jueves, 20 de diciembre de 2018

NI "POPULISMO" NI NEO-LIBERALISMO: REVOLUCIÓN POPULAR PARA RESOLVER PROBLEMAS DE MÉXICO

NI "POPULISMO" NI NEO-LIBERALISMO: REVOLUCIÓN POPULAR  EN MÉXICO

Valentín Vásquez
Oaxaca, México
valeitvo@yahoo.com.mx


Introducción

El “populismo” antecede al neo-liberalismo y su origen se remonta a fines del siglo XIX en Rusia y los Estados Unidos. En ambos países apareció como respuesta a la “ruina” en que se encontraban los campesinos, resultado del desarrollo del capitalismo industrial y por lo mismo pretendían retornar al pasado pre-capitalista. Los líderes “populistas” no comprendían que el desarrollo económico tenía que pasar necesariamente por el capitalismo, para “desbrozar” el camino para la lucha revolucionaria del proletariado y la burguesía y como aliado sería fundamental en la instauración de una nueva sociedad libre de explotación. Sin embargo, en la actualidad la concepción del "populismo" ha cambiado y existen tres concepciones: una asociada a los gobiernos que implementan políticas públicas en beneficio de una clase minoritaria privilegiada económicamente al concentrar el grueso de la riqueza y en el comercio mundial, se caracteriza por una política económica anti globalista; la segunda concepción es la que considera "populismo" a las políticas que no "comulgan" con el globalismo neoliberal y; la tercera concepción está relacionada con los gobiernos que implementan políticas sociales en beneficio de las clases mayoritarias pobres.
 
Respecto al neo-liberalismo, se trata de una política económica globalista impuesta por el capital financiero internacional. Es relativamente reciente, ya que inicia en la década de los ochenta del siglo pasado y es la consecuencia de la crisis económica mundial. En México es resultado de un largo proceso del desarrollo capitalista, desde la época liberal que inicia con Benito Juárez a mediados del siglo XIX, con la Revolución de Reforma en la que triunfa propiamente la burguesía al derrotar al principal represente del viejo sistema feudal: la Iglesia que era la que detentaba el poder económico y espiritual que al ser nacionalizados sus bienes en 1859 fue derrotada. Respecto a las comunidades indígenas también inició el despojo territorial primero con la Ley Lerdo de 1856, cuyo propósito finalmente era privatizar las tierras comunales de los pueblos indígenas, con lo que se convertían en trabajadores “libres de su principal medio de producción: la tierra y por lo mismo obligados a emplearse como asalariados en las empresa capitalista. La Intervención francesa en la década de los sesenta del siglo XIX pospuso el despojo de las tierras comunales de los pueblos campesinos y solo se reanudó cuando a fines del siglo XIX Porfirio Díaz accedió al gobierno y continuó con el despojo de las tierras de los puebles indios en beneficio de los latifundistas (hacendados) y las compañías deslindadoras privadas. Las consecuencias socio-económicas de las políticas liberales del Porfirismo, fueron una enorme desigualdad socio-económica, a tal grado que una minoría oligárquica porfirista concentraba el grueso de la riqueza en contraste con las masas trabajadoras del campo y de la ciudad que se debatían en la miseria, condiciones que prepararon el estallamiento de la Revolución Mexicana en 1910, en la burguesía agraria representada primero por Francisco Madero y luego por Venustiano Carranza, derrotaron a la oligarquía porfirista. El triunfo de la burguesía agraria fue legalizada con la promulgación de la Constitución de 1917, en la que quedaron refrendados los intereses de la clase trabajadora en el Artículo 123 y de los campesinos en el Artículo 27.

La Constitución se convirtió en programa por realizar para los futuros gobiernos, siendo el más importante el de Lázaro Cárdenas (1934-1940), quien con la nacionalización de los ferrocarriles y del petróleo, pero sobre todo con el reparto masivo de las tierras de los hacendados porfiristas “barrió” con los vestigios pre-capitalistas (peonaje por deudas y tiendas de raya) y sentó las bases para un gobierno popular. Así pues, es con el gobierno de Cárdenas cuando “nace” el populismo, según sus adversarios conservadores por el hecho de implementar políticas sociales de apoyo al pueblo trabajador. Desafortunadamente la correlación de fuerzas no le favoreció y su sucesor: Manuel Ávila Camacho inició una política de apoyo a la industrialización y cuyos gobiernos posteriores que lo sucedieron la profundizaron hasta que a finales de la década de 1970 la economía mexicana entre en una profunda crisis económica y social, que culmina con los gobiernos de Luis Echeverría Álvarez (1970-1976) y José López Portillo (1976-1982), que trataron amortiguar la enorme desigualdad socio-económica con políticas sociales de apoyo a los más desprotegidos, recurriendo a un mayor endeudamiento público y de los recursos aportados por la exportación de petróleo. Por sus políticas sociales de apoyo a los pobres, estos gobierno fueron etiquetados de “populistas” por sus adversarios, pero sus períodos terminaron en una crisis cada vez más grave, lo que preparó las condiciones para el arribo a fines de 1982 de un gobierno partidario del libre mercado, con el que surge propiamente el neo-liberalismo, cuyo programa central fue el desmantelamiento del Estado “propietario” de 1155 empresa públicas, a través de su privatización. Los gobiernos posteriores que lo sucedieron profundizaron la privatización, culminando con la de los hidrocarburos (principalmente petróleo y gas) para cederla en propiedad a empresa particulares. El saldo de las políticas neo-liberales ha sido desastroso: Raquítico crecimiento económico (alrededor de 2% promedio anual), deuda cercana a los 11 billones de pesos, extrema desigualdad expresada en la existencia de una minoría que concentra el grueso de la riqueza nacional en contraste con la inmensa mayoría de la población que se debate en la miseria, corrupción privada y pública generalizada y como consecuencia de todo ello una inseguridad pública también generalizada; condiciones que fueron decisivas pare el triunfo electoral de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) el 1º de julio de 2018.

Con el triunfo de AMLO se cierra el ciclo del neo-liberalismo de 35 años (1983-2018) y se inicia una nueva etapa en la que según su lema de campaña: “por el bien de México primero los pobres” acuñado desde su primera campaña presidencial en 2006, será el que oriente su política como se hizo evidente en el Presupuesto de Egresos de la Federación 2019, en el que prioriza la política de apoyo a los pobres: adultos mayores, jóvenes, campesinos, etc., medidas anti neoliberales que sus adversarios conservadores aprovechan para “tacharlo” de “populista” porque no están dispuestos a ceder en nada para beneficio de las masas trabajadoras y desde ya los poderes fácticos, principalmente la minoría oligárquica rapaz que ha sido beneficiaria de la política tiene acotado al nuevo gobierno, por lo que difícilmente va poder ir más lejos con su Cuarta Transformación, que tal como la concibe se trata de otra verdadera revolución equiparable a la Revolución de Independencia (1810-1821) que terminó con la dependencia colonial de España, la Revolución Burguesa Reforma (1854-1860) y la Revolución Mexicana de 1910-1940, ya los intereses que están de por medio son muy poderosos y recurrirán a cualquier medio para conservarlos. Solo una verdadera revolución popular en la que los actores sociales y políticos sea el propio pueblo trabajador, podrá instaurar una nueva sociedad más equitativa y como toda revolución tendrá que “barrer” o reformar las instituciones burguesas que solo han servido para beneficiar últimamente a esa minoría financiera oligárquica con la política neo-liberal.


