DE LA DIETA PALEOLÍTICA
DE NUESTROS ANCESTROS A LA PALEODIETA MODERNA
Valentín Vásquez
San Andrés
Ixtlahuaca, Oaxaca, México
valeitvo@yahoo.com.mx
Introducción
El rasgo más general (esencial) que define la vida el metabolismo
(anabolismo vs catabolismo) y el metabolismo es química (oxidación vs
reducción), en consecuencia, la vida es el movimiento de electrones de unas
sustancias a otras en el organismo vivo en general y de la especie humana en
particular. En este sentido, el metabolismo es el conjunto de reacciones químicas
necesarias que se producen en los alimentos para generar la energía necesaria
para hacer posible la vida.
La aparición de la especie humana hace dos millones de años, es consecuencia
de evoluciones y revoluciones biológicas que iniciaron con el origen de la vida
hace unos 3500 millones de años.
La evolución de la especie humana no
culminó con la aparición del Homo habilis. Este prosiguió mejorando
sus herramientas de trabajo y después de un accidentado desarrollo apareció
el Homo erectus, con instrumentos de trabajo más sofisticados,
además, descubrió el fuego, invento que fue crucial para su sobrevivencia, dado
que en el ambiente frío en el que se desenvolvió le sirvió para calentarse,
protegerse de los animales salvajes y para cazarlos, así como para cocinar sus
alimentos (vegetales y animales) para hacerlos más asimilables, lo que favoreció
la disminución del sistema digestivo y colateralmente contribuyó al aumento del
cerebro y de mayor complejidad, aspectos que conjuntamente le permitieron a la
mayoría migrar para Europa y Asia hace unos 200 mil años. La parte que se quedó
en África siguió mejorando su tecnología para la apropiación de sus alimentos y
miles de años después también emigraron a Europa que ya estaba poblada por los
Neandertales, que al confrontarlos y al disponer de mejor tecnología y armas
los aniquilaron, para luego transformarse en el hombre moderno de Cromañón en
Francia hace unos 35 mil años. Las pinturas rupestres del hombre de Cromañón
prueban que ya habían desarrollado lenguaje escrito plasmado en sus pinturas
rupestres, lo que indica la existencia de pensamiento abstracto, ya que el arte
puede ser definido como el reflejo de lo abstracto a través de imágenes
concretas.
Estilo de vida del
hombre paleolítico.
Nichols y Houzel (1996-2013), sostienen que el aumento del cerebro
del Homo erectus, está relacionado con el descubrimiento del fuego
y su aplicación en la preparación de los alimentos. La alimentación del hombre
primitivo a base de alimentos cocinados con fuego, favoreció una mejor
asimilación tanto de los productos vegetales como animales y su efecto en el
desarrollo del cerebro fue determinante, ya que en un período de 600,000 años
duplicó su tamaño. Acontecimiento que no ocurrió en el Australopitecos y
menos en gorilas y chimpancés, cuya dieta es esencialmente vegetariana y se
basa en alimentos crudos. “Más que la invención del fuego, lo que realmente
nos hizo humanos fue aprender a utilizarlo para cocinar: el 100% de los
alimentos cocinados son metabolizados por nuestro organismo, mientras que los
alimentos crudos producen solamente entre el 30 y el 40% de sus
nutrientes. Además, “al aplicar fuego a los alimentos, éste ablanda
las fibras más duras, libera los sabores y acorta el proceso de masticar y
digerir. Todo ello permitió a nuestros antepasados necesitar menos tiempo para
buscar y digerir alimentos. Así, cocinar nos proporcionó la nutrición necesaria
para desarrollar cerebros más grandes y tiempo que dedicar a cosas más
importantes. Fue entonces, cuando tener un cerebro grande dejó de
ser un problema, algo que exigía más esfuerzo para mantenerlo, para convertirse
en una ventaja, una ayuda para obtener nutrientes de forma sencilla. El hombre
empezó a dedicar más tiempo a pensar cómo cazar, vivir, desarrollar el arte, la
cultura…Cualidades que hoy en día nos hacen ser como somos”. Así pues, desde el punto de vista
cuantitativo, el Homo erectus, superó a su predecesor el Homo habilis que
tenía un cerebro con un peso aproximado de 650 gramos al alcanzar un cerebro
con un tamaño de alrededor de 900 gramos.
Cordain (2011), atribuye una enorme importancia a la dieta carnívora en
el surgimiento de la especie humana moderna: "La idea de que los
seres humanos debían ser vegetarianos es contraria a todas las pruebas de la
evolución que presentan los datos sobre fósiles y estudios antropológicos. Es
enorme nuestra deuda con la carne magra. De hecho, los estudios y pruebas
científicos sugieren que si nuestros primeros antepasados hubieran comido una
dieta sin carne ahora no existiríamos. Yo no me habría convertido en
científico, tu no estarías leyendo este libro y todos nos parecerían muchísimo más a
nuestros parientes animales más cercanos: los chimpancés". Además, de la dieta basada en carne de animales salvajes, nuestros
ancestros paleolíticos realizaban actividad física permanente, dado su carácter
nómada de su estilo de vida.
