lunes, 13 de octubre de 2014

EL TRABAJO Y LA ALIMENTACIÓN CARNÍVORA EN ORIGEN DEL HOMBRE

EL TRABAJO Y LA ALIMENTACIÓN CARNÍVORA EN EL ORIGEN DE LA ESPECIE HUMANA

Valentín Vásquez
Oaxaca, México
valeitvo@yahoo.com.mx

1. Introducción

Desde que Darwin escribió El origen del hombre (1871), mucho se ha escrito acerca de la evolución de la especie humana. Sin embargo, es poco lo que se ha escrito sobre el papel de la tecnología paleolítica, específicamente de los instrumentos de trabajo utilizados, para la producción de bienes de subsistencia del hombre primitivo, especialmente de los alimentos y su impacto en el desarrollo del cerebro, como órgano supremo en el que se produce el pensamiento abstracto.

Indudablemente que son los paradigmas de las épocas históricas los que condicionan el carácter de las investigaciones en las ciencias particulares. En este sentido el paradigma filosófico predominante en las disciplinas científicas particulares hasta el presente y, aún más durante los siglos XVIII y XIX, consistía en considerar a la inteligencia –mente- como el rasgo esencial de la especie humana, a tal grado que el gran naturalista sueco Carlos Linneo clasificó al hombre como Homo sapiens, dejando de lado otros atributos muy importantes que, separan a los humanos de sus antecesores homínidos, como es el trabajo, entendido como la capacidad de fabricar herramientas para la apropiación de alimentos y defensa de los animales salvajes, instrumentos de trabajo que fueron cruciales para que el hombre se elevara a un grado superior de evolución.

El otro paradigma particular que reinó durante el siglo XIX en el terreno de la Geología fue el uniformismo, el cual explicaba los fenómenos geológicos como producto de un prolongado proceso de acumulación de cambios graduales, es decir, negaba los saltos -cambios bruscos- en la aparición de los nuevos eventos geológicos. Este paradigma dejó profunda huella en la formación de científica de Darwin, de tal suerte, que en su monumental obra: El origen de las especies (1859), resalta el hecho de que las facultades mentales son las más importantes en la especie humana, en detrimento de otras; además, afirmó que en la naturaleza no se producen saltos, es decir, la evolución de los organismos vivos es gradual. 

En realidad fueron los instrumentos de piedra más rudimentarios, los que permitieron al Homo habilis dar el “salto” para superar a su antecesor el Australopithecus afarensis. Las nuevas tecnologías líticas fueron mejoradas por el Homo erectus; además, inventaron el fuego, tecnología que le permitió calentarse dado el ambiente frío en el que se desarrollaba, protegerse de los animales salvajes y cazarlo. Sin embargo, la principal consecuencia fue el uso del fuego en el cocido de los alimentos. La incorporación de alimentos vegetales y predominantemente animales al fuego para cocerlos, tuvo consecuencias trascendentales, de tal  forma que posibilitó la reducción del sistema digestivo, lo que favoreció el aumento en el tamaño del cerebro, al pasar de 650 gramos de su predecesor el Homo habilis a 900 gramos. Es evidente el cambio cuantitativo en el tamaño del cerebro, pero como es obvio no se puede dejar de lado el aspecto cualitativo, por lo que a la par con el crecimiento, el cerebro se volvió más complejo. El Homo sapiens -hombre de Cro-Magnon- con un cerebro más grande -1500 gramos- y más complejo,  perfeccionó los instrumentos de trabajo, con éste su actividad productiva se hizo más compleja socialmente, lo que repercutió en la aparición del lenguaje articulado, fundamento del pensamiento abstracto.

Los restos fósiles de homínidos asociados con herramientas paleolíticas, prueban, que fue el trabajo y la dieta esencialmente carnívora, los que hicieron posible, primero, el tránsito del Australopithecus afarensis a Homo habilis y finalmente al hombre moderno: el Homo sapiens (hombre sabio).


2. Marco de referencia teórico (dialéctica de la cantidad vs la cualidad)

La dialéctica de la cantidad vs la cualidad está plasmada en la ley universal del tránsito recíproco de la cantidad y cualidad. Esta ley, es una poderosa herramienta conceptual, que permite analizar a los procesos materiales y mentales en movimiento. Esta ley establece que los procesos materiales, se mueven gradualmente –cuantitativamente-, en un rango, que al rebasarlo, se produce un salto, en el que se produce una nueva cualidad, que reemplaza a la anterior.

En la esfera del pensamiento, es de gran utilidad para entender el movimiento del conocimiento, como una acumulación gradual de conocimientos, hasta llegar a un momento en el que si se rebasa un límite –medida- se produce un cambio brusco en el conocimiento –salto- dando origen así a una revolución científica.

El primero que descubrió la ley del tránsito recíproco de la cantidad y la cualidad fue Hegel, quien la expuso, en el siguiente pasaje de su Fenomenología del espíritu (1807).

“No es difícil darse cuenta, por lo demás, de que vivimos en tiempos de gestación y de transición hacia una nueva época. El espíritu ha roto con el mundo anterior de su ser allí y de su representación y se dispone a hundir eso en el pasado, entregándose a la tarea de su propia transformación. El espíritu, ciertamente, no permanece nunca quieto, sino que se halla siempre en movimiento incesantemente progresivo. Pero, así como en el niño, tras un largo período de silenciosa nutrición, el primer aliento rompe bruscamente la gradualidad del proceso puramente acumulativo en un salto cualitativo, y el niño nace, así también el espíritu que se forma va madurando lenta y silenciosamente hacia la nueva figura, va desprendiéndose de una partícula tras otra de la estructura de su mundo anterior y los estremecimientos de este mundo se anuncian solamente por medio de síntomas aislados; la frivolidad y el tedio que se apoderan de lo existente y el vago presentimiento de lo desconocido son los signos premonitorios de que algo otro se avecina. Estos paulatinos desprendimientos, que no alteran la fisonomía del todo, se ven bruscamente interrumpidos por la aurora que de repente ilumina como un rayo la imagen del mundo nuevo”.


A pesar, de su carácter idealista de la ley del tránsito recíproco de la cantidad y la cualidad, descubierta por Hegel y expuesta con más rigor en su Ciencia de la lógica (1812-1816), fue fue invertida por Marx y Engels (1844-1847), para darle un contenido materialista. Así surgió el materialismo dialéctico, que concibe a la materia en perpetuo movimiento, siendo el pensamiento uno de sus atributos, resultado de un prolongado cambio cuantitativo y cualitativo de las especies vivas, desarrollo que culminó con el origen de la especie humana, cuyo cerebro es el soporte material del pensamiento abstracto.


3. Marco de referencia biológico

3.1. Evolución de las especies biológicas

Respecto a la evolución de las especies biológicas, existen infinidad de libros y artículos publicados, pero en este trabajo, solo se hace referencia a la magna obra de Darwin: Origen de las especies (1859), por ser la obra de gran trascendencia histórica, en la que expone su teoría de la evolución resultado de haber “introducido” la mutabilidad (movimiento) en el seno de las especies biológicas, produciendo, así,  toda una revolución teórica en la Biología.

Explica que hasta esa época reinaba la concepción de la inmutabilidad de las especies biológicas, derivada de la creencia en una breve temporalidad –edad- de la Tierra. En este sentido escribe: “Puede preguntarse por qué hasta hace poco casi todos los más eminentes naturalistas y geólogos que viven no creían en la mutabilidad de las especies. No puede afirmarse que seres orgánicos en estado de naturaleza no estén sometidos a variaciones; no puede probarse que el grado de variación en el curso de largas edades sea una cantidad limitada, no se ha trazado ni puede trazarse distinción clara entre especies y variedades bien marcadas. No se puede sostener que las especies cuando se entrecruzan sean invariablemente estériles, y las variedades siempre fecundas, sin que la esterilidad sea una cualidad especial y un signo de creación. La creencia de que las especies son producciones inmutables resultaba casi inevitable mientras se creyó que la historia del mundo era de breve duración; ahora que hemos adquirido alguna idea del tiempo transcurrido, nos inclinamos demasiado a creer sin pruebas que el registro geológico es tan perfecto que nos habría dado pruebas plenas de la mutación de las especies si éstas hubieran sufrido modificación”.

