martes, 17 de febrero de 2026

 

LA VIDA ES METABOLISMO Y EL METABOLISMO ES QUÍMICA

Valentín Vásquez

San Andrés Ixtlahuaca, Oaxaca, México.

valentin02111956@gmail.com

 

Introducción

Tanto el origen de la vida, hace aproximadamente unos 3500 millones de años, unos 1000 millones de años cuando hizo su aparición nuestro planeta Tierra, así como su continuidad hasta el presente, no pueden ser entendidos racionalmente sin el concurso de la química. El fundamento de la química está miles de millones de años antes del origen del sistema solar, cuando en las estrellas (soles) se formaron las partículas primarias (principalmente protones, electrones y neutrones) que luego se combinaron para formar los primeros átomos (hidrogeno y helio) que por acción de la fuerza de gravedad (contracción) aumento la presión y la temperatura del interior de las estrellas (15 millones de C°), lo que superó las fuerzas de repulsión de los núcleos de hidrogeno y se produjo su fusión nuclear, para formar helio y así sucesivamente se produjeron el carbono, el oxígeno y el carbono; elementos fundamentales que posteriormente se combinaron para dar origen a la vida. Desde luego faltaban otros elementos químicos más pesados, que, aunque en pequeñas cantidades también participan en la química compleja que caracteriza a la vida. Dichos elementos se generaron por la explosión violenta de estrellas mayores que nuestro Sol y su dispersión, que por la fuerza de gravedad dieron origen a estrellas de segunda generación, en las que están presentes los 92 elementos químicos, como es el caso de la estrella más cercana (sol). Así pues, en las estrellas incluido nuestro Sol, se formaron los átomos que dieron origen a la cosmoquímica.

Al igual que el Sol, la Tierra tiene los 92 elementos naturales y una vez formado el sistema solar y con el descenso de la temperatura entró en acción la química para formar las capas de la Tierra, particularmente la corteza primaria de tipo basáltico, los océanos, la corteza continental de tipo granítico y la atmósfera; todo ello, generó las condiciones necesarias para el origen químico de la vida, para la combinación química de compuestos químicos de la atmósfera (NH3, CH4, H2O) que por acción de la lluvia y los escurrimientos (ríos) se depositaron en los océanos y con el concurso principalmente de la energía solar y/o calor de las fuentes hidrotermales, reaccionaron con los compuestos químicos dando origen a compuestos orgánicos simples (aminoácidos, nucleótidos, lípidos) que por reacciones cada vez más complejas dieron origen a la primera célula procariota (bacteria). Así, se produjo el tránsito químico cualitativo de la materia inorgánica a la materia vida. 1000 millones de años después las cianobacterias iniciaron la fotosíntesis y con esta el oxígeno molecular libre, una vez que oxidó a los metales del océano se liberó a la atmósfera y se convirtió en el actor principal de la respiración (contraparte de la fotosíntesis). El oxígeno liberado a la atmósfera y en los océanos contribuyó decisivamente a la formación de organismos más complejos basados en la célula eucariota de mayor complejidad que la célula procariota que le antecedió. Las bases para el desarrollo de organismos vivos cada vez más estaban listas. Las algas invadieron los continentes y después de un prolongado proceso se convirtieron en las plantas superiores. Los animales también se hicieron más complejos y al igual que las plantas llegaron a los continentes: peces, anfibios, reptiles, aves, mamíferos y primates. Estos de hábitat arborícola y después de muchos millones de años se transformaron en homínidos, de los que se desprendieron los Australopithecus, que hace unos dos millones de años evolucionaron a la especie humana primitiva (Homo habilis), que finalmente culminó en el hombre moderno (Homo sapiens). En resumen, la química ha sido crucial en el origen y continuidad de la especie humana, de tal forma que se puede definir la vida como metabolismo, pero a la vez el metabolismo es química.