Europa Soberana (2013), publica un artículo en el que se afirma que
actualmente se ha satanizado a los alimentos de origen animal, cuando los
supermercados están repletos de alimentos “chatarra”. Sin embargo, fue la
carne, la sangre, la grasa, el tuétano (médula ósea), los sesos y las vísceras;
derivados de la caza de animales salvajes, los que sirvieron de alimentos y
luego impactaron el desarrollo –cantidad y cualidad- del cerebro, con lo que se
crearon las premisas biológicas para el surgimiento de la inteligencia humana.
Los chimpancés, con quienes la especie humana comparten las mayores similitudes
genéticas, son carroñeros e incluso depredadores, pero su alimentación derivada
de estas actividades, solo representa el 2% de su dieta; otro 8% lo obtiene del
consumo de insectos sociales –hormigas, termitas, abejas, larvas- y el resto de
sus alimentos son de origen vegetariano.
Los gorilas, poco más alejados genéticamente del hombre, son
esencialmente vegetarianos. Su alimentación de frutas es baja y su consumo de
hojas es alto, por consiguiente, han desarrollado un sistema digestivo, adaptado
para metabolizar a la celulosa. Además, comen hormigas y ocasionalmente
recurren a la carroña y caza, pero en un grado mucho menor que los chimpancés.
Tratando ya de los homínidos más emparentados con el hombre primitivo,
los Australopitecos, que vivieron en África hace aproximadamente 4
millones de años, eran indudablemente carroñeros, lo que significa que acudían
al cadáver del animal muerto y probablemente con piedras cortaban los tendones
y la piel, para obtener la carne y la grasa; además, rompían la cabeza para
obtener el tuétano y los sesos, productos altos en colesterol y otras grasas
saturadas, que luego servían de alimento a estos homínidos.
Probablemente el uso de piedras proporcionadas por la naturaleza a los Australopitecos y
su uso frecuente en la carroña, fue la base material para el surgimiento del
trabajo (fabricación de herramientas), con lo que se produjo del salto de
alguna especie de Australopitecos a Homo habilis.
Con la fabricación de instrumentos de trabajo de piedra muy rudimentarios,
la principal actividad productiva para obtener alimentos fue la caza. Esta
proporcionó la carne cruda como fuente regular para su alimentación, además de
los productos vegetales, derivados de la recolección; así, la dieta se volvió
omnívora.
El estilo de vida del Homo habilis consistía en
dedicarse a la caza de animales salvajes y recolección de productos vegetales.
La respuesta anatómica a este estilo de vida consistió en el desarrollo de un
cuerpo con grasa abdominal almacenada para ser utilizada en períodos de escases
de alimentos, lo que obliga al hombre paleolítico al ayuno frecuente, brazos
largos aun adaptados para moverse en los árboles (herencia de su antecesor
el Australopitecos) y una estatura aproximada de 1.40 metros.
En lo relativo a la encefalización, el tamaño de su cerebro rondaba en
los 650 gramos, 200 gramos por arriba de su predecesor el Australopitecos. El
tamaño relativamente pequeño de su cerebro, permite inferir que se trataba de
un hombre poco inteligente; débil e indefenso, todavía presa de grandes
depredadores como el temible felino tigre con dientes de sable, que coexistió
con él en África.
El siguiente salto en la evolución de la especie humana, se dio con la
aparición del Homo erectus, probablemente de alguna rama
del Homo habilis, resultado del mejoramiento de la tecnología
lítica, que permitió primero manipular el fuego natural y luego producirlo, así
como su uso en la preparación de alimentos.
El Homo erectus se caracterizó por ser cazador de
animales salvajes y recolector de alimentos vegetales. Un rasgo distintivo de
esta especie fue su carácter nómada, actividad que estaba asociada con la
migración de los animales salvajes. Prueba de ello es su salida de África, siguiendo
las manadas de animales salvajes, de cuya caza dependía su sobrevivencia.
Especial importancia merece la incorporación de alimentos cocidos,
especialmente de carne, en la dieta del Homo erectus, por sus
consecuencias en el desarrollo de su cerebro, de tal forma que se produjeron
cambios cuantitativos (aumento de tamaño) y cualitativos (mayor complejidad).
Específicamente su cerebro aumentó a 900 gramos, 250 gramos por arriba de su
probable predecesor el Homo habilis. Con un cerebro más grande y de
mayor complejidad, era de esperarse que fuera más inteligente que su antecesor.
La distribución geográfica (espacial) que Homo erectus fue
muy extensa y lo llevó a adaptarse a numerosos tipos de terreno y climas: en
África como Homo ergaster, en China como Homo pekinensis y
en el Cáucaso como Homo georgicus. En el aspecto temporal, fue el
hombre primitivo que más duró: alrededor de 1.6 millones de años, pues se cree
que se extinguió hace unos 300 mil años.
El Homo antecesor apareció hace 1.2 millones de años y
puede considerarse como una raza europea del Homo erectus y
probablemente descendió del Homo ergaster (versión africana
del Homo erectus). Utilizó la tecnología achelense para cazar
animales salvajes y recolectar productos vegetales; por consiguiente, su
alimentación fue omnívora (productos vegetales y animales).