Desarrollo histórico del “populismo” y el neo-liberalismo

Históricamente el “populismo” surgió a fines del siglo XIX en Rusia y los Estados Unidos, como resultado de la “ruina” de los campesinos causada por el desarrollo del capitalismo, en consecuencia apareció como una tendencia política que reivindicaba a la economía campesina para re-insertarla en la vieja economía feudal de servidumbre. En este sentido se trataba de una tendencia política reaccionaria, que pretendía retornar al pasado pre-capitalista, en vez de participar activamente como aliado del proletariado para hacer avanzar la revolución democrático-burguesa y preparar las condiciones para una verdadera revolución proletaria, con la que se mejoraran sus condiciones de vida y su verdadera emancipación. En los Estados Unidos los pequeños y medianos campesinos habían sido “arruinados” por el impetuoso desarrollo del capitalismo industrial y, al igual que el “populismo” ruso el “populismo” estadounidense pensaba en volver al vieja economía campesina, como salida de las penosas condiciones socio-económicas que le imponía el capitalismo triunfante.

En México el “populismo” surgió a mediados de los años treinta del siglo XX con el gobierno de Lázaro Cárdenas (1934-1940), cuyas políticas “populistas” más importantes (nacionalización de los ferrocarriles y el petróleo y reparto masivo de tierras) sentaron las bases en beneficio de las masas trabajadoras históricamente marginadas del desarrollo económico desde la época colonial. Sin embargo, la correlación de fuerzas sociales y políticas en el seno del Partido de la Revolución Mexicana, impidieron la continuidad del proyecto cardenista, de tal forma que para fines de 1940 triunfo el general Manuel Ávila Camacho (1940-1946), cuyo gobierno revirtió las reformas cardenistas, en particular reforma el Artículo 27 Constitucional para beneficiar a la propiedad capitalista de la tierra en la que se sustentaría el desarrollo de la agricultura capitalista, basada en la tecnología de la llamada “revolución verde”, cuyo paquete tecnológico consistía principalmente en: mecanización agrícola, aplicación indiscriminada de fertilizantes químicos y pesticidas (insecticidas, herbicidas, fungicidas, etc.), así como el riego, con la finalidad de producir los alimentos y materias primas que la industrialización capitalista exigía y solo los grandes agricultores, principalmente del noroeste del país los que tuvieron las condiciones económicas y financieras para implementar el paquete tecnológico generado por los técnicos mexicanos y estadounidenses generaron.

Los siguientes gobiernos de Miguel Alemán (1946-1952), Adolfo Ruíz Cortines (1952-1958), Adolfo López Mateos (1958) y Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970), continuaron la política industrializadora de la economía mexicana, lo que se reflejó en las elevadas tasas de crecimiento de la producción de alrededor de 6% anual, pero a costa del deterioro de los salarios reales de los trabajadores y una enorme desigualdad socio-económica expresada en la existencia de una poderosa oligarquía (minoría) de capitalistas que concentraban el grueso de la riqueza, contrastando con la pobreza de la clase trabajadora. No obstante, para fines de la década de los sesenta y principios de la siguiente del siglo pasado, la economía entró en crisis: la deuda externa se incrementó, se hizo presente la inflación y consecuentemente se devaluó el peso mexicano. En estas condiciones arribaron al gobierno Luis Echeverría Álvarez (1970-1976) y José López Portillo (1976-1982), que para revertir la enorme desigualdad socio-económica “heredada” de sus antecesores, recurrieron al endeudamiento y con los recursos de exportación petrolera implementar una política social en beneficio de los trabajadores, así como salvar de la quiebra económica a multitud de empresa medianas y pequeñas, a tal grado que para 1982 el Estado era propietario de 1155 empresas. Es evidente que las políticas de los gobiernos de la década de los setenta del siglo XX estuvieron destinadas a salvar al capitalismo mexicano de la profunda crisis en que se debatía y de pasada amortiguar la enorme desigualdad socio-económica que, el “milagro mexicano” había “heredado” a través de una política social de apoyo a las clases trabajadoras. Aun así, los adversarios etiquetaron a los gobiernos de Luis Echeverría Álvarez y de José López Portillo de “populistas”.

El “populismo” de la década de los setenta del siglo pasado terminó en una profunda crisis económica, lo que favoreció el arribo al gobierno de políticos neo-liberales que concebían la crisis como consecuencia de la excesiva intervención del Estado en la economía, por consiguiente, el Estado no era la solución sino el problema que había que erradicar para salir de la crisis, a través de la venta de las empresa públicas y así dejar que el libre mercado decidiera el rumbo económico de la economía mexicana. Esta política centrada en el libre mercado, inició con el gobierno de Miguel de la Madrid (1982-1988) y continuó con sus sucesores: Carlos Salinas de Gortari (1988-1994), Ernesto Zedillo (1994-2000), Vicente Fox Quesada (2000-2006), Felipe Calderón (2006-2012) y Enrique Peña Nieto, gobiernos que cada vez más intensificaron la venta de las empresa públicas: empezando con la contrarreforma al Artículo 27 Constitucional para privatizar las tierras de propiedad social (comunales y ejidales), venta de los bancos nacionalizados, venta de los ferrocarriles y últimamente durante el gobierno privatización de los hidrocarburos con la llamada reforma energética, reformas estructurales –como ellos las llaman- que concentraron cada vez más la riqueza en manos de una minoría oligárquica (1%), que contrasta con la miseria en que se debate más de 50 millones de mexicanos, así como la corrupción y la inseguridad, condiciones que allanaron el camino para el triunfo en las elecciones del 1º de julio de 2018 de Andrés Manuel López Obrador (AMLO).

Desde su primera candidatura presidencial en el 2006 cuyo lema de campaña: “por el bien de México primero los pobres” fue atacado por la derecha conservadora de “populista” y a través de una guerra “sucia” la minoría oligárquica beneficiaria de las políticas neo-liberales impidieron su triunfo con el apoyo del Instituto Federal Electoral, probablemente por medio de un fraude cibernético para que Felipe Calderón arribara al gobierno. En la campaña de 2012 nuevamente AMLO fue etiquetado de “populista” a pesar de que había moderado su discurso, pero de a través de una elección de Estado Enrique Peña Nieto fue derrotado. Para 2018 el gobierno de Enrique Peña Nieto estaba “sumido” en un “mar” de corrupción e inseguridad y, además, la derecha conservadora dividida (PRI y PAN), condiciones que hicieron inobjetable el triunfo electoral de AMLO, a pesar de la campaña mediática en contra.

La “herencia” del gobierno de Enrique peña Nieto y la de sus antecesores neo-liberales es una economía raquítica que solo creció alrededor del 2% promedio anual, una desigualdad socio-económica extrema, que se evidencia por la existencia de una minoría oligárquica rapaz que concentra el grueso de la riqueza y que contrasta con la miseria en la que vive la mayoría de mexicanos, así como una deuda que ha venido creciendo escandalosamente, a tal grado con Enrique Peña Nieto alcanzó cerca de los 11 billones de pesos, cuyo pago de intereses está cercana al billón de pesos anuales. Es decir, “hereda” al gobierno de AMLO una economía en bancarrota (quiebra). Aun así, el nuevo gobierno está comprometido con sus compromisos de campaña expresados ahora en su nuevo lema: “por el bien de todos primero los pobres” y a pesar de los “candados” institucionales (como la autonomía del Banco de México), antes de asumir la presidencia el poder legislativo aprobó la Ley de remuneraciones de los servidores públicos, en la que ningún funcionario debe ganar más que el presidente de la República, ley que ha generado oposición, principalmente del poder judicial que se ha amparado para proteger sus privilegios; está también en “puerta” la iniciativa de ley que elimina los fueros y privilegios de los altos funcionarios públicos; y, ya como Presidente de la República a los pocos días de asumir el gobierno envío una iniciativa de ley para derogar la reforma educativa promulga por Enrique Peña Nieto, que más que reforma educativa era una reforma laboral; rescate de PEMEX y la CFE y dar un período de gracia de tres años a las empresas privadas beneficiarias de la reforma energética para que inviertan. Pero lo más relevante del gobierno de AMLO es el Presupuesto de Egresos de la Federación 2019, en el que reorienta el gasto social en apoyo de los pobres del campo y de la ciudad (adultos mayores, jóvenes, subsidios a los campesinos pobres, etc.). Estas políticas sociales de apoyo a los más desvalidos, como siempre han sido aprovechadas por sus adversarios conservadores para “tildarlo” nuevamente de populista, por el simple hecho no seguir una política neo-liberal en beneficio de la minoría oligárquica rapaz.

