jueves, 28 de enero de 2016

CIENCIA: FORMA SUPERIOR DE LA CONCIENCIA

CIENCIA: FORMA SUPERIOR DE LA CONCIENCIA
Valentín Vásquez
Oaxaca, México
valeitvo@yahho.com.mx


Introducción

En el universo lo único que existe es materia que se mueve como resultado de sus contradicciones internas. La materia no es lo que tradicionalmente se transmitido de generación en generación, desde que Aristóteles concibió en su Física -350 a.C.- a la materia, como todo lo que ocupa un lugar en el espacio, porque el espacio también es de naturaleza material. Más bien la materia, en su concepción moderna se define como todo lo que existe a excepción de la conciencia y engloba desde el microcosmos –átomo- hasta el macrocosmos –galaxias-. En lo referente al movimiento, no se reduce a lo que comúnmente se entiende como el desplazamiento espacial de los objetos, ya que el movimiento va más allá: desde el movimiento mecánico más elemental que opera en la materia, reacciones químicas que dan origen a otras sustancias cualitativamente nuevas, metabolismo biológico, movimiento social, etc.; y, si el pensamiento refleja el movimiento de la materia, por consiguiente, el pensamiento se mueve también. Es la materia en su movimiento, la que después de un largo proceso se transformó en materia viva y ésta en un proceso más prolongado dio origen a la especie humana, hace aproximadamente dos millones de años. Con la especie humana, aparece el trabajo como rasgo genérico esencial que lo distingue del reino animal y consiste en la capacidad de fabricar instrumentos de trabajo para transformar a la naturaleza y así proveerse de alimentos para su alimentación. Al inicio la economía que proporcionó los alimentos indispensables a la subsistencia del hombre primitivo, fueron la recolección de productos vegetales silvestres y la caza de animales salvajes, dieta que contrastaba radicalmente con la de sus antecesores –Australopithecus-, cuya dieta era esencialmente vegetariana. Con el trabajo, entendido como la capacidad del hombre primitivo para elaborar herramientas de trabajo y de protección, se produjo un salto del reino animal al reino del hombre y la dieta basada esencialmente en la carne y en menor medida de productos vegetales, impactó en el desarrollo del cerebro humano tanto cuantitativa como cualitativamente. Así, de un tamaño de alrededor de 400 gramos de nuestro antecesor el Australopithecus, aumentó a 700 gramos en el hombre primitivo, hace aproximadamente dos millones de años en el Homo hábilis. El aumento en el volumen del cerebro, fue resultado del principal rasgo distintivo de la especie humana: el trabajo y con éste se desarrolla el cerebro como sustrato material de la conciencia humana. Así pues, es la materia en su movimiento la que después de un prolongado proceso, culmina con la aparición de la conciencia humana, rasgo propio de la especie humana, que junto con el trabajo, integran la esencia del hombre. La conciencia como uno de los rasgos esenciales de la especie humana y concebida como la capacidad del hombre para expresar mentalmente el movimiento material, surgió inicialmente con el hombre de Neardental probablemente hace 150 mil años en forma de religión. Posteriormente con el Homo sapiens –hombre de Cro-Magnon-, hace unos 35,000 mil años surgió el arte como segunda forma de la conciencia, en la que el pensamiento abstracto se expresa a través de imágenes concretas –pinturas rupestres-. Finalmente, la ciencia como forma superior de la conciencia en su etapa temprana, aparece en la sociedad esclavista, derivada de la Revolución Neolítica –hace 10,000 años-, que permitió la domesticación de plantas –agricultura- y animales –ganadería-, cuya división social del trabajo y la mayor disponibilidad de alimentos, dieron como resultado el surgimiento de la propiedad privada, fundamento económico de la nueva sociedad basada en la existencia de la clase esclavista poseedora del principal medio de producción: la tierra y sus productos, así como la clase esclava al servicio de los esclavistas. A pesar de la desigualdad social, la sociedad esclavista representó un progreso, ya que permitió que una minoría esclavista o sus representantes desarrollaran la ciencia, como forma suprema de la conciencia, sobre todo en la sociedad griega desde los siglos VI y V antes de Cristo.