 

Marco de referencia

Todas las ciencias particulares tienen como objetos de estudios fragmentos del universo (física, química, biología, etc.) y como tales descubren verdades parciales expresadas en principios o leyes. En este sentido, se trata de verdades insuficientes que requieren el concurso de la filosofía que tiene como objeto de estudio del universo como totalidad, para descubrir la verdad universal, en la cual están contenidas parcialmente las verdades de las ciencias particulares. Es decir, la filosofía es la ciencia universal que generaliza o sintetiza los descubrimientos de las ciencias particulares. Esto explica por que la filosofía griega antecedió a las ciencias particulares y posteriormente se desprendieron las ciencias particulares, sobre todo después de lo que se conoce como Renacimiento en el siglo XVI-XVII. Paralelamente la filosofía ha contribuido con la generalización de los nuevos descubrimientos científicos. Sin embargo, también han ocurrido generalizaciones de ciencias específicas como la realizada por Nicolás Copérnico en su obra: Sobre la revolución de las órbitas celestes (1543), en la que generalizó los conocimientos anteriores, principalmente del geocentrismo griego de Ptolomeo expuestos en el Almagesto (siglo II a.C.). Otra importante síntesis fue la realizada por Isaac Newton en su libro: Principios matemáticos de la filosofía natural en 1687, en la que generaliza los descubrimientos de la física aportados por Galileo Galilei y Juan Kepler. Casi un siglo después en 1789, Antoine Lavoisier publica su Tratado elemental de química en el que unifica los conocimientos dispersos que le antecedieron. Ochenta años después (1869), el químico ruso Dimitri Mendeléiev publica la Tabla periódica de los elementos químicos, en la que resume los conocimientos químicos hasta su época. Otro avance significativo es el realizado por John Dalton a principios del siglo XIX, en su obra de química: un nuevo sistema de filosofía química, en el que sintetiza los principales aportes a la ciencia química desde los griegos (los atomistas) hasta iniciado el siglo XIX y con ello establece los fundamentos de la química moderna.

Un cambio crucial en la síntesis filosófica de los conocimientos de las ciencias particulares lo llevó a cabo el pensador alemán Friedrich Hegel entre 1812 y 1817, período en el que publico su ciencia de la lógica y la enciclopedia de las ciencias filosóficas. Particularmente entre 1812-1816 publica su Ciencia de la lógica dividida en tres doctrinas. En la  doctrina del ser expone la ley del tránsito recíproco de la cantidad y la cualidad, la cual establece que en el pensamiento todos los procesos se mueven gradualmente –cuantitativamente- en un rango conocido como medida y que si se rebasa se produce un cambio brusco –salto-, con lo que la cantidad se transforma en una nueva cualidad; es decir, la cualidad se mueve cuantitativamente en los límites de la medida, pero que si se rebasa, la vieja cualidad es relevada por una nueva. La ley de la contradicción la plantea en la doctrina de la esencia en polémica con la ley de la identidad de la lógica aristotélica y afirma que en el universo todos los procesos son contradictorios en sí mismos y es la contradicción la que mueve a los procesos materiales y mentales. Finalmente, en la doctrina del concepto, expone la tercera ley universal, la negación de la negación; la cual establece que en el universo todos los procesos son cíclicos y que para completar el ciclo el proceso tiene que pasar por dos negaciones, para retornar al punto de partida, pero a un nivel superior. Además, en 1817 publica su Enciclopedia de las ciencias filosóficas, la cual divide en tres grandes apartados: Lógica, filosofía de la naturaleza y filosofía de espíritu. En la parte de la lógica hace un resumen de la Ciencia de la lógica, en la filosofía de la naturaleza engloba la mecánica, la luz, el aire, física orgánica (geología, plantas y animales) y en filosofía del espíritu considera las ciencias sociales (antropología, psicología, el derecho) y la ética y la moralidad.

Otra generalización de trascendental importancia la realizó Federico Engels en la segunda mitad del siglo XIX (1878) en su obra: El Anti-Dühring, en la que polemizando con Dühring concluyó que la unidad del mundo no está en el ser como lo concebía su oponente, si no en la materialidad del universo. Esta conclusión tuvo consecuencias muy importantes para las ciencias particulares y para la filosofía: primero la generalización de los conocimientos de las ciencias particulares hasta el siglo XIX y la concepción de la materia (concepto) de mayor generalidad y conceptos derivados, que son objetos de estudio de la filosofía, con lo que desaparecieron las filosofías de menor generalidad que le antecedieron (filosofía de la naturaleza, filosofía de la física, filosofía química, etc.).