Para los neo-liberales todo lo que no sea libre mercado es “populismo” y en este sentido conciben dos tipos: el de derecha y el de izquierda. El primero que rechaza el libre mercado e implementa una política nacionalista y proteccionista, como Donald Trump en los Estados Unidos y Emanuel Macron en Francia; el segundo, el que impulsa políticas sociales de apoyo a las clases populares, como son los casos de varios países de América del Sur (Bolivia, Ecuador, Brasil, etc.) y reciente en México con el triunfo de AMLO; pero la derecha conservadora no está derrotada, porque los poderes fácticos tienen el poder económico que están detrás de ella, siguen conspirando y por medio “legales” e ilegales han retomado el gobierno en Ecuador, Brasil y Argentina y nuevamente están implementado las políticas neo-liberales.

Así pues, entender la esencia del “populismo” como tendencia política que se ha opuesto al capitalismo en general desde su aparición al final del siglo XIX y, en la actualidad como oposición al neo-liberalismo es fundamental. Ambas tendencias políticas, no han resuelto los problemas socio-económicos en que se debate la economía capitalista, lo que significa que solo una verdadera revolución popular en las que las mayorías explotadas sean los actores principales y junto con sus dirigentes políticos ir más del capitalismo, para instaurar un nuevo poder político a su servicio y así impulsar desde “arriba” (poder) y con el apoyo desde “abajo” (masas trabajadoras) implementar políticas en beneficio de la clase trabajadora. Al nueva revolución tendrá que ser popular, a diferencia de las que le han antecedido que han sido de minorías burguesas y como toda revolución tendrán que “barrer” con las instituciones burguesa que solo han servido últimamente para beneficiar a una oligarquía financiera elitista y rapaz.


Discusión

Para comprender racionalmente el “populismo” es necesario “seguirlo” en su desarrollo histórico.

El populismo del siglo XIX (ruso y estadounidense) es una tendencia política reaccionaria que tiene como centro a los pequeños y medianos campesinos, que ante los “horrores del capitalismo, proponen la necesidad de retroceder al pasado pre-capitalista. Se trata de una política pequeño burguesa reaccionaria, que en lugar de concebir el desarrollo del capitalismo decimonónico como progresista en su momento y como un escenario futuro en la lucha por una sociedad que responda a los intereses de las masas trabajadoras: el socialismo.

El populismo del siglo XX respecto a su antecesor del siglo XIX, tiene otro contenido, hora el populismo representa una tendencia política anti-capitalista como sucedió en los años treinta del siglo XX en México, con el gobierno de Lázaro Cárdenas, en el que las profundas transformas revolucionarias, son la culminación de la Revolución iniciada Por Francisco Madero en 1910 contra el gobierno Porfirista representa de una capitalismo agrario-terrateniente, subordinado al capital extranjero, particularmente el de Estados Unidos. En este sentido, el nuevo populismo es progresista, ya que las reformas cardenistas beneficiaron al pueblo y, además, desbrozaron el camino para el desarrollo del capitalismo industrial en el período 1940-1970.

Los gobiernos de Luis Echeverría y López Portillo fueron la respuesta política a la enorme desigualdad socio-económica, generada por el “desarrollo estabilizador” o “milagro mexicano”, caracterizado por priorizar la estabilidad económica para alcanzar la industrialización del país a costa de la pobreza del pueblo trabajador. Por consiguiente, sus políticas económicas estuvieron orientadas a lograr una mejor distribución social del ingreso en beneficio de las clases populares. Así pues, para 1970 en el marco de la crisis mundial del capitalismo, el capitalismo industrial y financiero entra en crisis. Esta favorece la consolidación del capital financiero, ya que es en ésta década cuando se produce la concentración y la centralización del capital financiero con la creación de la banca múltiple o universal. Con esta se genera un mayor entrelazamiento del capital financiero con las empresas industriales y de servicios.

El desarrollo del capital industrial y financiero fue acompañado por la activa participación del Estado en la Economía, a tal grado que para 1982, las empresas estatales alcanzaron la cantidad de 1155, la mayoría creada y/o adquirida durante el período 1970-1982, configurando la formación de un Estado “empresario”.

En el ambiente de crisis se produce la confrontación del gobierno con el capital financiero, dando como resultado la creación del Consejo Coordinador Empresarial (1975), organización política-empresarial para enfrentar a la política económica de Luis Echeverría, particularmente al Estado “empresario”, confrontación que culmina con la nacionalización de los bancos en 1982 al final del gobierno de José López Portillo.

Conforme se desarrolla el capitalismo: del industrial al financiero (1940-1982) se produce la concentración de la riqueza en un reducido número de empresarios, a tal grado que antes de la nacionalización de los bancos en septiembre de 1982, un reducido número de grupos financieros –alrededor de 26- conforman una verdadera oligarquía financiera  que concentra la riqueza, contrastando con la extensión de la pobreza en sectores cada vez más amplios de los trabajadores.

Con la nacionalización de los bancos y las empresas controladas por los mismos en 1982 el capital financiero es derrotado parcial y temporalmente, ya que con el nuevo gobierno encabezado por Miguel de la Madrid, se inicia la implementación de un programa de corte neo-liberal en beneficio de la oligarquía financiera y en perjuicio de la clase trabajadora.

El rasgo esencial del capitalismo financiero actual en México no es en el sentido clásico como se concebía a principios del siglo pasado, en los países capitalistas desarrollados, en los que fue el resultado de la fusión del capital bancario e industrial; en los países subdesarrollados como México, más bien se trata de un capital financiero desvinculado de la economía real productiva, centrado principalmente en las empresas comerciales y de servicios.

Con la política neo-liberal implementada por el gobierno, se produjo la extranjerización de la economía, en particular el sistema financiero mexicano, que en un 80% pertenece al capital extranjero y solo un grupo financiero (Banorte) permanece en poder de capital mexicano. Paralelamente se ha producido la incursión de capital mexicano en otros países, sobre todo a partir de los años 90 del siglo pasado y en mayor grado a partir de este siglo.

La riqueza se concentra en un número reducido de grupos financieros  -oligarquía financiera-, que en las décadas de los 80 y principios de la década del 90 del siglo pasado fluctuó entre 26 y 27 y a partir mediados de 1990 y del nuevo milenio oscila en alrededor de 16, contrastando con la pobreza en la que se debaten más de 50 millones de mexicanos. Es decir, la enorme pobreza en que viven  millones de mexicanos, es la contra-parte de la descomunal riqueza que concentrada la oligarquía financiera.

Dado el enorme poder del capital financiero internacional y de la oligarquía mexicana en particular subordinada a él, son los que deciden la política económica del gobierno en beneficio de sus intereses: disciplina fiscal, control de la inflación y tasa de cambio flexible.
La oligarquía financiera ha aniquilado las conquistas históricas plasmadas en la Constitución de 1917, con las reformas a los siguientes artículos: 27 para favorecer la privatización de tierras ejidales y comunales; 123 que desaparece los contratos colectivos, salarios de hambre, privatización de los fondos de pensiones de los trabajadores en perjuicio de los trabajadores, legalización del outsourcing, entre otros; 3, para favorecer a la educación privada e implementar una reforma educativa que vulnera los derechos de los trabajadores de la educación, en vez de realizar un diagnóstico de la educación, para saber si el Plan de Estudios responde a las necesidades del país y de acuerdo con esto, que perfil de docente se necesita y sobre todo convocar a los actores principales del proceso educativo -docentes y alumnos- para que con su experiencia participen en la elaboración de un Plan Nacional educativo ; y  28, en cuya modificación se sustenta la actual reforma energética que privatiza los hidrocarburos en detrimento de PEMEX y la CFE, así como en perjuicio del pueblo trabajador.

