viernes, 5 de junio de 2015

EVOLUCIÓN Y REVOLUCIÓN DE LAS ESPECIES VIVAS

EVOLUCIÓN Y REVOLUCIÓN DE LAS ESPECIES VIVAS

Valentín Vásquez
Oaxaca, México
valeitvo@yahoo.com.mx

1. Introducción

Ante nuestra sensibilidad lo que que percibimos es la sucesión temporal y la coexistencia espacial de las mismas especies vivas, desde hace miles de años, desde que la especie humana apareció, y seguramente esto ocurre incluso antes de que surgiera el hombre primitivo, hace más de dos millones de años. Es decir, los organismos vivos se presentan ante nuestra sensibilidad como inmutables o inmóviles. Sin embargo, el conocimiento científico, no puede quedarse en la apariencia percibida por la sensibilidad, sino que tiene que moverse de la apariencia a la esencia, ya que en la esencia está la verdad de los objetos materiales. En este sentido, desde el Renacimiento de las Ciencias Naturales, a partir del siglo XVI, sobre todo a fines del siglo XVIII y en la primera mitad del siglo XIX, se acumulan evidencias geológicas y paleontológicas -fósiles-, que por razonamiento inductivo, ponen en duda la inmutabilidad de las especies vivas y gradualmente confirman la movilidad de los organismos vivos. El "salto" en el conocimiento de la vida, se produjo cuando Darwin, después de su prolongado viaje que realizó por el Mundo, en el que recopiló abundante material empírico, más el conocimiento y evidencias aportados por sus antecesores, lo indujeron a formular su Teoría de la Evolución, expuesta en su obra: Origen de las especies a través de la selección natural publicada en 1859. En este trabajo se plasmaron todos los conocimientos acumulados en cientos de años, desde la antigüedad griega, cuando surgen los primeros rudimentos de las Ciencias Naturales, hasta fines del siglo XVIII y principios del siglo XIX. Así pues, el desarrollo del conocimiento biológico, confirma una ley que rige el movimiento del conocimiento científico, y si éste es el reflejo del movimiento de los objetos materiales -en este caso de los seres vivos-; por consiguiente, se trata de una ley general que opera en todo el universo. Se trata específicamente de la Ley del tránsito recíproco de la cantidad en cualidad, ley fundamental que orienta cuando se estudian los objetos materiales en su movimiento. Pero la movilidad -evolución- descubierta y fundamentada por Darwin, es un aspecto del movimiento biológico, su contra-parte la revolución, también es inherente al movimiento de la materia viva, puesto que, la contradicción es una ley universal; por consiguiente, es necesario plantear el desarrollo biológico como una nueva teoría de la vida más integral, ya que involucra tanto la evolución como la revolución de las especies vivas, tal como lo confirman las evidencias geológicas y paleontológicas -fósiles-.

Otra cuestión de trascendental importancia que se confirma con el descubrimiento de la Teoría de la Evolución, consiste en la confirmación de que el conocimiento científico se mueve de la apariencia -inmovilidad de los organismos vivos- percibida por la sensibilidad, a la esencia -movilidad o evolución- de los organismos vivos. Esto confirma que la apariencia y la esencia son dos aspectos contradictorios de los objetos materiales -seres vivos- y es esta contradicción la que fundamenta la necesidad de la ciencia, puesto que, si la esencia y la apariencia coincidieran, la ciencia fuera innecesaria, ya que la percibiríamos directamente con los órganos de los sentidos y lo que percibimos no requiere explicación. Pero, la esencia está oculta detrás de la apariencia percibida por la sensibilidad, por consiguiente, no es visible y hay que descubrirla por medio del pensamiento abstracto. La contradicción entre apariencia vs esencia, es un caso particular de otra ley universal: La Ley de la Contradicción, que también opera en todo el universo.

Si en el universo todos los procesos son contradictorios, es evidente que la Teoría de la Evolución formulada por Darwin es unilateral, pues el movimiento de la materia viva no puede ser concebido sin su contra-parte: la revolución. En este sentido, el desarrollo o movimiento biológico, tiene que ser la unidad contradictoria de la evolución y la revolución de las especies vivas.

Es evidente, pues, que el conocimiento de las leyes generales que rigen el movimiento de la materia y el pensamiento, es de trascendental importancia, porque orientan teórica y metodológicamente el estudio de los fenómenos materiales, objetos de estudio de las ciencias particulares, como lo confirma el desarrollo del conocimiento biológico, que tiene como objeto de estudio: la vida.


2. Marco de referencia

2.1. Filosófico

La filosofía tiene como objeto de estudio las leyes generales que rigen el movimiento de la materia y el pensamiento. Es decir se trata de una ciencia general que orienta el desarrollo de las ciencias particulares y se retroalimenta de las mismas, para generalizar los nuevos descubrimientos científicos. Como se trata de una ciencia general y lo universal no lo podemos desvincular de lo singular –particular-, puesto, que todo objeto material es la unidad contradictoria de lo singular y lo general, por consiguiente solo se puede estudiar lo singular a través de lo general o universal. Con otras palabras solo podemos comprender a profundidad las ciencias particulares a través de la filosofía como ciencia general.