A la sociedad esclavista la relevó la sociedad feudal, basada en la clase feudal terrateniente y los campesinos siervos. En la esfera de la cultura, el centro de la actividad educativa fue la religión, que por su naturaleza divina, frenó el desarrollo de la ciencia. Esta solo pudo de liberarse de las cadenas religiosas, una vez que la sociedad feudal fue relevada por el capitalismo, nuevo modo de producción basado en el racionalismo y el positivismo, es decir, la aplicación de la razón y la aplicación de la ciencia.


1. Ciencia forma superior de la conciencia

Con el renacimiento la ciencia releva a la Escolástica basada en la religión y se desarrolla prodigiosamente en correspondencia con las necesidades materiales e ideológicas  del capitalismo.

La religión y el arte son formas de la conciencia que antecedieron a la conciencia. La primera apareció probablemente con el hombre de Neandertal en Europa hace por lo menos unos 150 mil años y se expresó en rituales para despedir a sus difuntos al más "allá". Respecto al arte, hay evidencias en las cuevas de Altamira en España y en Cro-Magnon en Francia, en las que se plasmaron ideas abstractas que reflejaban aspectos relevantes de la económica de apropiación directa del Homo sapiens, particularmente la caza de animales salvajes, como quedaron plasmadas en las pinturas rupestres de esos lugares.

La religión y el arte no agotan las formas de la conciencia, el reflejo mental de los procesos materiales, cada vez se volvió más complejo con la aparición de la ciencia, como forma superior de la conciencia refleja el mundo material en forma de conceptos.  Estos constituyen reflejos mediatos y generalizados de multitud de objetos singulares y se expresan a través del lenguaje escrito o verbal. Los concepto son las "células" del pensamiento y son el fundamento para las definiciones (juicios) y razonamientos, que en conjunto forman un sistema estructurado lógicamente y que es característico de toda ciencia. En este sentido, toda ciencia particular es lógica aplicada. 

El proceso mental para descubrir lo abstracto es la abstracción científica. Rosental y Iudin (1965) explican que la abstracción deriva del latín «abstractio»: aislamiento, término que introdujo Boecio como traducción de la expresión griega utilizada por Aristóteles. Una de las facetas o formas del conocimiento consistente en la separación mental de varias propiedades de los objetos y de sus relaciones con delimitación o desmembración de una propiedad o relación determinada. La abstracción designa tanto el proceso de separación como su resultado. Todo conocimiento se halla necesariamente unido a procesos de abstracción. Sin ellos no sería posible descubrir la esencia del objeto, penetrar en su interior. La división del objeto en partes y la delimitación de las que son esenciales en él, el análisis multilateral de las mismas en su aspecto puro, son resultado de la actividad abstractiva del pensar. Todas las abstracciones científicas (correctas, serias, no absurdas) reflejan la naturaleza con mayor profundidad o, mejor dicho, de manera más completa. El carácter de la abstracción así como lo que concretamente se delimita en cada caso concreto y también las partes del objeto de que procede la separación mental, están determinados por los objetivos a que responda la actividad práctica y cognoscitiva del hombre y por la naturaleza del objeto que se investigue. La práctica nos proporciona, asimismo, el criterio para juzgar si las abstracciones introducidas en la ciencia son auténticamente científicas. La interpretación científica del proceso de abstracción y de sus resultados nos la proporciona el materialismo dialéctico. El idealismo ha especulado frecuentemente con las dificultades que ofrece la función abstractiva del pensar. Es propio de la filosofía idealista transformar los productos de la abstracción -conceptos, ideas- en la esencia y primer fundamento del mundo. Al mismo tiempo, el idealismo ve las abstracciones como resultado de una actividad arbitraria del intelecto, sin nexo alguno con el mundo objetivo ni con el hacer práctico del hombre. Esta manera de entender la abstracción es propia del positivismo moderno y de otras tendencias idealistas. En la lógica dialéctica, el concepto de lo abstracto se emplea también en el sentido de lo unilateral, lo que está sin desarrollar, a diferencia de lo concreto. 

