viernes, 28 de diciembre de 2018

IMPORTANCIA DE LA PRÁCTICA EN EL ORIGEN Y DESARROLLO DE LA CONCIENCIA

IMPORTANCIA DE LA PRÁCTICA EN EL ORIGEN Y DESARROLLO DE LA CONCIENCIA
Valentín Vásquez
San Andrés Ixtlahuaca, Oaxaca, México
valeitvo@yahoo.com.mx

Introducción

La practica es una actividad social orientada a la transformación de la naturaleza y de la sociedad que condicionó el origen y el desarrollo de la conciencia. Ambos son temas de carácter filosófico, por consiguiente, se tiene que partir de la solución correcta del problema fundamental de la filosofía: la relación y el carácter primario-secundario entre el ser (materia) y la conciencia. Este problema apareció desde el origen de la filosofía en la antigüedad griega hace por los menos 500 años antes de Cristo y desde entonces surgieron las dos tendencias filosóficas fundamentales que han permeado la historia de la humanidad desde la antigüedad: el idealismo vs materialismo. El idealismo representado principalmente por Parménides y Platón en la antigüedad griega, consideraba a la conciencia (idea o espíritu) en forma independiente del ser (materia) y como su creadora, es decir, se trata de la idea religiosa de que el mundo material fue creado por un ser sobre-natural (Dios). Por el contrario, el materialismo, representado en la antigüedad griega por Leucipo, Demócrito y Epicuro, así como por Tito Lucrecio Caro en Roma, consideraba que el ser (materia) formado por átomos en su desarrollo condiciona a la conciencia humana. Mucho tiempo después Marx y Engels, a mediados del siglo XIX invirtieron el idealismo dialéctico hegeliano, junto con la generalización de los descubrimientos científicos más importantes: Teoría celular (1837-1838), Ley de la conservación y transformación de la energía (1843) y la Teoría de la evolución (1859), y lo convirtieron en materialismo dialéctico, que concibe el movimiento material como primario y a la conciencia como secundaria o derivada.

Antes de pensar el hombre primitivo primero tuvo que alimentarse y pasar por una serie de peldaños de desarrollo, en los que los instrumentos de trabajo rudimentarios utilizados para apropiarse directamente de lo que la naturaleza proporcionaba, a través de la recolección de productos vegetales y caza de animales salvajes, situación que perduró por lo menos unos dos millones de años: desde el hombre paleolítico hasta el Homo sapiens (hombre de Cro-Magnon) hace unos 35 000 años, período en el que las tribus nómadas dedicaban todo el tiempo para proveerse de los alimentos vegetales y animales para su sobre-vivencia y ni siquiera tenían tiempo de reflexionar.

Los antecesores del hombre de Cro-Magnon: el Homo habilis y el Homo erectus solo habían desarrollado un lenguaje inarticulado y básicamente se comunicaban con movimientos corporales, principalmente las manos. El lenguaje articulado apareció sólo con el Homo sapiens y fue resultado de la necesidad de comunicarse durante el proceso laboral práctico ejecutado con herramientas de trabajo más perfeccionadas, que aumentaron las disponibilidad de alimentos y un tiempo “libre” mínimo para que algunos miembros de las tribus desarrollaran el arte que por definición es el reflejo de lo abstracto en imágenes concretas (pinturas rupestres).

La experiencia práctica acumulada durante el largo período paleolítico preparó las condiciones para el mejoramiento de los instrumentos de trabajo he hicieron posible el cultivo de plantas (agricultura) y domesticación de animales (ganadería), actividades que representaron una verdadera revolución tecno-productiva (revolución neolítica) que con su mayor productividad cubrió las necesidades básicas de los miembros de las comunidades y, además, produjo un excedente que se intercambió inicialmente entre comunidades vecinas y posteriormente en el interior de las propias comunidades, generando así las condiciones necesarias para el surgimiento de la sociedad esclavista: propiedad privada de la tierra y el ganado, así como de la mano de obra de los trabajadores esclavos.

Con la aparición del esclavismo también apareció la división del trabajo en intelectual y físico. El primero fue desarrollado por los ideólogos de la clase esclavista y el segundo por el esclavo. El primero fue fundamental para el surgimiento de la filosofía y las ciencias particulares todavía muy incipientes y el segundo fue crucial para generar el trabajo excedente para la clase esclavista.

El desarrollo cuantitativo y cualitativo de las ciencias particulares de más de 2000 años con sus descubrimientos, en el que la práctica ha sido decisiva, dan la razón a la filosofía materialista en la solución correcta del problema fundamental de la filosofía: el ser (materia) es lo primario, la conciencia es lo secundario, no existe ningún ser sobre-natural (Dios) creador del mundo material, es la materia en movimiento y después de 4 500 millones de historia de la Tierra, apareció la especie humana portadora de un cerebro muy desarrollado sustrato de la conciencia en general y de la ciencia en particular, 

Así pues, la práctica ha sido crucial para la existencia humana y para el origen de su conciencia en general y de las ciencias en particular.


1. Idealismo vs Materialismo

1.1. Idealismo

Hegel en sus obras: Fenomenología del espíritu (1807), Ciencia de la lógica (1812-1816) y Enciclopedia de las ciencias filosóficas (1817), desarrolla el Idealismo en su máxima expresión abstracta y especulativa, del que Marx en sus Manuscritos económico-filosóficos (1844) afirma lo siguiente:

"El sentimiento místico que empuja a los filósofos del pensamiento abstracto a la intuición [sensibilidad] es el hastío, la nostalgia de un contenido".

Las ideas no pueden conducir más allá de las ideas del antiguo estado de cosas. De hecho, las ideas no pueden realizar nada. Para realizar las ideas, se necesitan hombres que ponen en juego una fuerza práctica, expuso Marx y Engels en la Sagrada familia (1845). En el mismo año Marx ya había estudiado a Feuerbach, quien había combatido el idealismo hegeliano al exponer que fuera de la naturaleza no hay nada y el hombre es parte de la misma y se desarrolla por sí misma, sin necesidad de fuerzas sobre-naturales. Rechaza la tesis hegeliana que concibe a la naturaleza como el “ser otro del espíritu”. Filosóficamente procedía de los materialistas de los siglos XVII (Spinoza) y XVIII (enciclopedistas franceses). Por eso dice que su primer pensamiento fue Dios (Dios o Naturaleza de Spinoza), luego la razón creadora de la realidad (Hegel) y finalmente el hombre (materialismo antropológico). Particularmente concibe el panteísmo de Spinoza como materialismo teológico; al idealismo hegeliano, particularmente su lógica, la caracteriza como Teología (Metafísica) racionalizada y de los enciclopedistas franceses recupera su concepción materialista de la naturaleza y el hombre.

Después de rechazar la tesis idealista de la prioridad del espíritu respecto de la materia, propone una solución materialista al problema fundamental de la filosofía: “La relación real entre el pensamiento y el ser, es esta: el ser es el sujeto, el pensamiento, el predicado”.

Feuerbach demuestra irrebatiblemente la afinidad del idealismo y la religión. La fuente lógica del Idealismo, lo mismo que de la religión, la ve en la separación del pensamiento respecto del ser sensible y concreto. El Idealismo se vale artificialmente del proceso de abstracción, que genera conceptos generales y los separa de sus fundamentos materiales sensibles, convirtiéndolos en esencias con vida propia e independiente. Tanto el idealismo como la religión consideran lo abstracto, lo no sensible, lo inmaterial, como lo primario, es decir, lo espiritual crea lo concreto sensible. Afirma que la tesis de la naturaleza como el “ser otro del espíritu”, no es más que la creación de la naturaleza por Dios. La doctrina de Hegel es la transformación de la historia de la Teología en un proceso lógico. La filosofía hegeliana es el último refugio y apoyo de la Teología; es el espíritu absoluto en el espíritu de la Teología que se extingue. La filosofía de Hegel es el último intento de restablecer el cristianismo moribundo. Así pues, tuvo el mérito de haber rescatado el materialismo en medio de una “embriaguez” especulativa del hegelianismo.

A pesar del progreso del materialismo antropológico de Feuerbach, no dejó de ser metafísico, contemplativo e idealista en la concepción de la vida social, como lo expuso Marx (1845) en algunas de sus Once Tesis sobre Feuerbach en las que destaca la relevancia de la práctica en el proceso del conocimiento científico:

1.- "El defecto fundamental de todo el materialismo anterior, es que solo concibe las cosas, la realidad, la sensoriedad, bajo la forma de objeto o de contemplación, pero no como actividad sensorial humana, no como práctica, no de un modo subjetivo. De aquí que el lado activo fuese desarrollado por el idealismo, por oposición al materialismo, naturalmente, no conoce la actividad real, sensorial, como tal. Feuerbach quiere objetos sensoriales, realmente distintos de los objetos conceptuales; pero tampoco el concibe la propia actividad humana como una actividad objetiva. Por eso, en La Esencia del Cristianismo (1840-1841) solo considera la actitud teórica [contemplativa] como la auténticamente humana, mientras que concibe y fija la práctica solo en su forma suciamente judaica de manifestarse. Por tanto, no comprende la importancia de la actuación revolucionaria, práctico–crítica".

2.- "El problema de si al pensamiento humano se le puede atribuir una verdad objetiva, no es un problema teórico, sino un problema práctico. Es en la práctica donde el hombre tiene que demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poderío, la terrenalidad de su pensamiento. El litigio sobre la realidad o irrealidad de un pensamiento que se aísla de la práctica, es un problema puramente escolástico".

3.- "La teoría materialista de que los hombres son producto de las circunstancias y de la educación, y de que, por tanto, los hombres modificados son producto de circunstancias distintas y de una educación modificada, olvida que son los hombres, precisamente, los que hacen que cambien las circunstancias y que el propio educado necesita ser educado. Conduce, pues, forzosamente, a la división de la sociedad en dos partes, una de las cuales está por encima de la sociedad".

4.- "La coincidencia de la modificación de las circunstancias y de la actividad humana solo puede concebirse y entenderse racionalmente como práctica revolucionaria".

5.- "Feuerbach, no contento con el pensamiento abstracto, apela a la contemplación sensorial; pero no concibe la sensoriedad como una actividad sensorial humana práctica".

6. "Feuerbach diluye la esencia religiosa en la esencia humana. Pero la esencia humana no es algo abstracto inherente a cada individuo. Es, en su realidad, el conjunto de las relaciones sociales".

8.- "La vida social es, en esencia, práctica. Todos los misterios que descarrían la  teoría hacia el misticismo, encuentra su solución racional en la práctica humana y en la comprensión de ésta práctica".

9.- "A lo que más llega el materialismo contemplativo, es decir, el materialismo que no concibe la sensoriedad como actividad práctica, es a contemplar a los distintos individuos dentro de la “sociedad civil”.

11.- "Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo.

Desde Descartes hasta Hegel y desde Hobbes hasta Feuerbach, los filósofos no avanzaban impulsados solamente, como ellos creían, con la fuerza del pensamiento puro. Al contrario. Lo que en la realidad les impulsaba eran, precisamente, los progresos prácticos formidables de las Ciencias Naturales y de la industria. En los filósofos materialistas, esta influencia afloraba a la superficie, pero también los sistemas idealistas fueron llenándose más y más de contenido materialista  y se esforzaron por conciliar panteísticamente la antítesis entre el espíritu y la materia; hasta que, por último, el sistema de Hegel ya no representaba por su método y su contenido más que un materialismo puesto al revés.