2.1.1. Ley de la contradicción

La ley de la contradicción fue descubierta por Hegel  y expuesta en su Ciencia de la lógica (1812-1816) en la segunda parte de su obra -doctrina de la esencia-, que aunque la concibió en la esfera de la lógica, el desarrollo de las ciencias naturales y sociales, ha confirmado su validez universal.

Ley de la contradicción. Es la ley más importante de la dialéctica y constituye el fundamento de las otras dos leyes. Establece que en el universo todos los procesos son contradictorios en sí mismos; es decir, que las contradicciones no son externas a los objetos materiales, sino que están internamente en los propios objetos materiales y son precisamente, las contradicciones internas las que los mueven. Sin contradicción no hay movimiento y si cesa la contradicción el objeto deja de moverse. Así pues, la contradicción es la fuerza motriz que mueve a la materia en el universo y si el pensamiento es el reflejo mental del movimiento de los objetos materiales, por consiguiente, la contradicción es una ley universal.

2.1.1.1. Apariencia vs esencia

Un caso particular de la ley de la contradicción, es la contradicción entre apariencia y esencia, conceptos fundamentales para comprender la naturaleza del conocimiento científico.

El conocimiento científico se mueve de la apariencia percibida por la sensibilidad a la esencia –lo que está oculto- . La apariencia y la esencia, es un caso particular de la ley de la contradicción universal que impera en la naturaleza, la sociedad y el pensamiento. En la Lógica, se trata de dos categorías –conceptos más generales del pensamiento- contradictorias, que reflejan el carácter contradictorio del proceso del conocimiento. La apariencia –lo que parece y no es-, es el punto de partida del conocimiento, puesto, que es la forma de manifestación de la esencia. El conocimiento no puede quedarse en la sensibilidad –apariencia-, tiene que moverse a lo que constituye su esencia- lo interno-, ya que en la esencia está la verdad de los procesos materiales.

Afanasiev (1990) explica que la apariencia y la esencia expresan la compleja unidad de los aspectos internos y externos de los objetos y procesos de la realidad objetiva. En cuanto categorías del conocimiento, reflejan la unidad dialéctica de los grados sensible y racional del proceso cognoscitivo, que revela la esencia profunda de las cosas, sobre la base de la práctica.

La esencia y la apariencia, son dos aspectos indisolublemente vinculados de la realidad objetiva; uno de ellos, el aspecto interno (esencia) no puede manifestarse sino a través del aspecto externo (apariencia). Ahora bien los dos aspectos contradictorios, no coinciden nunca plenamente en el modo de manifestarse, y es precisamente esta falta de coincidencia lo que hace necesario el proceso del conocimiento científico. En efecto, la ciencia no tiene otro fin que el descubrir detrás de lo externo, detrás de lo que se percibe inmediatamente, el fundamento, la esencia de las cosas; es decir, el otro aspecto, el aspecto oculto e interno de los procesos materiales.

La esencia es el aspecto interno relativamente estable, de la realidad objetiva, que permanece oculto tras la superficie de lo aparente y que se manifiesta a través de la apariencia.

La apariencia es el aspecto externo más variable y cambiante de la realidad objetiva, que constituye la forma de manifestarse de la esencia.

En un primer nivel la contradicción entre la esencia y la apariencia se presenta como la unidad contradictoria de los aspectos externos e internos.

El proceso del conocimiento inicia con el aspecto externo cambiante de las cosas y a través de la abstracción descubre la esencia oculta de los fenómenos.

La unidad existente entre la esencia y sus diversas manifestaciones nos permite hallar lo universal en la pluralidad de los fenómenos singulares y descubrir las leyes de su desarrollo.

En el nivel superficial de los fenómenos están los datos científicos proporcionados por la observación directa y por los instrumentos; información que representa la etapa inicial para el descubrimiento de la esencia oculta de los fenómenos.

Para descubrir la esencia, hay que realizar una serie de experiencias y observaciones especiales; hay que separar lo esencial e importante de lo inesencial y casual; hay que desarrollar un complejo trabajo analítico de los datos experimentales obtenidos; en una palabra, es necesario llevar a cabo una profunda investigación científica.

La contradicción entre esencia y fenómeno es precisamente la causa de que la ciencia solo pueda descubrir la esencia de muchos fenómenos al cabo de una prolongada labor y a veces como fruto de investigaciones que duran siglos.

En el segundo nivel la contradicción entre la esencia y el fenómeno se presenta también bajo la forma de contradicción entre lo estable y lo inestable, entre lo que se halla en reposo y lo que se mueve, entre lo que permanece más o menos constante y lo que cambia rápidamente.

Una vez que ha sido descubierta la esencia, es decir, una vez operada la reducción de lo externo a lo interno, de la apariencia a la esencia, la tarea del conocimiento científico consiste en demostrar cómo y porqué la esencia aparece precisamente bajo determinada forma y no bajo otra; en este momento se transita dialécticamente a las categorías de causa y efecto.