En el capítulo VII de su obra: Diversas objeciones a la Teoría de la Selección Natural, argumenta la defensa de su teoría de la evolución gradual de las especies biológicas indicando que no existen “razones para dudar de que las especies naturales hayan cambiado tan bruscamente como lo han hecho a veces las razas domésticas y para no creer de ningún modo que hayan cambiado de la manera maravillosa indicada por Mr. Mivart, son las siguientes: Según nuestra experiencia, variaciones bruscas y fuertemente marcadas ocurren en nuestras producciones domésticas singularmente y con intervalos más bien largos. Si ocurrieran tales variaciones en estado natural estarían expuestas, como ya dijimos, a perderse por causas accidentales de destrucción y por los entrecruzamientos subsiguientes, y se sabe que así ocurre en la domesticidad, a menos que las variaciones bruscas de esa clase sean especialmente preservadas y separadas por el cuidado del hombre. Por lo tanto, para que aparezca súbitamente una especie nueva del modo supuesto por Mr. Mivart es casi necesario creer, en oposición a toda analogía, que varios ejemplares maravillosamente cambiados aparecieron súbitamente dentro de la misma región. Esta dificultad, como en el caso de la selección inconsciente por el hombre, es evitada con la teoría de la evolución gradual, por la preservación de gran número de individuos que variarán más o menos en algún sentido favorable y la destrucción de un número mayor, que variarán en sentido opuesto”.

Es evidente que acepta los cambios súbitos solo en las especies biológicas domesticadas por el hombre, pero los niega en las especies biológicas naturales.

Más adelante, sigue argumentando la evolución paulatina y negando los cambios bruscos de las especies biológicas en los siguientes términos: “De que muchas especies han evolucionado de manera extremadamente gradual apenas puede caber duda. Las especies y aun los géneros de muchas grandes familias naturales están relacionadas tan estrechamente que no pocos de ellos son difíciles de distinguir…Resulta evidente que multitud de especies están relacionadas de la manera más estrecha a otras especies que existen todavía o han existido hace poco; y difícilmente se sostendrá que tales especies se han desarrollado de una manera abrupta o repentina. Tampoco debe olvidarse, cuando miramos las partes especiales de especies relacionadas en lugar de mirar las especies distintas, que pueden seguirse grados intermedios numerosos y maravillosamente finos que unen entre sí estructuras ampliamente separadas”.

En el capítulo VIII de su obra, en el que habla del instinto de los animales, destaca, la esencia de la Teoría de la Evolución: “el hecho de que los instintos no son siempre completamente perfectos y están sujetos a errores; de que no puede demostrarse que ningún instinto haya sido producido para bien de otros animales, aun cuando algunos obtengan provecho del instinto de otros; de que la regla de la historia natural Natura non facit saltum (la naturaleza no da saltos) es aplicable a los instintos lo mismo que la estructura corporal, y se explica claramente según las teorías precedentes, pero es inexplicable de otro modo, tiende todo ello a confirmar la teoría de la selección natural”.

No cabe duda, que el contexto histórico, en el que Darwin escribió su obra, dominado por el paradigma geológico uniformista, fue el que inspiró la teoría de la evolución, el cual consideraba que los procesos geológicos y biológicos, son resultado de una prolongada acumulación de cambios graduales, por consiguiente, requieren de períodos de tiempo muy grandes. El principio uniformista fue propuesto por James Hutton a fines del siglo XVIII y posteriormente desarrollado por Charles Lyell en la primera mitad del siglo XIX.

Es el uniformismo geológico, el que Darwin aplica al movimiento biológico y lo transforma en teoría de la evolución de las especies, tal como lo confirma la cita siguiente, contenida en el capítulo XI de su obra citada, en el que describe la sucesión geológica de los seres vivos en el sentido de que el “aumento gradual en el número de especies de un grupo está estrictamente de acuerdo con la teoría, porque las especies del mismo género, y los géneros de la misma familia, pueden aumentar solo lenta y progresivamente, ya que la modificación y la producción de cierto número de formas relacionadas es necesariamente un proceso lento y gradual, en el que una especie origina primero dos o tres variedades, estas se convierten poco a poco en especies que a su vez producen por pasos igualmente lentos otras variedades y especies, y así sucesivamente, como la ramificación de un árbol grande a partir de un solo tronco, hasta que el grupo se vuelve grande”.

En el capítulo XIV, relacionado con la clasificación, Darwin refiriéndose al desarrollo y embriología de los insectos, continúa argumentado el uniformismo biológico, al escribir: “Las metamorfosis de los insectos, con las que todos están familiarizados, se efectúan por lo general abruptamente en pocas etapas; pero las transformaciones en realidad son numerosas y graduales aunque ocultas. Que el registro geológico es imperfecto lo admitirán todos; pero que es imperfecto hasta tal punto en que lo requiere nuestra teoría, pocos se inclinarán a admitirlo. Si buscamos intervalos de tiempo lo bastante largos, la geología nos dice claramente que todas las especies han cambiado, y han cambiado del modo requerido por la teoría, porque han cambiado lentamente y de un modo gradual. Esto lo vemos claramente en que los restos fósiles de las formaciones consecutivas siempre están mucho más relacionados entre sí que los fósiles de formaciones bien separadas”.

Arzuaga (2009), escribe que con el Origen [de las especies], Darwin se había convertido en el Lyell de la Biología, igualando en prestigio a su maestro, ya que la revolución que supuso su libro fue considerado por sus contemporáneos equivalente a los Principios [de geología] de Lyell. Cuando el Origen [de las especies] alcanzaba su mayoría de edad, veintiún años después de publicarse, Thomas Huxley hacía esta valoración con suficiente perspectiva de lo que había significado el libro:

“La doctrina de la evolución en Biología es la consecuencia necesaria de la aplicación lógica de los principios del uniformismo a los fenómenos de la vida. Darwin es el sucesor natural de Hutton y de Lyell, y el origen de las especies la continuación lógica de los Principios de geología”.

3.2. Evolución de la especie humana

Actualmente existen numerosos trabajos que tratan de este tema, pero en este escrito, solo se hace referencia al trabajo de Darwin denominado: El origen del hombre (1871), por ser la obra que sienta las bases para el estudio del origen y evolución de la especie humana. Una clase biológica, al agrupar a un conjunto de especies que comparten rasgos comunes, deben tener un ancestro común. En este sentido, escribe que la “constitución homóloga en toda la estructura de los miembros de una misma clase no podemos comprenderla sino admitiendo su procedencia de un progenitor común, juntamente con su ulterior acomodamiento a diversas condiciones. Pensando de otra suerte, es de todo punto inexplicable la similitud que existe entre la mano del hombre o del mono, el pie del caballo, la aleta de una foca, el ala de un murciélago, etc. Decir que todas han sido formadas por un mismo plan ideal, eso no es una explicación científica…para comprender la existencia de órganos rudimentarios nos basta sólo suponer que un pasado antecesor poseyó las partes mencionadas en perfecto estado, y que por cambio de costumbres en su vida se fueron poco a poco reduciendo, bien a causa de su menor uso, o mediante selección natural entre los dividendos menos recargados de partes superfluas, e influyendo también los otros motivos de desaparición que ya han sido indicados".

La clasificación basada en la comunidad de rasgos, es la que permite explicar el hecho de que los miembros de toda una clase presentan fases idénticas en sus fases iniciales de desarrollo, así como la conservación de estructuras rudimentarias. Darwin lo explica, en la siguiente cita:

“De esta suerte podemos decirnos ahora cómo el hombre y los demás animales vertebrados se hallan construidos según el mismo modelo general, como también atraviesan todos idénticos estadios primeros de desarrollo, y cómo, finalmente, conservan ciertos rudimentos comunes. Consiguientemente a esto, hemos de admitir con toda franqueza su comunidad de origen, pues fijar otro punto de vista para esta cuestión es tanto como admitir que nuestra propia estructura y la de los animales que nos rodean son sencillamente lazos engañosos tendidos a nuestro entendimiento. Esta conclusión adquiere grandísima fuerza cuando lanzamos una mirada a los miembros de toda la serie animal, y consideramos las pruebas que nos suministran sus afinidades, clasificación, distribución geográfica y sucesión geológica. Nuestros propios prejuicios y la arrogancia que hizo a nuestros antepasados declararse descendientes de semidioses, son lo único que nos impide aceptar esta conclusión”.

Refiriéndose a la especie humana, la presencia de estructuras rudimentarias, indican que el hombre desciende de una especie biológica inferior. Así lo pone de manifiesto en el siguiente pasaje:

“Algunas partes rudimentarias en el hombre, como el cóccix de los dos sexos, y los pechos en el masculino, no falta en ningún caso, mientras que otras, como el foramen supra condiloideo, sólo aparecen en ciertas condiciones, y se hubieran podido incluir en el capítulo relativo al retroceso. En fin, todas las anteriores estructuras, que se deben al retroceso, y asimismo las que, propiamente hablando, son rudimentarias, revelan de un modo innegable que el hombre desciende de alguna forma inferior”.