Kursanov (1966) al escribir acerca de la naturaleza del concepto, explica que está estrechamente vinculado al proceso de abstracción: por un lado como proceso de su formación y, por el otro, como su resultado, es decir, como concepto propiamente. 

Hegel expuso ideas profundas acerca de la idea dialéctica del proceso y del carácter de la abstracción. Tanto en su Ciencia de la lógica (1812-1816) como en su Fenomenología del espíritu (1807) formula la concepción de que el concepto como abstracción suprema es la expresión y la forma en que se manifiesta la razón. Únicamente abstrayéndose de todos los elementos de la sensibilidad, alcanza el pensamiento su verdadera fuerza en el saber teórico, en la ciencia, en los conceptos  como formas supremas del conocimiento. Solo sí la abstracción se lleva hasta el fin, hasta eliminar por completo todos los elementos de las sensaciones y las nociones, se llega al concepto en el sentido supremo, enfático, de la palabra, como le gustaba repetir con frecuencia a Hegel. 

La abstracción es un actividad mental compleja de naturaleza cíclica y se mueve; primero, desde el objeto sensible a la esencia y de ésta al concepto abstracto (verdad abstracta); segundo, desde la verdad abstracta a la verdad concreta, para apropiarse del objeto de estudio en su totalidad concreta. En este proceso mental participan la observación, la formulación de hipótesis, prueba de hipótesis, conversión de las hipótesis en leyes (teoría); pasos metodológicos necesarios para culminar en un sistema de conceptos, definiciones y leyes, que explican racionalmente el movimiento de los objetos materiales.

Los conceptos, definiciones y leyes están presentes en todas las ciencias (filosofía y ciencias particulares) y están organizados lógicamente de lo abstracto a lo concreto; sin embargo, el sistema está invertido, ya que el conocimiento científico debe iniciar por lo concreto sensible, avanzar a la verdad abstracta  y de ésta elevarse a la verdad concreta mental, para reproducir al objeto en su totalidad.


2. Marco de referencia filosófico

2.1. Ley

El concepto central de toda ciencia es la ley. En general cualquier ciencia en su parte teórica, puede definirse como un conjunto de leyes que explican racionalmente los procesos materiales del universo. La ley en la esfera material, es la contra-parte del movimiento de la materia, es decir, es el reposo relativo de los procesos materiales cambiantes. En consecuencia, la ley es lo relativamente estable y se expresa en forma de constantes en todas las fórmulas matemáticas.

Las leyes están presentes en los objetos materiales, no son producto de la subjetividad del hombre, son objetivas; lo que hace el sujeto cognoscente es descubrirlas, a través de la investigación, que no es otra cosa que la aplicación del método científico, para apropiarse racionalmente del objeto de estudio.

La ley está más allá de los órganos de los sentidos, por consiguiente, no es accesible a la sensibilidad. En este sentido, es la contra-parte de la sensibilidad, junto con lo general, la esencia y la necesidad. De lo anterior, es válido definir a ley como una relación constante, esencial y necesaria entre los procesos materiales.

Uno de los pensadores más grande en la historia de la ciencia filosófica –la Lógica- ha sido Hegel, quien en su obra: Fenomenología del espíritu (1807) definió la ley como “la imagen constante del fenómeno inestable. El mundo supra-sensible es un tranquilo reino de las leyes, ciertamente más allá del mundo percibido, ya que este mundo solo presenta la ley a través del constante cambio, pero las leyes se hayan precisamente presentes en el, como su tranquila imagen inmediata”.