El descubrimiento de la contradicción existente entre la esencia y la apariencia en el proceso cognoscitivo constituye, por tanto, un proceso complejo. Este proceso consiste en el movimiento del pensamiento de lo concreto a lo abstracto, al conocimiento de la esencia y estriba, a su vez, en un movimiento inverso: de ascenso de lo abstracto a lo concreto, de la esencia al fenómeno, es decir, de elevación hacia una comprensión más profunda de los fenómenos y de los procesos.

La práctica constituye el fundamento inmediato del conocimiento sensible, también se convierte en el criterio objetivo de la verdad.

La práctica es la fuente, la fuerza motriz del proceso del conocimiento, ella es justamente la que plantea a la ciencia nuevas tareas, a la par que exige el que se penetre cada vez más con mayor profundidad en la esencia de los fenómenos.

El proceso del conocimiento no puede detenerse en la superficie de los fenómenos, sino que debe siempre llegar a su esencia, penetrar en lo más profundo de los procesos, asimilar las leyes por las que se rige el desarrollo de la naturaleza y de la sociedad, ya que solo el conocimiento de la esencia, de los nexos internos de los hechos, permite orientarse en el medio que nos rodea, prever el resultado probable de nuestras acciones y determinar acertadamente el rumbo que han de seguir los procesos históricos.

Por esencia se entienden las relaciones internas, estables. La esencia, como el aspecto interno, es lo opuesto al aspecto externo, mutable de la realidad y conocido como fenómeno.

El conocimiento científico no puede quedarse en la apariencia percibida por la sensibilidad, tiene que moverse a la esencia de las cosas, porque en la esencia está la vedad de los procesos materiales.

La apariencia es contradictoria con la esencia y ambos aspectos contradictorios son inherentes a los objetos singulares.

La apariencia está relacionada con el conocimiento sensible, pero es necesario ir más allá, para avanzar y alcanzar el grado racional del conocimiento.

El no distinguir la apariencia de la esencia, conduce a graves errores, ya que frecuentemente, se toman datos e información proporcionada por la sensibilidad como si fueran verdades, cuando en realidad son falsedades.

La ciencia no es sentimiento, es racionalismo, es decir es pensamiento abstracto.

La discordancia entre  la esencia y apariencia fundamentan la necesidad de la ciencia y de la investigación científica.

2.1.2. Ley del tránsito recíproco de la cantidad en cualidad

La dialéctica de la cantidad y la cualidad está plasmada en la ley universal del tránsito recíproco de la cantidad y cualidad. La cantidad es la magnitud de la cualidad y no la afecta hasta cierto límite. La cualidad es idéntica al objeto. En consecuencia, si cambia la cualidad, cambia el objeto. La ley del tránsito recíproco, es una poderosa "herramienta" conceptual, que permite analizar a los procesos materiales y mentales en movimiento. Esta ley establece que los procesos materiales, se mueven gradualmente –cuantitativamente-, hasta un momento, en el que si se supera un rango –medida- se interrumpe violentamente la gradualidad, dando como resultado el surgimiento de una nueva cualidad que releva a la vieja cualidad.

En la esfera del pensamiento, es de gran utilidad para entender el movimiento del conocimiento, como una acumulación gradual de conocimientos, hasta llegar a un momento en el que si se rebasa un límite –medida- se produce un cambio brusco en el conocimiento –salto- dando origen así a una revolución científica.

El primero que ´descubrió la ley del tránsito recíproco de la cantidad y la cualidad fue Hegel (1807), quien la expuso, en el siguiente pasaje de su Fenomenología del espíritu.

“No es difícil darse cuenta, por lo demás, de que vivimos en tiempos de gestación y de transición hacia una nueva época. El espíritu ha roto con el mundo anterior de su ser allí y de su representación y se dispone a hundir eso en el pasado, entregándose a la tarea de su propia transformación. El espíritu, ciertamente, no permanece nunca quieto, sino que se halla siempre en movimiento incesantemente progresivo. Pero, así como en el niño, tras un largo período de silenciosa nutrición, el primer aliento rompe bruscamente la gradualidad del proceso puramente acumulativo en un salto cualitativo, y el niño nace, así también el espíritu que se forma va madurando lenta y silenciosamente hacia la nueva figura, va desprendiéndose de una partícula tras otra de la estructura de su mundo anterior y los estremecimientos de este mundo se anuncian solamente por medio de síntomas aislados; la frivolidad y el tedio que se apoderan de lo existente y el vago presentimiento de lo desconocido son los signos premonitorios de que algo otro se avecina. Estos paulatinos desprendimientos, que no alteran la fisonomía del todo, se ven bruscamente interrumpidos por la aurora que de repente ilumina como un rayo la imagen del mundo nuevo”.