La siguiente cita es crucial para entender el otro paradigma que ha reinado durante mucho tiempo, y todavía sigue muy arraigado en la mente de los hombres comunes y de ciencia. Se trata de un paradigma de naturaleza filosófica y consiste en considerar a la inteligencia o razón –facultades mentales- como rasgo esencial de la especie humana, en detrimento de otras características. En palabras de Darwin:

“En su estado actual más imperfecto, el hombre es siempre el animal más dominante de cuantos han aparecido sobre la superficie de la Tierra. El hombre se ha derramado por la vasta extensión del mudo mucho más que otro cualquier animal bien organizado, cediéndole todos el paso. Esta inmensa superioridad la debe indudablemente a sus facultades intelectuales, a sus hábitos sociales, que le llevan a ayudar y a defender a sus semejantes, y a la conformación característica de su cuerpo. La importancia suprema de estos caracteres ha quedado demostrada en el resultado final de la lucha por la existencia. Las altas facultades intelectuales del hombre le han permitido desarrollar el lenguaje articulado, que es el agente principal de sus extraordinarios progresos…El hombre inventó varias especies de armas, trampas, aperos, etc., con los cuales mata o coge la presa y obtiene de mil maneras el sustento. Construyó balsas o canoas en que pescar y pasar a islas vecinas más fértiles. Descubrió el arte de hacer fuego, transformando por su auxilio en digeribles, duras y fibrosas raíces, y en inocentes y sanas, hierbas venenosas. Este último descubrimiento, el más grande sin disputa después del lenguaje, data de una época anterior a la aurora de la historia. Estos diferentes descubrimientos, que elevaron al hombre a puesto tan preeminente, cuando de suyo lo era él ya antes, son resultado directo del desarrollo de sus facultades, a saber: de la observación, memoria, curiosidad, imaginación y razón”.

En el párrafo citado, Darwin, describe varios aspectos típicos de la especie humana, como son: hábitos sociales, fabricación de armas, desarrollo del lenguaje articulado, el descubrimiento del fuego y su impacto en el procesamiento de los alimentos; pero de todos los rasgos descritos, según él son las facultades mentales las más importantes que le permitieron al hombre extenderse espacialmente por todo el planeta y elevarse por encima de las especies animales en general y de los homínidos en particular.

En lo referente al trabajo del hombre primitivo, Darwin, lo valora, como una actividad práctica compleja:

“El martillar un clavo con precisión es cosa difícil, como saben cuantos entienden de carpintería. Tirar una piedra con la puntería que posee un fueguino, para defenderse o para matar pájaros, requiere la más consumada perfección en la acción combinada de los músculos de la mano, brazo y hombro, y poseer al mismo tiempo tacto exquisito. Para arrojar una piedra o lanza, y para otros muchos actos, debe el hombre estar firme sobre sus pies, lo cual demanda a la vez una coadaptación perfecta de una multitud de músculos. Para tallar un trozo de pedernal y formar con él un utensilio cualquiera, por rudo que sea, o para hacer de un hueso un anzuelo o un gancho se requiere también una mano maestra; porque, como Schoolcraft, el juez más apto en esta materia, lo hace notar, el arte de dar a fragmentos de piedra forma de cuchillo, lanza y saeta, muestra una habilidad extraordinaria y muy larga práctica. Suficientemente lo prueba el hecho mismo de haber practicado los hombres primitivos la división del trabajo: cada individuo no  trabajaba sus utensilios de pedernal, o rudas vasijas, sino que, según parece, existían algunos dedicados a estos trabajos, y recibían, en cambio, sin duda, productos de caza. Es convicción entre los arqueólogos que debió de transcurrir mucho tiempo antes de que nuestros antepasados pensaran en gastar la superficie de los pedernales rotos para hacer utensilios pulimentados. Sin duda que un animal semejante al hombre, provisto de manos y brazos, perfectos para tirar con precisión una piedra o para hacer de un trozo de pedernal un tosco apero, después de haberse ejercitado el tiempo necesario en sólo lo que respecta a la habilidad mecánica, podría efectuar casi todo lo que es capaz de hacer un hombre civilizado. Desde este punto de vista puede compararse la conformación de la mano a la de los órganos vocales, que sirven a los monos para emitir gritos, diversas señales o como una especie de cadencias musicales, al paso que en el hombre estos órganos vocales, muy semejantes a los del mono, se han adaptado a la expresión del lenguaje articulado por efecto hereditario del uso”.

Respecto al caminar erguido, Darwin, lo concibe como un suceso de trascendental importancia, al permitir que la mano realice movimientos voluntarios, sin ella, el hombre no hubiera alcanzado el lugar predominante que tiene sobre la Tierra. Además, las manos con el bipedalismo, se convirtieron en órganos naturales, primero para manipular objetos para defenderse y luego para fabricar herramientas de trabajo: “Desde el momento en que algún miembro de la gran serie de los primates, ya por haber cambiado la manera en que hasta entonces había buscado su subsistencia, ya por haber mudado las circunstancias que le rodeaban, empezó a vivir menos entre las ramas y más sobre el suelo, su modo de locomoción debió, por tanto, modificarse también, viniendo por consecuencia a ser el animal más estrictamente cuadrúpedo o absolutamente bípedo. Los papiones, que frecuentan parajes roqueños y monstruosos, retirándose a los árboles sólo por la necesidad, han adquirido casi el mismo andar del perro. Solo el hombre se ha convertido en bípedo, y creo que en parte podemos barruntar cómo llegó a tomar esa posición que forma uno de sus más notables caracteres. En efecto, sin el uso de las manos, tan admirablemente conformadas para obedecer al menor deseo de la voluntad, nunca hubiera el hombre llegado a tomar la posición dominante en que hoy le vemos marchar sobre la Tierra. Sir C. Bell insiste en afirmar que la mano del hombre suple a todos los instrumentos, y por su correspondencia con el entendimiento, le asegura el dominio universal…Pero con dificultad hubieran podido nunca las manos y los brazos llegar a la fabricación perfecta de armas, o lanzar con puntería precisa piedras y dardos, mientras habitualmente se empleaban dichos miembros en la locomoción, o en soportar el peso del cuerpo, o, como antes notamos, mientras tuviesen por fin especial el trepar de rama en rama. Empleo tan rudo hubiera llegado a embotar el sentido del tacto, del cual depende principalmente el delicado uso a que se destinan los dedos. Esas causas solas bastarían sin duda para que la posición vertical fuera ventajosa al hombre; pero a más de esto es indispensable para muchas acciones que, así los brazos como toda la parte superior del cuerpo, queden libres, para lo que es menester apoyarse con firmeza sobre ambos pies…Si ventajoso es para el hombre mantenerse sólidamente sobre los pies y tener sus manos y brazos libres, como nos lo confirma de modo indudable su triunfo en la lucha por la existencia, no vemos por qué razón no hubiera sido también ventajoso a sus primeros progenitores erguirse más cada vez y convertirse al fin en bípedos. Con esta nueva postura hallábanse más aptos para defenderse con piedras o palos, dar caza a su presa, o de otros mil modos procurarse el necesario sustento. El libre uso de brazos y manos, en parte causa y en parte efecto de la posición vertical del hombre, parece haber producido en nuestro organismo otras modificaciones de estructura. Los primeros machos del hombre debieron probablemente estar provistos, de grandes dientes caninos; pero así que gradualmente se fueron habituando a defenderse de sus enemigos o antagonistas con piedras, palos y otras armas, debieron también servirse menos cada día de sus mandíbulas y dientes para este efecto. Las mandíbulas en este caso, así como los dientes, se fueron reduciendo de tamaño, como parece demostrado con casi completa seguridad en innumerables casos análogos”.

El papel de la selección natural en el hombre y en los monos antropomorfos, es caracterizado por Darwin en el siguiente pasaje:

“No hay duda de que los individuos mejor conformados fueron los que mejor lo alcanzaron, y que en mayor número sobrevivieron a los restantes. Si se hubiese extinguido el gorila y las otras formas afines, hubiera podido objetarse, con gran fuerza de razones y con apariencia de verdad, que no es posible que un animal pueda convertirse gradualmente de cuadrúpedo en bípedo, puesto que todos los individuos que se hallasen en estado de transición estaban muy mal conformados para toda clase de locomoción. Pero ahora sabemos, y nótese bien esto, que los monos antropomorfos se encuentran actualmente en ese estado intermedio, y nadie puede negar que no están en conjunto bien acondicionados para su género de vida. Así, por ejemplo, el gorila corre torcido y con pesadez, pero generalmente anda apoyándose en sus dedos doblados. Los monos que poseen brazos largos se sirven de ellos como muletas, se balancean echando el cuerpo hacia adelante; pueden andar y correr con rapidez, de pie, ciertas especies de hylobates, sin que nadie les haya enseñado, aunque no tengan la seguridad que el hombre y sean imperfectos sus movimientos. Todos estos casos nos demuestran, en suma, que en los monos actuales existen diversas graduaciones entre el modo de locomoción propio del cuadrúpedo y del bípedo; así, pues, y según hace notar un autor nada sospechoso (Broca), los monos antropomorfos se asemejan más en su estructura al tipo de los bípedos que al de los cuadrúpedos”.