El Homo heidelbergensis apareció hace unos 500,000 años
y con toda certeza desciende del Homo antecesor y el Homo
erectus de la península ibérica y seguramente es el antepasado del
hombre de Neandertal. Se trató de una especie de Homo
robusta, pues tenía una estatura entre 1.75 y 1.80 metros y un peso
aproximado de 100 kg. y vivió en Europa en condiciones extremas de frío, pues
coexistió con la glaciación de Mindel (la antepenúltima edad de hielo).
El Homo heidelbergensis fue cazador-recolector, pero
más cazador que recolector, dadas las condiciones extremas de frío en las que
vivió, gran parte de plantas se extinguieron. En consecuencia, su dieta fue
mayoritariamente carnívora.
El hombre de Neanderthal surgió hace unos 230, 000 años
en Europa, también, dominó el fuego y lo usó para cocinar principalmente la
carne y dadas las condiciones extremas de frío en que se desarrolló, su
alimentación era básicamente carnívora. Esto repercutió en el aumento de su
cerebro (superior a los 1400 gramos), a tal grado que su tamaño fue mayor al
del hombre moderno. El hecho de que su cerebro fuera más grande que el del
hombre moderno, no significa que fuera más inteligente, pues la cantidad no
está aislada de la cualidad, por lo que probablemente, su cerebro era más
grande, pero menos complejo. Esto tiene que ver seguramente con su extinción.
El hombre de Cro-Magnon (Homo sapiens) apareció hace
aproximadamente unos 40,000 años. Su tecnología lítica fue superior a las
especies humanas que le precedieron y como su existencia coincidió con el
último máximo Glacial, la vegetación fue escasa, por lo que la principal fuente
de alimentación fue la carne. La alimentación esencialmente carnívora, impactó
en el desarrollo de su cerebro, de tal forma que creció por arriba de los 1400
gramos y en el aspecto cualitativo, se hizo más complejo. Esto repercutió en
una mayor inteligencia, que se tradujo en el desarrollo del arte rupestre, que
ya implica en cierto grado un gran desarrollo del pensamiento abstracto, puesto
que el arte no es más que el reflejo de lo abstracto en imágenes concretas,
antecedente del lenguaje escrito.
La superioridad en la tecnología del Homo sapiens y su
mayor inteligencia, contribuyeron seguramente a la extinción del hombre
de Neandertal en Europa.
En resumen, el artículo concluye que, si los antepasados del hombre se
hubieran quedado en el clima cálido de África, con una dieta estrictamente
herbívora, el cerebro nunca habría aumentado en tamaño y complejidad; es decir,
sin la carne con su grasa, complementada con la de los huevos y semillas hizo
posible la aparición del Homo sapiens.
Los alimentos de la dieta paleolítica fueron obtenidos con las
tecnologías líticas (fabricadas por el trabajo del hombre) aplicadas a la caza
de animales salvajes y recolección de productos vegetales. La cantidad de carne
cada vez fue mayor y en cuanto a su cualidad, siempre se trató de carne magra y
huevos. El Homo habilis se alimentó de carne cruda y desde el Homo
erectus hasta el hombre moderno (Homo sapiens), se alimentaron
de carne cocida. Las fuentes de carbohidratos fueron principalmente de
tubérculos (raíces feculentas), frutas y ocasionalmente la miel; respecto a la
grasa tuvo como fuente la asociada a la carne magra, complementada con la de
los huevos y de semillas; es decir, se trató de una alimentación omnívora.
imagen 1. Dieta paleolítica de nuestros ancestros.
Guelman (2006) argumenta que la alimentación del hombre paleolítico era
esencialmente carnívora, por las siguientes razones:
a). Todavía existían algunos depredadores, por lo cual era riesgoso que las
mujeres y los niños salieran a la recolección de productos vegetales.
b). El cazar y cocinar un animal era mucho menos laborioso que procesar
alimentos vegetales que, con excepción de las frutas y algunas otras partes
vegetales más, no podían ser digeridos directamente.
c). Aspectos ecológicos que condicionaban la obtención de productos vegetales y
combustible (energía), dado que se trató de una época en la que ocurría la
última glaciación.
d). El cazar tenía también un profundo significado socio-cultural: “dejar de
ser presa y ser cazador”.
e). La carne obtenida de la cacería variada proveía al ser humano de todos los
nutrientes esenciales como ningún otro tipo de alimento lo hace, y podía
vivirse perfectamente con una dieta exclusiva de carne, aun siendo “cruda”, tal
como lo han hecho los esquimales hasta nuestros días. Más aún, la capacidad
estomacal que posee el hombre moderno es propia de un gran cazador, ya que
llenando el estómago una vez alcanza sobradamente para subsistir al menos dos
días, lo cual no ocurre en los grandes herbívoros. Es interesante que la gran
mayoría de la humanidad continuara comiendo una vez al día hasta finales del
siglo XIX, y sugestivamente se debe recalcar que la obesidad prácticamente no
existía hasta esa época. La única excepción era que la clase aristocrática,
dada su posición social poseía una mayor disponibilidad de alimentos. La
alimentación esencialmente carnívora prevaleció hasta hace aproximadamente
10,000 años, cuando paralelamente en Europa y América, apareció la
domesticación de plantas (agricultura) y animales (ganadería).
Valenzuela (2007) argumenta que, el Homo ergaster ("hombre
trabajador"), que sucedió al Australopitecos afarensis,
hace aproximadamente dos millones de años, se caracterizaba por su nomadismo,
inicialmente carroñero que, en su desarrollo, se transformó en un mono obeso.