Konariov (1987) comenta que Demócrito (420 a. C.) discípulo de Leucipo, concibe los átomos como infinitamente pequeños, individuales y eternos. Como demostración de su reflexión, menciona el siguiente ejemplo: al disolverse la sal desaparece, disgregándose en átomos de sal, los cuales, al mezclarse con los átomos del agua, le confieren a esta un sabor salado, aunque no podamos ver los átomos de la sal. Al secarse el agua salada, los átomos del agua se evaporan, y los átomos de la sal forman un fino sedimento. Por cuanto los átomos son pequeños, los cuerpos parecen compactos, como un montón de arena visto de lejos en el que no se distinguen los distintos granos. Los cuerpos homogéneos se componen de átomos iguales, los heterogéneos de átomos distintos… Los átomos se encuentran en un eterno movimiento desordenado. Al unirse se forman las sustancias, al desunirse se destruyen las sustancias. Los átomos formados en la destrucción se unen nuevamente y forman nuevos cuerpos. Los átomos del suelo, entran en la planta y forman las hojas, tallos, etc. Los animales al comerse las plantas forman su cuerpo a cuenta de los átomos de las plantas. Los animales carnívoros, al devorar a los herbívoros, introducen en su organismo los átomos de los segundos. Al morir los vegetales y los animales se descomponen en átomos, que ingresan nuevamente en el suelo. De tal manera, en todo el universo se realiza eternamente el movimiento de los átomos. Epicuro (307 a.C.) discípulo de Demócrito explicada de la manera siguiente el estado agregado de los cuerpos: si los átomos están relativamente separados unos de otros, entonces se forman compuestos (cuerpos complejos) del tipo del aire y de la luz solar, es decir, cuerpos gaseiformes, según la clasificación actual. Si los átomos están próximos, entonces están unidos por un entrelazamiento y forman cuerpos líquidos y sólidos, además, en los cuerpos sólidos, los átomos están entrelazados directamente, y en los cuerpos líquidos hay insignificantes espacios entre los átomos.

El autor citado escribió la filosofía atomista grecorromana, culminó con la obra: Acerca de la naturaleza de las cosas de Tito Lucrecio Caro en Roma (355 a. C.) en la que concluye que la materia, está compuesta de átomos, y por eso los propios átomos son eternos e indestructibles.

García (2016) intuye al titular a su libro: Todo es cuestión de química y en la conclusión, escribe que “la química es el paradigma de la ciencia que busca el orden, la que agrupa elementos y tipos de enlaces, que se maravilla con los cristales, se inquieta ante los fluidos y estudia con serenidad, las transformaciones de la materia”; es decir, la química estudia las transformaciones cualitativas de las sustancias materiales.

 

Química

Jodakov et al (1987) define a la química como la ciencia que estudia la transformación de unas sustancias en otras, a través de reacciones químicas (fenómenos químicos).

Feynman et al (2018) escribió que la física es la ciencia más fundamental y general de las ciencias, y ha tenido un profundo efecto en todo el desarrollo científico. En realidad, es el equivalente de lo que anteriormente se llamaba filosofía natural, de la cual provienen la mayoría de las ciencias modernas.

El mismo autor concibe que la electrodinámica cuántica derivada de la mecánica cuántica, es la que fundamenta toda la química y la química de la vida (bioquímica); por consiguiente, en última instancia, la física es el pilar de la química y de la biología.