La trayectoria de Feuerbach es la de un hegeliano que marcha hacia el materialismo; trayectoria que, al llegar a una determinada fase, supone una ruptura total con el sistema idealista de su predecesor. Por fin le gana con fuerza irresistible la convicción de que la existencia de la idea absoluta anterior al mundo material, que preconiza Hegel, la preexistencia de las categorías lógicas antes que hubiese un mundo, no es más que un residuo de la Fe en un creador ultramundano; de que el mundo material y perceptible por los sentidos, del que formamos parte también los hombres, es lo único real y de que nuestra conciencia y nuestro pensamiento, por muy supra-sensibles que parezcan, son el producto de un órgano material, físico: el cerebro. La materia no es un producto del espíritu: el espíritu mismo no es más que el producto supremo de la materia. Esto es, naturalmente, materialismo puro. Al llegar aquí, Feuerbach se atasca.  No acierta a sobreponerse al prejuicio rutinario, filosófico, no contra la cosa, sino contra el nombre de materialismo.

1.2. Materialismo dialéctico

Pero el paso que Feuerbach no dio, había que darlo, había que sustituir el culto del hombre abstracto, médula de la nueva religión feuerbachiana, por la ciencia del hombre real y de su desenvolvimiento histórico. Este desarrollo de las posiciones feuerbachianas, superando a Feuerbach, fue iniciado por Marx en 1845, con la Sagrada Familia.

De la descomposición de la escuela hegeliana brotó además otra corriente, la única que ha dado verdaderos frutos, y esta corriente va asociada primordialmente al nombre de Marx. También esta corriente se separó de la filosofía hegeliana replegándose sobre las posiciones materialistas. Es decir, decidiéndose a concebir el mundo real tal como se presenta a cualquiera que lo mire sin quimeras idealistas que no concordasen con los hechos, enfocados en su propia concatenación y no en una concatenación imaginaria. Y esto, y sólo esto, es lo que se llama materialismo.

Engels (1886) dijo que en Hegel, la dialéctica es el auto desarrollo del concepto. El concepto absoluto no solo existe desde toda una eternidad, sino que es, además, la verdadera alma viva de todo el mundo existente. El concepto absoluto se desarrolla hasta llegar a ser lo que es, a través de todas las etapas preliminares que se estudian por extenso en la Lógica y que se contienen todas en dicho concepto; luego, se enajena al convertirse en la naturaleza, donde, sin la conciencia de sí, disfrazado de necesidad natural, atraviesa por un nuevo desarrollo, hasta que, por último, recobra en el hombre la conciencia de sí mismo; en la historia, esta conciencia vuelve a elaborarse a partir de su estado tosco y primitivo, hasta que por fin el concepto absoluto recobra de nuevo su completa personalidad en la filosofía hegeliana. Como vemos en Hegel, el desarrollo dialéctico que se revela en la naturaleza y la historia, es decir, la concatenación causal del progreso que va de lo inferior a lo superior, y que se impone a través de todos los zigzags y retrocesos momentáneos, no es más que un cliché del auto movimiento del concepto; auto movimiento que existe y se desarrolla desde toda una eternidad, no se sabe dónde, pero desde luego con independencia de todo cerebro humano pensante. Esta inversión idealista era la que había de eliminar. Nosotros retornamos a las posiciones materialistas y volvimos a ver en los conceptos de nuestro cerebro las imágenes de los objetos reales, en vez de considerar a estos como imágenes de tal o cual fase del concepto absoluto. Con esto, la dialéctica quedaba reducida a la ciencia de las leyes generales del movimiento, tanto el del mundo exterior como el del pensamiento humano: dos series de leyes idénticas en cuanto a la esencia, pero distintas en cuanto a la expresión, en el sentido de que el cerebro humano puede aplicarlas conscientemente, mientras que en la naturaleza, y hasta hoy también, en gran parte, en la historia humana, estas leyes se abren paso de un modo inconsciente, bajo la forma de una necesidad exterior, en medio de una serie infinita de casualidades. Pero, con esto, la propia dialéctica del concepto se convertía simplemente en el reflejo consciente del movimiento dialéctico del mundo real, lo que equivalía a poner la dialéctica hegeliana cabeza abajo; o mejor dicho, a invertir la dialéctica que estaba cabeza abajo, poniéndola de pie. Con esto volvía a ponerse en pie el lado revolucionario de la filosofía hegeliana y se limpiaba al mismo tiempo de la costra idealista que en Hegel impedía su consecuente aplicación. La gran idea cardinal de que el mundo no puede concebirse como un conjunto de objetos terminados, sino como un conjunto de procesos, en el que las cosas que parecen estables, al igual que sus reflejos mentales, en nuestras cabezas, los conceptos, pasan por una serie ininterrumpida, por un proceso de génesis y caducidad a través de los cuales, pese a todo su aparente carácter fortuito y a todos los retrocesos momentáneos, se acaba imponiendo siempre una trayectoria progresiva; esta gran idea cardinal se halla ya tan arraigada, sobre todo desde Hegel, en la conciencia habitual, que, expuesta, así, en términos generales, apenas encuentra oposición. Pero una cosa es reconocerla de palabra y otra es aplicarla a la realidad en cada caso concreto, en todos los campos sometidos a investigación. Si en nuestras investigaciones nos colocamos siempre en este punto de vista, daremos al traste de una vez para siempre con el postulado de soluciones definitivas y verdades eternas; tendremos en todo momento la conciencia de que todos los resultados que obtengamos serán forzosamente limitados y se hallarán condicionados por las circunstancias en las cuales los obtenemos; pero ya no nos infundirán respeto esas antítesis irreductibles para la vieja metafísica todavía en boga: de lo verdadero y lo falso, lo bueno y lo malo, lo idéntico y lo distinto, lo necesario y lo fortuito, sabemos que estas antítesis solo tienen un valor relativo, que lo que hoy reputamos como verdadero encierra también un lado falso, ahora oculto, pero que saldrá a la luz más tarde, del mismo que lo que ahora reconocemos como falso guarda su lado verdadero, gracias al cual fue acatado como verdadero anteriormente; que lo que se afirma necesario se compone de toda una serie de meras casualidades  y que lo que se cree fortuito no es más que la forma detrás de la cual se esconde la necesidad, y así sucesivamente.

Lenin en Materialismo y empiriocriticismo (1908) profundizó la concepción de las categorías fundamentales de la dialéctica materialista: materia y formas de su movimiento, espacio y tiempo, causalidad, libertad y necesidad, posibilidad y realidad, forma y contenido, etc. Lenin impulsó la concepción de la Ley de la unidad y lucha de los contrarios como ley fundamental del mundo objetivo y del conocimiento, como esencia y núcleo de la dialéctica, formulando proposiciones esenciales sobre las dos concepciones del desarrollo: desarrollo como disminución y aumento, como repetición y desarrollo como unidad de contrarios, de desdoblamiento de lo único en contrarios que se excluyen recíprocamente y se hallan en interacción. En 1914, en sus Cuadernos filosóficos sintetizó el proceso del conocimiento al enunciar que se mueve de la contemplación viva (práctica) al pensamiento abstracto y de éste a la práctica; que la conciencia del hombre es activa, pues no se limita a reflejar el mundo, sino dentro de la práctica humana participa en su transformación revolucionaria. Formuló la teoría de la verdad objetiva, relativa y absoluta, y señaló su ínter-vinculación dialéctica. El punto central en la doctrina de Lenin sobre la verdad lo ocupa el problema del carácter concreto de la misma. Indicó que “la esencia misma, el alma viva del marxismo es el análisis concreto de la situación concreta”.


2. La práctica en el proceso del conocimiento científico

Marx-Engels (1846) escribieron que el primer acto histórico de los individuos, en virtud del cual se diferencian de los animales, reside no en pensar, sino en comenzar a producir los recursos indispensables para su vida. Se puede ver el signo distintivo del hombre con respecto al animal en la conciencia, el sentimiento religioso, o algo por el estilo. Pero lo cierto es que el hombre mismo no se siente distinto de aquél, sino desde el día en que empieza a producir sus medios de subsistencia, paso éste condicionado por la organización de su cuerpo. Produciendo sus medios de vida produce indirectamente el hombre su vida material misma. Según sea la actividad vital de los individuos, así serán ellos mismos. Lo que ellos representan coincide, por consiguiente, con su producción, coincide no con aquello que producen, sino con la forma cómo lo producen. Lo que representen de suyo los individuos depende, por tanto, de las condiciones materiales de su producción. Para vivir se requiere ante todo alimentación y bebida, vivienda, vestido y algo más. Así, pues, el primer acto histórico es la producción de los recursos indispensables para la satisfacción de estas necesidades, la producción de la vida material misma. Por lo demás, es un asunto histórico tal, una condición fundamental de toda historia, que ahora (lo mismo que hace millares de años) debe cumplirse diariamente y a cada hora solamente para que las gentes puedan subsistir.

Lenin (1908) expuso que Engels da un salto de la teoría a la práctica. Ni uno solo de los sabios (y estúpidos) profesores de filosofía a los que siguen nuestros machistas, se permite jamás tales saltos, vergonzosos para un representante de la “ciencia pura”. Para ellos una cosa es la teoría del conocimiento, donde hay que cocinar con la mayor sutileza las “definiciones” verbales y otra completamente distinta es la práctica. En Engels toda la práctica humana viva hace irrupción en la teoría misma del conocimiento, proporcionando un criterio objetivo de verdad: en tanto que ignoramos una ley natural, esa ley, existiendo y obrando al margen y fuera de nuestro conocimiento, nos hace esclavos de la “ciega necesidad”. Tan pronto como conocemos esa ley, que acciona (como repitió Marx millares de veces) independientemente de nuestra voluntad y de nuestra conciencia, nos hacemos dueños de la naturaleza. El dominio de la naturaleza, que se manifiesta en la práctica de la humanidad, es el resultado del reflejo objetivó y veraz, en la cabeza del hombre, de los fenómenos y de los procesos de la naturaleza y constituye la prueba de que dicho reflejo (dentro de los límites de lo que nos muestra la práctica) es una verdad objetiva, absoluta, eterna. Fuera de nosotros existen cosas. Nuestras representaciones y sensaciones son imágenes de las cosas. La comprobación de estas imágenes, la separación de las verdaderas y las erróneas, la da la práctica.

Lenin (1914) dijo que la práctica del hombre, que se repite cien millones de veces, se consolida en la conciencia del hombre por medio de figuras de la lógica. Precisamente (y sólo) debido a esta repetición de cien millones de veces, estas figuras tienen la estabilidad de un prejuicio, un carácter axiomático.

Marx (1845) escribió que el problema de si al pensamiento humano se le puede atribuir una verdad objetiva, no es un problema teórico, sino problema práctico. Es en la práctica donde el hombre tiene que demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poderío, la terrenalidad de su pensamiento. El litigio sobre la realidad o irrealidad de un pensamiento aislado de la práctica, es una cuestión puramente escolástica. La vida social es esencialmente práctica. Todos los misterios que desvían la teoría hacia el misticismo, encuentran su solución racional en la práctica humana y en la comprensión de esta práctica.