Se trató de un homínido muy semejante a nuestra fisonomía actual, que pudo
medir hasta 1.80 metros y con un volumen cerebral de 1000 centímetros cúbicos
(c.c), 60% de nuestro volumen cerebral. Al Homo ergaster, quien
podría haber sido el primer Homo erectus, le tocó vivir en
condiciones mucho más duras que sus antecesores. Evolutivamente debió
padecer un cambio trascendental: o consolidarse como un herbívoro o convertirse
en un omnívoro-carnívoro “a la fuerza”. Los herbívoros tienen un sistema
digestivo mucho más complejo y más grande que los carnívoros, ya que su proceso
digestivo es más prolongado. Esto los obliga a tener un cuerpo de mayor tamaño,
pesado y de movimiento lento. Por el contrario, los carnívoros tienen un
sistema digestivo más corto, ya que el proceso de digestión de sus alimentos,
principalmente carne y grasa, es mucho más rápido que en los herbívoros, con lo
cual pueden ser de menor tamaño, más ágiles y rápidos, condición esencial para
alcanzar a sus presas. El Australopithecus afarensis, desarrolló un
sistema digestivo más similar al de los carnívoros, sin serlo, que al de los
herbívoros, con lo cual, el Homo ergaster, aunque no tengamos
certeza de que sea su descendiente directo, tenía la misma estructura en su
sistema digestivo. Su estructura anatómica lo obligó a seguir el camino de los
omnívoros-carnívoros, abandonando para siempre la opción de ser herbívoro. Al
transformarse en un carnívoro no adaptado, se hizo más marcada la insulino resistencia
del tejido muscular. Los carnívoros por naturaleza son fisiológicamente
insulino resistentes, ya que su dieta está constituida esencialmente por
proteínas y grasas, y muy pocos carbohidratos, por lo cual deben desarrollar
insulino resistencia, tanto a nivel del tejido muscular como del tejido adiposo
(no hay carnívoros obesos). La gluconeogénesis a partir de los aminoácidos es
particularmente activa en los carnívoros absolutos. De esta forma, sus músculos
solo consumen ácidos grasos y aminoácidos como fuentes energéticas, su tejido
adiposo acumula reservas muy restringidas de triglicéridos debido al poco
aporte dietario de carbohidratos, ya que estos son esencialmente reservados
para la función del cerebro. Sino fuese así, un gato o un tigre, después de su
almuerzo, consistente de solo carne y grasa, podrían desmayarse después de
devorar a su presa. La insulino resistencia muscular fue la clave para
sobrevivir los períodos de hambruna muy frecuentes para el Homo
ergaster. La glucogénesis hepática y renal (durante el ayuno prolongado
hasta un 40% de la glucogénesis es renal), que permite mantener la glucemia en
niveles normales durante el ayuno, se hace mucho más efectiva si el músculo
esquelético presenta insulino resistencia, ya que este tejido se obliga a
utilizar ácidos grasos provenientes de las reservas del tejido adiposo
reservando, a su vez, a la glucosa para un consumo casi exclusivo por
parte del cerebro y de los eritrocitos, los dos tejidos altamente dependientes
de la glucosa para sus funciones bioquímicas. La insulino resistencia muscular,
al producir altos niveles de insulina circulante, favorece la acumulación de
triglicéridos en el tejido adiposo, con lo cual favorece la adipogénesis. De
esta forma el Homo ergaster, al ser un carnívoro no adaptado,
consolidó la insulino resistencia necesaria para los carnívoros verdaderos, y
favoreció la acumulación de las reservas energéticas en el tejido adiposo.
Dicho de otra forma, el genotipo del “gen ahorrador”, consolidó al fenotipo del
“mono obeso”. Es probable que también se consolidara una leptino resistencia,
para asegurar que la regulación de la saciedad se alcanzara a niveles mayores
de leptina circulante producida por el tejido adiposo, con lo cual se lograba
una mayor acumulación de reservas energéticas para los períodos de hambruna que
seguían al festín derivado del cazar, o más bien de encontrar una presa a medio
comer lista para el carroñeo. El Homo ergaster, dotado de un
cerebro de 1000 c.c., capaz de utilizar utensilios para cazar, y que se
movilizaba en grandes grupos para optimizar su propia defensa y alimentación,
comenzó a abandonar África y a colonizar Asia y Europa, migración que duró
miles de años. Algunos descendientes del Homo ergaster permanecieron
en África, desarrollándose en forma independiente. Su cerebro aumentó en tamaño
y complejidad, originando la única especie humana que hoy día puebla la Tierra,
el Homo sapiens. Del grupo de migrantes destaca el Hombre
de Cro-Magnon, cuyos restos fósiles se encontraron en Francia y España. El
Hombre de Cro-Magnon, era un individuo alto, aproximadamente 1.80-1.90
metros, poco macizo, de huesos largos y poca musculatura, muy ágil, y un
experto cazador, conocedor del fuego y más tarde artífice del hacha, el arco y
la flecha. Su dieta, mayoritariamente carnívora, era hiperproteica muy similar
a la de los Inuits (esquimales) actuales, quienes ingieren el 50% de sus
requerimientos energéticos en forma de proteínas. El único mecanismo
fisiológico que permite sobrevivir a una dieta hiperproteica es la insulino
resistencia, ya consolidada en estos Homos. La insulino resistencia
conlleva un hiperinsulinismo, el que a su vez estimula la actividad
biosintética del tejido adiposo, la que se expresa en una acumulación de
triglicéridos en los adipocitos. A este efecto, se debe agregar la leptino
resistencia que favorecía la ingesta de grandes cantidades de alimento,
precisamente carne, para enfrentar los períodos de hambruna, y el inclemente
frío de las últimas glaciaciones que tuvo que enfrentar nuestro antepasado. El
arte de la caza lo practicó no solo con los animales terrestres, también con
los de origen marino, con lo cual los peces, moluscos y mamíferos marinos
constituyeron un importante aporte de ácido omega 3 (ácido docosahexanoico) ,
que influyó notablemente en el mejor desarrollo de su cerebro en tamaño y
complejidad. Es evidente, que la dieta paleolítica, basada esencialmente en proteínas
y grasas derivadas de la caza de animales terrestres y acuáticos, fue decisiva
para la conversión del Australopithecus afarensis en Homo
habilis.