Respecto a las facultades mentales, las concibe como de trascendental importancia, en el aumento de tamaño del cerebro:

“A medida, seguramente, que se desarrollaban las diversas facultades mentales, debió también aumentarse el tamaño del cerebro. No creo que haya quien dude que el volumen del cerebro en el hombre, relativamente al resto del cuerpo, cuando se le compara con la proporción guardada desde el mismo punto de vista por el gorila y el orangután, se halla íntimamente relacionada con la gran superioridad de las facultades mentales del hombre”.

En lo relativo a la clasificación de la especie humana, destaca el gran trabajo, del eminente naturalista sueco Carlos Linneo, quién a mediados del siglo XVIII ubicó al hombre dentro del género de los primates:

“muchos naturalistas siguen de nuevo la idea primeramente sugerida por Linneo, idea bien notable por su profunda sabiduría, colocando al hombre en el mismo orden que los cuadrumanos, bajo el título de primates. Es preciso reconocer la justicia de esta conclusión: primeramente, porque debemos grabar en nuestro entendimiento lo insignificante que es para la clasificación el mayor desarrollo del cerebro del hombre, a lo cual se agrega que las grandes diferencias existentes entre los cráneos del hombre y los de los cuadrumanos son, en la apariencia, resultado del distinto desarrollo de los cerebros”.

En seguida caracteriza a los simios -monos-. Los divide en monos catarrinos del antiguo continente y los monos platirrinos del nuevo continente. Por sus características anatómicas, el hombre está emparentado con los monos catarrinos del viejo continente:

“Debemos estudiar con algún detenimiento la clasificación de los simios. Esta familia ha sido dividida por casi todos los naturalistas en el grupo catarrino, o monos del antiguo continente, caracterizados, como de su nombre se deduce, por la peculiar estructura de las ventanas de su nariz y tener cuatro premolares en cada mandíbula; y en el grupo platirrino o monos del nuevo continente, formado por dos subgrupos sumamente distintos, en que se notan orificios nasales de estructura muy diversa de la de los anteriores y seis premolares en cada mandíbula, prescindiendo de algunas otras insignificantes diferencias que pudieran citarse. Ahora bien; el hombre, sin género de duda alguna, por su dentadura, estructura de los orificios nasales y varios otros respectos, pertenece a la división de los catarrinos o del antiguo continente , y por ningún carácter tiene más parecido con los platirrinos como sea en algún que otro de escasa importancia y de naturaleza a todas luces acomodaticia. De aquí es que debe tenerse por improbable que alguna antigua especie del nuevo mundo, en sus variaciones, produjera seres de aspecto humano con todos los caracteres propios de la división del antiguo continente, perdiendo al mismo tiempo sus distintivos propios. Resulta, pues, por consecuencia, que el hombre es una rama del árbol simio del antiguo continente, y que bajo el punto de vista genealógico se le debe colocar en el grupo catarrino”.

En la figura 1. Se muestra la genealogía de la especie humana.

Figura 1. Catarrinos del viejo continente antecesores del hombre

En lo relativo al origen geográfico –espacial- de la especie humana, Darwin, lo ubica certeramente en África, tal como lo han confirmado los posteriores trabajos de paleo-antropología:

“El orden mismo de las cosas  nos obliga a decir algo acerca de la cuna de la humanidad, o sea, aquella etapa de su descendencia en que nuestros progenitores se apartaron de los catarrinos. De las íntimas relaciones del hombre con los monos del antiguo continente, con claridad se desprende que nuestros progenitores habitaran las mismas regiones que aquellos, y no Australia ni cualquier otra de las islas del océano, como fácilmente nos lo confirman las leyes de la distribución geográfica. En todas las grandes regiones del globo los mamíferos existentes guardan estrechas relaciones con las especies extinguidas del mismo país. Podemos, pues, con gran probabilidad afirmar que África fue antes habitada por especies que ya no existen, que eran muy parecidas al gorila o al chimpancé; y como quiera que estas dos especies son las que más se asemejan al hombre, es también probable que nuestros antecesores habitaran África más bien que otro continente alguno”.

Como Darwin lo conjeturó la paleo antropología ha aportado las evidencias fósiles, que confirman que la "cuna" de la especie humana está en el Valle del Rift en el Este de África.

Figura 2. Valle del Rift en África, cuna de la especie humana

La tectónica de placas “puso” su parte en el origen de la especie humana: primero, la rotura de la placa africana para generar el valle del Rift en el Este de África; y después el cierre del istmo de Panamá –hace 3.5 millones de años-. Ambos procesos, contribuyeron para producir las condiciones ambientales (sabana), que posibilitaron la aparición de los homínidos y finalmente del hombre.

En el capítulo XXI de su obra, Darwin hace un resumen y explica la correlación de las partes y el todo, ley que es de gran interés, ya que permite entender el condicionamiento recíproco de los órganos individuales y todo el cuerpo humano:

"Cuando una parte se modifica, las partes cambian también en virtud del principio de correlación, cosa de la que tenemos numerosos ejemplos de casos muy curiosos de monstruosidades correlativas. Algo también hay que conceder a la acción directa y definida de las condiciones ambientales de la vida, tales como el alimento abundante, el calor y la humedad; finalmente, pudieron asimismo adquirirse por selección sexual muchos caracteres de escasa importancia fisiológica, así como otros que la tienen muy considerable”.

En seguida, conjetura los rasgos que debió presentar el antecesor de la especie humana:

“Considerando la estructura embriológica del hombre –las homologías que presenta con los animales inferiores- los rudimentos que aún conserva, y las regresiones a que es propenso, podríamos en parte reconstruir en la imaginación el estado primitivo de nuestros antecesores, poniéndolos aproximadamente en el lugar que les corresponde en la serie zoológica. Vemos así que el hombre desciende de un mamífero velludo, con rabo y orejas puntiagudos, arbóreo probablemente en sus hábitos y habitante del mundo antiguo. Si un naturalista hubiera examinado toda la estructura de este ser, le habría clasificado entre los cuadrumanos lo mismo que el progenitor aún más antiguo de los monos del viejo y nuevo continente”.

Las facultades mentales del hombre las hace extensivas a los animales, en especial a los animales superiores y acorde con el paradigma del uniformismo, considera que solo existen diferencias de grado:

“El presente alto nivel de nuestras facultades mentales y morales es, sin duda, la dificultad mayor con que se tropieza para adoptar la conclusión indicada sobre el origen del hombre. Más aquel que admita el principio de la evolución debe reconocer que las facultades mentales de los animales superiores, que en la naturaleza son lo mismo que las humanas, aunque en grado diferente, son susceptibles de perfeccionamiento. Así, el espacio que media entre las facultades mentales de un mono superior y las de un pez, o entre las de una hormiga y un parásito, es inmenso; y sin embargo, su desarrollo no presenta una dificultad especial, porque en nuestros animales domésticos las facultades mentales son muy variables, y las variaciones se heredan. Nadie duda que sean esas facultades de la más grande importancia para los animales en estado natural. Por esa razón son muy favorables las circunstancias para su desarrollo por medio de la selección natural. La misma conclusión puede hacerse respecto al hombre: el entendimiento debió ser para él muy importante, aun en época muy remota, capacitándole para inventar y usar el lenguaje, fabricar armas, instrumentos, tender celadas, etc., lo que, unido a sus hábitos sociales, le hizo ser, desde hace mucho tiempo, señor de todas las criaturas vivientes”.

Finalmente, respecto al lenguaje y en particular a su papel en el desarrollo del cerebro; así como las facultades intelectuales –pensamiento abstracto- del hombre, las concibe como producto de la interacción de las otras facultades intelectuales:

“Debió realizarse un extraordinario progreso en el desarrollo del entendimiento, así que entró en uso, mitad por arte y mitad por instinto, el lenguaje, pues el hábito repetido de la palabra al obrar activamente sobre el cerebro y producir efectos hereditarios, impulsaba a la vez el perfeccionamiento del lenguaje…Las facultades intelectuales del hombre más elevadas, como las de raciocinio, abstracción, propia conciencia, etc., son probablemente consecuencias del constante mejoramiento y ejercicio de las otras facultades intelectuales”.

3.3. El trabajo en en el origen de la especie humana

Las grandes ideas son producto de su tiempo –época histórica- y constituyen los paradigmas que dominan la mente por largos períodos.