Tsvetkov (1987) explica la admirable propiedad de los átomos de carbono de combinarse unos con otros formando cadenas largas está relacionada con su estructura y con la posición de este elemento en la tabla periódica. El carbono está en el segundo período corto y encabeza el subgrupo principal del cuarto grupo de los elementos. El radio de su átomo es relativamente pequeño y en su capa electrónica exterior tiene cuatro electrones. En el curso de las reacciones químicas es difícil arrancar al átomo de carbono por completo sus cuatro electrones de valencia, igualmente que unir a éste la misma cantidad de electrones procedentes de otros átomos para formar un octeto pleno. Como consecuencia de esto el carbono no forma compuestos iónicos. Sin embargo, el carbono forma con facilidad enlaces covalentes. Por cuanto las propiedades de ceder y atraer electrones al formar enlaces covalentes se manifiestan aproximadamente en igual medida, estos enlaces se forman también entre los átomos de carbono

Herrera (2016) escribe los dos tipos de enlace que desempeñan un papel fundamental en la química de la vida son el covalente y el iónico. Estos son también los casos extremos de enlace químico que existen. El enlace covalente que une a los átomos de cadenas largas es un enlace fuerte en el que los átomos comparten electrones. El enlace iónico, es débil y ocurre cuando los átomos han perdido o ganado electrones convirtiéndose en iones cargados eléctricamente. Cuando en el enlace iónico está presente el hidrógeno de una molécula y un átomo muy electronegativo de otra molécula, se le conoce como puente de hidrógeno. Este es muy importante en la vida, de tal forma que es el que mantiene unidas las dos cadenas en del ADN, que regula la síntesis de RNA y la síntesis de proteínas, así como la reproducción celular. La composición química de los seres vivos es muy parecida a la de los océanos y muy diferente a la corteza terrestre en la que predomina el silicio. Químicamente el carbono y el silicio son similares al tener ambos una valencia de 4; sin embargo, por su tamaño son diferente, ya que el carbono tiene un número atómico de 6 y el silicio de 14, lo cual tiene repercusiones importantes en la formación de compuestos químicos en los que participan. Lo anterior. El carbono al ser más pequeño, tiene mayor flexibilidad para formar enlaces y de mayor extensión en las cadenas de los compuestos orgánicos. Contrastando con el carbono, el silicio es más grande por lo que sus átomos no pueden acercarse para fusionarse, y por esto mismo el bióxido de carbono (CO2) es una molécula pequeña de gas que contiene dos oxígenos y un átomo de carbono, a diferencia del bióxido de silicio que es un agregado gigantesco de átomos de oxígeno alternados con silicio (S1O2). En suma, la vida puede definirse brevemente como la química del carbono.

Vlasov y Trifonov (1978) explican que muchos metales manifiestan valencias completamente insólitas. La cantidad de valencias complementarias que puede manifestar un metal está determinada por la magnitud del índice de coordinación, que puede variar desde un valor mínimo de 2 y un máximo de 12. El enigma de las valencias insólitas de los metales en los compuestos complejos fue resuelto. Surgió un nuevo apartado de la química inorgánica, de los compuestos complejos. Sin los compuestos complejos no puede existir la vida. Así lo confirman dos moléculas vitales: la hemoglobina de la sangre, cuya estructura química tiene como átomo central el hierro (Fe) que retiene el oxígeno para transportarlo a todas las células del cuerpo animal y humano para la respiración, así como en las plantas la clorofila tiene en su estructura al magnesio (Mg) que participa en la fotosíntesis. Además, existen muchas enzimas (proteínas catalizadoras) y vitaminas que están constituidas a lo complejo. En los compuestos complejos a los iones de los metales se unen moléculas neutras y, además en diferentes cantidades. Por esta razón, en la química de los complejos no se utiliza el concepto de valencia, sino el de índice de coordinación. Este indica cuantas moléculas, átomos o iones complejos están ligados con el átomo central. En este sentido se expresa Asimov (1975) cuando escribe que Wemer desarrolló una teoría de la coordinación de la estructura molecular. Esencialmente esta teoría sustenta que las relaciones estructurales entre los átomos no tienen porque estar restringidas a los enlaces ordinarios de valencia, sino que -particularmente en ciertas moléculas inorgánicas relativamente complejas-los grupos de átomos podrían distribuirse alrededor de algún átomo central, de acuerdo con ciertos principios geométricos que no parecen tener en cuenta el enlace de valencia ordinario. Respecto a los grupos funcionales de la química orgánica, el autor dice que se trata de grupos de dos o más átomos que permanecen combinados al pasar de una molécula a otra y se denominan radicales, cuyo vocablo proviene de la palabra latina que significa “raíz”. La razón de este nombre estaba en la creencia de que las moléculas podían construirse a partir de un número limitado de combinaciones de átomos pequeños. Los radicales serían entonces las “raíces” a partir de las cuales la molécula crecería. En resumen, comenzó a verse que para resolver el problema estructural de las grandes moléculas había que resolver primero las estructuras de determinado número de radicales diferentes. Las moléculas podrían después construirse sin mucha dificultad a partir de los radicales o grupos funcionales. La importancia de los grupos funcionales (radicales) estriba en que representan la identidad de las moléculas orgánicas y son centrales en las reacciones químicas en los organismos vivos.