Es evidente que Hegel, consideró la ley como lo que permanece en calma, en reposo, en los fenómenos cambiantes.

Konstantinov (1979) afirmó que toda ley es una forma de lo universal: la ley abarca y expresa lo general, la esencia, los nexos internos de una masa inmensa de fenómenos afines, lo que de un modo esencial y general caracteriza a esta masa de fenómenos singulares.

La ley en su forma general, es una determinada relación necesaria entre cosas, fenómenos o procesos, relación que responde a su naturaleza interna, a su esencia. El concepto de ley es una de las fases del conocimiento de la unidad, los nexos y la acción mutua de los fenómenos del mundo objetivo por el hombre.

No todo nexo entre los fenómenos es una ley. La ley expresa los nexos internos que tienen carácter esencial. Es lo esencial en el movimiento de los fenómenos. Los conceptos de ley y esencia corresponden al mismo orden, a la misma fase.

La ley es la relación necesaria entre los fenómenos, los nexos sujetos a ley actúan obligatoriamente y con el carácter de necesidad.

La ley es lo permanente, lo estable, lo que se repite, lo que hay de idéntico en los fenómenos. La ley refleja aquello en que los fenómenos más diversos son idénticos entre sí. Lo idéntico solo ocurre en lo diverso, y lo diverso no excluye la identidad, la unidad de los fenómenos en cualquiera de sus aspectos o propiedades. La ciencia al descubrir los nexos internos de los fenómenos sujetos a leyes, establece la identidad en lo diverso y la diversidad en lo idéntico. Así pues, la ley es una relación interna, necesaria, esencial, entre dos fenómenos.

La ley se caracteriza como una relación de causa a efecto; sin embargo, dicha relación es más general que la ley, ya que la incluye en su seno. La relación causal puede no tener fuerza de ley, puede ser casual, es decir, no ser por sí misma una manifestación de la ley. Ahora bien, la ley entraña necesariamente cierta relación causal, ya que provoca siempre determinado efecto.

La ley implica un nexo de causa a efecto, en su más profundo sentido. En el nexo esencial entre dos fenómenos, que es lo que constituye la ley, la acción de un aspecto se convierte en causa de la acción de otro y, a la par, en efecto suyo.

Todo fenómeno es internamente contradictorio. En su individualidad es irrepetible y, sin embargo, pese a ello, se repite y reproduce constantemente. El fenómeno es cambiante, pero lleva en sí, al mismo tiempo algo estable, firme y en reposo. La ley representa lo que continuamente se repite y se reproduce en el fenómeno.

Lo estable se haya indisolublemente unido a la universalidad, que es otro rasgo fundamental de la ley. La ley es universal en el sentido de que encarna los nexos necesarios, estables, esenciales, de todos los fenómenos de un determinado campo, sin excepción.

Por muy individual que se presente un fenómeno, sino es casual, siempre se descubrirán en el ciertos rasgos comunes, que le convierten en un fenómeno sujeto a ley.

Así pues, la ley es una relación necesaria, esencial, interna y estable de los objetos y fenómenos, expresada en los movimientos de estos.

Las Academias de Ciencias de Cuba y la URSS (1981) argumentan que las leyes auténticamente científicas o teóricas, se refieren a los objetos no observados. Contienen conceptos que no pueden ser obtenidos directamente de la experiencia, ni ser comprobados por ella.

La existencia de relaciones estables, permanentes e invariables entre las propiedades, rasgos y características de los objetos y fenómenos que cambian incesantemente, sirve de base para la abstracción de las leyes. Precisamente la ley expresa la relación estable entre determinadas propiedades y características de los objetos y procesos, resultando indiferentes si se trata de las propiedades de un objeto aislado o de diferentes objetos. Tanto los objetos como sus propiedades, no se mantienen iguales, sino que sufren diversas modificaciones que se describen en las ciencias naturales con ayuda de las variables. Pero independientemente de los cambios y las características de los objetos y procesos, en estas modificaciones siempre se pueden separar algunas relaciones estables y permanentes. Así, por ejemplo en la ley de la caída libre de los cuerpos, expresada en la fórmula: S = (1/2) g t2.