Así pues, Hegel descubrió esta importante ley universal del pensamiento hace ya más de 200 años y la desarrolló en su obra cumbre: Ciencia de la lógica (1812-1812), en la primera parte, en la doctrina del ser. También ha sido validada por las ciencias naturales y sociales, particularmente por el desarrollo de la química, que puede definirse por excelencia como la ciencia de las transformaciones cualitativas de las sustancia, derivadas de la combinación de las proporciones cuantitativas exactas. A diferencia de la ley de la contradicción, que expresa la fuerza motriz que mueve a la materia; la ley del tránsito recíproco de la cantidad y la cualidad, concibe el movimiento de la materia, como la unidad contradictoria de los cambios cuantitativos y los cambios bruscos o repentinos, denominados “saltos”. Los “saltos” son cambios cualitativos revolucionarios, que se producen después de un prolongado proceso de acumulación gradual de cambios cuantitativos, que al rebasar el rango –medida- en la que se mueve la vieja cualidad, se produce la nueva cualidad que releva a la anterior. La ley del tránsito recíproco de la cantidad en cualidad, permite comprender el movimiento biológico como la la unidad contradictoria de evolución vs revolución de las especies vivas, ya que la vida como cualquier proceso del universo, es también contradictoria y no puede existir un contrario, sin su contra-parte.

2.1.3. Ley de la negación de la negación

También la ley de la negación de la negación fue descubierta por Hegel en la esfera del pensamiento –lógica- y expuesta en su Ciencia de la lógica (1812-1816), en la tercera parte de su magna obra: en la doctrina del concepto. De hecho, la estructura de su obra está basada en la doble negación: la doctrina del ser que constituye el punto de partida de su obra es negada por la doctrina de la esencia y ésta es negada por la doctrina del concepto, para retornar al punto de partida del ser abstracto, pero a un nivel muy superior. Específicamente la ley de la negación de la negación, está relacionada con el carácter cíclico de los procesos materiales y su fundamento radica en la ley de la contradicción, puesto, que hay que negar a los dos aspectos contradictorios para retornar al punto de partida.

Otro aspecto importante de la Ley de la negación de la negación, es que concibe el movimiento de la materia como el desarrollo de lo simple a lo complejo y de lo inferior a lo superior. Este rasgo es muy importante, sobre todo cuando se trata del movimiento biológico, en el que es muy evidente, el desarrollo desde sus formas más simples hasta las más complejas: desde los microorganismos más simples hasta los más complejo, como es la especie humana.

Las tres leyes de la dialéctica son de trascendental importancia, ya que por su carácter general, permiten orientar teórica y metodológica el proceso del conocimiento científico de los objetos de estudio. Sin embargo, son desconocidas en los medios académicos y científicos, circunstancia que ha provocado que nos movamos a "ciegas" en el complejo mundo de la ciencia. Si las hacemos conscientes, estaremos potenciando el desarrollo científico, ya que las leyes generales "iluminan" el "camino" de las ciencias particulares, puesto, que lo general está en lo particular y constituye su fundamento teórico y metodológico.

2.2. Uniformismo geológico

El paradigma del Uniformismo, contra-parte del catastrofismo inició con la publicación de Teoría de la Tierra de James Hutton en 1795. En esta obra se plantea por primera vez, que los procesos geológicos principales y más comunes: erosión de los suelos, su sedimentación y posteriormente su litificación, que se observan actualmente operando sobre la superficie terrestre, son los mismos que han actuado en el pasado, para modificar gradualmente el paisaje terrestre. Además, se trata de un proceso cíclico –ciclo de las rocas- que requiere millones de años para completarse.

Posteriormente Lyell, desarrolla más ampliamente el paradigma Uniformista y lo denomina actualismo, sintetizado en la siguiente frase: “el presente es la clave del pasado”. Es decir, que la clave está en entender el presente para explicar el pasado. Reafirma que los procesos geológicos que han ocurrido a lo largo de la historia han sido uniformes y semejantes a los actuales. El actualismo conlleva en la práctica, a la comparación de los estratos sedimentarios antiguos con los actuales. El Uniformismo se “coronó” con la publicación de los Principios de Geología de Lyell entre 1830 y 1833. Desde entonces, fue el paradigma dominante en la Geología relevando al paradigma anterior –catastrofismo-.

Con el Uniformismo, los procesos geológicos –erosión, sedimentación, litificación y vulcanismo, entre otros-, que operan sobre la superficie terrestre, se explican como resultado de prolongados períodos de acumulación de cambios graduales –evolutivos-. Como consecuencia, los procesos geológicos graduales, prácticamente eran imperceptibles a la sensibilidad y solo se deducían por medio del pensamiento abstracto. Esta situación era más evidente en la distribución espacial de los océanos y continentes, a tal grado que se consideraba inmutable, por consiguiente, carecía de movimiento y con ello de historia. Siempre había existido la misma distribución espacial -coexistencia- de continentes y océanos y en la misma proporción.

El Uniformismo como paradigma geológico prevaleció durante el siglo XIX y hasta principios del siglo XX.

A continuación se presentan los rasgos cualitativos que identifican el paradigma Uniformista.
Imagen 1. El Uniformismo geológico

Es en el Paradigma del Uniformismo en el que se educó Darwin, por consiguiente, no es casual que su Teoría de la Evolución considere solamente el aspecto evolutivo -gradual-, rechazando el salto -revolución- en la naturaleza, como el mismo lo plasma en su obra cumbre acerca del origen de las especies.


3. La evolución de los organismos vivos

La acumulación de conocimientos y evidencias empíricas acerca  de los organismos vivos, a mediados del siglo XIX produjeron un “salto”, en el desarrollo de la Biología como ciencia al afirmar la movilidad –evolución- de las especies biológicas, en contra-posición de la inmutabilidad que había perdurado por siglos.