Lenin (1908) afirmó que Marx y Engels en 1845 y Engels en 1888 y 1892 colocan el criterio de la práctica en la base de la teoría materialista del conocimiento. Plantear fuera de la práctica la cuestión de "si al pensamiento humano corresponde una verdad objetiva" es entregarse a la escolástica -dice Marx- en su segunda tesis sobre Feuerbach. La práctica es la mejor refutación del agnosticismo kantiano y humista, así como de los demás subterfugios filosóficos repite Engels. "Los éxitos de nuestros actos suministran la prueba de la conformidad (la correspondencia) de nuestras percepciones con la naturaleza objetiva de las cosas percibidas", replica Engels a los agnósticos. Además, dijo que la actividad práctica del hombre debe llevar su conciencia a la repetición de las distintas figuras lógicas, miles de millones de veces, a fin de que estas figuras puedan obtener la significación de axiomas. Con su práctica el hombre demuestra la corrección objetiva de sus ideas, conceptos, conocimiento, ciencia.

Lenin (1914) dijo que la práctica del hombre y de la humanidad es la prueba, el criterio de la objetividad del conocimiento. Así pues, sintetizó su pensamiento filosófico diciendo que: la práctica es superior al conocimiento (teórico), porque posee no sólo la dignidad de la universalidad, sino también la de la realidad inmediata. Lenin (1914) dijo la actividad práctica del hombre debe llevar su conciencia a la repetición de las distintas figuras lógicas, miles de millones de veces, a fin de que estas figuras puedan obtener la significación de axiomas. Con su práctica el hombre demuestra la corrección objetiva de sus ideas, conceptos, conocimiento, ciencia.

Lenin (1908) expuso que el punto de vista de la vida, de la práctica, debe ser el primero y fundamental de la teoría del conocimiento. Y conduce infaliblemente al materialismo, apartando desde el comienzo mismo las elucubraciones interminables de la escolástica profesoral. Por supuesto, no debe olvidarse que el criterio de la práctica no puede nunca, en el fondo, confirmar o refutar completamente una representación humana cualquiera que sea. Este criterio es también lo bastante impreciso para no permitir a los conocimientos del hombre convertirse en algo “absoluto”; pero al mismo tiempo, es lo bastante preciso para sostener una lucha implacable contra todas las variedades del idealismo y del agnosticismo. Si lo que confirma nuestra práctica es la verdad única, última, objetiva, de ello se desprende el reconocimiento del camino de la ciencia, que se mantiene en el punto de vista materialista, como el único camino conducente a esta verdad.

Spirkin (1966) dice que el materialismo dialéctico parte del hecho de que el conocimiento es un reflejo del mundo en la conciencia del hombre, inseparable del cambio del objeto de conocimiento en el curso de la práctica social. La práctica es base de la formación y desarrollo del conocimiento en todos sus grados, fuente del saber, estímulo fundamental y meta del conocimiento, esfera de aplicación del conocimiento, criterio de la verdad de los resultados del proceso de conocimiento y “determinante de los vínculos del objeto con aquello que el hombre necesita” (Lenin). La actividad práctica del hombre se halla unida obligatoriamente a la actividad cognoscitiva y esta comienza con la sensación y la percepción. El paso del conocimiento sensorial al pensamiento lógico es un salto del conocimiento de lo individual, casual y exterior, al conocimiento generalizado de lo sustancial y sometido a leyes, de las formas tangibles del reflejo a aquellas formas que se hallan desprovistas de la “sustancia de sensoriedad”.


3.- Discusión

La práctica aparece junto con la especie humana. Esta surgió hace unos dos millones de años en el Período del Pleistoceno en el oriente africano, resultado de un evento tectónico que produjo un hundimiento y la correspondiente elevación de las partes aledañas, modificando así radicalmente el relieve, lo que modificó cualitativamente el clima: de ser un clima cálido húmedo con exuberante vegetación y fauna tropicales  donde vivían y  se movían nuestros antepasados primates, por un clima seco dando origen a un ambiente de sabana caracterizado por la existencia de grandes llanuras de pastizales y matorrales y árboles dispersos. En estas nuevas condiciones ambientales algunos de nuestros antepasados tuvieron que bajar de los bosques al suelo para buscar alimentos, pero al ya no existir la exuberante vegetación tropical tuvieron que caminar erguidos. El caminar erguidos con las extremidades posteriores (patas) de los primeros homínidos implicó una verdadera revolución biológica que, aunque, se desplazaban torpemente les quedaron libres las extremidades anteriores (manos) para manipular objetos y protegerse de las fieras salvajes depredadoras. Unos homínidos dieron el salto biológico y, se convirtieron en Australopitecos hace unos 3.5 millones de años que con sus manos liberadas empezaron a fabricar instrumentos de trabajo rudimentarios y después de un largo proceso de desarrollo dieron origen al hombre primitivo: el Homo habilis hace unos dos millones de años. Con el Homo habilis inicia propiamente la práctica laboral en el sentido de que ya fabrica instrumentos de trabajo rudimentarios. Su economía se basaba en una economía de apropiación directa de lo que la propia naturaleza le proporcionaba: recolección de productos vegetales y caza de animales salvajes para obtener alimentos para su existencia, es decir, se trató de una economía depredadora. Luego, con el Homo erectus se produjo una mejora en los instrumentos de trabajo, pero su economía seguía siendo de apropiación directa (depredadora). No obstante, su actividad práctica le permitió primero conocer el fuego y luego producirlo. La producción del fuego fue un invento crucial para el posterior desarrollo del hombre primitivo, ya que le permitió protegerse del frío y de los animales depredadores, así como aprovechar el fuego para cazarlos. Pero lo más importante, le permitió cocer los alimentos, proceso que hizo a los alimentos más asimilables, lo que repercutió en el desarrollo de un cerebro más grande (900 gramos) a diferencia de su predecesor el Homo habilis que tuvo un cerebro de unos 600 gramos. No obstante, tanto el Homo habilis como el Homo erectus todavía no habían desarrollado un lenguaje articulado: se comunicaban con movimientos corporales, principalmente con las manos. Su práctica laboral era muy incipiente y en correspondencia con ella su lenguaje también era muy rudimentario. El salto biológico más importante en el desarrollo biológico de la especie humana se dio recientemente hace poco en términos geológicos: 35 000 años con la aparición del Homo sapiens (Cro-Magnon) que en comparación con sus antecesores descritos, sus instrumentos de trabajo eran más perfectos y ya había desarrollado el lenguaje articulado, lo que condicionó el desarrollo de un cerebro más grande y más complejo de unos 1500 gramos. El hombre de Cro-Magnon con un cerebro más grande y complejo y con el lenguaje articulado le permitió desarrollar el arte, que por definición es la expresión de lo general (abstracto) en imágenes (pinturas rupestres). A pesar del desarrollo de la especia humana en casi dos millones de años, la economía seguía siendo de apropiación directa y nómada, no había producción propiamente.

La larga experiencia práctica del hombre paleolítico de alrededor de dos millones de años, le permitió en un determinado momento, hace unos 10 000 años el cultivo de plantas lo que dio origen a la agricultura y la domesticación de animales lo que dio origen a la ganadería, actividades que implicaron una verdadera revolución tecno-productiva (revolución neolítica), así como la primera gran división social del trabajo entre tribus ganaderas y tribus ganaderas. Ahora ya no se trataba de una economía de apropiación directa de lo que la naturaleza proporcionaba, sino de una economía productiva. Esta con una mayor productividad del trabajo hizo posible un excedente de productos destinados al intercambio, primero entre comunidades y luego en el interior de las comunidades, lo que posteriormente condicionó la aparición de la propiedad privada y a la primera sociedad clasista: el Esclavismo, en Medio Oriente y Grecia hace unos 500-600 años antes de Cristo. Con la sociedad esclavista apareció la división entre el trabajo intelectual desarrollado por los representantes de la clase esclavista y el trajo físico realizado por los esclavos. Así apareció la ciencia rudimentaria, primero como filosofía y luego las ciencias particulares incipientes sistematizadas por Aristóteles (384-322 a. C.). Con la ciencia griega aparece la forma superior de la conciencia humana expresada por medio de conceptos, definiciones y leyes. Fue el resultado de un largo desarrollo de la actividad práctica del hombre paleolítico y neolítico, que al interaccionar con la naturaleza y transformarla la conoció y descubrió los nexos internos y, ya con un lenguaje articulado pudo echar mano de la generalización y la abstracción para culminar con el origen de la ciencia.

Con la caída del Imperio Romano de Occidente en el año 476 después de Cristo, inicia el Feudalismo como modo de producción basado en la propiedad de grandes extensiones territoriales en propiedad de los señores feudales, los que recurrían al trabajo de los campesinos siervos para su cultivo. El feudalismo perduró durante unos 1000 años y se basó en una economía cerrada y fundamentalmente agropecuaria y el poder espiritual lo ejerció la Iglesia, lo que le permitió apoderarse de grandes extensiones territoriales y convertirse en una gran propietaria feudal de la tierra. La ciencia en lo general estuvo estancada, por consiguiente, hubo poca innovación tecnológica; sin embargo, en su interior fueron madurando las condiciones para el surgimiento del capitalismo, sistema que hizo su aparición en Europa en el siglo XVI.

Inicialmente el capitalismo retoma los avances culturales heredados por la antigüedad griega, pero en seguida no fueron suficientes para las aspiraciones del nuevo sistema socio-económico. Francis Bacon a principio del siglo XVII empieza a cuestionar la Lógica aristotélica por su carácter deductivo, el cual no aporta nuevos conocimientos y plantea la necesidad de una nueva lógica basada en la Inducción. Es decir, que la ciencia tiene que ser práctica en beneficio de la sociedad. Las ideas de Bacon fueron desarrolladas por Hobbes y Locke y con ellos se funda propiamente el empirismo ingles a fines del mismo siglo XVII, corriente filosófica que considera a la práctica como crierio fundamental para el desarrollo del conocimiento y la antepone a la ciencia especulativa griega y escolástica medieval especulativa y religiosa, que no respondían a las necesidades prácticas del capitalismo naciente. Los fundadores del empirismo inglés fueron filósofos que confrontaron con los racionalistas (idealistas) europeos continentales, principalmente Descartes y discipulos. Desde entonces, reaparecieron las viejas tendencias filosóficas “heredadas” de la antigüedad griega y romana: el materialismo y el idealismo. El materialismo representado en la antigüedad griega por Leucipo, Demócrito, Epicuro y el romano Tito Lucrecio Caro; y el idealismo representado principalmente por Parménides y Platón.

El idealismo y el materialismo son dos corrientes filosóficas que esencialmente se distinguen por sus diferencias en la solución del problema fundamental de la filosofía: la relación entre el ser (materia) y la conciencia (mente). Para el idealismo la conciencia es lo primario que antecede y crea a la materia, que traducido en términos religiosos significa que un Dios crea al mundo como establece la Biblia. Para el materialismo dialéctico por el contrario es el ser (materia) la que en su movimiento culminó por lo menos en la historia de la Tierra de unos 4 500 millones de años con el surgimiento de la especie humana, cuyos rasgos esenciales es el trabajo que por esencia es actividad práctica y la conciencia que se deriva del mismo. Es decir que la conciencia es lo secundario y derivado, como lo confirman las historias de las ciencias particulares modernas, tal como lo concibe el materialismo dialéctico.