El idealismo filosófico surgió esencialmente con Platón desde la cultura griega antes de Cristo y llevado a su máxima expresión por la filosofía hegeliana, es el paradigma filosófico que ha perdurado por mucho tiempo y sigue todavía muy arraigado en la sociedad. En lo concerniente a la evolución del hombre, se distingue, por dar prioridad al pensamiento, como rasgo esencial que define a la especie humana, con lo que margina otras facultades del hombre considerándolas secundarias.

El paradigma contrapuesto en el ámbito de la evolución de la especie humana, fue propuesto por Federico Engels y consiste en considerar al trabajo como fundamento material que condicionó la transformación del mono en hombre.

Concretamente, Engels, cinco años después de la obra de Darwin acerca de El Origen del hombre (1871), en un escrito inconcluso, titulado: El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre (1876), escribió:

“El trabajo es la fuente de toda riqueza, afirman los especialistas en economía política. Lo es, en efecto, lo mismo que la naturaleza, que provee de materiales que él convierte en riqueza. Pero el trabajo es muchísimo más que eso. Es la condición básica y fundamental de toda la vida humana. Y lo es en grado tal que, hasta cierto punto debemos decir que el trabajo ha creado al propio hombre”.

Refiriéndose a los monos antropomorfos parientes del hombre, el citado autor afirma:

“Es de suponer que como consecuencia, ante todo, de su género de vida, por el que las manos, al trepar, tenían que desempeñar funciones distintas a las de los pies, estos monos se fueron acostumbrando a prescindir de ellas al caminar por el suelo y empezaron a adoptar cada vez más una posición erecta. Fue el paso decisivo para la transición del mono al hombre”.

De un ancestro común se desprendieron los monos antropomorfos y los homínidos hace millones de años. De los homínidos, fueron los Australopithecus, particularmente el afarensis el que dio el salto para convertirse el hombre primitivo (Homo habilis), cuya características que lo definió fue el trabajo entendido como la capacidad para fabricar herramientas para la producción de alimentos (recolección de vegetales y caza de animales salvajes. 

Con el trabajo las relaciones sociales se volvieron más complejas y junto con las premisas biológicas, dieron origen al lenguaje. Tanto el trabajo, como el lenguaje, impactaron en el desarrollo del cerebro:

“En resumen, los hombres en formación llegaron a un punto en el que tuvieron algo que decirse unos a otros. La necesidad creó el órgano: la laringe poco desarrollada del mono se fue transformando, lenta pero firmemente, mediante modulaciones que producían a su vez modulaciones más perfectas, mientras los órganos de la boca aprendían poco a poco a pronunciar un sonido articulado tras otro…La comparación con los animales prueba que esta explicación del origen del lenguaje a partir del trabajo y con el trabajo es la única correcta…Primero el trabajo, luego con él el lenguaje articulado, fueron los dos estímulos principales bajo cuya influencia el cerebro del mono se fue transformando gradualmente en cerebro humano, que, a pesar de toda su similitud, lo supera considerablemente en tamaño y en perfección. Y a medida que se desarrollaba el cerebro, se desarrollaban también sus instrumentos más inmediatos: los órganos de los sentidos. De la misma manera que el desarrollo gradual del lenguaje es acompañado necesariamente del correspondiente perfeccionamiento del órgano del oído, así también el desarrollo general del cerebro está ligado al perfeccionamiento de todos los órganos de los sentidos… El desarrollo del cerebro y de los sentidos a su servicio, la creciente claridad de conciencia, el poder de abstracción y de discernimiento cada vez mayores, reaccionaron a su vez sobre el trabajo y el lenguaje, estimulando más y más su desarrollo. Cuando el hombres se separa definitivamente del mono, este desarrollo no cesa ni mucho menos, sino que continúa, en distinto grado y en distintas direcciones entre los distintos pueblos y en las diferentes épocas, interrumpido incluso a veces por regresiones de carácter local o temporal, pero avanzando en su conjunto a grandes pasos, considerablemente impulsado y, a la vez, orientado en un sentido más preciso por un nuevo elemento que surge con la aparición del hombre completo: la sociedad”.

En seguida Engels plantea cuestiones de trascendental importancia para comprender la evolución del hombre. Primero, precisa que el trabajo empieza propiamente con la fabricación de instrumentos. Luego la alimentación, derivada   de la caza y la pesca, actividades que aportaron carne para la nutrición del hombre primitivo. La alimentación omnívora, con una proporción cada vez mayor de la carne fue crucial en el desarrollo del cerebro. Sin la alimentación carnívora no se habría dado la transformación del mono en hombre:

“Seguramente tuvieron que pasar centenares de miles de años –que en la historia de la Tierra tienen menos importancia que un segundo en la vida de un hombre- antes de que la sociedad humana surgiese de aquellas manadas de monos que trepaban por los árboles. Pero, finalmente, surgió. ¿Y qué es lo que volvemos a encontrar como diferencia característica entre la manada de monos y la sociedad humana? Otra vez el trabajo…No cabe duda de que la explotación rapaz debía llevar a la raza de monos que superaba con ventaja a todas las demás en inteligencia y capacidad de adaptación a utilizar en la alimentación un número cada vez mayor de nuevas plantas y cada vez más partes comestibles de éstas; en una palabra, debía llevar a que la alimentación, cada vez más variada, aportase al organismo nuevas y nuevas sustancias, las cuales creaban las premisas químicas para la transformación de estos monos en seres humanos. Pero todo esto no era trabajo en el verdadero sentido de la palabra. El trabajo comienza con la elaboración de instrumentos. ¿Y qué son los instrumentos más antiguos, si juzgamos por los restos que nos han llegado del hombre prehistórico, por el género de vida de los pueblos más antiguos que registra la historia, así como por el de los salvajes actuales más primitivos? Son instrumentos de caza y de pesca; los primeros utilizados también como armas. Pero la caza y la pesca presuponen la transición de la alimentación exclusivamente vegetal a la alimentación acompañada con el uso de la carne, lo que significa otro importante paso en el proceso de transformación del mono en hombre. La alimentación con carne ofreció al organismo, en forma casi completa, las sustancias más esenciales requeridas por el organismo para su metabolismo…Y cuánto más se alejaba el hombre en formación del reino vegetal [en su alimentación], más se elevaba sobre los animales. De la misma manera que el hábito a la alimentación mixta convirtió al gato y al perro salvajes en servidores del hombre, así también la adaptación de la alimentación con carne combinada con la dieta vegetal contribuyó poderosamente a dar fuerza física  e independencia al hombre en formación. Pero donde más se manifestó la influencia de la dieta con carne fue en el cerebro, que recibió así en cantidad mucho mayor que antes las sustancias necesarias para su alimentación y desarrollo, con lo que su perfeccionamiento fue haciéndose mayor y más rápido y perfecto de generación en generación. Debemos reconocer –y perdonen los señores vegetarianos- que el hombre no habría llegado a ser hombre sin la alimentación con carne”.

Otro gran invento básico para la evolución del hombre, fue primero la manipulación y luego la producción del fuego, invento crucial para el desarrollo del hombre primitivo, ya que le sirvió para protegerse del frío, ahuyentar a los animales salvajes y su caza. Pero el fuego, sirvió para eso y más. Sirvió también para la preparación de los alimentos obtenidos en la caza de animales salvajes y pesca. La incorporación de alimentos cocidos en la dieta del hombre, implicó otro salto en la evolución del hombre, especialmente en el desarrollo de la capacidad cerebral. En palabras de Engels:

“La alimentación con carne significó dos nuevos avances de importancia decisiva: el uso del fuego y la domesticación de animales. El primero redujo aún más el proceso de digestión, ya que permitía comer, como si dijéramos, comida medio digerida; el segundo multiplicó las reservas de carne, pues junto con la caza, ofrecía una nueva fuente para obtenerla en forma más regular y proporcionó, con la leche y sus derivados, un nuevo alimento, que en cuanto a composición era por lo menos del mismo valor que la carne. Así, pues, estos dos avances se convirtieron directamente para el hombre en nuevos medios de emancipación”.

Es en el siguiente pasaje en el que Engels plantea con toda claridad el idealismo filosófico que, ha perdurado por siglos en la mente de los hombres y que acostumbra explicar las acciones por los pensamientos y, en la esfera de la especie humana prioriza las facultades mentales sobre el papel del trabajo:

“El rápido progreso de la civilización fue atribuido exclusivamente a la mente, al desarrollo y a la actividad del cerebro. Los hombres se acostumbraron a explicar sus acciones por sus pensamientos, en lugar de buscar esta explicación en sus necesidades (reflejadas, naturalmente, en la mente del hombre, que así toma conciencia de ellas). Así fue como, con el transcurso del tiempo, surgió esta concepción idealista del mundo que ha dominado el cerebro de los hombres, sobre todo desde la desaparición del mundo antiguo, y que todavía lo sigue dominando, al punto de que hasta los naturalistas de la escuela darwiniana más materialistas son aún incapaces de tener una idea clara sobre el origen del hombre, pues esa misma influencia idealista les impide ver el papel desempeñado aquí por el trabajo”.