En síntesis, el neo-liberalismo es una política reaccionaria, que contrasta con el viejo liberalismo del siglo XIX, que tuvo un carácter progresista al luchar contra el viejo poder monopólico feudal.

Dada la enorme desigualdad socio-económica manifiesta en la existencia de una minoría rapaz (1%) en contraste con la miseria en que se debate la mayoría de la población trabajadora, causada por la política neoliberal, asociada a una enorme corrupción privada y pública, así como a la inseguridad de endémica que en vive el país, generaron las condiciones para el triunfo electoral de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) en las elecciones del 1ª de julio del año 2018 y cuyas primeras medidas de gobierno implementadas al final del mismo año son: la ley de remuneraciones de los servidores públicos, cuyo salario no debe exceder el del Presidente de la República fijado en 108 000 pesos mensuales, es decir, implantar la austeridad república como lo hizo Benito Juárez en su tiempo, cuando estableció que los servidores públicos tenían que vivir en la justa medianía; cancelación de la reforma educativa promulgada por su antecesor: Enrique Peña Nieto, que de educativa prácticamente no tiene nada, más bien se trató de una reforma laboral impuesta por los poderes fácticos, representados por la organización empresarial: Mexicanos Primero; y, un Presupuesto de Egresos de la Federación 2019 en el que se reorienta la mayor parte del presupuesto para programas sociales (adultos mayores, jóvenes,  campo, etc.) para tratar de revertir la extrema desigualdad socio-económica, heredada de la política neoliberal en beneficio de la oligarquía neoliberal. Estas medidas implementadas por AMLO, según sus opositores neo-liberales son de corte “populista”, lo que significa que todas las reformas que no concuerden la política de libre mercado impuestas por los organismos financieros internacionales (FMI, OMC, Banco Mundial, etc.)  y certificada por las empresas financieras privadas calificadoras de riesgos internacionales –que por cierto quien las califica a ellas- impulsadas por los gobiernos neo-liberales son tildadas de “populistas”, lo que significa que el “populismo” del siglo XXI es la política implementada por todo gobierno que se opone a la política neoliberal que ha beneficiado a una oligarquía financiera rapaz que se ha enriquecido a costa de la pobreza de las masas trabajadoras. En este sentido, según los opositores a los gobiernos “populistas”, el populismo puede ser de derecha cuando impulsa una política anti-liberal nacionalista, como el caso de Donald Trump en Estados Unidos, Emanuel Macron en Francia, etc.; y, el populismo de izquierda que implementa políticas sociales en beneficio de las mayorías explotadas.


Conclusiones

El populismo es una tendencia política que aparece a fines del siglo XIX en Rusia y los Estados Unidos. Se caracteriza socialmente porque fue portavoz de las clases campesinas “arroyadas” por el desarrollo capitalista, por lo que pregonan el retorno al pasado feudal de servidumbre como solución a sus problemas; no comprenden que su porvenir estaba el desarrollo del capitalismo en aquel tiempo todavía en lo general progresista, que prepara las condiciones socio-económicas para la lucha entre el proletariado contra la burguesía para establecer una sociedad socialista, en cuya lucha el campesinado tenía que ser un aliado fundamental del proletariado y en cuya nueva sociedad estaba su porvenir y no en el pasado pre-capitalista.

En el siglo XX el populismo se manifestó como una corriente política anti-capitalista y particularmente en México apareció con el gobierno de Lázaro Cárdenas (1940-1970), cuya política de nacionalizaciones (ferrocarriles, petróleo, reparto de tierras) estuvieron orientadas en beneficio de las masas trabajadoras, pero una vez que culminó su período presidencial le sucedieron gobiernos (Manuel Ávila Camacho, Miguel Alemán, Adolfo Ruíz Cortines, Adolfo López Mateos y Gustavo Díaz Ordaz), los cuales implementaron una política económica en beneficio de la burguesía industrial entre 1940 y 1970 y cuyo saldo fue una enorme desigualdad socio-económica y una profunda crisis económica, cuyos gobiernos en la década de los setenta del siglo pasado (Luis Echeverría Álvarez y José López Portillo) trataron de amortiguarlas con políticas sociales en favor de los trabajadores, lo que sus adversarios aprovecharon para etiquetarlos como gobiernos “populistas”. La política del último gobierno populista, el de José López Portillo (1976-1982) terminó en una profunda crisis económica, social y política, de tal forma que allanó el camino para el arribo al gobierno de políticos de corte neoliberal.

El neo-liberalismo es una política económica reaccionaria por retomar del viejo liberalismo del siglo XIX, el libre mercado como fundamento de la economía y cuya estrategia basada en una estabilidad macroeconómica, cuyos resultados han sido el estancamiento económico crónico –alrededor del 2% de crecimiento del PIB-, estabilidad inflacionaria que favorece la rentabilidad del capital financiero, al evitar devaluaciones bruscas, así como una extrema desigualdad social que se traduce en la concentración del grueso de la riqueza en unas cuantas familias -1%-, contrastando con la miseria en que se debaten más de 60 millones de mexicanos. En cambio, el liberalismo del siglo XIX tuvo un carácter progresista, al luchar contra el monopolio feudal que obstaculizaba el desarrollo del capitalismo de libre competencia.

El populismo de fines del siglo XX y lo que llevamos del siglo XXI, es la repuesta política a la enorme desigualdad socio-económica generada por las políticas de los gobiernos anti-populares. En la historia reciente de México, es la respuesta a las políticas neo-liberales. En este sentido, el neo-liberalismo puede ser de derecha cuando se opone al libre mercado y desarrollo una política nacionalista y proteccionista, como Estados Unidos Con Donald Trump, en Francia con Emanuel Macron, etc.; y, el “populismo de izquierda” que se caracteriza por el arribo al gobierno de líderes populares que implementan políticas sociales en beneficio de las masas trabajadoras.

Las experiencias de los gobiernos populistas en América Latina han revertido parcialmente la desigualdad social, pero no han derrotado a sus adversarios neo-liberales en el terreno económico, pues sus beneficiarios –poderes fácticos- siguen detentando el poder económico.

Las experiencias en el mundo prueban que ni el "populismo" de izquierda ni el de derecha, menos el neo-liberalismo, son opciones políticas que resuelvan la problemática socio-económica que padecen las sociedades en el marco del capitalismo. La solución está en relevar a la sociedad capitalista, causa de la extrema desigualdad socio-económica, por una sociedad igualitaria en la que se erradique la explotación, a través de una revolución popular y como toda revolución tendrá que “barrer” y/o reformar las instituciones burguesas que en lo fundamental han estado al servicio de esa minoría financiera oligárquica que últimamente ha sido beneficiaria de la política neo-liberal.

Así pues, actualmente existen tres concepciones del "populismo": una en la que gobiernos implementan políticas públicas para beneficiar a la élites que detentan la riqueza y en la ámbito internacional son anti globalistas; la segunda que considera al "populismo" a a un conjunto de políticas que no "comulgan" con el globalismo neoliberal y; finalmente, la tercera que se caracteriza a los gobiernos que aplican políticas sociales que beneficien a las clases sociales más desprotegidas (pueblo) con el objetivo de reducir la enorme desigualdad que el neoliberalismo ha generado.