Las tendencias filosóficas contradictorias siguieron su desenvolvimiento paralelamente con el desarrollo del capitalismo. La tendencia idealista fue retomada por Descartes y continuada principalmente con Leibniz, Kant y culminada brillantemente por Hegel.

La filosofía idealista de Hegel merece mención especial por sus aportes a la filosofía, particularmente de su dialéctica de los conceptos, especialmente por haber descubierto las tres leyes fundamentales de la dialéctica: Ley de la contradicción, Ley de la transición recíproca de la cantidad vs la cualidad y Ley de la negación de la negación (carácter cíclico de los procesos).

La tendencia materialista en la era del capitalismo fue desarrollada por Spinoza, Diderot y particularmente por los grandes filósofos alemanes: Carlos Marx y Federico Engels.

Carlos Marx y Federico Engels desarrollaron la filosofía materialista en el contexto de un capitalismo desarrollado: el existente en Inglaterra de mediados del siglo XIX. Inicialmente fueron hegelianos, es decir, seguidores de la filosofía idealista de Hegel, pero luego evolucionaron hacia posiciones materialistas radicales por necesidades prácticas de la lucha económica y política de los trabajadores. Es en este contexto que Marx recurre a las obras de Hegel en busca de “luz” para responder a las necesidades prácticas de la lucha política y la primera obra que escribió es la Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel (1843). Posteriormente y ya conjuntamente con Federico Engels, escriben conjuntamente la “Sagrada familia” en 1845 y la Ideología alemana en 1846, obras en las que invierten la filosofía idealista de Hegel al plantear por primera vez que son las condiciones materiales productivas prácticas las que determinan la conciencia, tal como venía sucediendo desde la aparición de la especie humana. La tendencia materialista fue reafirmada y aplicada en el estudio del capitalismo por Marx en El Capital (1867) en el que en el epílogo a la segunda edición (1873) escribió: “Mi método dialéctico no sólo difiere del de Hegel, en cuanto a sus fundamentos, sino que es su antítesis directa. Para Hegel el proceso del pensar, al que convierte incluso, bajo el nombre de idea, en un sujeto autónomo, es el demiurgo (creador) de lo real; lo real no es más que su manifestación externa. Para mí, a la inversa, lo ideal no es sino lo material traspuesto y traducido en la mente humana. La mistificación que sufre la dialéctica en manos de Hegel, en modo alguno obsta para que haya sido él quien, por vez primera, expuso de manera amplia y consciente las formas generales del movimiento de aquélla. En él la dialéctica está puesta al revés. Es necesario darle vuelta, para descubrir así su núcleo racional que se oculta bajo la envoltura mística".


Conclusiones

Antes de pensar el hombre social tiene que producir sus alimentos, a través de la práctica productiva. La práctica ha sido crucial para la existencia humana y para el origen de su conciencia en general y de la ciencia en particular. Es la actividad práctica productiva la que en última instancia genera la conciencia en general y el conocimiento científico en  particular.

El pensamiento abstracto cuya primera premisa fue el lenguaje articulado derivado de la necesidad práctica-laboral de comunicarse y luego la generalización y la abstracción por medio del mismo hizo posible la aparición del arte (pinturas rupestres) en el que se plasma lo abstracto en imágenes concretas.

Con la aparición del arte no se agota la posibilidad del desarrollo de la conciencia y tuvieron que pasar otros miles de años para que la actividad práctica productiva se desarrollara y diera origen al primer sistema clasista hace unos 500-600 años a. C. en Medio Oriente, particularmente en Grecia, para que hiciera posible el surgimiento del último peldaño en el desarrollo de la conciencia humana: el Esclavismo. En este sistema socio-económico, aparece por primera vez la contradicción y consecuentemente la lucha de clases entre esclavistas (propietarios del principal medio de producción de aquella época: la tierra y los esclavos para hacerla producir), pero lo más importante para el tema que nos ocupa es la división del trabajo intelectual desarrollado por la clase esclavista y/o sus representantes ideológicos (Sócrates, Platón, Aristóteles, etc.) y el trabajo físico realizado por los esclavos. El trabajo intelectual fue muy importante porque hizo posible el origen de la ciencia primitiva al principio como filosofía y luego como ciencias particulares con Aristóteles (384-322 a. C.), con lo que surgen las formas superiores de la conciencia.

Con Hegel la dialéctica se mistifica en el sentido de que es la idea la que genera la realidad material, lo cual es falso como lo atestigua el prolongado desarrollo de las ciencias particulares; sin embargo, su dialéctica idealista es muy importante, ya que rescató la dialéctica del pensador más grande de la antigüedad griega: Heráclito, quien fue el primero en afirmar que todo se mueve como consecuencia de la contradicción. Respecto al conocimiento dijo que los sentidos por naturaleza son irracionales, en consecuencia, la ciencia tiene que elevarse más allá de la sensibilidad para descubrir la racionalidad de los objetos materiales.

Marx y Engels fundaron el materialismo dialéctico con lo “desmitificaron” y racionalizaron de la dialéctica idealista y religiosa de Hegel y sentaron las bases de la filosofía científica moderna (materialismo dialéctico), que sirve de “guía” en las investigaciones de las ciencias particulares.

La práctica es el punto de partida de la investigación científica al plantear nuevos problemas y la que confirma la veracidad de las hipótesis y teorías científicas.

Así pues, sólo con la filosofía (materialismo dialéctico), particularmente con la Lógica, por su naturaleza sintética, se alcanza el escalón más alto en el desarrollo de la especie humana: el mayor grado de generalización y abstracción científicas que no pueden ser alcanzadas con el concurso de las ciencias particulares, por su naturaleza analítica (fragmentaria y parcial).


Referencias bibliográficas

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Marx Carlos. 1859. Contribución a la crítica de la economía política. Siglo XXI Editores (1980), S.A.. México, D.F.

Spirkin A.G. 1966. Materialismo dialéctico y lógica dialéctica. Editorial Grijalbo, S.A. 1969. México, D.F.

domingo, 23 de diciembre de 2018

LENGUAJE: EXPRESIÓN PRACTICA DE LA CONCIENCIA HUMANA

LENGUAJE: EXPRESIÓN PRÁCTICA DE LA CONCIENCIA HUMANA

Valentín Vásquez
Oaxaca, México
valeitvo@yahoo.com.mx

Introducción

La conciencia es una característica esencial de la especie humana y puede definirse como la capacidad del cerebro del hombre para reflejar mentalmente la realidad material, a través de la religión (Dios), el arte (expresión de lo abstracto en lo concreto sensible) y la ciencia (conceptos, definiciones y leyes); formas de la conciencia, específicamente humanas, de las que carecen los animales, puesto que los animales carecen de dioses y sus templos correspondientes, de obras artísticas y no se diga de ciencia como forma superior de la conciencia.

Si la conciencia es un rasgo propiamente humano, por consiguiente, es conveniente conocer su origen que está asociado a la aparición de la especie humana. Según las evidencias geológicas, climáticas y biológicas, el hombre primitivo surgió en el oriente africano, hace unos dos millones de años, en las regiones tropicales de Tanzania, Kenia y Etiopía, países en los que se encontraron restos de Homo habilis, que probablemente descendió de su antecesor el Australopithecus.

El rasgo esencial del Homo habilis que permitió definirlo, fue su habilidad para fabricar herramientas de trabajo para proveerse de alimentos, particularmente de productos vegetales y muy posiblemente para valerse de medios para el carroñeo de los animales salvajes muertos, cazados por los animales depredadores salvajes que coexistieron con el. Le sucedió el Homo erectus, desde luego con instrumentos de trabajo más perfeccionados que su antecesor, así como, el descubrimiento del fuego, invento que fue crucial para el desarrollo del hombre, ya que le permitió calentarse en un ambiente frío, protegerse de los animales salvajes y utilizarlo como medio para su caza. Además, el fuego fue fundamental para el cocido de los alimentos vegetales y animales, proceso que favoreció una mejor asimilación de los nutrientes y como el metabolismo condiciona la anatomía; en este sentido, el sistema digestivo se redujo en tamaño, lo que favoreció el crecimiento de su cerebro, de tal forma que su cerebro pesaba unos 900 gramos, que comparados con los 600  gramos de su predecesor, la diferencia es significativa y se tradujo en una mayor complejidad. Posteriormente, existieron algunas especies humanas emparentadas con el género Homo, pero todavía la línea de descendencia no es definitiva, lo que si es cierto es que el Homo sapiens (hombre de Cro-Magnon) que vivió en Europa hace unos 35000 años y con herramientas más sofisticadas y con un cerebro más complejo como sustrato material de la inteligencia, le permitieron derrotar al hombre de Neandertal que todavía existía en Europa.

Es con el Homo sapiens con el que apareció propiamente el lenguaje como un producto social, derivado de una vida social más compleja y desde entonces se convirtió en la expresión práctica de la conciencia humana. Pero, la ciencia como forma superior de la conciencia, todavía no había aparecido, tuvieron que pasar otros miles de años, para que se produjera la primera revolución tecno-productiva: la Revolución Neolítica, con la que aparece el cultivo de plantas (agricultura) y la domesticación de animales (ganadería), actividades que aumentaron la productividad de alimentos dieron origen a la primera división social del trabajo (tribus agrícolas y tribus ganaderas). Además, hizo posible el surgimiento de la sociedad clasista: el Esclavismo hace unos 1000 años antes de Cristo. Con el Esclavismo, apareció la división del trabajo en intelectual y físico, lo que hizo posible el surgimiento de la ciencia desarrollada por los intelectuales, representantes de la élite esclavista: primero la ciencia general (filosofía) y después los rudimentos de las ciencias particulares sistematizadas por Aristóteles (384-322 a. C.), las cuales exigían el concurso del lenguaje como medio para generalizar lo singular y transformarlo en conceptos, definiciones (juicios) y razonamientos, rasgos que caracterizan a todas las ciencias; es decir, sin lenguaje, no hay ciencia.


Origen de la conciencia

Si la conciencia es privativa de la especie humana, para entender su origen por lo menos hay que retroceder en el tiempo al Eón Fanerozoico (vida visible) en el que la vida se hizo más compleja. Aparecieron los anfibios, luego los reptiles y poco después los mamíferos y las aves. En la extinción de los reptiles (dinosaurios) tal vez tuvo que ver una casualidad que cambió radicalmente la historia de la vida en la Tierra: probablemente el impacto de un meteorito de unos 10-15 kilómetros de diámetro, en lo que hoy es la Península de Yucatán (México) y sus consecuencias inmediatas fueron, primero el impacto catastrófico y en seguida un excesivo calor y luego por la presencia de cenizas en la atmósfera que bloquearon la radiación solar, provocó frío, proceso físicos que eliminaron a los dinosaurios y le “desbrozaron” el camino evolutivo a los pequeños mamíferos hace unos 65 millones de años (Álvarez, 2017).