3.4. La dieta carnívora en la evolución de la especie humana

Nichols y Houzel (1996-2013), sostienen que el aumento del cerebro del Homo erectus, está relacionado con el descubrimiento del fuego y su aplicación en la preparación de los alimentos. La alimentación del hombre primitivo a base de alimentos cocinados con fuego, favoreció una mejor asimilación tanto de los productos vegetales como animales y su efecto en el desarrollo del cerebro fue determinante, ya que en un período de 600,000 años duplicó su tamaño. Acontecimiento que no ocurrió en el Australopithecus y menos en gorilas y chimpancés, cuya dieta es esencialmente vegetariana y se basa en alimentos crudos. Así pues, los mismos autores, afirman que: “Más que la invención del fuego, lo que realmente nos hizo humanos fue aprender a utilizarlo para cocinar”.

Desde el punto de vista cuantitativo, superó a su predecesor el Homo habilis que tenía un cerebro con un peso aproximado de 650 gramos al alcanzar un cerebro con un tamaño de alrededor de 900 gramos.

Herculano-Houzel coautora del trabajo descrito, relata: “la clave fue aprender a cocinar: el 100% de los alimentos cocinados son metabolizados por nuestro organismo, mientras que los alimentos crudos producen solamente entre el 30 y el 40% de sus nutrientes. Además, “al aplicar fuego a los alimentos, éste ablanda las fibras más duras, libera los sabores y acorta el proceso de masticar y digerir. Todo ello permitió a nuestros antepasados necesitar menos tiempo para buscar y digerir alimentos. Así, cocinar nos proporcionó la nutrición necesaria para desarrollar cerebros más grandes y tiempo que dedicar a cosas más importantes. Fue entonces, cuando tener un cerebro grande dejó de ser un problema, algo que exigía más esfuerzo para mantenerlo, para convertirse en una ventaja, una ayuda para obtener nutrientes de forma sencilla. El hombre empezó a dedicar más tiempo a pensar cómo cazar, vivir, desarrollar el arte, la cultura… Cualidades que hoy en día nos hacen ser como somos”.

Cordain (2011), atribuye una enorme importancia a la dieta carnívora en el surgimiento de la especie humana moderna: "La idea de que los seres humanos debían ser vegetarianos es contraria a todas las pruebas de la evolución que presentan los datos sobre fósiles y estudios antropológicos. Es enorme nuestra deuda con la carne magra. De hecho, los estudios y pruebas científicos sugieren que si nuestros primeros antepasados hubieran comido una dieta sin carne ahora no existiríamos. Yo no me habría convertido en científico, tu no estarías leyendo este libro y todos nos parecerían muchísimo más a nuestros parientes animales más cercanos: los chimpancés".

Europa Soberana (2013), publica un artículo en el que se afirma  que actualmente se ha satanizado a los alimentos de origen animal, cuando los supermercados están repletos de alimentos “chatarra”. Sin embargo, fue la carne, la sangre, la grasa, el tuétano, la médula, los sesos y las vísceras; derivados de la caza de animales salvajes, los que sirvieron de alimentos y luego impactaron el desarrollo –cantidad y cualidad- del cerebro, con lo que se crearon las premisas biológicas para el surgimiento de la inteligencia humana.

Los chimpancés, con quienes la especie humana comparten las mayores similitudes genéticas, son carroñeros e incluso depredadores, pero su alimentación derivada de estas actividades, solo representa el 2% de su dieta; otro 8% lo obtiene del consumo de insectos sociales –hormigas, termitas, abejas, larvas- y el resto de sus alimentos son de origen vegetariano.

Los gorilas, poco más alejados genéticamente del hombre, son esencialmente vegetarianos. Su alimentación de frutas es baja y su consumo de hojas es alto, por consiguiente, han desarrollado un sistema digestivo, adaptado para metabolizar a la celulosa. Además, comen hormigas y ocasionalmente recurren a la carroña y caza, pero en un grado mucho menor que los chimpancés.

Tratando ya de los homínidos más emparentados con el hombre primitivo, los Australopithecus, que vivieron en África hace aproximadamente 4 millones de años, eran indudablemente carroñeros, lo que significa que acudían al cadáver del animal muerto y probablemente con piedras cortaban los tendones y la piel, para obtener la carne y la grasa; además, rompían la cabeza para obtener el tuétano y los sesos, productos altos en colesterol y otras grasas saturadas, que luego servían de alimento a estos homínidos.

Probablemente el uso de piedras proporcionadas por la naturaleza a los Australopithecus y su uso frecuente en la carroña, fue la base material para el surgimiento del trabajo –fabricación de herramientas-, con lo que se produjo del salto de alguna especie de Australopithecus a Homo habilis.

Con la fabricación de instrumentos de trabajo de piedra muy rudimentarios, la principal actividad productiva para obtener alimentos fue la caza. Esta proporcionó la carne cruda como fuente regular para su alimentación, además de los productos vegetales, derivados de la recolección; así, la dieta se volvió omnívora.

El estilo de vida del Homo habilis consistía en dedicarse a la caza de animales salvajes y recolección de productos vegetales. La respuesta anatómica a éste estilo de vida consistió en el desarrollo de un cuerpo esbelto –delgado-, brazos largos aun adaptados para moverse en los árboles –herencia de su antecesor el Australopithecus- y una estatura aproximada de 1.40 metros.

En lo relativo a la encefalización, el tamaño de su cerebro rondaba en los 650 gramos, 200 gramos por arriba de su predecesor el Australopithecus. El tamaño relativamente pequeño de su cerebro, permite inferir que se trataba de un hombre poco inteligente; débil e indefenso, todavía presa de grandes depredadores como el temible felino tigre con dientes de sable, que coexistió con él en África.

El siguiente salto en la evolución de la especie humana, se dio con la aparición del Homo erectus, probablemente del alguna rama del Homo habilis, resultado del mejoramiento de la tecnología lítica, que permitió primero manipular el fuego natural y luego producirlo, así como su uso en la preparación de alimentos.

El Homo erectus se caracterizó por ser cazador de animales salvajes y recolector de alimentos vegetales. Un rasgo distintivo de esta especie fue su carácter nómada, actividad que estaba ligada con la migración de los animales salvajes. Prueba de es que salió de África siguiendo las manadas de animales salvajes, de cuya caza dependía su sobre-vivencia.

Especial importancia merece la incorporación de alimentos cocidos, especialmente de carne, en la dieta del Homo erectus, por sus consecuencias en el desarrollo de su cerebro, de tal forma que se produjeron cambios cuantitativos –aumento de tamaño- y cualitativos –mayor complejidad-. Específicamente su cerebro aumentó a 900 gramos, 250 gramos por arriba de su probable predecesor el Homo habilis. Con un cerebro más grande y de mayor complejidad, era de esperarse que fuera más inteligente que su antecesor.

La distribución geográfica –espacial- que Homo erectus fue muy extensa y lo llevó a adaptarse a numerosos tipos de terreno y climas: en África como Homo ergaster, en China como Homo pekinensis y en el Cáucaso como Homo georgicus. En el aspecto temporal, fue el hombre primitivo que más duró: alrededor de 1.6 millones de años, pues se cree que se extinguió hace unos 300 mil años.

El Homo antecesor apareció hace 1.2 millones de años y puede considerarse como una raza europea del Homo erectus y probablemente descendió del Homo ergaster –versión africana del Homo erectus-.

Utilizó la tecnología achelense para cazar animales salvajes y recolectar productos vegetales; por consiguiente, su alimentación fue omnívora –productos vegetales y animales-.

El Homo heidelbergensis apareció hace unos 500,000 años y con toda certeza desciende del Homo antecesor y el Homo erectus de la península ibérica y seguramente es el antepasado del hombre de Neandertal. Se trató de una especie de Homo robusta, pues tenía una estatura entre 1.75 y 1.80 metros y un peso aproximado de 100 kg. y vivió en Europa en condiciones extremas de frío, pues coexistió con la glaciación de Mindel -la antepenúltima edad de hielo-.

El estilo de vida del Homo heidelbergensis fue cazador-recolector, pero más cazador que recolector, dadas las condiciones extremas de frío en las que vivió, gran parte de plantas se extinguieron. En consecuencia su dieta fue mayoritariamente carnívora.