Referencias Bibliográficas

Internet.
Vásquez Valentín. 2015-2016. metodo2013.blogspot.mx


martes, 18 de diciembre de 2018

"REVOLUCIONES VERDES" EN MÉXICO Y SU IMPACTO EN EL AMBIENTE

LAS “REVOLUCIÓNES VERDES” EN MÉXICO Y SU IMPACTO EN EL AMBIENTE

Valentín Vásquez
San Andrés Ixtlahuaca, Oaxaca, México
valeitvo@yahoo.com.mx


Introducción

Las reformas implementadas durante el gobierno de Lázaro Cárdenas (1934-1940), principalmente la nacionalización del petróleo y los ferrocarriles, creación de la Comisión Federal de Electricidad, fundación de Nacional Financiera S.A (NAFINSA), así como la liquidación de la vieja hacienda latifundista heredada del porfirismo con fuertes resabios pre-capitalistas -peonaje por deudas y tiendas de raya-, sentaron las bases económicas para el desarrollo de una agricultura capitalista que aportara las materias primas y el aporte de divisas para el desarrollo del capitalismo industrial y financiero, durante el período de 1940-1970, a través de lo que se definió como “revolución verde”.

La primera “revolución verde” en México fue la vía capitalista para el desarrollo de la agricultura y efectivamente se trató de una revolución tecnológica de naturaleza biológica y química, desarrollada por técnicos de México y de Estados Unidos (Fundación Rockefeller), que inicia desde la década de los cuarenta del siglo pasado durante el gobierno de Manuel Ávila Camacho (1940-1946) y continuó sucesivamente con los gobiernos de Miguel Alemán (1946-1952), Adolfo Ruíz Cortines (1952-1958), Adolfo López Mateos (1958-1964) y Gustavo Díaz Ordaz (164-1970). Representa un viraje respecto a la política agropecuaria cardenista que le antecedió, en la que se privilegió la agricultura campesina basada en las tierras ejidales y comunales beneficiarias del reparto agrario, a través de la creación de cooperativas con asistencia técnica y financiera del gobierno para fomentar el desarrollo de las comunidades campesinas rurales. Ahora con los gobiernos pos-cardenistas se privilegió a los grandes propietarios capitalistas de la tierra, beneficiarios de las contrarreformas agrarias capitalistas que protegían la propiedad privada y recibían los apoyos técnicos y financieros de los nuevos gobiernos, medidas que favorecieron el incremento de la productividad agropecuaria, a través de la implementación del paquete tecnológico desarrollado por la “revolución verde” que consistía en el monocultivo de variedades genéticas de alto rendimiento, principalmente de maíz, trigo y arroz, a base de la aplicación masiva de fertilizantes químicos, pesticidas (insecticidas, herbicidas, fungicidas, etc.), riego y mecanización agrícola; técnicas que elevaron la productividad del suelo y con ello los rendimientos para cubrir las necesidades de una población que cada vez más se concentraba en las grandes ciudades, así como para aportar los insumos y las divisas que la industrialización de la economía del país exigía.

La segunda “revolución verde” está asociada a la “revolución de los genes” desarrollada a fines del siglo pasado y está basada en la creación de organismos genéticamente modificados (transgénicos), que al igual que la primera está fomentando la uniformidad y la contaminación del ambiente, principalmente el biológico y en particular los cultivos nativos en los que se basa la agricultura de subsistencia de la mayoría de los campesinos de México.

Las consecuencias socio-económicas de las “revoluciones verdes” fueron y son –porque sus efectos continúan- el surgimiento de una agricultura empresarial-comercial tecnificada y una agricultura campesina mayoritaria marginada, así como la degradación física (erosión) y contaminación del suelo debido a su intensa explotación a la que fue sometido por la agricultura de corte capitalista con la aplicación masiva de agroquímicos, riego y mecanización agrícola, así como la contaminación de los cultivos nativos en los que se basa la agricultura campesina de subsistencia.


Naturaleza de la “revoluciones verdes” en México

Hewitt (1985) escribe que la “Revolución Verde” en México consistió en la introducción de un “paquete” determinado de prácticas e insumos (siembra de semillas mejoradas, aplicación de fertilizantes químicos, uso de pesticidas y uso del riego) necesarios para explotar el potencial productivo de variedades mejoradas genéticamente, principalmente de maíz y trigo, en el contexto de la industrialización capitalista del país durante el período 1940-1970, estrategia industrializadora conocida como “Sustitución de importaciones” favorecida por la Segunda Guerra Mundial.

La misma autora citada explica que especialistas en fitopatología, genética y suelos empezaron a trabajar desde 1943, cuando se creó la Oficina de Estudios Especiales (OEE) dependiente de la Secretaria de Agricultura, pero dirigida por técnicos de la Fundación Rockefeller de los Estados Unidos. Al principio, limitaron sus investigaciones a dos cultivos: el maíz y el trigo, luego extendieron su atención al frijol en 1949, a la papa en 1952, a las hortalizas en 1954 y a la ganadería en 1956. Para el caso del trigo, en total 11000 plantas nativas y se trajeron del extranjero unas 400 variedades. A partir de 1945, el programa de selección se desarrolló junto con esfuerzos sistemáticos para cruzar las mejores variedades locales y extranjeras,  con el fin de producir variedades totalmente nuevas adatadas al medio ambiente del país. Las variedades de alto rendimiento logradas a partir de los años cincuenta aumentaron la productividad tanto en tierras de riego como de temporal, porque resistieron la plaga del chahuistle mejor que los trigos cultivados anteriormente. Pero la característica a la que se dio particular importancia en las investigaciones de la OEE en los años siguientes, aparte de la resistencia al chahuistle, fue la capacidad de responder de las nuevas variedades a un “paquete” tecnológico cada vez más complejo de prácticas de labranza e insumos especialmente aplicables en las zonas de riego. La mecanización era uno de los elementos del “paquete” tecnológico. Ya en 1949, el Departamento del trigo de la OEE recomendaba un vigoroso esfuerzo para incrementar la mecanización en las tierras de trigo en todas las fases de cultivo y cosecha. Otro elemento del “paquete” tecnológico era el uso de fertilizantes químicos: para 1960, esos productos químicos, que combinados con los métodos de siembra y riego podía asegurar rendimientos hasta dos o tres veces más elevados en comparación con el trigo producido con la tecnología tradicional. Con el correr de los años, el cultivo de trigo se fue convirtiendo en una serie de operaciones cada vez más complejas que en 1940; y los grandes agricultores de los distritos de riego del noroeste del país fueron los más recurrieron al “paquete” tecnológico gestado por la “Revolución Verde”. Posteriormente en los años cincuenta se mejoraron nuevas variedades de tallo corto que incrementaron mucho la productividad de los trigales mexicanos y finalmente sirvieron de base genética para la “revolución verde” en muchos otros países. Respecto al maíz, su producción se basó en híbridos de alto rendimiento, de tal forma que para 1956, el programa de producción de semillas de la Secretaria de Agricultura dedicaba el 96% de su capacidad a los híbridos, con lo que se encargaba principalmente de la mayor producción de maíz comercial a la agricultura de riego.

En 1961 se fusionó la Oficina de Estudios Especiales (OEE) con el Instituto de Investigaciones Agrícolas (IIA) para crear el Instituto Nacional de Investigaciones Agrícolas (INIA). Mientras el INIA trataba de convertirse en una institución que respondiera a la problemática de la agricultura de subsistencia, la Fundación Rockefeller, con la colaboración del gobierno mexicano, creó el Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT), cuyo objetivo principal era promover en el mundo las variedades híbridas del maíz y trigo de alto rendimiento.