Koolman y Röhm (2012) escriben que las reacciones químicas son procesos en los que los electrones o grupos de átomos (radicales) son incorporados a una molécula, intercambiados entre moléculas o desplazados dentro de una misma molécula. Entre las reacciones químicas más relevantes, están las reacciones: a) redox, b) ácido-base, c) adiciones/eliminaciones y d) sustituciones nucleofílicas. Las del grupo a hay transferencia de electrones de una molécula (el agente reductor) a otra (el agente oxidante). En este proceso frecuentemente también se transfieren uno o dos protones, pero el criterio decisivo para hablar de una reacción redox es la transferencia de electrones. Durante la reacción el agente reductor es oxidado y el agente oxidante es reducido. Las reacciones químicas del grupo b (ácido-base) a diferencia de las reacciones redox, no se transfieren electrones sino protones (iones H+). En la disociación de un ácido el agua actúa como aceptor de protones y se convierte en ion hidronio (H3O+). En la reacción inversa, ocurre la protonización de la base conjugada, el agua actúa como ácido. Por ejemplo, si la base NH3 (amoniaco) reacciona con agua (H2O), se genera un ion hidróxido (HO-) y como ácido conjugado, un ion amonio (NH4+). La reacción de adición es una reacción en la que átomos o moléculas se incorporan a un enlace múltiple y se denomina de adición. La reacción inversa de eliminación, consiste en la ruptura de moléculas con formación de un enlace doble. Finalmente, las reacciones del grupo d, se caracterizan por el reemplazo (sustitución) de un grupo funcional por otro. Las sustituciones nucleofílicas comienzan con la adición de una de las moléculas a la otra, seguida de la eliminación del grupo de salida. En las transposiciones (isomerizaciones) se transfieren grupos dentro de una misma molécula.

 

Fotoquímica

Comprender la naturaleza de la radiación solar (luz) es de trascendental importancia, ya que es la fuente de energía de muchos procesos físicos, químicos y biológicos. Del conocimiento científico de su naturaleza depende la explicación de los procesos en los que participa. La concepción de su naturaleza está condicionada por el contexto histórico de sus autores. Así a fines del siglo XVII y principios del siglo XVIII, cuando la Mecánica era la ciencia más desarrollada, la doctrina que predominó fue la de la naturaleza mecánico-corpuscular formulada por Newton, a tal grado que desplazó durante un siglo a la teoría ondulatoria expuesta por primera vez por Huygens a fines del siglo XVII. Pero el conocimiento científico se mueve gradualmente y a saltos y es así como en 1865, se produce un salto revolucionario con la formulación de la teoría electromagnética de Maxwell, la cual negó a la teoría corpuscular de Newton. El conocimiento siguió moviéndose y es a principios del siglo XX, cuando se da otro salto en el desarrollo del conocimiento acerca de la naturaleza de la luz, con la Mecánica cuántica de Plank y el efecto fotoeléctrico de Einstein, descubrimientos que probaron la naturaleza corpuscular de la luz, con lo que se retornó al punto de partida, pero a un nivel muy superior, ya que la negación no es absoluta, implica la conservación de lo positivo de cada doctrina. En este sentido, la naturaleza de la luz tiene que ser contradictoria (partícula vs onda); es decir, es onda y es partícula a la vez. Específicamente se trata de micropartículas, llamadas fotones que tienen un movimiento ondulatorio con una velocidad de 300,000 kilómetros por segundo. La enorme velocidad con que se mueven los fotones, es natural y lógica, ya que en realidad se trata de “micro proyectiles” nucleares emitidos o “disparados” por el Sol, por la explosión de “bombas” termonucleares de hidrógeno en su interior.