3.1. Teoría de la evolución

Respecto a la evolución de las especies biológicas, existen infinidad de libros y artículos publicados, pero en este trabajo, solo se hace referencia a la magna obra de Darwin: Origen de las especies publicada en 1859, por ser la obra de gran trascendencia histórica, en la que expone su teoría de la evolución resultado de haber “introducido” la mutabilidad en el seno de las especies biológicas, produciendo, así,  toda una revolución teórica en la Biología.

Explica que hasta esa época reinaba la concepción de la inmutabilidad de las especies biológicas, derivada de la creencia en una breve temporalidad –edad- de la Tierra. En este sentido escribe: “Puede preguntarse por qué hasta hace poco casi todos los más eminentes naturalistas y geólogos que viven no creían en la mutabilidad de las especies. No puede afirmarse que seres orgánicos en estado de naturaleza no estén sometidos a variaciones; no puede probarse que el grado de variación en el curso de largas edades sea una cantidad limitada, no se ha trazado ni puede trazarse distinción clara entre especies y variedades bien marcadas. No se puede sostener que las especies cuando se entrecruzan sean invariablemente estériles, y las variedades siempre fecundas, sin que la esterilidad sea una cualidad especial y un signo de creación. La creencia de que las especies son producciones inmutables resultaba casi inevitable mientras se creyó que la historia del mundo era de breve duración; ahora que hemos adquirido alguna idea del tiempo transcurrido, nos inclinamos demasiado a creer sin pruebas que el registro geológico es tan perfecto que nos habría dado pruebas plenas de la mutación de las especies si éstas hubieran sufrido modificación”.

En el capítulo VII de su obra: Diversas objeciones a la Teoría de la Selección Natural, argumenta la defensa su teoría de la evolución gradual de las especies biológicas indicando que no existen “razones para dudar de que las especies naturales hayan cambiado tan bruscamente como lo han hecho a veces las razas domésticas y para no creer de ningún modo que hayan cambiado de la manera maravillosa indicada por Mr. Mivart, son las siguientes: Según nuestra experiencia, variaciones bruscas y fuertemente marcadas ocurren en nuestras producciones domésticas singularmente y con intervalos más bien largos. Si ocurrieran tales variaciones en estado natural estarían expuestas, como ya dijimos, a perderse por causas accidentales de destrucción y por los entrecruzamientos subsiguientes, y se sabe que así ocurre en la domesticidad, a menos que las variaciones bruscas de esa clase sean especialmente preservadas y separadas por el cuidado del hombre. Por lo tanto, para que aparezca súbitamente una especie nueva del modo supuesto por Mr. Mivart es casi necesario creer, en oposición a toda analogía, que varios ejemplares maravillosamente cambiados aparecieron súbitamente dentro de la misma región. Esta dificultad, como en el caso de la selección inconsciente por el hombre, es evitada con la teoría de la evolución gradual, por la preservación de gran número de individuos que variaran más o menos en algún sentido favorable y la destrucción de un número mayor, que variaran en sentido opuesto”.

Es evidente que acepta los cambios súbitos solo en las especies biológicas domesticadas por el hombre, pero los niega en las en las especies biológicas naturales.

Más adelante, sigue argumentando la evolución paulatina y negando los cambios bruscos de las especies biológicas en los siguientes términos: “De que muchas especies han evolucionado de manera extremadamente gradual apenas puede caber duda. Las especies y aun los géneros de muchas grandes familias naturales están relacionadas tan estrechamente que no pocos de ellos son difíciles de distinguir…Resulta evidente que multitud de especies están relacionadas de la manera más estrecha a otras especies que existen todavía o han existido hace poco; y difícilmente se sostendrá que tales especies se han desarrollado de una manera abrupta o repentina. Tampoco debe olvidarse, cuando miramos las partes especiales de especies relacionadas en lugar de mirar las especies distintas, que pueden seguirse grados intermedios numerosos y maravillosamente finos que unen entre sí estructuras ampliamente separadas”.

En el capítulo VIII de su obra, en el que habla del instinto de los animales, destaca, la esencia de la Teoría de la Evolución: “el hecho de que los instintos no son siempre completamente perfectos y están sujetos a errores; de que no puede demostrarse que ningún instinto haya sido producido para bien de otros animales, aun cuando algunos obtengan provecho del instinto de otros; de que la regla de la historia natural Natura non facit saltum (la naturaleza no da saltos) es aplicable a los instintos lo mismo que la estructura corporal, y se explica claramente según las teorías precedentes, pero es inexplicable de otro modo, tiende todo ello a confirmar la teoría de la selección natural”.

No cabe duda que el paradigma geológico que inspiró la teoría de la evolución de Darwin, fue el Uniformismo, el cual considera que los procesos geológicos y biológicos, son resultado de una prolongada acumulación de cambios graduales, por consiguiente, requieren de períodos de tiempo muy grandes. El fundador fue James Hutton a fines del siglo XVIII y posteriormente desarrollado por Charles Lyell en la primera mitad del siglo XIX.