Aunque las variables -distancia recorrida (S) y tiempo- se modifican continuamente conforme el objeto se mueve, la relación entre el espacio recorrido y el cuadrado del tiempo se mantiene constante. Esta magnitud representa la aceleración del cuerpo que cae libremente.

En la segunda ley de Newton, que tiene un carácter más general, la aceleración se modifica proporcionalmente a las fuerzas que actúan: F = ma

En este caso, la relación entre la fuerza y la aceleración (F/a) = m, es una magnitud constante, igual a la masa del cuerpo.

Estos ejemplos, muestran que allí donde es posible la medición cuantitativa de las magnitudes investigadas, el concepto de ley expresa la relación constante e invariante entre magnitudes variables, las cuales, a su vez, reflejan la existencia de una relación constante y estable entre determinadas propiedades de los objetos y procesos materiales. Esta característica, como es fácil comprender, constituye la concreción del concepto general de ley aplicable a las leyes de las ciencias naturales exactas.

Las leyes son como las “estrellas” que nos orientan o guían en el infinito movimiento de los procesos materiales.

En resumen, la ciencia no puede restringirse al estudio de lo variable (singular) por que la materia es infinita en su movimiento y nunca alcanzaría la meta de explicar todos los fenómenos individuales, porque estos son infinitos en su manifestación. Sin embargo, detrás de todo ese infinito movimiento de la materia, existe algo en reposo relativo, que es lo que expresa la categoría de ley. Esta Matemáticamente se expresan como constante que se deriva de la interacción de las variables o procesos materiales que intervienen; por consiguiente, puede ser definida como la dependencia necesaria y esencial entre los fenómenos; es decir, las leyes expresan la constancia que se conserva en la variabilidad de los objetos materiales.

Las leyes pueden clasificarse en estadísticas y deterministas. Las primeras expresan los nexos necesarios que ocurren en una multitud de procesos materiales casuales –muestras y poblaciones-; en cambio, las leyes deterministas son aplicables a objetos singulares -individuales- que tienen la certeza que ocurrirán en forma necesaria y con 100% de probabilidad.

El conjunto de leyes constituyen la teoría de cualquier ciencia y debe poseer el método correspondiente para el descubrimiento de las leyes.

2.1. Método científico (abstracción científica)

Como la ley está más allá de la sensibilidad, por consiguiente, tiene que descubrirse, aplicando el método científico. Este es una secuencia de etapas que inicia con la observación de lo concreto sensible accesible a la sensibilidad. Si se trata de las ciencias naturales, la observación se refuerza con el experimento, para reproducir el fenómeno de interés y estudiarlo en su “pureza”, libre de condiciones externas que alteran su desarrollo. La experimentación aporta los datos sensibles –variables-, con los que inicia propiamente el método científico, que luego a través de la abstracción mental se dejan de lado los aspectos secundarios singulares cambiantes, de los objetos materiales para descubrir su esencia genérica. Esta por naturaleza es relativamente constante y en este sentido al descubrir la esencia, se descubre también la ley correspondiente. La ley es el resultado de la aplicación del método científico y pasa por la observación, formulación de hipótesis, prueba de hipótesis y ley. En todo el proceso metodológico, la abstracción es la actividad lógica más importante, que en el caso de las ciencias naturales se refuerza con la experimentación, pero que en las ciencias sociales y lógicas, la abstracción es la actividad central para el descubrimiento de las verdades abstractas y concreta.