En suma, es necesaria una nutrición inteligente (Sacal, 2025) que
combine sabiamente con base en el conocimiento, los macronutrientes (grasas,
proteínas y carbohidratos) con los micronutrientes (vitaminas y minerales) para
lograr una nutrición equilibrada para una buena salud, dando énfasis a las
grasas y proteínas y, en menor proporción a los carbohidratos, como fue la
paleodieta de nuestros ancestros. Estos vivieron en dependencia de lo que
proporcionaba la naturaleza (productos vegetales, carroña y caza ocasional de
animales salvajes) para su subsistencia, por lo que constantemente se
presentaban períodos de abundancia y escases de alimentos, procesos que
condicionaron la aparición de grasa abdominal, que funcionó de reserva
energética utilizada en períodos críticos en los que escaseaban las
disponibilidades de alimentos. Como el entorno ecológico en el apareció la
especie humana (Valle del Rift en el este de África) en la sabana africana
(clima seco y desértico) los alimentos vegetales eran escasos, alimentos
acuáticos moderados de ríos y lagos afluentes del río Nilo (Lago Victoria, lago
Turkana, Lago Tana, etc.); abundantes animales salvajes, aunque la caza se
reducía fundamentalmente a especies menores, debido a la dificultad de la caza
de animales salvajes superiores (grandes) por nuestros primeros ancestros (Homo
habilis y Homo erectus). En estas condiciones, la
alimentación de nuestros ancestros consistió fundamentalmente de los obtenidos
de la carroña de los desechos de los animales cazados por los animales
carnívoros (tuétano médula ósea de las articulaciones del músculo esquelético,
ácidos grasos de los cerebros), pescados de ríos y lagos y escasos alimentos de
origen vegetal (tubérculos de las raíces) y miel. Así pues, la dieta
paleolítica condicionada por las condiciones ecológicas, era elevada en grasas
y proteínas de origen animal y baja en carbohidratos, dieta que favoreció el
aumento del tamaño y mayor complejidad del cerebro humano sede del pensamiento
lógico (abstracto).
Respecto a la dieta paleolítica Campillo (2015), escribió que hace
dos millones de años, nuestros antecesores, a causa de la escasez alimentos de alimentos
vegetales, debido al clima frío, se vieron obligados en alimentarse de animales
terrestre y acuáticos. Esto que fue una imposición de los cambios ambientales,
ocasionó un resultado sorprendente: permitió que creciera el cerebro. Este
antepasado, que ya pertenecía al genero Homo,
fue capaz de elaborar instrumentos de piedra para acceder a los alimentos y
protegerse de las fieras salvajes, lo que le permitió iniciar el camino desde
el oriente de África hasta la colonización del mundo…las evidencias fósiles
indican que el género Homo surgió en
un entorno ecológico único, formado por numerosos lagos que llenan las
depresiones del valle del Rift. Se llenaban, como lo hacen hoy, del agua de los
escurrimientos de los numerosos ríos que desembocan en ellos. Muchos de estos
lagos son alcalinos debido a la intensa actividad volcánica. Son abundantes en
peces, moluscos y crustáceos que tienen proporciones de lípidos poliinsaturados
de larga cadena muy similares a los que componen el cerebro humano (sede material
de la inteligencia). Este entorno, en el que la especie Homo evolucionó durante al menos dos millones de años, proporcionó
a nuestros ancestros una excelente fuente de proteína de elevada calidad
biológica y de ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga, una combinación
ideal para hacer crecer el cerebro. Este entorno ecológico singular (único), no
solo proporcionó los nutrientes imprescindibles para el desarrollo del cerebro,
sino que aceleró numerosos cambios evolutivos que confluirían en la aparición
del Homo sapiens (hombre sabio); en suma fue la carroña y el pescado los alimentos que nos hicieron inteligentas.
Imagen 2. Cuenca hidrográfica del Río Nilo
En la anterior imagen de la cuenca hidrográfica del
río Nilo se observa en su parte sur inferior el Lago Victoria donde nace el
Nilo Blanco, en Kenia Lago Turcana y en Etiopía Lago Tana, principales lagos
del Valle del Rift en África Oriental. Estos lagos fueron cruciales por su
aporte de agua y alimentos acuáticos para la alimentación paleolítica de
nuestros ancestros.