De la Peña y Morales (1989) escriben que el gobierno de Ávila Camacho, con el antecedente de los trabajos que realizaron los técnicos de la Secretaria de Agricultura en las estaciones experimentales busco, desde el inicio de su gestión, el apoyo de la Fundación Rockefeller para emprender un programa de investigación agrícola que permitiera incorporar los avances que en esa materia habían logrado los Estados Unidos. En México, la Fundación Rockefeller inició su primer programa de ayuda agrícola directa al extranjero. Se creó para ello, en 1943, la Oficina de Estudios Especiales (OEE) dentro de la Secretaria de Agricultura, para poner en marcha el programa cooperativo entre el gobierno de México y dicha Fundación. El objetivo de la OEE era aumentar la producción de alimentos. Inició su actividad abordando el problema de los cultivos de maíz y trigo, de acuerdo con el diagnóstico sobre el sector agrícola que elaboró la comisión científica de la Fundación que visitó México en 1941. El programa se orientó a la fitopatología, genética y suelos; para el mejor aprovechamiento de los suelos y las prácticas de labranza; la introducción, selección y cruza obtención de variedades mejoradas de alto rendimiento adaptadas a las condiciones del país. Es decir, el objetivo era el mejoramiento genético y el diseño de un paquete tecnológico, basado en la  aplicación de: pesticidas (insecticidas, herbicidas, fungicidas, fertilizantes químicos, mecanización y riego, con el objetivo de aumentar la productividad de los suelos y con ello elevar el rendimiento de los cultivos, principalmente de maíz y trigo. Esta nueva concepción de la agricultura se tradujo en un incremento en el uso de insumos que formaban parte del paquete tecnológico recomendado por la OEE. Para este objeto se creó la infraestructura pública para la producción y distribución de dichos insumos. En efecto, para el caso de la reproducción y distribución de las semillas mejoradas de altos rendimientos, especialmente de maíz y trigo se fundó, en 1947, la Comisión Nacional del Maíz, y poco después la Comisión para el Incremento y Distribución de Semillas Mejoradas. Además, se había creado en 1943, la empresa Guanos y Fertilizantes de México para industrializar el guano que depositaban las aves marinas en las islas del Pacífico. Hacia finales de la década, Guanomex estaba elaborando 9000 toneladas de fertilizantes químicos con materiales importados, y existían varias plantas privadas de pequeña dimensión. Respecto a la mecanización propiamente de las actividades agrícolas, fue importante el incremento en el número de tractores a lo largo de la década del cuarenta, pese a lo cual todavía a mediados de los años cuarenta seguían siendo escasos. Su adquisición recibió un fuerte apoyo por parte del gobierno federal mediante el crédito a los agricultores. Buscando integrar los diferentes elementos que forman el paquete tecnológico, además del riego, pero teniendo a éste como elemento principal, la Comisión Nacional de Irrigación fue designada, a partir de 1942, para coordinar esta función. Una de las actividades consistía en levantar cartas agrológicas para conocer las características de los suelos de todo el país, lo que conjuntamente con los experimentos de fertilización, tenía como finalidad encontrar las dosis de fertilización más adecuadas para el tipo de suelo y cultivo.

Es obvio, que dados los elementos del paquete tecnológico solo era factible de implementación por los agricultores privados capitalistas que monopolizaban los mejores suelos y el riego, cuya aplicación produjo elevados de rendimientos de los cultivos, principalmente de maíz y trigo, proceso tecno-productivo que poco después se conoció como “revolución verde”, ya que se trató de un verdadero cambio cualitativo respeto a las condiciones de la agricultura que le antecedieron.

Moguel, Robles y Rubio (1988) escriben que durante la década del cincuenta el riego siguió siendo uno de los elementos fundamentales del paquete tecnológico iniciado en la década que le antecedió. Las grandes obras hidráulicas constituyeron el principal rubro de inversión estatal en la agricultura lo que permitió que la superficie de suelos irrigados aumentara en forma considerable. En 1950, existían 2 431 941 hectáreas de riego, de las cuales sólo se cultivaban 824 332. En 1960, la superficie de riego que realmente se sembraba aumentó a 2 338 601 hectáreas, lo que representó un 21.6% de la superficie total de labor. Fue en esta década cuando se registró una mayor expansión de la superficie irrigada, destacando por su importancia la región noroeste del país y el Estado de Tamaulipas, lugares donde los distritos de riego abarcaban un 90% de las tierras de labor. En el período analizado (1950-1970), la inmensa mayoría de los campesinos, dedicados en lo fundamental a la agricultura de temporal, quedaron excluidos del proceso de modernización que implicaba amplias y multiplicadas inversiones que, cada vez se hacían más necesarias y voluminosas conforme se empezaba a aplicar el “paquete tecnológico”. Aquel adoptaba las semillas mejoradas quedaba prácticamente comprometido con el uso del riego, de fertilizantes químicos y pesticidas, así como operaciones de siembra o de cosecha que requerían ciertos grados de mecanización. Como no eran éstas, las condiciones prevalecientes en la agricultura campesina, ésta quedó rezagada de los emporios capitalistas que, con el apoyo del Estado, dieron nuevos y definitivos saltos en sus niveles de capitalización. La mecanización de las labores agrícolas continuó en el período estudiado, pero a un ritmo mayor que la década del cuarenta,  de tal forma que ya al iniciarse la década del cincuenta, la agricultura mexicana contaba ya disponía de 39 000 tractores para la mecanización de las prácticas de labranza, además, el uso de semillas mejoradas, fertilizantes y demás insumos, principalmente en las tierras de agricultura capitalista de riego, elementos que integraban el “paquete tecnológico”. Respecto a los cultivos, seis fueron los principales en la década de los cincuenta: el maíz, el frijol, la caña de azúcar, el trigo, el algodón y el café ocuparon el 76.9% de la superficie cosechada nacional en 1950, aumentando al 79% diez años después.

Olmedo (1993) afirma que en 1943 inició formalmente la penetración del modelo de Estados Unidos en el sector rural mexicano, como resultado de un acuerdo entre la Fundación Rockefeller y el gobierno de Manuel Ávila Camacho, en el que las se establecieron las bases institucionales “para exportar la revolución agrícola de los Estados Unidos a México, con lo que comienza propiamente lo que se conoció posteriormente como “revolución verde”. La llamada “revolución verde” ha creado una mayor dependencia alimentaria de los países subdesarrollados, pues para este nuevo tipo de agricultura se necesita un conocimiento y una tecnología controlados por los países más avanzados y por las empresas trasnacionales: semillas mejoradas, fertilizantes químicos, maquinaria, etc. Asimismo, marcó un cambio radical hacia una nueva división internacional del trabajo en el campo agroalimentario y agroindustrial en los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado. Según muchos estudiosos, ha resultado un rotundo fracaso, ya que se trataba de aumentar la productividad agrícola a un costo muy alto por el uso intensivo de maquinaria, fertilizantes, pesticidas y otros insumos energéticos, escasos y de alto costo; por la destrucción del medio ambiente y por la persistencia del hambre a pesar de los grandes excedentes de alimentos y productos agrícolas, producidos y controlados por los países industrializados. Se trata de una agricultura en la que los únicos beneficiados de esa modernización han sido las empresas trasnacionales, productoras de insumos para la agricultura, comercializadoras de granos y otras materias primas agrícolas, productores de alimentos industrializados dirigidos básicamente a las zonas urbanas y a las capas de la población de más altos recursos. El resultado ha sido una agricultura con un papel subordinado al desarrollo industrial y al sector terciario (comercio) de la economía, y aportador de recursos al proceso de industrialización del país.

Wikipedia, concibe la “revolución verde” como un paquete tecnológico que, consistió en la siembra de variedades de trigo, maíz y arroz, principalmente, más resistentes a los climas extremos y a las plagas, capaces de alcanzar altos rendimientos por medio del uso de fertilizantes, plaguicidas, y riego.

El término "revolución verde" fue utilizado por primera vez en 1968 por el ex director de USAID, William Gaud, quien destacó la difusión de las nuevas tecnologías y a diferencia de las revoluciones socio-políticas, se trató de una “revolución verde”.