De los mamíferos se desprendieron los primates, entre los que se encuentran los simios y los monos antropoides (gorilas, orangutanes y chimpancés) hace unos treinta millones de años. Luego hace unos 15 millones de años aparecieron los homínidos (todas las especies emparentadas con el linaje humano), que una vez más por la tectónica de placas se produjo un hundimiento en el este africano y como consecuencia, la elevación del relieve en las partes contiguas, lo que alteró la trayectoria de los vientos y de ser un clima cálido húmedo de exuberantes vegetación y fauna, el oriente africano se tornó seco, clima que condicionó el origen de la sabana, caracterizada por la existencia de grandes llanuras de pastizales, arbustos y árboles espaciados. En este nuevo ambiente, nuestros antepasados arborícolas tuvieron que bajar de los árboles al suelo en busca de alimentos, condición que los obligó a caminar erguidos (Australopitecos), con lo que les quedaron libres las extremidades anteriores (manos) que al principio las utilizaron para manipular objetos y luego fabricar instrumentos de trabajo primitivos, dando así origen al hombre primitivo: el Homo habilis, que todavía conservaba algunos rasgos de sus antecesores, pero su capacidad de fabricar herramientas de trabajo lo elevaron por arriba de sus predecesores, ya con un cerebro de unos 600 gramos, más grande que el de los Australopitecos que le antecedieron y cuyo cerebro pesaba unos 350-400 gramos. A la práctica laboral rudimentaria basada en la apropiación directa de lo que la naturaleza le aportaba (recolección de productos vegetales y caza de animales salvajes), también le correspondió un lenguaje primitivo inarticulado en el que se comunicaba con todo el cuerpo, pero principalmente con las manos. El Homo erectus que le sucedió, hace unos 1.8 millones de años y sobrevivió hasta hace unos 300 000 años, perfeccionó sus instrumentos de trabajo y logró un invento crucial para su existencia: el fuego, técnica que le permitió protegerse del frío en un ambiente de continuas glaciaciones que iniciaron en el Pleistoceno, último periodo de la Era Cenozoica (vida reciente), además le sirvió para ahuyentar y cazar a los animales depredadores que coexistieron con él y lo más importante le permitió cocer sus alimentos, lo que los hizo más asimilables y, por consiguiente, el cerebro se desarrolló cuantitativa y cualitativamente, a tal grado que alcanzó un tamaño de unos 900 gramos. Sin embargo, su lenguaje seguía siendo inarticulado y rudimentario y básicamente corporal como su antecesor el Homo habilis. El siguiente hombre apareció hace unos 35000años, con instrumentos de trabajo más perfeccionados y un cerebro de mayor tamaño (1500 gramos) y más complejo, cuya actividad práctica social condicionó la aparición del lenguaje articulado, fundamental para el proceso de abstracción, como lo prueban las pinturas rupestres que elaboraron, en las que se plasma en imágenes concretas sensibles lo abstracto.

La ciencia como forma superior de la conciencia, todavía no había aparecido, tuvieron que pasar otros miles de años, para que apareciera la primera revolución tecno-productiva: la Revolución Neolítica, con la que aparece el cultivo de plantas (agricultura) y la domesticación de animales (ganadería), actividades que aumentaron la productividad de alimentos y asimismo dio origen a la primera división social del trabajo (tribus agrícolas y tribus ganaderas). Además, hizo posible el surgimiento de la sociedad clasista: el Esclavismo hace unos 1000 años antes de Cristo. Con el Esclavismo, apareció la división del trabajo en intelectual y físico, lo que hizo posible el surgimiento de la ciencia desarrollada por los intelectuales, representantes de la élite esclavista: primero la ciencia general (filosofía) y después los rudimentos de las ciencias particulares sistematizadas por Aristóteles (384-322 a. C.), las cuales exigían el concurso del lenguaje como medio para generalizar lo singular y transformarlo en conceptos, definiciones (juicios) y razonamientos, rasgos que caracterizan a todas las ciencias; es decir, sin lenguaje articulado (oral y/o escrito), no es posible, la existencia de la ciencia.


Lenguaje y conciencia

Engels (1876), en un escrito inconcluso, titulado: El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre, escribió:

“El trabajo es la fuente de toda riqueza, afirman los especialistas en economía política. Lo es, en efecto, lo mismo que la naturaleza, que provee de materiales que él convierte en riqueza. Pero el trabajo es muchísimo más que eso. Es la condición básica y fundamental de toda la vida humana. Y lo es en grado tal que, hasta cierto punto debemos decir que el trabajo ha creado al propio hombre”.

Refiriéndose a los monos antropomorfos –hoy conocidos como homínidos- antecesores del hombre, por las nuevas condiciones de vida se vieron en la necesidad de evolucionar de la forma cuadrúpeda a la postura erecta, salto que fue decisivo para la transformación del mono en hombre:

“Es de suponer que como consecuencia, ante todo, de su género de vida, por el que las manos, al trepar, tenían que desempeñar funciones distintas a las de los pies, estos monos se fueron acostumbrando a prescindir de ellas al caminar por el suelo y empezaron a adoptar cada vez más una posición erecta. Fue el paso decisivo para la transición del mono al hombre”.

Con el trabajo las relaciones sociales se volvieron más complejas y junto con las premisas biológicas, dieron origen al lenguaje. Tanto el trabajo como el lenguaje impactaron en el desarrollo del cerebro:

“En resumen, los hombres en formación llegaron a un punto en el que tuvieron algo que decirse unos a otros. La necesidad creó el órgano: la laringe poco desarrollada del mono se fue transformando, lenta pero firmemente, mediante modulaciones que producían a su vez modulaciones más perfectas, mientras los órganos de la boca aprendían poco a poco a pronunciar un sonido articulado tras otro…La comparación con los animales prueba que esta explicación del origen del lenguaje a partir del trabajo y con el trabajo es la única correcta…Primero el trabajo, luego con él el lenguaje articulado, fueron los dos estímulos principales bajo cuya influencia el cerebro del mono se fue transformando gradualmente en cerebro humano, que, a pesar de toda su similitud, lo supera considerablemente en tamaño y en perfección. Y a medida que se desarrollaba el cerebro, se desarrollaban también sus instrumentos más inmediatos: los órganos de los sentidos. De la misma manera que el desarrollo gradual del lenguaje es acompañado necesariamente del correspondiente perfeccionamiento del órgano del oído, así también el desarrollo general del cerebro está ligado al perfeccionamiento de todos los órganos de los sentidos… El desarrollo del cerebro y de los sentidos a su servicio, la creciente claridad de conciencia, el poder de abstracción y de discernimiento cada vez mayores, reaccionaron a su vez sobre el trabajo y el lenguaje, estimulando más y más su desarrollo. Cuando el hombres se separa definitivamente del mono, este desarrollo no cesa ni mucho menos, sino que continúa, en distinto grado y en distintas direcciones entre los distintos pueblos y en las diferentes épocas, interrumpido incluso a veces por regresiones de carácter local o temporal, pero avanzando en su conjunto a grandes pasos, considerablemente impulsado y, a la vez, orientado en un sentido más preciso por un nuevo elemento que surge con la aparición del hombre completo: la sociedad”.

Así pues, el lenguaje es un producto social. Surgió en forma rudimentaria, en el hombre primitivo (Homo habilis) hace unos dos millones de años y fue la respuesta necesaria para comunicarse durante el proceso laboral, que aunque se trataba básicamente de un lenguaje corporal, particularmente de las manos fue muy importante para el desarrollo posterior de la especie humana. Se desarrolló con el Homo erectus. En este el lenguaje siguió siendo en lo fundamental un medio de comunicación corporal. Con el Homo sapiens hace unos 35000 años, además, de medio de comunicación también se transformó en el fundamento de la generalización y la abstracción, actividades mentales que hicieron posible el pensamiento abstracto reflejado en el arte (pinturas rupestres). Tiempo después, entre los siglos VII-IV, a.C. en Grecia, apareció la ciencia primitiva (filosofía) y las ciencias particulares rudimentarias, como formas superiores de la conciencia humana, en la que el lenguaje fue el medio para la generalización y abstracción de la realidad material y el descubrimiento de conceptos abstractos y su combinación para formar juicios y razonamientos, todos pertenecientes a la lógica (ciencia del pensamiento), cuya sistematización es inherente a toda ciencia. Así pues, sin el lenguaje oral o escrito, la ciencia es imposible.

Vygotsky (1884) en su obra: Pensamiento y lenguaje, expone sus conclusiones principales de sus investigaciones:

1. El pensamiento y el lenguaje tienen diferentes raíces genéticas. 2. El desarrollo del pensamiento y el lenguaje siguen líneas distintas y son independientes uno del otro. 3. La relación entre el pensamiento y el lenguaje no es una magnitud más o menos constante en el curso del desarrollo filogenético. 4. Los antropoides manifiestan un intelecto semejante al del hombre en unos aspectos (rudimentos de empleo de instrumentos) y un lenguaje semejante al del hombre en otros (fonética del habla, función emocional y rudimentos de la función social del lenguaje). 5. Los antropoides no manifiestan la relación característica del hombre: la estrecha correspondencia entre el pensamiento y el lenguaje. En el chimpancé uno y otro no guardan ningún tipo de conexión. 6. En la filogenia del pensamiento y el lenguaje, se puede reconocer indiscutiblemente una fase pre-lingüística en el desarrollo de la inteligencia y una fase pre-intelectual en el desarrollo del lenguaje.

Es evidente que el tipo superior de comportamiento del chimpancé, como quiera que se considere, en tanto que lo caracteriza el uso de instrumentos, constituye el anticipo embrionario del comportamiento humano. Para los marxistas no resulta en absoluto inesperado el descubrimiento de Köhler. Marx dice al respecto: “El uso y la creación de instrumentos de trabajo, aunque propio en forma rudimentaria de algunas especies animales, constituye el rasgo característico específico del trabajo humano...

Respecto a la formación del concepto en el niño, el autor citado, comenta que es imposible sin palabras, el pensamiento en conceptos es imposible sin el pensamiento basado en el lenguaje. El aspecto nuevo, esencial y central de todo este proceso, puede ser considerado con fundamento, la causa del desarrollo de los conceptos, es el uso específico de la palabra, la utilización funcional del signo como medio de formación de conceptos. La relación entre el pensamiento y la palabra no es una cosa, sino un proceso, esa relación es el movimiento del pensamiento hacia la palabra y al revés, de la palabra hacia el pensamiento. A la luz del análisis psicológico, esta relación aparece como un proceso en desarrollo, que atraviesa una serie de fases y estadios, en los cuales experimenta los cambios propios del desarrollo. Desde luego, no se trata de un desarrollo relacionado con la edad, sino de un cambio funcional, pero esa evolución del propio proceso del pensamiento desde el pensamiento hasta la palabra es desarrollo. El pensamiento no se manifiesta en la palabra, sino que culmina en ella. A este respecto cabría hablar del proceso de formación (unidad del ser y del no ser) del pensamiento en la palabra. Todo pensamiento trata de unir algo con algo, de establecer una relación entre algo y algo. Todo pensamiento posee movimiento, fluidez, desarrollo, en una palabra, el pensamiento desempeña una función determinada, un trabajo determinado, resuelve una tarea determinada. Ese fluir del pensamiento se efectúa como un movimiento interno a través de toda una serie de planos, como el paso del pensamiento a la palabra y de la palabra al pensamiento. Por eso, la primerísima tarea de todo análisis que desee estudiar la relación entre el pensamiento y la palabra como el movimiento del pensamiento hacia la palabra es estudiar las fases que integran este movimiento, diferenciar la serie de planos que recorre el pensamiento encarnado en la palabra. La experiencia enseña, que el pensamiento no se refleja en la palabra, se realiza en ella; así pues, el rasgo diferenciador fundamental de la palabra lo constituye el reflejo generalizado de la realidad.