Es el Uniformismo geológico, el que Darwin aplica al movimiento biológico y lo transforma en teoría de la evolución de las especies, tal como lo confirma la cita siguiente, contenida en el capítulo XI de su obra citada, en el que describe la sucesión geológica de los seres vivos en el sentido de que el “aumento gradual en el número de especies de un grupo está estrictamente de acuerdo con la teoría, porque las especies del mismo género, y los géneros de la misma familia, pueden aumentar solo lenta y progresivamente, ya que la modificación y la producción de cierto número de formas relacionadas es necesariamente un proceso lento y gradual, en el que una especie origina primero dos o tres variedades, estas se convierten poco a poco en especies que a su vez producen por pasos igualmente lentos otras variedades y especies, y así sucesivamente, como la ramificación de un árbol grande a partir de un solo tronco, hasta que el grupo se vuelve grande”.

En el capítulo XIV, relacionado con la clasificación, Darwin refiriéndose al desarrollo y embriología de los insectos, continúa argumentado el Uniformismo biológico, al escribir: “Las metamorfosis de los insectos, con las que todos están familiarizados, se efectúan por lo general abruptamente en pocas etapas; pero las transformaciones en realidad son numerosas y graduales aunque ocultas. Que el registro geológico es imperfecto lo admitirán todos; pero que es imperfecto hasta tal punto en que lo requiere nuestra teoría, pocos se inclinarán a admitirlo. Si buscamos intervalos de tiempo lo bastante largos, la geología nos dice claramente que todas las especies han cambiado, y han cambiado del modo requerido por la teoría, porque han cambiado lentamente y de un modo gradual. Esto lo vemos claramente en que los restos fósiles de las formaciones consecutivas siempre están mucho más relacionados entre sí que los fósiles de formaciones bien separadas”.

Arzuaga (2009), opina que con el Origen [de las especies], Darwin se había convertido en el Lyell de la Biología, igualando en prestigio a su maestro, ya que la revolución que supuso su libro fue considerado por sus contemporáneos equivalente a los Principios [de geología] de Lyell. Cuando el Origen [de las especies] alcanzaba su mayoría de edad, veintiún años después de publicarse, Thomas Huxley hacía esta valoración con suficiente perspectiva de lo que había significado el libro:

“La doctrina de la evolución en Biología es la consecuencia necesaria de la aplicación lógica de los principios del Uniformismo a los fenómenos de la vida. Darwin es el sucesor natural de Hutton y de Lyell, y el origen de las especies la continuación lógica de los Principios de geología”.

3.2. Teoría de la selección natural

La Teoría de la selección natural la tomó prestada de Robert Malthus, expuesta en su obra: Ensayo sobre la población, editada en 1798. Esta obra tuvo como eje el crecimiento geométrico o exponencial de la población inglesa, en comparación con el aumento aritmético de los medios de subsistencia, desequilibrio que generaría una catástrofe demográfica, debido a la competencia por los recursos alimentarios insuficientes, lo que conduciría a la sobre-vivencia de los más aptos. Este principio demográfico maltusiano ni siquiera en Inglaterra se hizo realidad, pero lo más grave, es que Darwin lo trasladó mecánicamente de la sociedad humana al resto de los seres vivos, para explicar su teoría de la evolución. El supuesto de la Teoría de la selección natural se basa en una sobre-población de especies biológicas que en su lucha por la existencia, solo las especies más aptas sobreviven y el resto desaparece.


4. Discusión

La doctrina de la evolución es producto del contexto histórico en el que fue formulada, caracterizado por el predominio del Paradigma Uniformista en la geología, paradigma que concebía los procesos naturales como resultado de eventos graduales de larga duración. Este paradigma trasladado a la Biología se convirtió en la Teoría de la Evolución. Esta no está a discusión, las evidencias geológicas y paleontológicas, así como las evidencias recopiladas por el propio Darwin en su prolongado y extenso viaje realizado por el Mundo (1831-1836), confirman la Teoría de la Evolución. La polémica está en la causa de la evolución. Darwin la explicó, a través de la selección natural, por analogía a lo que sucede en la sociedad, deducida de la obra de Robert Malthus: Ensayo sobre la población (1798), en la que planteaba que la población aumenta a mayor ritmo que los medios de subsistencia, razón por la cual se produce una lucha por la existencia en la que sobrevive el más apto. Esto es válido en el seno de la sociedad humana y era evidente en la Inglaterra de mediados del siglo XIX, pero trasladarlo mecánicamente al interior del resto de las especies biológicas, cualitativamente diferentes a la especie humana, es un craso error. Las evidencias geológicas y paleontológicas prueban que han existido varias extinciones masivas –Precámbrico superior, Pérmico, Cretácico y otras  de menor magnitud- y no se han producido por la lucha por la existencia, sino que más bien tienen su explicación más probable en factores ambientales, tales como:

a). Tectónica de placas. La tectónica de placas es el movimiento  de las placas litosféricas, que se mueven por la energía interna proveniente del interior de la Tierra y en su interacción generan la formación de súper continentes con sus correspondientes mega océanos, alteran radicalmente el clima y con este los organismos vivos, los cuales están adaptados al clima, ya que al parecer los súper océanos y mega continentes están asociados a climas continentales fríos y secos, debido a que las corrientes marinas cálidas son bloqueadas en su movimiento al interior de los continentes para aportar energía calorífica. Cuando los súper continentes se fragmentan, también el clima se modifica; ahora las corrientes marinas cálidas, se mueven más en contacto con pequeños continentes, por lo que aportan calor y humedad a los mini-continentes, condicionando la presencia de climas más cálidos y húmedos. Los ciclos mega continentes-súper océanos al parecer ocurren en ciclos de cada 500 millones de años. En este sentido no es casual, que la primera glaciación que se registra en la historia del clima haya ocurrido hace aproximadamente 2000 millones de años, cuando al parecer coincide con la presencia de un mega-continente. Lo mismo ocurrió hace aproximadamente 700 millones de años, cuando la Tierra se cubrió al parecer globalmente de hielo. Pero la tectónica de placas, no solamente genera mega-continentes y súper-océanos, también en su interacción produce la formación de cordilleras, las cuales modifican la trayectoria de los vientos y con ello el clima, como sucedió hace 45 millones de años, cuando se aparecieron Los Himalayas y con esto el surgimiento de los monzones asiáticos de verano –húmedos- e invierno –secos-. Además, la tectónica de placas está asociada a la formación de volcanes. Estos han desempeñado un papel fundamental en los ciclos del agua y el bióxido de carbono, y tal vez han sido cruciales en el rescate de la Tierra en las glaciaciones globales que han ocurrido, debido al efecto invernadero producido por dichos gases.

b). Biósfera. La vida, es el resultado del movimiento de la materia inorgánica a la materia viva, tal como se deduce de la Ley del tránsito recíproco de la cantidad a la cualidad. En este sentido, la vida es un “salto” cualitativo, producto de un prolongado proceso de cambios cuantitativos graduales de la materia inorgánica, hasta llegar a un momento en el que se rebasa el límite en que se mueve la materia inerte y aparece una nueva cualidad: la vida. Las evidencias paleontológicas y geológicas, evidencian que la vida apareció en forma generalizada hace 3500 millones de años. Las formas de vida primitivas, tuvieron como base un metabolismo, primero heterótrofo y  anaeróbico, posteriormente cuando se agotó la materia orgánica, apareció un metabolismo quimio-autótrofo y anaeróbico, pero al consumirse las sustancias inorgánicas como fuentes de nutrición quimio-autótrofa, surgió la fotosíntesis hace 2400 millones de años, proceso biológico que utiliza la energía visible del Sol para combinar en los cloroplastos de la cianobacterias el bióxido de carbono aportado por la atmósfera y el agua, para producir carbohidratos –alimento y fuente de energía- y la liberación a la atmósfera de oxígeno. Este, inicialmente oxidó a los metales de los océanos y de la corteza terrestre y tal vez hace 2000 millones de años se liberó a la atmósfera. Dada la intensa reactividad química del oxígeno, probablemente oxidó al metano emitido al aire por los volcanes y por la respiración anaeróbica de los microorganismos, además, por el proceso de fotosíntesis redujo la cantidad de bióxido de carbono, procesos que probablemente contribuyeron a la primera glaciación registrada hace 2000 millones de años, dado que ambos gases son de efecto invernadero.

c). Factores cósmicos. El Sol y su familia de planetas se mueven alrededor de la Vía Láctea y tardan 226 millones de años en completar la órbita, a una velocidad de 217 kilómetros/segundo. En su trayectoria pasa por  lugares muy densos de materia –cometas, meteoritos, asteroides, etc.-, al parecer cada treinta millones de años, períodos en los que existe mayor probabilidad de colisión ´con objetos cósmicos, tal vez eso fue lo que sucedió hace 65 millones de años cuando un meteorito de 10 kilómetros de diámetro impacto sobre la Tierra y extinguió a los dinosaurios.

En la siguiente imagen se muestra el movimiento del Sol y su familia de planetas alrededor de la Vía Láctea.

Imagen 2. Órbita del Sol y su familia alrededor de la Vía Láctea

Relacionados con los factores cósmicos están los factores astronómicos, entre los que destacan la órbita de la Tierra alrededor del Sol, la cual varía de elíptica a circular por lo menos cada 100,000 años. El cambio cíclico de la órbita implica cambios climáticos, ya que en una órbita elíptica como la actual, por la geometría de la elipse, hay épocas en las que la Tierra está más cerca del Sol y recibe más energía y también hay períodos en los está más lejos del Sol en los que recibe menor energía. Estos acercamientos y alejamientos provocan cambios climáticos que afectan el desarrollo de los organismos vivos. También, la inclinación del eje terrestre respecto al plano de la eclíptica cambia cada 41,000 años, de 21.5 – menor energía- a 24.5 ° -mayor energía-,  impactando en el clima. Además, está la precesión que se repite cada 22,000 años y consiste en el "cabeceo" que se produce por la rotación de la Tierra, lo que implica que en algunos períodos esté más orientada hacia el Sol y en otros no. Los tres factores astronómicos se combinan para generar cambios climáticos, al parecer son los que están detrás de las últimas edades del hielo.