Para descubrir los nexos esenciales y necesarios sujetos a la ley, la abstracción científica es muy relevante que, según Rosental y Iudin (1965) el concepto abstracción deriva del latín "abstractio": aislamiento, término que introdujo Boecio como traducción de la expresión griega utilizada por Aristóteles. Una de las facetas o formas del conocimiento consistente en la separación mental de varias propiedades de los objetos y de sus relaciones con delimitación o desmembración de una propiedad o relación determinada. La abstracción designa tanto el proceso de separación como su resultado. Todo conocimiento se halla necesariamente unido a procesos de abstracción. Sin ellos no sería posible descubrir la esencia del objeto, penetrar en su interior. La división del objeto en partes y la delimitación de las que son esenciales en él, el análisis multilateral de las mismas en su aspecto puro, son resultado de la actividad abstractiva del pensar. Todas las abstracciones científicas (correctas, serias, no absurdas) reflejan la naturaleza con mayor profundidad o, mejor dicho, de manera más completa. El carácter de la abstracción así como lo que concretamente se delimita en cada caso concreto y también las partes del objeto de que procede la separación mental, están determinados por los objetivos a que responda la actividad práctica y cognoscitiva del hombre y por la naturaleza del objeto que se investigue. La práctica nos proporciona, asimismo, el criterio para juzgar si las abstracciones introducidas en la ciencia son auténticamente científicas. La interpretación científica del proceso de abstracción y de sus resultados nos la proporciona el materialismo dialéctico. El idealismo ha especulado frecuentemente con las dificultades que ofrece la función abstractiva del pensar. Es propio de la filosofía idealista transformar los productos de la abstracción -conceptos, ideas- en la esencia y primer fundamento del mundo. Al mismo tiempo, el idealismo ve las abstracciones como resultado de una actividad arbitraria del intelecto, sin nexo alguno con el mundo objetivo ni con el hacer práctico del hombre. Esta manera de entender la abstracción es propia del positivismo moderno y de otras tendencias idealistas. En la lógica dialéctica, el concepto de lo abstracto se emplea también en el sentido de lo unilateral, lo que está sin desarrollar, a diferencia de lo concreto.

El movimiento del conocimiento científico inicia con el objeto concreto sensible como un todo, en el que se hace abstracción de los rasgos singulares del objeto de estudio y se destacan las características esenciales y necesarias sujetas a ley y se convierten en verdades abstractas parciales o unilaterales. Después en una sucesión de abstracciones científicas culmina el proceso del conocimiento científico en verdad concreta, que reproduce al objeto de estudio como una síntesis de las múltiples (diversas) características de los objetos singulares. Así pues, el conocimiento al igual que los procesos materiales se mueve cíclicamente al ser su reflejo mental: del objeto concreto a las verdades abstractas y de éstas a la verdad concreta; más bien, el conocimiento científico se mueve en espiral, puesto, que retorna no exactamente al objeto concreto sensible, sino al objeto como una totalidad mental.


3. Discusión

Las leyes no son normas impuestas a la realidad material, sino que están presentes en ella, lo que la abstracción científica es descubrirlas y traducirlas en leyes (teorías). Las leyes se clasifican en deterministas y estadísticas. Ambas aparecieron como grandes síntesis (revoluciones científicas), durante los siglos XV-XX.