La investigación realizada conduce de lleno al umbral de otro problema, aún más amplio, aún más profundo, aún más ambicioso que el problema del pensamiento: el problema de la conciencia... Se ha llegado a una faceta de la naturaleza de la palabra cuyo significado sobrepasa los límites del pensamiento como tal y que sólo puede estudiarse en toda su plenitud dentro de un problema más general: la palabra y la conciencia. La percepción y el pensamiento disponen de diferentes procedimientos para reflejar la realidad en la conciencia. Estos distintos procedimientos suponen diferentes tipos de conciencia. Por eso, el pensamiento y el lenguaje son la clave para comprender la naturaleza de la conciencia humana. Si el lenguaje es tan antiguo como la conciencia, si el lenguaje es la conciencia que existe en la práctica para los demás y, por consiguiente, para uno mismo, es evidente que la palabra tiene un papel destacado no sólo en el desarrollo del pensamiento, sino también en el de la conciencia en su conjunto: Las investigaciones empíricas muestran a cada paso que la palabra desempeña ese papel central en el conjunto de la conciencia y no sólo en sus funciones aisladas. La palabra representa en la conciencia, en términos de Feuerbach lo que es absolutamente imposible para una persona y posible para dos. Es la expresión más directa de la naturaleza histórica de la conciencia humana.

Así pues, Vygotsky ya había llegado a la conclusión en correspondencia con el Marxismo que, el lenguaje (palabra) es la realización “material” del pensamiento.

Tiempo después Luria (1934) escribió un Epílogo a su obra, en el que afirma, lo siguiente:

Pensamiento y lenguaje es, sin duda, uno de los principales trabajos de Vygotsky. Dedicado al problema de la relación entre el pensamiento y el lenguaje, constituye una importantísima investigación que desarrolla las tesis fundamentales de la teoría general creada por él y al mismo tiempo ofrece un análisis crítico de los intentos más conocidos de resolver este problema, intentos que predominaban en la ciencia psicológica de Europa Occidental durante la década de los años 20 y comienzos de los años 30 del siglo XX.

Es sabido que en la resolución del problema del pensamiento y de su interrelación con el lenguaje se enfrentaban las dos corrientes fundamentales de la psicología. Una de ellas, el asociacionismo, que alcanzó su más alto nivel en el siglo XIX, descomponía el proceso del pensamiento en los elementos principales: las ideas (concretamente; las ideas que se hallaban tras palabras aisladas) y trataba de mostrar que el pensamiento se reduce en esencia a las asociaciones (conexiones) de estos elementos. Semejante enfoque de los procesos del pensamiento figuraba en la mayoría de los libros y manuales que utilizaron generaciones de psicólogos. Es completamente natural que al descubrir los elementos que integran el pensamiento los partidarios de la teoría asociacionista no podían describir el pensamiento como un proceso integral, y las particularidades especiales, características de la actividad intelectual del hombre, se perdían. A comienzos del siglo XX, el enfoque asociacionista de la psicología del pensamiento tropieza por vez primera con una resistencia generalizada.

Dos caminos eran posibles para salir de esta crisis. Por una lado, hacía falta identificar unidades reales que sirven para estructurar el proceso del pensamiento y, en lugar de asociaciones simplificadas o esquemas abstractos (del tipo de la consideración de las relaciones), encontrar componentes que no pudieran ser objeto de mayor división y conservaran todas las cualidades características del pensamiento, deduciendo estos componentes (o unidades) de la actividad práctica concreta del niño. Por otro lado, resultaba francamente necesario enfocar los procesos del pensamiento a la luz de su desarrollo y recordando la conocida fórmula de Marx: “Conocemos tan sólo una única ciencia, la ciencia de la historia”. Observar las etapas reales que recorre el pensamiento en formación del hombre adulto.

El pensamiento y el lenguaje tienen una importancia central, clave. En gran número de investigaciones se manifestaba la suposición de que las raíces genéticas del pensamiento están estrechamente ligadas al lenguaje, que la palabra es siempre la portadora del concepto que sirve de base al pensamiento, que las relaciones de principio entre el pensamiento y el lenguaje se mantienen invariables en las etapas sucesivas de desarrollo.

Vygotsky rechazó con plena decisión esta tesis y mostró que el pensamiento desarrollado del hombre tiene dos raíces independientes, una de las cuales penetra profundamente en la acción práctica del animal y otra en el empleo del lenguaje como medio de comunicación. Con base en los datos que en aquel entonces había acumulado la psicología, le permitieron a Vygotsky llegar a esa conclusión. Así, ya a comienzos de la segunda década de nuestro siglo, se había establecido firmemente que los monos antropoideos observados en los experimentos de Köhler eran capaces de realizar actos bastantes complicados, semejantes a los actos intelectuales: los animales analizaban la situación visual, captaban sus conexiones visuales y resultaban estar capacitados para resolver tareas de acción relativamente sencillas. Sin embargo, en los sonidos que reflejaban el estado emocional de los animales (la satisfacción y el disgusto, la intimidación o el llamamiento) no era posible captar la menor alusión a que denominasen objetos aislados; la función de los sonidos afectivos de los antropoides era completamente diferente de las palabras de la lengua humana.

Vygotsky llega a la tesis que no cesa de repetir más adelante. Si Goethe había propuesto sustituir la máxima bíblica "En el inicio fue la palabra" por la de "En el inicio fue la acción", Vygotsky propuso cambiar la acentuación de esta oración, destacando el primer término: "En el inicio fue la acción", obligando a buscar cómo la unión de “acción” y “palabra” asegura la aparición de las formas superiores de pensamiento verbal que proporcionan a la “acción” humana rasgos básicamente nuevos, haciéndole superar notablemente los límites de la situación captada visualmente y convierten al hombre en dueño del "campo visual” en lugar de ser "esclavo suyo".

Se sabe desde hace mucho que la unidad del lenguaje la constituye la palabra, que la palabra expresa el objeto y en fases más complejas de desarrollo expresa un determinado concepto abstracto. Sin embargo, a pesar del gran número de investigaciones dedicadas a esta cuestión, el propio proceso de desarrollo del significado de la palabra era dejado de lado. Se suponía que el significado de la palabra permanecía siempre invariable (parecía evidente que la palabra “mesa” o la palabra “manzana” significan para el niño y para el adulto la misma cosa) y que todo el proceso de desarrollo del lenguaje guarda tan sólo relación con el enriquecimiento y la ampliación del vocabulario y la adquisición de nuevas palabras abstractas, que expresan determinados conceptos.

El primer paso que da consiste en separar claramente los dos aspectos principales o las dos funciones de la palabra. Por un lado, la palabra señala siempre un objeto aislado (acto o cualidad), lo sustituye, o según el conocido lingüista ruso Potébnia, sirve para representarlo. Esa función de la palabra, la denomina Vygotsky con pleno fundamento atribución de la palabra a un objeto. El hecho de que la atribución de la palabra a un objeto sea idéntica en el niño y en el adulto (“mesa” siempre es mesa, “ventana” siempre es ventana) pone de manifiesto que constituye una de las funciones más importantes de la palabra; sin embargo, ese hecho encubre fácilmente los profundos cambios que experimenta el contenido de la palabra durante el desarrollo del niño.

La palabra, por un lado, no sólo señala el objeto, sino que realiza un complicadísimo análisis de ese objeto, análisis que se ha estructurado en los códigos del idioma durante el proceso de la historia social.

Finalmente, como señaló Lenin, toda palabra (el discurso) ya generaliza: cuando decimos “mesa”, nos referimos a cualquier mesa, cuando decimos “reloj”, a cualquier reloj, etc.

Los experimentos realizados por Vygotsky no sólo mostraron que el significado de las palabras se desarrolla, sino que permitieron también observar el propio proceso de formación del concepto, que antes transcurría en un plano inmediato y sólo después comenzaba a apoyarse en el significado abstracto, categorial de las palabras.

Gorkski y Spirkin (1961):

En la vida conjunta de los monos antropoides no existe un principio unificador en que pudiera concentrarse su vida común y sólidamente cohesionada. No poseen ni un fin único ni medios comunes para alcanzarlo. En pocas palabras: no se da en ellos una actividad de trabajo ni poseen los medios para ejecutarla, es decir, instrumentos de trabajo. Esto explica precisamente que los monos antropoides no necesiten lenguaje para comunicarse. En suma, no necesitan lenguaje porque no tienen nada que decirse.

Hubo de haber un momento, crucial, que separó el comienzo del lenguaje en el sentido propio de ésta palabra, de la signalización animal. Es de suponer que dicho momento abarca el período de la vida de los antecesores del hombre en que el complejo fónico inarticulado dejó de estar vinculado a las emociones y entró en relación con los objetos reales, o, hablando con mayor exactitud con las imágenes de dichos objetos, y las imágenes de los objetos se enlazaron con los complejos fónicos. De medio de expresión espontánea de las emociones, el sonido se convirtió en medio para designar intencionalmente los objetos. Esta transición se produjo a la vez que, en el proceso de trabajo, la mentalidad de los animales superiores se transforma en primitiva conciencia gregaria del hombre. Solo cuando determinado complejo fónico se produjo cada vez que se ejecutaba la actividad correspondiente y aparecían los mismos objetos, sólo entonces los sonidos de tipo animal se convirtieron en lenguaje humano primario.

Es posible afirmar con cierto grado de certeza que el lenguaje articulado sólo pudo formarse con todas las propiedades que le son inherentes cuando el hombre tuvo una construcción de tipo moderno, es decir, cuando se llegó al tipo de hombre de Cro-Magnon. Los tipos de hombre que le precedieron –excepción hecha del Neandertal, grado de transición al Cro-Magnon- se comunicaron entre sí principalmente mediante el lenguaje inarticulado con sonidos poco diferenciados, y con ademanes de toda clase. Probablemente no poseían más que elementos rudimentarios del lenguaje articulado. El complejo que, con cierto grado de certeza, permite afirmar que el lenguaje articulado con todas las propiedades que le son características pudo formarse precisamente en la época correspondiente al hombre de Cro-Magnon estriba, ante todo, en el carácter de la actividad que desarrollaba ese tipo de hombre al trabajar, en las formas de relación social que de ello se derivaban y en el nivel alcanzado en la actividad pensante. Son muchos los hechos que atestiguan que el pensamiento del hombre de Cro-Magnon tenía un carácter mediato. Solo el lenguaje articulado podía servir de forma en que cobrara realidad el pensamiento abstracto.

Lo concreto precede siempre a lo abstracto. Esta es una ley general, propia también del desarrollo tanto del pensamiento como del lenguaje.