Wikipedia escribe que la dieta
paleolítica, también conocida como: dieta paleo, dieta de las cavernas o dieta
de la edad de piedra, es una dieta de moda moderna que consiste en alimentos
que sus defensores consideran similares a los que consumían los humanos durante
el período paleolítico.
La dieta paleolítica ha sido
popularizada por Loren Cordain en 2002 en su libro con ese nombre.
·
Alimentos
permitidos en la dieta paleolítica son: Verduras (incluidas las hortalizas de
raíz), frutas (incluidos los aceites de frutas, como, aceite de oliva, aceite
de coco y aceite de palma), frutos secos, raíces, carne, huevos y pescado.
·
Alimentos no
permitidos en la dieta paleolítica: alimentos a base de cereales, azúcar,
productos nutricionales de la industria (incluidas las grasas refinadas y los
carbohidratos refinados, y productos lácteos, debido a que el ordeño no existió
en el período paleolítico hasta después de la domesticación de animales hace
unos 10, 000 años.
Discusión
El
bipedalismo fue posible por los cambios tectónico y climático (enfriamiento)
que provocó el relevo de selvas tropicales por extensas sabanas y fue el rasgo
típico de los Australopithecus. Constituyó toda una revolución
biológica, que sentó las bases para el surgimiento de la especie humana, ya que
permitió que las extremidades superiores quedaran libres, y así desempeñaran
funciones radicalmente nuevas, principalmente, la manipulación de objetos
proporcionados directamente por la naturaleza para defenderse de las fieras
salvajes y para procurarse sus alimentos para su dieta.
Imagen 3. Bipedalismo de Australopitecus
La
carroña fue fundamental, pues implicó el uso principalmente de piedras para
destazar los cadáveres de animales muertos y romper sus cráneos para obtener el
tuétano y los sesos para alimentarse, práctica que posteriormente sentará las
bases para el surgimiento del trabajo.
Imagen 4. La carroña en la dieta paleolítica
Nuestros ancestros primitivos compitieron con otros carroñeros de la sabana africana para acceder al alimento animal (carne
y grasa), el cual fue crucial para el crecimiento y desarrollo del cerebro
humano como el órgano de la inteligencia.
El salto de alguna especie de Australopithecus (probablemente
el afarensis) a Homo habilis, se produjo hace unos dos
millones de años y fue posible después de un período prolongado (por los menos
700, 000 años) de acumulación gradual de experiencias en la manipulación de
objetos proporcionados por la naturaleza, principalmente piedras utilizadas en
la carroña de animales muertos, hasta que la experiencia acumulada permitió la
fabricación de herramientas rudimentarias, haciendo posible la transición
de Australopithecus a Homo habilis. Así pues,
detrás de la aparición del Homo habilis está el trabajo, rasgo
esencial que caracteriza desde entonces a la especie humana, entendido como la
capacidad para fabricar instrumentos de producción, para carroña.
Hasta el
presente, ninguna especie animal superior, principalmente los monos antropomorfos
y Australopithecus, que son los más emparentados con el hombre ha
sido capaz de fabricar el más rudimentario instrumento de trabajo, a lo más que
han llegado es a la manipulación de los objetos que la naturaleza proporciona.
En suma, el trabajo es un atributo inherente únicamente a la especie humana.
Con la
caza de animales salvajes, la carne cruda se introdujo en la dieta del hombre
primitivo, que, aunada a los productos vegetales de la recolección, la
alimentación de nuestros ancestros se volvió omnívora.
Además,
la caza y recolección, implicaban movimiento diario de varios kilómetros para
seguir a los animales salvajes y buscar los alimentos vegetales, actividad que
conjuntamente con la dieta omnívora (carne cruda y vegetales) influyeron en la
fisiología y anatomía del Homo habilis: cuerpo relativamente obeso,
derivado de la necesidad de almacenar grasas como fuentes de energía en los
período de escases de alimentos (por cierto, muy frecuentes en la historia del
hombre paleolítico), brazos largos todavía emparentados con su antecesor
el Australopithecus, estatura aproximada de 1.40 metros.
Especial
atención merece el desarrollo del cerebro de Homo habilis. Su
tamaño era de alrededor de 650 gramos, 200 gramos más grande que la de
predecesor el Australopithecus. Su tamaño relativamente pequeño y
de poca complejidad, permite inferir que se trataba de una “criatura” débil e
indefensa y de escasa inteligencia; por consiguiente, todavía era presa de
grandes depredadores, como el temible tigre con dientes de sable, felino que
coexistió con él en África.
Imagen 5. Homo habilis fabricando herramientas de piedra
El
siguiente salto en la secuencia evolutiva de la especie humana, ocurrió hace
1.5 millones de años, con la aparición del Homo erectus,
probablemente a partir del Homo habilis, después de una prolongada
experiencia en la fabricación de herramientas líticas cada vez más
perfeccionadas, especie humana que invento el fuego, tecnología que le
permitió calentarse dado el ambiente frío en que vivió, protegerse de los
depredadores y principalmente el cocido de los alimentos. Tanto los alimentos
vegetales como los animales al ser cocidos en el fuego se volvieron más
asimilables, lo que favoreció el aumento de tamaño del cerebro y mayor
complejidad y colateralmente se redujo de tamaño el sistema digestivo.