El hombre de Neanderthal surgió hace unos 230, 000 años en Europa. También, dominó el fuego y lo usó para cocinar principalmente la carne y dadas las condiciones extremas de frío en que se desarrolló, su alimentación era básicamente carnívora. Esto repercutió en el aumento de su cerebro –superior a los 1400 gramos-, a tal grado que su tamaño fue mayor al del hombre moderno. El hecho de que su cerebro fuera más grande que el del hombre moderno, no significa que fuera más inteligente, pues la cantidad no está aislada de la cualidad, por lo que probablemente, su cerebro era más grande, pero menos complejo. Esto tiene que ver seguramente con su extinción.

El hombre de Cro-Magnon (Homo sapiens) apareció hace aproximadamente unos 40,000 años. Su  tecnología lítica fue superior a las especies humanas que le precedieron y como su existencia coincidió con el último máximo Glacial, la vegetación fue escasa, por lo que la principal fuente de alimentación fue la carne. La alimentación esencialmente carnívora, impactó en el desarrollo de su cerebro, de tal forma que creció por arriba de los 1400 gramos y en el aspecto cualitativo, se hizo más complejo. Esto repercutió en una mayor inteligencia, que se tradujo en el desarrollo del arte rupestre, que ya implica en cierto grado un gran desarrollo del pensamiento abstracto, puesto que el arte no es más que el reflejo de lo abstracto en imágenes concretas, antecedente del lenguaje escrito.

La superioridad en la tecnología del Homo sapiens y su mayor inteligencia, contribuyeron seguramente a la extinción del hombre de Neandertal en Europa.

En resumen el artículo concluye que si los antepasados del hombre se hubieran quedado en el clima cálido de África, con una dieta estrictamente herbívora, el cerebro nunca habría aumentado en tamaño y complejidad; es decir, sin la carne no se hubiera dado el salto del  Australopithecus al hombre.


Los alimentos de la dieta paleolítica fueron obtenidos con las tecnologías líticas –fabricadas por el trabajo del hombre- aplicadas a la caza de animales salvajes y recolección de productos vegetales. La cantidad de carne cada vez fue mayor y en cuanto a su cualidad, siempre se trató de carne magra –sin grasa-. El Homo habilis se alimentó de carne cruda y desde Homo erectus hasta el hombre moderno (Homo sapiens), se alimentaron de carne cocida. La fuentes de carbohidratos fueron principalmente las frutas y de grasas mayoritariamente las semillas. Se trató de una dieta omnívora en la que predominaba la carne magra (figura 3).
Figura 3. Dieta paleolítica

3.5. Lenguaje y pensamiento abstracto

Para el surgimiento del lenguaje, se requieren dos condiciones: premisas biológicas y relaciones sociales amplias.

Los antepasados más próximos del hombre primitivo, los Australopithecus, aunque ya se desplazaban erguidos, su aparato fonador estaba todavía muy rudimentario, incapaz de emitir sonidos articulados, todavía faltaba, la otra condición, el desarrollo de relaciones sociales más complejas, pues la relación entre sus miembros eran  muy simples, se limitaban a la cópula sexual, cuidado de los animales, defensa ante depredadores, entre otros.

Para que apareciera el verdadero lenguaje, se requerían relaciones sociales más complejas, que solo surgieron con el trabajo, entendido como la capacidad del hombre primitivo de fabricar herramientas de trabajo y utilizarlas en las actividades de caza y recolección, de las que dependía su sobre-vivencia.

Gorski y et al (1961), explica que la paleo-antropología proporciona datos a favor de la tesis de que el Homo erectus antecesor del hombre moderno no poseía lenguaje articulado. La anatomía de su corteza cerebral no estaba adaptada para la producción de sonidos articulados. Para esos hombres primitivos el lenguaje oral era únicamente asequible únicamente en sus formas elementales, de tal manera que no requerían del trabajo de los órganos del aparato vocal.

Las premisas biológicas y sociales para el surgimiento del lenguaje articulado, solo aparecieron con el  Homo sapiens, hace unos 40,000 años. Las primeras se manifestaron por una progresiva reducción de la cavidad bucal, del descenso de la laringe, separación más definida entre los resonadores bucal y nasal, diferenciación de los músculos de la laringe y fortalecimiento del extremo libre de las cuerdas vocales. La laringe dejó de funcionar como protectora de la tráquea del sistema respiratorio de la entrada de alimentos, para desempeñar una función esencialmente productora de lenguaje articulado. En cuanto a las segundas, la tecnología lítica se mejoró y repercutió en una mayor complejidad en las relaciones sociales, generando la necesidad del lenguaje para la comunicación entre los miembros del Homo sapiens. Las especies de Homo que antecedieron al hombre de Cro-Magnon, excepción hecha del hombre de Neandertal, se comunicaron, principalmente a través del lenguaje inarticulado y por medio de ademanes.

La aparición del lenguaje articulado posibilitó el surgimiento del pensamiento abstracto, debido a que por naturaleza cualquier palabra generaliza, rasgo esencial del pensamiento para elevarse por encima de lo concreto sensible. Con la generalización surge el concepto, “célula” del pensamiento abstracto y básico para los juicios y razonamientos, aunque todavía muy elementales.

Con el hombre de Cro-Magnon, aparece el arte rupestre, plasmado en las imágenes que evocaban a su principal actividad productiva: la caza de animales salvajes.

El arte del hombre de Cro-Magnon, implica cierto nivel de abstracción, pues se entiende como el reflejo de lo general en pinturas concretas principalmente de animales.

Así pues con el hombre de Cro-Magnon (Homo sapiens), aparece el lenguaje en el que se materializa el pensamiento abstracto, entendido éste como la capacidad de reflejar el mundo material en forma mediata y generalizada. La generalización esencial para el pensamiento abstracto solo es posible a través del lenguaje articulado.


4. Discusión

El bipedalismo fue posible por los cambios tectónico y climático –enfriamiento- que provocó el relevo de selvas tropicales por extensas sabanas y fue el rasgo típico de los Australopithecus. Constituyó toda una revolución biológica, que sentó las bases para el surgimiento de la especie humana, ya que permitió que las manos y brazos quedaran libres, y así desempeñaran funciones radicalmente nuevas, principalmente, la manipulación de objetos proporcionados directamente por la naturaleza para defenderse de las fieras salvajes y para procurarse sus alimentos (figura 4).

Figura 4. Bipedalismo de Australopithecus

La carroña fue fundamental, pues implicó el uso principalmente de piedras para destazar los cadáveres de animales muertos y romper sus cráneos para obtener el tuétano y los sesos para alimentarse, práctica que posteriormente sentará las bases para el surgimiento del trabajo (figura 5).

Figura 5. Carroña: fuente de carne y grasa para el Australopithecus

Durante miles de años la actividad carroñera permitió el tránsito de la manipulación de objetos de la naturaleza y posteriormente a la fabricación de herramientas primitivas –trabajo-. Con el trabajo se dio el tránsito del Australopithecus a Homo habilis.

El salto de alguna especie de Australopithecus –probablemente el afarensis- a Homo habilis, se produjo hace unos dos millones de años y fue posible después de un período prolongado –por los menos 700, 000 años- de acumulación gradual de experiencias en la manipulación de objetos proporcionados por la naturaleza, principalmente piedras utilizadas en la carroña de animales muertos, hasta que la experiencia acumulada permitió la fabricación de herramientas rudimentarias, haciendo posible la transición de Australopithecus a Homo habilis. Así pues, detrás de la aparición del Homo habilis está el trabajo, rasgo esencial que caracterizara desde entonces a la especie humana, entendido como la capacidad para fabricar instrumentos de producción, en este caso para la caza y recolección, actividades productivas de las que dependía su sobre-vivencia.

Hasta el presente, ninguna especie animal superior, principalmente los monos antropomorfos y Australopithecus, que son los más emparentados con el hombre ha sido capaz de fabricar el más rudimentario instrumento de trabajo, a lo más que han llegado es a la manipulación de los objetos que la naturaleza proporciona. En suma, el trabajo es un atributo inherente únicamente a la especie humana.

Con la caza de animales salvajes, la carne cruda se introdujo en la dieta del hombre primitivo, que aunada a los productos vegetales de la recolección, la alimentación se volvió omnívora.

Además, la caza y recolección, implicaban movimiento diario de varios kilómetros para seguir a los animales salvajes y buscar los alimentos vegetales, actividad que conjuntamente con la dieta omnívora –carne cruda y vegetales- influyeron en la fisiología y anatomía del Homo habilis: cuerpo esbelto –delgado-, brazos largos todavía emparentados con su antecesor el Australopithecus, estatura aproximada de 1.40 metros.

Especial atención merece el desarrollo del cerebro de Homo habilis. Su tamaño era de alrededor de 650 gramos, 200 gramos más grande que la de predecesor el Australopithecus. Su tamaño relativamente pequeño y de poca complejidad, permite inferir que se trataba de una “criatura” débil e indefensa y de escasa inteligencia; por consiguiente, todavía era presa de grandes depredadores, como el temible tigre con dientes de sable, felino que coexistió con él en África (figura 6).