Una vez conocida la naturaleza de la luz solar, es evidente que tiene la capacidad de iniciar una serie de reacciones fotoquímicas, entre las que destacan: ionización de átomos y moléculas (N, O, N2, O2, etc.) disociación (ruptura) de moléculas inorgánicas (H2O, O3) y orgánicas (cloro-fluoro carbonos), entre otros. Sin embargo, tal como lo documenta detalladamente. Asimov (1985) el proceso biológico más importante en el que participa la radiación solar es la fotosíntesis, proceso químico que se produce en las plantas, particularmente en los cloroplastos de las hojas, a través de una molécula compleja que tiene como átomo central al magnesio (Mg) llamada clorofila, en la que la energía solar rompe la molécula de agua proveniente del suelo, en hidrogeno (H) y oxígeno molecular (O2). Con la concurrencia de energía también aportada por el sol (almacenada), el hidrogeno se combina químicamente con el bióxido de carbono (CO2) de la atmósfera para luego formar glucosa y liberación de O2 libre en la atmósfera. Así es, como la energía solar participa en la producción primaria de carbohidratos, que por medio de reacciones químicas sucesivas forman también proteínas, grasas, etc., alimentos que serán vitales para el metabolismo de los organismos heterótrofos (principalmente animales y especie humana) y, complementada la fotosíntesis con la respiración (oxidación) de sus productos (alimentos) se generara la energía (ATP) para todas las funciones vitales de los organismos vivos. Así pues, la fotosíntesis realizada por los organismos autótrofos (ciano-bacterias, algas y plantas superiores) con el concurso de la energía solar, constituye el primer eslabón de la cadena alimenticia de la que dependen los organismos heterótrofos.

 

Conclusiones

La química es la ciencia que estudia la transformación cualitativa de las sustancias materiales

La Química es la ciencia que estudia el movimiento (interacción) de los electrones atómicos.

La fotoquímica: luz (fotones) à rotura de átomos y moléculas à química

La vida es metabolismo y el metabolismo es química

La radiación solar es la fuente primaria de energía que hace posible la vida

En síntesis, la sucesión química que originó la vida y la sigue haciendo posible es la siguiente: cosmoquímica (átomos) à fotoquímica à geoquímica à bioquímica

 

Referencias bibliográficas

Asimov Isaac. 1975. Breve historia de la química. Introducción a las ideas y conceptos de la química. Alianza Editorial, S.A. Madrid, España.

Asimov Isaac. 1985. Fotosíntesis. Ediciones Orbis, S.A. Barcelona, España.

Herrera Corral Gerardo. 2016. Universo. La historia más grande jamás contada. Penguin Random House Grupo Editorial, S.A. de C.V. México, D.F.

Feynman et al. 2018. Lecciones de física de Feynman: Mecánica, radiación y calor. Fondo de Cultura Económica. Ciudad de México.

Fidrierich Hegel. 1812-1816. Ciencia de la lógica. Traducción Mondolfo Rodolfo (1960). Buenos Aires, Argentina.

Fidrierich Hegel.1817. Enciclopedia de las ciencias filosóficas. Editorial Porrúa, S.A. 1980. México, D.F.

 Jodakov Yu. V. et al. 1987. Química inorgánica. Editorial MIR. Moscú, URSS.

Konariov B. 1987. Que es la química inorgánica. Ediciones Quinto Sol, S.A. de C.V. México, D.F.

Tsvetkov L.A. Química orgánica. Editorial MIR, Moscú, URSS.

Vlasov I. y Trifonov D. 1978. Química recreativa. Ediciones Quinto Sol, S.A. de C.V. México, D.F.

Koolman Jan y Klaus-Heinrich Röhm.2012. Bioquímica humana. Editorial Médica Panamericana. México, D.F.

 

 

 

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