El
descubrimiento del fuego requirió experiencia práctica y cierto nivel de
inteligencia. Otra vez, el trabajo fue el fundamento material del salto
de Homo habilis a Homo erectus.
Imagen 6. Homo erectus produciendo fuego
El
dominio del fuego también es un rasgo típico solo del hombre, pues, ningún
animal superior (monos antropomorfos y Australopithecus) han sido capaces de
producir el fuego.
Con la
utilización del fuego en el cocido de los alimentos se produjo una revolución
alimentaría, que, aunque siguió siendo omnívora, la carne jugaba un papel cada
vez más importante. Ahora ya no era ingerida cruda, como en el caso del Homo
habilis, ahora cocida, se hizo más asimilable y su eficiencia energética
aumentó, haciendo posible suministrar la energía necesaria a un cerebro más
grande y más exigente.
De
trascendental importancia, fue la nueva dieta que involucraba a la carne cocida
como principal componente de la alimentación omnívora, por su impacto en el
desarrollo cerebral. Su impacto produjo que el cerebro alcanzara un tamaño de
900 gramos, 250 gramos mayor que su antepasado el Homo habilis. Con
un cerebro mayor y de mayor complejidad su inteligencia aumentó.
Dotado
con una mayor inteligencia dejó de ser localista y se extendió por diversas
regiones geográficas, con características climáticas y edáficas muy diversas:
como Homo ergaster en África, como Homo pekinensis en
China y como Homo georgicus en el Cáucaso.
El Homo
erectus se distinguió por su gran movilidad por su carácter nómada,
derivada de su estrecha dependencia de la caza de animales salvajes y búsqueda
de alimentos vegetales. La evidencia de su permanente movilidad está en su
salida de África siguiendo la migración de los animales salvajes de cuya
subsistencia dependía. Fue la especie de Homo que más vivió,
pues duró alrededor de 1.6 millones de años.
Imagen 7. Homo erectus utilizando el fuego
El último
“eslabón” de la “cadena” es el hombre de Cro-Magnon (Homo sapiens),
que apareció hace 40,000 años en Europa. Sus herramientas líticas fueron muy
superiores a las de sus predecesores y también fueron posibles por la
experiencia acumulada en la fabricación de instrumentos de trabajo, principalmente
de piedra y hueso, las que le permitieron mejorar la caza de animales salvajes,
principal actividad de la especie moderna de Homo. Una vez más fue el trabajo el fundamento en la aparición del
hombre moderno.
La
fabricación de herramientas de trabajo más perfectas, la alimentación
mayoritariamente carnívora y las relaciones sociales más complejas, hicieron
posible el surgimiento del lenguaje articulado, fundamento del pensamiento
abstracto. La alimentación esencialmente carnívora y el lenguaje articulado
potenciaron el desarrollo cuantitativo y cualitativo del cerebro, a tal grado
que alcanzó un tamaño mayor de 1400 gramos, 500 gramos por arriba del Homo
erectus y con una complejidad mayor. Esto se tradujo en una mayor
inteligencia que las de sus predecesores.
Con el
lenguaje articulado, aparece el concepto, “célula” del pensamiento abstracto,
ya que permite generalizar a través de la palabra. Los conceptos hacen posibles
los juicios y los razonamientos abstractos.
Con el
pensamiento abstracto aparece el arte como una forma de la conciencia y se
caracteriza por reflejar lo abstracto en imágenes concretas (pinturas rupestres)
principalmente de animales salvajes), antecedente del lenguaje escrito.
Imagen 8. Arte rupestre del hombre de Cro-Magnon
Con una tecnología superior a la de sus antepasados y con una inteligencia
mayor se lanzaron a poblar la Tierra y de paso seguramente contribuyeron a la
extinción del hombre de Neandertal, Homo que
coexistió con él en Europa.
Imagen 9. Hombre moderno de Cro-Magnon
Finamente, el cerebro del hombre moderno, como órgano del pensamiento abstracto, es
el resultado de un largo proceso (más de dos millones de años) de aumentos
cuantitativos graduales, interrumpidos por cambios bruscos repentinos o
“saltos” en cada especie de Homo primitivo.
Así pues, el desarrollo cerebral del Homo habilis, respecto a su
antecesor el Australopithecus, en su aspecto cuantitativo con un
cerebro de 650 gramos, 250 gramos por arriba; en su atributo cualitativo,
implicó un salto evolutivo, pues dejó de ser Australopithecus, para
transformarse en Homo habilis.
Con el Homo erectus su cerebro adquiere un volumen de
900 gramos, 250 gramos superiores al de su predecesor, el Homo habilis.
Con el hombre moderno de Cro-Magnon, el cerebro llega a ocupar un
volumen de 1500 gramos, 600 gramos más que el de su antepasado el Homo
erectus. El mayor tamaño, aunado a una mayor complejidad, produjo la
transformación cualitativa de su antecesor en la nueva especie de Homo moderna.
