formación integral, en un entorno
en el que todavía no había aparecido la revolución digital.
En
la actualidad cuando estamos “inundados” de una infinita cantidad de
información, es indispensable tener criterios de veracidad, para seleccionar la
información relevante para nuestros fines y descartar los datos (cuantitativos
y cualitativos) irrelevantes.
En
la era de la revolución digital es más importante la formación filosófica de
los profesionales para la síntesis de los conocimientos parciales de la gran
cantidad de conocimientos científicos particulares para elevarlos de verdades a
medias a verdades universales.
Conclusiones
La revolución digital es una
transformación cualitativa en las tecnologías de la información y comunicación,
que también ha revolucionado espacialmente y temporalmente, el movimiento de
mercancías, migración humana, ciencia e investigación, educación, etc.
La revolución digital es una poderosa herramienta para potenciar la educación, particularmente el proceso enseñanza-aprendizaje al proveer de una masa inmensa de información cuantitativa y cualitativa, así rapidez en el procesamiento de los datos y, con ello agilizar la toma de decisiones.
Al sustituir mano de obra en las empresas (industriales, comerciales y de servicios), ha generado desempleo masivo y la subsecuente precariedad de los salarios de los trabajadores.
Es urgente la síntesis filosófica de la gran cantidad de conocimientos de las ciencias particulares.
Dada
la gran cantidad de profesionales especialistas, es indispensable incorporar en
sus currículums la parte filosófica, para superar los conocimientos parciales
que les proporcionan las ciencias particulares.
Los
dispositivos digitales son herramientas que, sabiéndolas utilizar
correctamente, potencian las actividades de enseñanza-aprendizaje.
La
revolución digital en sus diferentes variantes, con la gran cantidad de
información que aportan, facilitan la formación de científicos e
investigadores.
En
síntesis, el perfil del profesional en la era de la revolución digital debe
considerar: crítico, creativo, clasificador, sistematizador, generalizador,
dialéctico y teórico-práctico.
Referencias bibliográficas
Caballero
Rafael y Martín Enrique. 2022. Las bases de big data y de la inteligencia
artificial. Los libros de la Catarata. Madrid, España.
Carr
Nicholas. 2010. ¿Qué está haciendo internet con nuestras mentes? Superficiales.
Santillana Ediciones Generales, S.A. de C.V. México D.F.
González
Casanova Pablo. 2001. La universidad necesaria en el siglo XXI. Ediciones Era,
S.A. de C.V. México, D.F.
Lombardo
Toledano Vicente. 1933-1935. Polémicas filosóficas: Caso vs Lombardo, Caso vs
Zamora. Centro de Estudios filosóficos y sociales “Vicente Lombardo Toledano”.
2008. México, D.F.
Ortega
y Gasset José. (1914). Meditaciones del Quijote. Editorial Gredos (2004-2010),
Madrid, España.
Ortega
y Gasset José. (1915-1916). Lecciones de Filosofía. Editorial Gredos
(2004-2010), Madrid, España.
Ortega
y Gasset José. 1930. Misión de la universidad. Conferencia expuesta en Buenas
Aires, Argentina.
Salgado
Hugo. 2014. La escritura y el desarrollo del pensamiento. En torno a los
procesos de aprendizaje de la lengua. Fondo de Cultura Económica de Argentina,
S.A. Buenos Aires, Argentina.
Savater
(2008). El valor de educar. Editorial Booket (2024). Ciudad de México.
Savater
Fernando. 2009. La aventura de pensar. Penguin Random House Grupo Editorial,
S.A.U. Barcelona, España.
Turner
Martí Lidia y Chávez Rodríguez Justo A. 1999. ¿Se aprende a aprender? Editorial
Pueblo y Educación. La Habana, Cuba.