Las leyes deterministas son las que rigen los procesos materiales que tienen que ocurrir necesariamente con toda certeza, como son las leyes expuestas por Newton en su monumental obra: Principios matemáticos de la filosofía natural (1687), en la que formula: La Ley de la inercia de los objetos físicos, la Ley de la aceleración de los objetos materiales y la Ley de la acción y la reacción; así como, la Ley de la gravitación universal; leyes que son el resultado de los descubrimientos científicos de sus antecesores, principalmente; Nicolás Copérnico, Galileo Galilei y Johann Kepler, tal como lo dijo el propio Newton, al decir que sus descubrimientos de las leyes de la mecánica, solo fueron posibles porque se apoyó en hombros de gigantes. Pero, el conocimiento científico al igual que los procesos materiales se mueve y para el primer tercio del siglo XX surgen otras dos revoluciones científicas en la Física: La Teoría especial de la relatividad (1905) y la Teoría general de la relatividad (1915) descubiertas por el gran físico alemán: Albert Einstein. La primera teoría acabó con la concepción newtoniana del espacio y el tiempo absolutos; es decir, que el movimiento de la materia condiciona a propiedades espaciales y temporales de los objetos físicos; como lo confirman los movimientos (velocidades) próximas a la velocidad de la luz, de las micro-partículas electrones, protones, neutrinos, etc.) se contraen en la dirección de su movimiento y el tiempo se ralentiza o dilata. En este sentido apareció el espacio-tiempo como una propiedad tetradimensional de los objetos físicos. En 1915, Albert Einstein publicó una teoría de la gravitación basada en ideas geométricas. No hay atracción sino cambios en la geometría del espacio -y también del tiempo-, producidos por la presencia de materia. Así, la fuerza de atracción universal, implícita en la Ley de la Gravitación Universal se concibe como una propiedad de la geometría de la curvatura del espacio-tiempo.

La Estadística tiene por objeto de estudio los fenómenos casuales. Sin embargo, la ciencia en general estudia los procesos necesarios sujetos a ley que invariablemente tienen que suceder. Sin embargo, la necesidad no existe por sí sola, sino que está en unidad contradictoria con su contra-parte: la casualidad. Esta hace referencia a un  acontecimiento externo que como tal puede suceder o no. En este sentido la casualidad aislada –individual- no es objeto de estudio de la ciencia. No obstante, cuando los fenómenos casuales ocurren masivamente, se presenta una tendencia general necesaria –medidas de tendencia central- oculta detrás de las casualidades. Así aparece la necesidad que sí es objeto de estudio de la ciencia, pero se trata de una ciencia matemática especial conocida como estadística. Esta tiene como objeto de estudio a las casualidades. Por esto la estadística se aplica a muestras y poblaciones de fenómenos casuales y como éstos pueden suceder o no, por consiguiente, están sujetos a probabilidad de que acontezcan, por ende, la estadística está asociada a la probabilidad.

Así pues, si bien es cierto que la ciencia en general estudia los procesos que tienen que suceder necesariamente, pero, dada la dialéctica de la contradicción, la necesidad no puede existir sin su contra-parte- la casualidad; en consecuencia, tiene que estudiar tanto a los procesos casuales como los necesarios, ya que la casualidad es la forma de manifestarse de la necesidad.

Si la casualidad es el modo de manifestación de la casualidad ante nuestra sensibilidad, por consiguiente, su consiguiente, su conocimiento tiene que iniciar por la casualidad para descubrir lo que está oculto –esencia- detrás de la misma. Así, la necesidad está muy emparentada con la esencia y con la ley, ya que es lo que permanece relativamente constante en la variabilidad de las casualidades.

En los universos biológico y social están muy extendidos los fenómenos casuales. Los organismos vivos en su interacción con su medio ambiente natural –atmósfera y suelo- son afectados por eventos externos –granizadas, heladas, plagas, etc.- de naturaleza casual que pueden suceder o no dependiendo de las condiciones externas con las que interaccionan. Pero una vez que se producen las casualidades, pueden terminar con los organismos vivos o alterar radicalmente el rumbo del desarrollo biológico, como sucedió hace 65 millones de años cuando impactó un meteorito –casualidad- de unos 15 kilómetros de diámetro en lo que hoy es la Península de Yucatán que produjo como consecuencia la extinción de los dinosaurios y así favoreció la evolución de los mamíferos, de los que más tarde surgieron los primates que en su desarrollo posterior dieron origen a la especie humana hace unos dos millones de años. En este sentido la especie humana debe su existencia a una casualidad –meteorito- acontecimiento que inauguró una nueva era geológica: la Cenozoica la cual perdura hasta la actualidad.