La génesis de la escritura permite examinar la línea general del desarrollo del pensamiento desde sus formas concretas y perceptibles, como imágenes, hasta las abstractas. La escritura constituye la forma visual de fijar el lenguaje. La escritura se mueve de la pictográfica (imágenes) a la ideográfica (ideas) y finalmente culmina con la escritura alfabética que constituye el grado de abstracción más elevado.

Tan solo con la aparición de la palabra se halló el hombre en condiciones de abstraer de los objetos tales o cuales propiedades, y distinguir las relaciones existentes entre las cosas como algo distinto de las cosas mismas. Gracias al lenguaje resultó posible dar forma material al reflejo que hallaban en la conciencia las propiedades de las cosas y sus relaciones, con lo que pudieron crear objetos ideales del pensamiento: conceptos. Con los conceptos y gracias a ellos, se llegó a la actividad teórica en el sentido propio de la palabra. Desde el principio, la lengua desempeña una función que en realidad, no puede ser sustituida por nada en la labor generalizadora del pensamiento. Precisamente, gracias al lenguaje, el hombre se halló en condiciones de pasar del conocimiento de objetos y fenómenos singulares (sensibles) a su reflejo generalizado en forma de conceptos. Una de las particularidades esenciales del lenguaje radica en su función generalizadora. Sin ella, la conciencia del hombre de ningún modo habría podido llegar a ser capaz de tener una visión de conjunto de la infinita variedad de las cosas y de los fenómenos particulares del mundo real. Se habría dispersado y desconcertado ante el cambio incesante de los fenómenos, conexiones y relaciones. El lenguaje dio al hombre la posibilidad de fijar lo general de los objetos y fenómenos, de sus concatenaciones y relaciones, le permitió diferenciarlos, referirlos a conceptos, sintetizarlos en conceptos y presentarlos como relativamente estables. Gracias a su función abstractiva y generalizadora, el lenguaje puso al hombre en condiciones de rebasar los límites de la conciencia portadora de contenidos sensoriales que le era propia en el primer estadio de su desarrollo.

Shorojova (1963):

El materialismo dialéctico, considerando que la conciencia es el producto de un largo desarrollo de la materia, subraya que la conciencia es una propiedad de formas superiores de la materia, una función del cerebro humano. La esencia de la conciencia, como función del cerebro, consiste en que refleja el mundo exterior. El objeto, el fenómeno del mundo exterior, existe al margen e independientemente de la conciencia. El hombre siente y piensa porque percibe los estímulos exteriores. Cualesquiera que sean los pensamientos que surjan  de la mente del hombre, no serán más que imágenes de los objetos y fenómenos de la realidad objetiva, su reflejo más o menos exacto.

La facultad de reflejar la realidad objetiva en forma ideal, en forma de imágenes ideales, es característica del hombre únicamente.

Para Pávlov, la actividad refleja condicionada es la función de los segmentos superiores del sistema nervioso central, de la corteza de los grandes hemisferios, mientras que los reflejos incondicionales son una función subcortical. La prueba de que los reflejos condicionados son la actividad de los grandes hemisferios, es el hecho de que esos reflejos desaparecen al ser extirpados los grandes hemisferios cerebrales.

Con el lenguaje surge el segundo sistema de señales y con ello una nueva función de la corteza cerebral: la abstracción y la generalización de las infinitas señales del primer sistema de señales con ayuda de la palabra. La conciencia como nueva cualidad de los procesos psíquicos no se da más que en el hombre.

Kursanov (1966) escribió:

La experiencia práctica del hombre es el punto de partida y la principal fuerza motriz de todo el proceso del conocimiento humano, comenzando por sus primeras y más simples formas y terminando en las formas superiores del pensamiento teórico del individuo, del pensamiento teórico expresado en conceptos.

En su doctrina, Pávlov dio un paso decisivo para el descubrimiento de la naturaleza cualitativamente especial del pensamiento propiamente humano, a diferencia de los elementos de la actividad consciente de los animales superiores, desde el punto de vista, precisamente, del fundamento fisiológico. Las secciones inferiores del cerebro, son las portadoras o transmisoras de los reflejos no condicionados, innatos, propios tanto del animal como del hombre: “los reflejos innatos están relacionados con la sección inferior del sistema nervioso central”. Los innumerables reflejos condicionados, bajo cuyo influjo transcurre la mayor parte de la vida y la actividad tanto del animal como del hombre, tienen su fundamento material en la corteza de los hemisferios cerebrales. El sistema vinculado a los factores sensoriales directos, mediante el cual el organismo percibe los estímulos del medio externo, es el primer sistema de señales del mundo que nos rodea, y es común en el hombre y los animales. Pávlov desarrolla su genial idea del segundo sistema de señales, que a diferencia cualitativamente del primer sistema es inherente solo al cerebro humano. Así, dice que “durante la evolución del mundo animal, al llegar a la fase del hombre, se produjo una adición extraordinaria a los mecanismos de la actividad nerviosa, la palabra pasó a ser el segundo sistema de señales de la realidad, específicamente humano, que es la señal de las primeras señales”. El primer sistema de señales, propio también de los animales, está vinculado a “imágenes concretas”, mientras que el segundo sistema de señales está asociado a conceptos abstractos expresados por medio de la palabra, lo que solo es inherente al cerebro humano.

El pensamiento humano se caracteriza por los siguientes rasgos fundamentales: en primer lugar el hombre posee un lenguaje articulado, con el que en forma verbal expresa su pensamiento; en segundo lugar, el pensamiento del hombre tiene un carácter abstracto: se produce bajo la forma de abstracciones científicas, de generalizaciones científicas, mientras que la actividad consciente y elemental de los animales superiores solamente está vinculada directamente al contenido sensorial y no se eleva hasta las generalizaciones científicas, hasta las abstracciones; en tercer lugar, el pensamiento del hombre posee la facultad de comprender su propia actividad; en cuarto lugar, el pensamiento humano tiene un carácter activo en oposición a la “adaptable” actividad nerviosa superior de los animales.

La práctica laboral, social, determinó la aparición de la conciencia propiamente humana, condicionando la formación del segundo sistema de señales (lenguaje articulado) sobre la base de las premisas fisiológicas que se habían desarrollado en los simios superiores: los monos antropoides y los Australopitecos. Con el desenvolvimiento y complicación de los procesos laborales, no sólo se perfecciona y desarrolla la mano humana, sino también el pensamiento en indisoluble nexo con el progreso del lenguaje articulado.

Marx y Engels trazaron genialmente las líneas generales del desarrollo de los conceptos y de las formas de la conciencia humana que les precedieron. Señalaron sin lugar a dudas que por cuanto todas las nociones y conceptos llevan ya en sí una generalización, también la primera generalización es la de la actividad productora elemental del hombre y de aquellas propiedades del objeto que son las más importantes para el individuo en el escalón correspondiente de su vida social-productora.

Tanto el pensamiento como el lenguaje, hacen notar Marx y Engels, no forman por sí solos un reino aparte, sino que “son únicamente manifestaciones de la vida real”, y su aparición y desarrollo se produce en indisoluble vínculo  con la actividad práctica del hombre. “El lenguaje es la realidad inmediata del pensamiento”, dijeron Marx y Engels. Sobre la base del desarrollo del vínculo material entre las personas, determinado por las necesidades y el modo de producción, es decir, por toda la actividad práctica y la vida de las personas, surgen y se desarrollan tanto el pensamiento como el lenguaje. “El lenguaje es tan antiguo como la conciencia; el lenguaje es la conciencia real, práctica, existente también para las demás personas y que sólo por ello existe también para uno mismo, y, al igual que la conciencia, el lenguaje surge únicamente de la necesidad, de la precisión ineluctable de comunicarse con las demás personas”.

Desde sus primeros pasos, la actividad propiamente humana presenta un carácter social-laboral, cualitativamente distinto de la primitiva manada de seres humanos de los actos y el comportamiento de los monos antropoides.

En su forma desarrollada y adecuada, el pensamiento lógico del hombre responde al pensamiento en conceptos abstractos, se trata de un pensamiento teórico, científico, propiamente dicho. Su aparición se refiere ya a otra época histórica, a la época del establecimiento de las relaciones sociales esclavistas, que significaban la contraposición del trabajo manual y el intelectual, basada en el establecimiento de la propiedad privada y la división de las personas en clases opuestas. Pero el pensamiento lógico bajo la forma de conceptos abstractos no apareció súbitamente, fue producto del desarrollo prolongado y complejo de la conciencia humana, que condujo, en un principio, a las formas empírico-sensoriales del pensamiento conceptual, a los conceptos y juicios lógicos elementales; después, solamente cuando se hubo recorrido este estadio, alcanzó la altura del pensamiento teórico, la fuerza de las grandes abstracciones científicas. Así pues, la historia de la ciencia del mundo antiguo permite señalar una ley extraordinariamente importante: en todos los Estados de la Antigüedad, la aparición del conocimiento científico se basa en el desarrollo de las relaciones esclavistas de producción y, en general, de todas las relaciones sociales de la sociedad esclavista.

El nexo orgánico del lenguaje y el pensamiento, del concepto y la palabra alcanza en el peldaño del conocimiento científico su forma adecuada, bajo la forma de definiciones de conceptos, definiciones que implican la fijación exacta de su contenido en los correspondientes y necesarios términos verbales.

Así pues, el concepto científico es el elemento lógico central en la construcción de los sistemas de cada ciencia; como forma del razonamiento lógico, el concepto científico es el reflejo concentrado de las propiedades y nexos internos, esenciales y determinantes, regulados por leyes, entre los objetos del mundo material; al surgir como producto de una labor de abstracción activa del raciocinio humano, el concepto científico pasa a convertirse, en el ulterior desarrollo del conocimiento, en uno de los componentes determinantes del “saber básico”, en el que se funda la creación y el progreso de las disciplinas científicas; el concepto científico es la expresión más característica y lógicamente diáfana del papel activo y de la enorme fuerza del raciocinio humano en el conocimiento de la esencia del mundo que nos rodea, lo que determina la extraordinaria importancia de su valor cognoscitivo y práctico.

Luria (1967) escribió:

Cuando, en 1861, Broca formuló por primera vez la hipótesis de que la destrucción del aspecto motor del lenguaje está relacionado con el deterioro de un área limitada del cerebro, estaba procediendo con arreglo a una concepción bien definida de la estructura cerebral y de la localización de las funciones en el córtex cerebral. De acuerdo con esta concepción, que se vio corroborada por los descubrimientos anatómicos de Betz y las investigaciones fisiológicas de Fritsch y Hitzig, el córtex constituye un sistema de áreas altamente diferenciado cuyas células desempeñan unas funciones muy concretas. En esta época, en que los primeros estudios anatómicos y fisiológicos de la actividad cerebral estaban diferenciando unas áreas del córtex que tenían funciones fisiológicas (aferentes o eferentes) estrictamente definidas, los investigadores clínicos estaban empezando a distinguir unas áreas que resultaban ser “depósitos” únicos de procesos mentales complejos y, por consiguiente, desempeñaban funciones psicológicas definidas. Así fue como se describieron los centros” de la imagen motora de la palabra” (área de Broca) y de la imagen sensorial de la palabra” (área de Wernicke).