Figura 6. Homo habilis

El siguiente salto en la secuencia evolutiva de la especie humana, ocurrió hace 1.5 millones de años, con la aparición del Homo erectus, probablemente a partir del Homo habilis, después de una prolongada experiencia en la fabricación de herramientas líticas cada vez más perfeccionadas, especie humana que  invento el fuego, tecnología que le permitió calentarse dado el ambiente frío en que vivió, protegerse de los depredadores y principalmente el el cocido de los alimentos. Tanto los alimentos vegetales como los animales al ser cocidos en el fuego se volvieron mas asimilables, lo que favoreció el aumento de tamaño del cerebro y mayor complejidad y colateralmente se redujo de tamaño el sistema digestivo.

El descubrimiento del requirió experiencia práctica y cierto nivel de inteligencia. Otra vez, el trabajo fue el fundamento material del salto de Homo habilis a Homo erectus


Figura 7. Homo erectus produciendo fuego


El dominio del fuego también es un rasgo típico solo del hombre, pues, ningún animal superior –monos antropomorfos y Australopithecus- han sido capaces de producir el fuego.

Con la utilización del fuego en el cocido de los alimentos se produjo una revolución alimentaría, que aunque siguió siendo omnívora, la carne jugaba un papel cada vez más importante. Ahora ya no era ingerida cruda, como en el caso del Homo habilis, ahora cocida, se hizo más asimilable y su eficiencia energética aumentó, haciendo posible suministrar la energía necesaria a un cerebro más grande y más exigente.

De trascendental importancia, fue la nueva dieta que involucraba a la carne cocida como principal componente de la alimentación omnívora, por su impacto en el desarrollo cerebral. Su impacto produjo que el cerebro alcanzara un tamaño de 900 gramos, 250 gramos mayor que su antepasado el Homo habilis. Con un cerebro mayor y de mayor complejidad su inteligencia aumentó.

Dotado con una mayor inteligencia dejó de ser localista y se extendió por diversas regiones geográficas, con características climáticas y edáficas muy diversas: como Homo ergaster en África, como Homo pekinensis en China y como Homo georgicus en el Cáucaso.

El Homo erectus se distinguió por su gran movilidad por su carácter nómada, derivada de su estrecha dependencia de la caza de animales salvajes y búsqueda de alimentos vegetales. La evidencia de su permanente movilidad está en su salida de África siguiendo la migración de los animales salvajes de cuya subsistencia dependía. Fue la especie de Homo que más vivió, pues duró alrededor de 1.6 millones de años.

El uso del fuego por una familia de Homo erectus se presenta en la figura 8.

Figura 8. Homo erectus usando el fuego

El último “eslabón” de la “cadena” es el hombre de Cro-Magnon (Homo sapiens), que apareció hace 40,000 años en Europa. Sus herramientas líticas fueron muy superiores a las de sus predecesores y también fueron posibles por la experiencia acumulada en la fabricación de instrumentos de trabajo, principalmente de piedra y hueso, las que le permitieron mejorar la caza de animales salvajes, principal actividad de la especie moderna de Homo. Una vez más fue el trabajo el fundamento en la aparición del hombre moderno.

La fabricación de herramientas de trabajo mas perfectas, la alimentación mayoritariamente carnívora y las relaciones sociales más complejas, hicieron posible el surgimiento del lenguaje articulado, fundamento del pensamiento abstracto. La alimentación esencialmente carnívora y el lenguaje articulado potenciaron el desarrollo cuantitativo y cualitativo del cerebro, a tal grado que alcanzó un tamaño mayor de 1400 gramos, 500 gramos por arriba del Homo erectus y con una complejidad mayor. Esto se tradujo en una mayor inteligencia que las de sus predecesores.

Con el lenguaje articulado, aparece el concepto, “célula” del pensamiento abstracto, ya que permite generalizar a través de la palabra. Los conceptos hacen posibles los juicios y los razonamientos abstractos.

Con el pensamiento abstracto aparece el arte como una forma de la conciencia y se caracteriza por reflejar lo abstracto en imágenes concretas –pinturas rupestres, principalmente de animales-, antecedente del lenguaje escrito (figura 9).

Figura 9. Arte rupestre del hombre de Cro-Magnon


Con una tecnología superior a la de sus antepasados y con una inteligencia mayor se lanzaron a poblar la Tierra y de paso seguramente contribuyeron a la extinción del hombre de Neandertal, Homo que coexistió con él en Europa.

El gran desarrollo físico y el enorme desarrollo cerebral del Homo sapiens -hombre de Cro-Magnon- se muestra en la siguiente figura (10).

Figura 10. Hombre moderno de Cro-Magnon


Finamente, el cerebro del hombre moderno, como órgano del pensamiento abstracto, es el resultado de un largo proceso –más de dos millones de años- de aumentos cuantitativos graduales, interrumpidos por cambios bruscos repentinos o “saltos” en cada especie de Homo primitivo. Así el desarrollo cerebral del Homo habilis, respecto a su antecesor el Australopithecus, en su aspecto cuantitativo con un cerebro de 650 gramos, 250 gramos por arriba; que en su aspecto cualitativo, implicó un salto evolutivo, pues dejó de ser Australopithecus, para transformarse en Homo habilis.

Con el Homo erectus su cerebro adquiere un volumen de 900 gramos, 250 gramos superiores al de su predecesor, el Homo habilis.

Con el hombre moderno de Cro-Magnon, el cerebro llega a ocupar un volumen de 1500 gramos, 600 gramos más que el de su antepasado el Homo erectus. El mayor tamaño, aunado a una mayor complejidad, produjo la transformación cualitativa de su antecesor en la nueva especie de Homo moderna.

La evolución del cerebro desde el Australopithecus hasta el Homo sapiens se observa en la figura 11.

Figura 11. Aumento del cerebro desde Australopithecus hasta Homo sapiens


5. Conclusiones

4.1. El paradigma -idealismo- que ha predominado en la interpretación de la evolución de la especie humana, consiste en considerar como rasgo esencial del hombre: la inteligencia -Homo sapiens-, en contraposición con la actividad productiva material -trabajo-, paradigma que ha sobre-dimensionado el papel de la inteligencia -razón-.

4.2. El bipedalismo constituye toda una revolución biológica que sentó las premisas biológicas para el surgimiento del trabajo, entendido como la capacidad del hombre primitivo de fabricar instrumentos de trabajo y utilizarlos en las actividades productivas -caza y recolección-.

4.3. El trabajo –base de las revoluciones tecnológicas- y la alimentación carnívora y grasas asociadas a la carne, hicieron posible la transición del Australopithecus al hombre primitivo, ya que la fabricación de herramientas de trabajo permitieron al hombre primitivo (Homo habilis) apropiarse directamente de los alimentos aportados por la naturaleza y protegerse de los animales salvajes y, posteriormente la invención del fuego por Homo erectus favoreció el cocido de los alimentos y con ello una mejor asimilación de los mismos, coadyuvando así a una reducción del sistema digestivo y el correspondiente crecimiento y mayor complejidad del cerebro, esencial para el surgimiento del pensamiento abstracto en el Homo sapiens.

4.4. En el campo de la Geología, es el uniformismo -gradualismo-,  el paradigma  que permeó la teoría de la evolución de la evolución de la especies, a tal grado que el mismo Darwin negó los "saltos" en la naturaleza biológica

4.5. El origen del hombre moderno (Homo sapiens) es el resultado de los cambios graduales acumulados durante más de dos millones de años, interrumpidos por cambios bruscos -saltos- correspondientes a los Homo que le antecedieron -Homo habilis, Homo erectus- hasta su aparición, como forma superior de la especie humana. 

4.6. Las mejoras tecnológicas del Homo sapiens usadas en las actividades productivas -caza y recolección-, produjeron relaciones sociales más complejas, necesarias para el surgimiento del lenguaje articulado.

4.7. Con el lenguaje articulado, aparece la capacidad de abstracción -generalización-. Así surgen los conceptos -"células" del pensamiento-, básicos para la "construcción" de juicios y razonamiento.

4.8. Cuando los objetos materiales se estudian como procesos, no como cosas aisladas y estáticas, se pone de manifiesto la dialéctica: transformación de la gradualidad -cambios cuantitativos- en cambios cualitativos -saltos-. El movimiento biológico es la unidad de los cambios graduales y bruscos.


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Gorski et al. 1961. Pensamiento y lenguaje. Editorial Grijalbo, S.A. México, D.F.

Hegel Federico. 1807. Fenomenología del espíritu. Fondo de Cultura Económica (1960). México, D.F.

Nichols Michael. 1996-2013. Cocinar nos hizo humanos. National Geographic.

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