Con la aparición de la especie humana surge el movimiento social y como tal también es la unidad de la necesidad y casualidad. Como todo proceso el movimiento social tiene naturaleza dialéctica y se mueve gradualmente –reforma- y a saltos –revoluciones-. Tanto la reforma como la revolución son dos aspectos necesarios del movimiento social y son objeto de estudio de la ciencia social. Pero en el movimiento social siempre se destacan determinados individuos –líderes- que tienen naturaleza casual ya que puede ser un individuo u otro el dirigente. Es decir la individualidad –casualidad- es la forma de manifestarse de la necesidad.

En síntesis, en el universo biológico y social es común la existencia de fenómenos casuales, por consiguiente, es imprescindible la estadística como ciencia que tiene como objeto de estudio a las casualidades –muestras y poblaciones-.


4. Conclusiones

Lo único que existe en el universo es materia que se mueve. La materia es todo que existe a excepción de la conciencia. El movimiento es cualquier cambio o transformación que opera en la materia y si el pensamiento refleja lógicamente la materia cambiante, por consiguiente, el pensamiento se mueve también.

La conciencia humana en general y la ciencia en lo particular como su forma superior, no tienen un origen sobre-natural; es decir, producto de la creación de un ser divino -Dios-; más bien, son resultado del movimiento de la materia.

Como la definición de un concepto es, englobar un concepto en otro más general; en este sentido, los conceptos de materia y conciencia al ser los más generales, no aplica la anterior regla lógica para definirlos; por consiguiente, solo se pueden definir con base en sus contra-partes: materia es todo lo que existe a excepción de la conciencia y ésta es de naturaleza inmaterial.

La materia y la conciencia humana son dos propiedades contradictorias, ya que la materia es objetiva y la conciencia es subjetiva. En esta  relación, el papel fundamental lo desempeña, la materia, puesto, que sin materia, no puede existir conciencia. En suma la materia determina a la conciencia humana. Esta aseveración ha sido confirmada por el desarrollo de las ciencias naturales.

La conciencia es un  atributo de la materia pensante –cerebro de la especie humana-. Es resultado de un prolongado movimiento –miles de millones de años- de la materia: desde la transformación química de la materia inorgánica en materia viva y de ésta en especie humana, cuyo cerebro más complejo cuantitativa y cualitativamente, es el sustrato material de la conciencia humana.

Las formas principales de la conciencia humana son: la religión, el arte y la ciencia. Históricamente la religión fue la primera forma de la conciencia inherente a la especie humana y apareció probablemente con el hombre de Neardental, hace aproximadamente 100,000 años. Su rasgo distintivo expresa el incipiente desarrollo intelectual del hombre y la enorme influencia de las fuerzas de la naturaleza, cuyo desconocimiento lo indujo a atribuirles explicaciones míticas- religiosas- o divinas. Posteriormente, con el hombre de Cro-Magnon, surge el arte como otra forma de la conciencia más avanzada, que refleja el progreso intelectual de la especie humana. Esta forma de la conciencia se caracteriza, por expresar lo abstracto –pensamiento- a través de imágenes concretas –pinturas rupestres- que reflejan las vivencias cotidianas del hombre y fundamentales para su sobre-vivencia. La ciencia surge en el contexto de la Revolución Neolítica (surgimiento de la sociedad esclavista) en la que los representantes de la élite esclavista desarrollaron la filosofía y ciencias particulares incipientes en los siglos V-IV a.C.

Mucho después en los siglos XV-XX las ciencias particulares y la filosofía como ciencia generalizadora hicieron posible propiamente la ciencia moderna como forma superior de la conciencia, al reflejar la realidad material en forma de conceptos, definiciones y leyes.


5. Bibliografía

Academia de Ciencias de Cuba- URSS. 1981. Metodología del conocimiento científico. La Habana, Cuba.

Hegel Federico. 1807. Fenomenología del Espíritu. Fondo de Cultura Económica. México, D.F.

Konstantinov F.V. 1976. Fundamentos de filosofía marxista leninista. Editorial Grijalbo. México, D.F.

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