Así pues, la esencia de la primera “revolución verde” la sintetiza Keith Griffin, citado por Hewitt (1985): se trató “desde un punto de vista técnico en gran parte de una revolución biológica y química; pero desde un punto de vista socio-económico, es en gran parte una revolución comercial”.

La naturaleza de la primera "revolución verde" se muestra en la imagen que a continuación se presenta.


Imagen 1. Esencia de la primera "revolución verde"

En la imagen anterior, se evidencia la esencia de la primera "revolución verde" consistió el manejo de monocultivos mejorados de alto rendimiento, como consecuencia de la aplicación de un paquete tecnológico basado en la mecanización, aplicación de fertilizantes químicos, uso indiscriminado de fungicidas (insecticidas, herbicidas, fungicidas, etc.) y riego.

La revolución verde benefició en su mayoría a las grandes cultivadoras, que contaban con los recursos y tenían la necesidad de adquirir las nuevas tecnologías, contrario a lo que ocurría con la pequeña propiedad y tierras de propiedad social (comunales y ejidales), en las se basaba la agricultura campesina de subsistencia.

La revolución verde trajo como consecuencia, una mejora en gran parte de la producción en relación al abastecimiento de alimentos, el uso de variedades mejoradas principalmente de especies de cereales como arroz, trigo y maíz, así como de otros granos, que se cultivaron preferentemente como una sola especie mejorada (monocultivo), a base de la aplicación de grandes cantidades de agua, fertilizantes y plaguicidas que aseguraron la producción en masa. Con los cambios logrados en este periodo, cambio el modo tradicional que existía en la agricultura, también hubo cambios en la tecnología agrícola así como nuevos procedimientos, así fue como la producción de los cultivos se incrementó al doble e incluso llegó a ser cinco veces superior, que con las técnicas y variedades tradicionales de cultivo y así mismo después se extendió a otros cultivos y varios países.

En México la producción de trigo pasó de un rendimiento de 750 kg por hectárea en 1950, a 3200 kg en la misma superficie en 1970. Entre los años 1940 a 1984 la producción de grano mundial aumentó en un 250%. En conclusión, los resultados en cuanto a aumento de la productividad fueron espectaculares.

Las ventajas de la primera "revolución verde" se presentan en la imgen que se muestra en seguida.


Imagen 2. Beneficios de la primera "revolución verde"

Con las ventajas observadas en la imagen arriba observada, la primera "revolución verde" solucionó problemas de hambre en el mundo y en México, como consecuencia de una mayor productividad de los cultivos, que hizo posible producir una mayor cantidad de alimentos.

En la actualidad, el panorama general de la agricultura industrial se apoya en cuatro grandes pilares: la maquinaria agrícola moderna y de transporte de alimentos, los agroquímicos, la biotecnología y los sistemas de riego. De los cuatro, los dos primeros están relacionados directamente con la producción de petróleo. Así pues, de la misma manera que la agricultura industrial ha sido un factor importante para la transición demográfica,​ la ausencia de ésta al agotarse el petróleo puede suponer futuras hambrunas, crisis alimentarias y un aumento drástico en la mortandad a nivel mundial.

González (2010) escribe que desde el comienzo de la revolución industrial la técnica y la ciencia han proporcionado a la agricultura métodos y técnicas de cultivo que aumentaban la productividad de la tierra, pero será hasta 1944 cuando este proceso adquiere dimensiones de revolución. Norman Borlaug, es considerado por algunos como el padre de la agricultura moderna. En 1944 trabajó en México como fitopatólogo, en 1945 se trasladó a Sonora donde estudio trigos y royas y practicas agronómicas, fue uno de los creadores del programa cooperativo entre la Secretaría de Agricultura Mexicana y la Fundación Rockefeller. Logró una enorme trascendencia al desarrollar variedades enanas de trigo, de alto rendimiento, amplia adaptación, resistentes a enfermedades y con alta calidad industrial sembradas por primera vez en 1963. Con estas variedades, México incrementó notablemente su producción y en poco tiempo fue adoptado por países como India, Pakistán, Turquía, Túnez, España, Argentina, China que se beneficiaron de tecnología desarrollada en México. El avances de estas tecnologías han provocado graves desequilibrios ambientales y ha favorecida a la agricultura del tipo industrial, altamente concentrada, con una base en el petróleo, que ha expulsado a millones de campesinos fuera de sus tierras.

El autor citado explica que la esencia de las “revoluciones verdes”, la primera basada en variedades mejoradas de alto rendimiento con la cruza genética tradicional y la segunda basada en la obtención de variedades genéticamente modificadas (transgénicos) de alto rendimiento, son: el aumento del rendimiento por superficie, es decir conseguir mayor producción por cada hectárea cultivada. La mejora genética de las variedades de los cultivos mediante las semillas VAR, la mejora del rendimiento de los suelos a través de los fertilizantes y los riegos, el control de plagas de insectos y enfermedades de las plantas con todos sus insumos. En teoría la idea es buena, pero al ponerla en práctica se descubren sus deficiencias. Las semillas VAR son semillas modificadas genéticamente para dar un rendimiento mayor. Sin embargo para que se de ese máximo rendimiento necesitan unos determinados insumos, abonos especiales (químicos), agua y pesticidas, además es necesario eliminar las malas hierbas (herbicidas) que compiten por la tierra, combatir la plagas viejas y nuevas y asegurar el regadío. Frecuentemente, si faltan algunos de los insumos, la cosecha cae por debajo del rendimiento habitual. Esto implica que la producción agrícola necesita grandes capitales.

Es evidente, pues, que las consecuencias socio-económicas de la primera “revolución verde” fue el fortalecimiento de una agricultura empresarial-comercial privada que detentaba las mejores tierras de riego y beneficiaria de la contrarreforma agraria que la favoreció desde los años 40 del siglo pasado, en detrimento de la agricultura campesina de subsistencia que practicaba la mayoría de la población rural que se debatía en la pobreza.

En lo que respecta al impacto ambiental de la “revolución verde” es –porque todavía sus consecuencias siguen vigentes en la agricultura empresarial comercial- la degradación física del recurso suelo por la mecanización, así como su contaminación por el uso indiscriminado de fertilizantes químicos y pesticidas (insecticidas, herbicidas, fungicidas, etc.) que contaminan el suelo y lo degradan biológicamente con la aplicación de venenos a los cultivos y al suelo.


Consecuencias negativas de las revoluciones verdes

González (2010) afirma que la agricultura basada en los monocultivos creó un vacío ecológico que los insectos y las enfermedades se dedicaron a explotar, esa uniformidad ha conducido a algunas de las mayores catástrofes agrarias de la humanidad. Hoy solo se cultivan prácticamente 4 variedades de patatas, el 97% de las variedades de verduras que se cultivaban a principios del siglo XX se ha extinguido. La uniformidad genética conduce a una mayor vulnerabilidad ante los insectos y las enfermedades atrapando a los agricultores a un círculo vicioso de insecticidas, mientras más usaban, más tenía que usar. No cabe duda de que la revolución verde desempeño una función decisiva en esos momento, sin embargo, este fenómeno ha sido objeto de un mayor análisis ya que condujo a la utilización insostenible de sustancias agroquímicas y a la aplicación de altos niveles de insumos, desplazando las variedades tradicionales o nativas, lo cual dio lugar a la pérdida de biodiversidad y dando entrada a la agricultura industrial que ha sido fuertemente criticada desde diversos puntos de vista que van desde lo ecológico a lo económico, pasando por lo cultural e incluso lo nutricional. La gran cantidad de energía que hay que empelar en este tipo de agricultura para mover tractores y máquinas agrícolas necesita combustible; para construir presas, canales y sistemas de irrigación hay que gastar en energía; para fabricar fertilizantes y pesticidas se emplea petróleo; para transportar y comerciar por todo el mundo los productos agrícolas se consumen combustibles fósiles. Se suele decir que la agricultura moderna es un gigantesco sistema de conversión de energía, petróleo fundamentalmente, en alimentos.