En la imagen que sigue se observan los factores astronómicos estudiados por el astrónomo Milankovitch.
Imagen 3. Ciclos astronómicos de Milankovitch


Así pues, al parecer son los factores cósmicos, astronómicos y ambientales, los que más han contribuido a la extinción repentina de las especies biológicas y no tanto la competencia y la sobre-vivencia derivada de la selección natural, como lo plantea Darwin. Pero, las extinciones han sido "masivas" solo para las especies adaptadas al ambiente, porque deben haber existido otras especies vivas que no habían alcanzado su clímax y son las que sobrevivieron a las extinciones y las relevaron, ya las nuevas especies biológicas no pudieron haberse originado de la nada.


5. Conclusiones

Las contradicciones internas son las que mueven a la materia. En el caso de la materia viva, es la contradicción anabolismo vs catabolismo, inherente al metabolismo la que mueve a la vida. Si la contradicción cesa el organismo vivo muere.

El conocimiento biológico confirma un principio universal de todas las ciencias: se mueve de la apariencia -inmutabilidad o inmovilidad- de las especies vivas a la esencia -evolución o movilidad- de los organismos vivos. Es la contradicción entre apariencia y esencia, la que mueve al conocimiento científico.

La evolución es una propiedad general de los seres vivos que no está a discusión y se deduce de la ley universal del tránsito recíproco de la cantidad a la cualidad, que opera en toda la materia del universo, además, las evidencias empíricas aportadas por la paleontología y la geología la confirman. El mismo Darwin aportó muchas evidencias recopiladas en su extenso y prolongado viaje por el Mundo de 1831 a 1836.

El movimiento en general es la unidad de la cantidad y la cualidad; es decir, se trata de un proceso contradictorio inseparable, que trasladado al movimiento biológico, se traduce como la unidad contradictoria indisoluble entre evolución y revolución ya que un contrario no puede existir sin su contra-parte. En este sentido la teoría de la evolución darwinista es unilateral, ya que se reduce a un aspecto del desarrollo biológico: la evolución. En realidad las evidencias geológicas y paleontológicas, confirman los cambios repentinos, que separan las distintas eras y períodos geológicos y, son resultado de la acumulación gradual de cambios evolutivos, que culminan en saltos bruscos o revolucionarios; por consiguiente, el movimiento biológico es la unidad contradictoria entre evolución vs revolución.

Las evidencia geológicas y paleontológicas, confirman que el movimiento biológico, no solo es evolutivo, sino también revolucionario. En este sentido, es importante plantear el desarrollo biológico, como una teoría integral, que engloba tanto a la evolución como a la revolución  de las especies vivas, ya que toda especie nueva, es una revolución biológica, resultado de la acumulación gradual de cambios evolutivos que culminan con una nueva cualidad. Así pues, el movimiento -desarrollo- biológico es la sucesión contradictoria de la evolución y la revolución de los organismos vivos.

El movimiento de la materia en general y el movimiento biológico en particular no son lineales, en realidad, tienen un carácter cíclico derivado de su carácter contradictorio. Tiene que producirse la doble negación, para retornar al punto de partida, pero a un nivel superior. La diferencia es temporal: la materia inorgánica la duración tarda miles y hasta millones de años en completar sus ciclos, tal como sucede con las estrellas, planetas, rocas, etc.; en cambio la materia viva, sus ciclos tienen menor duración. Además, el carácter cíclico del movimiento de la materia implica, que el desarrollo de la materia y en particular los organismos vivos, se mueve de lo simple a lo complejo y de lo inferior a lo superior.

La doctrina de la evolución es producto del contexto histórico en el que fue formulada, caracterizado por el predominio del paradigma Uniformista en la geología, paradigma que concebía los procesos naturales como resultado de eventos graduales de larga duración. Este paradigma trasladado a la Biología se convirtió en la Teoría de la Evolución. La polémica está en la causa de la evolución. Darwin la explicó, a través de la selección natural, por analogía a lo que sucede en la sociedad deducida de la obra de Robert Malthus: Ensayo sobre la población (1798), en la que planteaba que la población aumenta a mayor ritmo que los medios de subsistencia, razón por la cual se produce una lucha por la existencia en la que sobrevive el más apto.

Las extinciones masivas y las de menor extensión y duración que se han presentado en la historia de la Tierra, todas han tenido como causas más probables la interacción con factores cósmicos -cometas, asteroides, meteoritos-, tectónica de placas -súper continentes, mega océanos y vulcanismo-, biológicos -fotosíntesis y astronómicos -ciclos de Milankovitch-; más que con la lucha por la existencia como lo considera la Teoría de la selección natural.


6. Bibliografía

Afanasiev V. 1990. Fundamentos de filosofía. Editores Unidos. México, D.F.

Arzuaga Juan Luis. 2009. El reloj de Mr. Darwin. Ediciones Temas de hoy. Madrid, España.

Darwin Carlos. 1859. El origen de las especies. Editorial Porrúa. Novena Edición (2004). México, D.F.

Hegel Federico. 1807. Fenomenología del espíritu. Fondo de Cultura Económica (1994). México, D.F.

Hegel Federico. 1812-1816. Ciencia de la Lógica. Ediciones Solar S.A. (1968). Buenos Aires, Argentina.


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