Imagen 10. Crecimiento del cerebro desde Australopitecus hasta Homo sapiens
Finalmente, en lo que respecta a la
dieta paleolítica, según la concibe Wikipedia, como una dieta de moda moderna
que se basa en alimentos similares a los que consumían los humanos durante el
período paleolítico, es cuestionable, porque ya no es posible retroceder en el
tiempo y retornar a una paleodieta que fue impuesta a nuestros ancestros por
las condiciones ambientales de su tiempo. Sin embargo, es posible mejorarla con
los avances en la ciencia de la nutrición y adecuarla al nuevo contexto
histórico.
Conclusiones
El universo es la unidad contradictoria de lo uno vs lo múltiple o de lo
universal vs lo singular, por consiguiente, la vida (biología) por tratarse de
lo singular, contiene parcialmente a lo universal o general.
La vida es metabolismo (anabolismo vs catabolismo) y el metabolismo es
química (oxidación vs reducción) en la que los electrones se mueven de unas
sustancias a otras en el organismo vivo.
La vida desde su aparición hace aproximadamente 3500 millones de años se
ha desarrollado de lo simple a lo complejo, movida por el metabolismo en forma
gradual y a saltos y en forma cíclica. El carácter cíclico no ha implicado
retornar exactamente a su punto de partida, sino a un nivel superior. En este
sentido, la dieta paleolítica moderna no sígnica volver a la dieta de nuestros
ancestros, más bien implica retornar a un nivel superior mejorada con los
milenarios avances de la ciencia de la nutrición humana.
Si bien es imposible retroceder en el tiempo para conocer la dieta
paleolítica en su origen; no obstante, el pensamiento abstracto rasgo esencial
de la especie humana -después del trabajo- sí es capaz de “viajar” al pasado y
al futuro para conjeturar acerca de los rasgos fundamentales de la dieta
paleolítica. Además, las condiciones físico-geográficas (tectónica de placas,
relieve, ubicación geográfica, etc.) siguen vigentes, como es la existencia de
la sabana africana con su flora (plantas) y fauna principal (animales), que
proporcionaron los alimentos de la paleodieta de nuestros ancestros.
El prolongado período paleolítico de 2 millones de años de desarrollo
moldeó nuestro diseño genético, incompatible con sociedad moderna industrial,
lo que ha repercutido en la aparición de enfermedades metabólicas crónicas
(obesidad, diabetes, alta presión, accidentes cerebrovasculares, etc.) ajenas a
nuestros ancestros.
Es importante destacar que el clima del período paleolítico coexistió
con el Pleistoceno de período cuaternario de la Era Cenozoica, caracterizado
por un clima muy frío (glaciaciones) que condicionaron la escases de alimentos
vegetales y mayor abundancia de alimentos de origen animal, lo que repercutió
en una alimentación omnívora en la que predominaban los nutrientes animales.
La dieta paleolítica no fue una libre elección de nuestros ancestros,
fue impuesta por el entorno ambiental (clima muy frío, sabana africana de clima
seco y desértico, escasos alimentos vegetales y animales, etc.), contrastando
con la alimentación moderna, que aunque “chatarra” es muy abundante, lo que ha
provocado la existencia de una sociedad de mal-nutridos susceptibles a
enfermedades.
Desde el cultivo de plantas (agricultura) y domesticación de animales
(ganadería) hace 10,000 millones de años y particularmente desde la revolución
industrial y las sucesivas revoluciones tecnológicas posteriores
(1750-actualidad), se ha roto con la paleodieta y relevada por los “alimentos
ultra procesados chatarra”, producidos por las empresas mundiales alimentarias
agropecuarias y su industrialización, cuyo interés económico es el dinero, no
la alimentación sana de la población mundial. El resultado, ha sido devastador
para la salud humana como lo evidencia, el aumento de enfermedades metabólicas
crónicas (obesidad, diabetes tipo 2, alta presión y eventos cerebrovasculares),
características de civilización moderna.
En una sociedad como la actual, cuya característica es la desigualdad socioeconómica, no existe imparcialidad de la ciencia en general y menos de la nutrición humana en particular; por consiguiente, la verdadera ciencia de la nutrición que debe ser la base de una dieta saludable, es incompatible con el sistema socioeconómico imperante.
Referencias bibliográficas.
Behncke C. Rolf. 2009. A mis queridos primates sedentarios.
Internet.
Campillo Álvarez José Enrique. 2015. El homo obeso. La evolución
humana y las enfermedades de la opulencia: obesidad, diabetes, hipertensión,
dislipemia y ateroesclerosis. Ediciones Culturales Paidós, S.A. de C.V.
México D.F.
Cordain Loren. 2011. La dieta paleolítica. Ediciones Urano. Barcelona,
España.
Europa Soberana. 2013. Homo carnívoros, o revolución carnívora -la caza, la
carne y el fuego como aceleradores evolutivos.
Guelman R. Laura. 2006. La conducta alimentaria humana en un contexto
evolutivo.
Revista de Psicofarmacología. Buenos Aires, Argentina.
Sacal Dumani Elisa.2025. Desde la raíz. Pilares de la ciencia
integrativa para optimizar tu salud. Penguim House Grupo Editorial, S.A. de
C.V. Ciudad de México.
Valenzuela Alfonso. 2007. Evolución bioquímica de la nutrición:
del mono desnudo al mono obeso. Revista Chilena de Nutrición. Santiago, Chile.
Wikipedia. Internet.