El mismo autor continúa: el sistema agrícola industrial está fundamentado en la química inorgánica, altamente soluble e ignora los aspectos orgánicos y los fenómenos vitales para la armonía de la vida en el suelo, cuya estructura los fertilizantes llevan aceleradamente al colapso. Según el paradigma domínate, la diversidad atenta contra la productividad, que crea la necesidad imperiosa de uniformidad y monocultivos. Esto ha generado la paradójica situación en la cual el mejoramiento de las plantas termina provocando la destrucción de la diversidad biológica que se emplea como materia prima. Además, los sistemas agrícolas de la revolución verde requieren una abundante irrigación, lo que ejerce una presión enorme en los recursos hídricos del mundo sin contar la contaminación producida por verter químicos en el agua. A mediados de la década de los 90’s con la apreciación de la ingeniería genética la revolución verde se convirtió en la revolución de los genes, modificando las semillas para ser resistentes a los herbicidas siendo las empresas que te comercializan el herbecida ahora te venden las semillas. La revolución verde abrió paso a la patente de semillas modificadas y no modificadas dando el poder a las transnacionales de poseer, de dominar una especie de la tierra dando lugar a: “Quien controla las semillas, controla la comida”. Tan sólo 10 empresas controlan el 95% del mercado mundial de semillas comerciales. Tiene un valor de $30,000 millones de dólares y hace tan solo 30 años había 7,000 compañías de estas. Es un mercado dominado por las trasnacionales: Syngenta, Bayer, DuPont, Monsanto, Dow AgroSciences, Cuprquim, FMC, Cyanamid, Makhteshim Agan, Sumitomo y el grupo mexicano Agricultura Nacional. Los agricultores necesitan tener dinero y acceso a recursos como la tierra y el agua, los que no tienen estos recursos quedaron excluidos de la revolución verde y muchos se hicieron todavía más pobres. Sin embargo, para la mayoría de los campesinos romper con la dependencia de los herbicidas y fertilizantes es prácticamente imposible, pues, dicen, resulta inviable trabajar la tierra sin ellos todo a causa de la desinformación que han dejado las transnacionales que tienen a un ejército de investigadores trabajando por sus intereses de mayores ganancias.


Imagen 3. Desventajas de la primera "revolución verde"

Las consecuencias negativas en el ambiente de la primera "revolución verde" se aprecian en la anterior imagen y destacan la degradación física del suelo (erosión y compactación), excesiva quema de combustibles fósiles, agotamiento de las aguas superficiales y subterráneas por la gran cantidad de agua de riego y contaminación del suelo y los cultivos por la aplicación desmedida de agroquímicos (fertilizantes y pesticidas).

Wikipedia afirma que, dadas las consecuencias negativas de la primera "revolución verde", ante las críticas de grupos ambientalistas, Borlaug respondió: "algunos de los grupos de presión ambiental de las naciones occidentales son la sal de la tierra, pero muchos de ellos son elitistas. Nunca han experimentado la sensación física de hambre. Ellos hacen su trabajo de cabildeo desde cómodas suites de oficina en Washington o Bruselas. Si vivieran sólo un mes en medio de la miseria del mundo en desarrollo, como he hecho por cincuenta años, estarían clamando por tractores y fertilizantes y canales de riego y se indignarían que elitistas de moda desde sus casas les estén tratando de negar estas cosas" y luego dijo: “consideró la creación de transgénicos como una extensión natural de su propio trabajo en la revolución verde que debe ser continuada, ​ y que la oposición a los transgénicos viene del mismo tipo de activismo ambiental -anti-científico desde su punto de vista- que cuestiona los logros de la revolución verde”, argumentos que siguen utilizando los defensores de la agricultura comercial-empresarial, a pesar de la catástrofe ambiental y socio-económica que ha provocado.

Finalmente, respecto a la segunda "revolución verde" la de los genes (trasngénicos), las ventajas y desventajas se presentan en la imagen que se muestra en seguida.

Imagen 4. Beneficios y perjuicios de la "revolución transgénica"

Además, de las ventajas y desventajas de los cultivos (alimentos) transgénicos mostrados en la anterior imagen, también es necesario destacar que contaminan a los cultivos nativos en los que se basa la agricultura campesina de subsistencia, la cual es la base de la población rural.


Conclusiones

La esencia de toda revolución es un cambio cualitativo radical y en el caso de las “revoluciones verdes”, se trató de revoluciones biológicas y químicas y desde un punto de vista socio-económico, es en gran parte una revolución capitalista empresarial-comercial basada en monocultivos.

Como todo proceso natural y artificial, las "revoluciones verdes" son contradictorias: por un lado aumentan la productividad de los organismos vivos para resolver problemas del hambre y, por el otro, generan inconveniencias ambientales, tales como degradación y contaminación del ambiente, así como una polarización entre la agricultura campesina de subsistencia, de la que depende la población rural y una agricultura empresaria-comercial de corte capitalista beneficiaria de las "revoluciones verdes".

Las consecuencias socio-económicas de la “revolución verde” fue el fortalecimiento de una agricultura empresarial-comercial privada que detentaba las mejores tierras de riego y beneficiaria de la contrarreforma agraria que la favoreció desde los años 40 del siglo pasado, en detrimento de la agricultura campesina de subsistencia que practicaba la mayoría de la población rural que se debatía en la pobreza.

El impacto ambiental de la “revolución verde” es –porque todavía sus consecuencias siguen vigentes en la agricultura empresarial comercial- la degradación física del recurso suelo por la mecanización, así como su contaminación por el uso indiscriminado de fertilizantes químicos y pesticidas (insecticidas, herbicidas, fungicidas, etc.) que contaminan el suelo y lo degradan biológicamente con la aplicación de venenos a los cultivos y al suelo.

Las revoluciones tecnológicas capitalistas en general y las revoluciones verdes en particular, son incompatibles con el manejo sustentable de los recursos ambientales en general y del suelo y el agua en particular, porque, lo que lo mueve es la ganancia –rentabilidad-, aunque los recursos naturales se agoten y la salud de la gente se deteriore y/o muera. En este sentido, la sustentabilidad ambiental sólo es posible con el derribo político-económico del capitalismo y con un nuevo Estado implementar desde “arriba” (gobierno) políticas ambientales sustentables y con el apoyo desde “abajo” (sociedad) llevarlas a la práctica.


Referencias bibliográficas

De la Peña Sergio y Morales Ibarra Marcel. 1989. Historia de la cuestión agraria mexicana. Tomo 6. 

El Agrarismo y la industrialización de México: 1940-1950. Siglo XXI Editores, S.A. de C.V. Centro de Estudios Históricos del Agrarismo en México. México, D.F.

Hewitt Cynthya. 1985. La modernización de la agricultura mexicana: 1940-1970. Siglo XXI Editores, S.A. de C.V. México, D.F.

Moguel Julio, Robles Rosario y Rubio Blanca. 1988. Historia de la cuestión agraria mexicana. Tomo 7. La época de oro y el principio de la crisis de la agricultura mexicana: 1950-1970. Siglo XXI Editores, S.A. de C.V. Centro de Estudios Históricos del Agrarismo en México. México, D.F.

Olmedo Carranza Bernardo. 1993. Crisis en el campo mexicano. Cuadernos de economía. Instituto de Investigaciones Económicas. UNAM. México, D.F.

https://es.wikipedia.org/wiki/Revolucion_verde

Gerardo González Garibay González Gerardo, el 20 de Julio del 2010. https://www.permacultura.org.mx/es/reporte/revolucion-verde/