Bajo las condiciones de la sociedad primitiva, el lenguaje empezó a desarrollarse como medio de comunicación; entonces, con arreglo a leyes que aún no conocemos, apareció el lenguaje verbal. En el desarrollo del lenguaje verbal, las palabras se separaron gradualmente de las actividades laborales y de los gestos de señalización; las palabras empezaron a abstraer y al mismo tiempo a generalizar diversas características de los objetos. Así acabaron por crear las funciones de designación y al mismo tiempo las de generalización y sistematización.

La formación de los procesos verbales está relacionada con importantes cambios en la estructura de los sistemas funcionales del cerebro de los que se ha hablado. Con la aparición de lo que Pávlov consideró como un segundo sistema de señales de la realidad, derivado de la abstracción y al propio tiempo de la generalización de innumerables señales directas, la forma más compleja de actividad refleja, que intuía antes la base del comportamiento animal, cobro nuevos rasgos específicos en el hombre.

En las primeras investigaciones neurológicas quedó firmemente establecido el hecho de que los trastornos del habla, las afasias, solo aparecen como consecuencia de la lesión de ciertas áreas del hemisferio izquierdo. Como regla general, la afasia no aparece tras una lesión en el hemisferio derecho o en áreas situadas fuera de las áreas del hablar del córtex. Así, las primeras descripciones de los síndromes afásicos, que posteriormente fueron precisadas por muchos autores, revistieron un carácter claramente topológico.

En los animales los sistemas funcionales son relativamente constantes; así, como han mostrado Bethe, Asratian y Anokhin, la reorganización de la función dentro de ciertos sistemas no presenta dificultad. Sin embargo, en el hombre, el desarrollo del trabajo, el uso de instrumentos y, lo más importante de todo, la presencia del lenguaje que constituye la base del segundo sistema de señales del cerebro, permite a los sistemas funcionales una plasticidad extrema. En el hombre casi todas las áreas corticales pueden adquirir una nueva significación funcional, incorporándose así a casi cualquier sistema funcional. Por ello, todo lo que al hombre le falta en potencial regenerativo es suplido por una mayor flexibilidad funcional.

Luria (1969) explica:

Las funciones psíquicas superiores del hombre son por sí mismas sistemas funcionales, sociales por su origen y que no se realizan de manera mediata por su estructura. Esto significa ante todo que ninguna forma compleja de la actividad psíquica del hombre transcurre sin participación directa o indirecta de la facultad del habla y que las relaciones del segundo sistema de señales desempeñan un papel decisivo en su construcción. La organización de la facultad del habla de los procesos psíquicos se manifiesta en el complejísimo conjunto de sus particularidades funcionales y se apoya en aquel nuevo principio de la actividad nerviosa que se introduce en la actividad nerviosa con la aparición del segundo sistema de señales. Gracias a la facultad de hablar se realiza la función de abstracción y generalización de las señales directas de la realidad y aparece la posibilidad del reflejo de aquellas conexiones y relaciones de los objetos y fenómenos, los cuales se alejan de los límites de la percepción sensitiva directa. Por esto, es natural que la organización verbal de los procesos psíquicos deba considerarse como una actividad de todo el cerebro en conjunto, que se apoya en la función conjunta del todo el complejo de analizadores.

Ya desde los tiempos de las clásicas investigaciones de Broca (1861) y Wernicke (1874) se ha establecido que los dos hemisferios del encéfalo en toda su simetría morfológica no son funcionalmente equivalentes, que el hemisferio izquierdo principalmente en la persona derecha está ligado con las funciones del habla y en esta relación es dominante, mientras que el hemisferio derecho no lleva consigo tan importantes (para el habla) funciones y que puede ser designado como subdominante. Por una serie de trabajos está indicado que la afección de determinadas partes de las secciones frontal-temporal-occipital del hemisferio izquierdo provoca en la persona derecha alteraciones del habla, mientras que las afecciones de las partes análogas del hemisferio derecho no conducen a tales síntomas.

Así pues, el substrato cerebral de las funciones psíquicas superiores, incluida el habla, es la actividad conjunta de ambos hemisferios que, sin embargo, no son equivalentes por su importancia.

En los enfermos con lesión de los lóbulos frontales del cerebro, el proceso complejo de la actividad intelectual (pensamiento) resulta bruscamente alterado.

Luria (1974):

Los sistemas del hemisferio izquierdo dominantes en el caso de los sujetos diestros, están íntimamente conectados con el lenguaje y por medio de éste con todos los procesos mentales en cuya organización el lenguaje desempeña una función activa. Al mismo tiempo es bien conocido que el lenguaje participa directamente en la formación de las formas más complejas de percepción; a saber, la codificación de la percepción de los colores, formas y objetos de “categorías” de complejas.

La base para la construcción del movimiento voluntario o acción consciente es el sistema del lóbulo frontal que, no solo mantiene y controla el tono general del córtex, sino que con la ayuda del lenguaje interno y bajo la influencia de impulsos aferentes que le llegan de otras partes del córtex, formula la intención o tarea motora, asegura su conservación y además su papel regulador, permite la ejecución del programa de acción y mantiene una vigilancia continua de su curso. Los movimientos voluntarios y las acciones del hombre son sistemas funcionales complejos, llevados a cabo por una “constelación” dinámica igualmente compleja de zonas del cerebro que trabajan concertadamente, cada una de las cuales aporta su propia contribución a la estructura de los movimientos complejos. Por esta razón, una lesión en estas zonas, al bloquear un componente de este sistema funciona como un todo y conduce a la aparición de defectos motores.

La direccionalidad y selectividad de los procesos mentales, la base sobre las que se organizan, se denomina normalmente en psicología con el término de atención. Por este término entendemos el factor responsable de extraer los elementos esenciales para la actividad mental, o el proceso que mantiene una estrecha vigilancia sobre el curso preciso y organizado de la actividad mental.

Los lóbulos frontales humanos participan en la activación inducida por una instrucción verbal y son una parte del sistema cerebral directamente involucrado en los procesos asociados con las formas superiores de atención activa. El hecho de que los lóbulos frontales tengan tantas conexiones con la formación reticular proporciona una base morfológica y fisiológica para la participación de los lóbulos frontales en estas formas superiores de activación.

Las lesiones en las partes superiores del tallo cerebral y sistema límbico pueden alterar la base primaria de la atención, la reacción orientadora, que puede ser inestable y de fácil extinción, o puede dejar de suprimirse por factores de habituación. Sin embargo, es característico que, en estos casos, la atracción de la atención por un estímulo con la ayuda de  una instrucción verbal puede compensar sus defectos y fortalecer los componentes electro-fisiológicos y autónomos de la atención.

Los lóbulos frontales desempeñan un importante papel en la elevación del nivel de vigilancia de un sujeto cuando realiza una tarea y participan así, sucesivamente, en las formas superiores de la atención.

Una alteración en las zonas profundas del cerebro conduce a alteraciones primarias de la memoria que están totalmente desconectadas con los defectos especiales de la actividad gnósica (analítica y sintética) y que, consecuentemente, las zonas profundas del cerebro, que limitan con la formación reticular de la parte superior del tallo cerebral e incluyen las estructuras límbicas, están relacionadas directamente no solo con el mantenimiento del tono cortical óptimo, sino también con la creación de las condiciones necesarias para la retención de huellas de la experiencia directa.

Aunque los hechos relativos a la organización cerebral de la memoria se han acumulado en su totalidad durante los últimos quince o veinte años, nuestro conocimiento de la organización cerebral de los procesos del lenguaje se basa en la experiencia acumulada durante más de un siglo. Cuando Broca en 1861 expresó su teoría de que el lenguaje motor está “localizado” en las zonas posteriores del tercio izquierdo del giro frontal, y cuando en 1874 Wernicke atribuyó al tercio posterior del giro temporal superior izquierdo la función del lenguaje sensorial, se habían dado los primeros pasos importantes hacia una comprensión científica de la organización cerebral de la actividad del lenguaje.

Ahora podemos ir todavía más lejos. La psicología moderna considera el habla como un medio de comunicación especial que utiliza el código del lenguaje para transmitir información. Considera el habla como una forma compleja y específicamente organizada de actividad consciente que incluye la participación del sujeto que formula la expresión hablada y la del sujeto que la recibe.

El habla, basada en la palabra, la unidad básica del lenguaje, y en la frase como la unidad básica de la expresión narrativa, utiliza automáticamente estas posibilidades históricamente formadas, en primer lugar, como un método de análisis y generalización de la información que se recibe y, en segundo lugar, como un método de formular decisiones y extraer conclusiones. Por esto el habla, un medio de comunicación, se ha convertido al mismo tiempo en un mecanismo de actividad intelectual, un método para usar en operaciones de abstracción y generalización y una base del pensamiento categórico.

Las palabras son sólo la unidad básica del aspecto ejecutivo (operativo) del proceso del lenguaje. El siguiente componente en su organización es la frase o expresión, que puede variar en complejidad y que puede ser convertida en habla conexa o lenguaje narrativo. El siguiente en el lenguaje impresivo es la comprensión del significado de una frase completa o una completa expresión verbal conexa. La organización cerebral de este proceso es evidentemente mucho más compleja que la de la simple y directa descodificación del significado de las palabras. En este proceso de descodificación las zonas temporales, parietales y occipitales del hemisferio izquierdo ejercen un papel muy importante y que una lesión patológica de dichas zonas conduce a la interrupción de los esquemas espaciales simultáneos, que en el nivel simbólico (lenguaje) dan lugar a fenómenos tales como la alteración del entendimiento de las relaciones lógico-gramaticales y a serias alteraciones de la actividad constructiva y de las operaciones aritméticas que no pueden realizarse sin estas síntesis simultáneas (espaciales).

Se comprenderá, por tanto, fácilmente, que la participación de los lóbulos frontales en la descodificación de expresiones complejas, que requieren un trabajo activo para la misma, es absolutamente necesaria y que una lesión de los lóbulos frontales, si bien no impide la comprensión de la palabra y frases simples, impedirá completamente la comprensión de formas complejas de lenguaje narrativo y, en particular, la comprensión del significado oculto de una expresión compleja.

Los lóbulos frontales son el aparato esencial para la organización de la actividad intelectual como un todo, incluyendo la programación del acto intelectual y la comprobación de su ejecución.

Platonov (1976):

La corteza cerebral del hombre tiene un grosor de 2 a 5 milímetros y consta de unas 15 000 millones de células (neuronas), cuya magnitud varía de 0.005 a 0.05 milímetros. Las células son diferentes tanto por su forma como por las funciones que realizan. Algunas de ellas tienen hasta 10 000 conexiones con otras. Creció hasta que llegó un momento en que la corteza cerebral no puede ya alojarse libremente en el cráneo y se contrajo formándose cisuras y circunvoluciones. La superficie total de la corteza cerebral en el hombre es en término medio de 2000 centímetros cuadrados, con la particularidad de que dos tercios de la misma se encuentran en el fondo de las cisuras.

Las funciones fundamentales del organismo –respiración, circulación de la sangre, digestión, termorregulación, etc.- están normalmente agrupadas por los términos “funciones vegetativas”, aunque también se vinculan con el trabajo de la corteza, pero las regulan los centros situados en los ganglios subcorticales y en el tronco cerebral.

Los procesos materiales que se desarrollan en el cerebro son la alternación de la excitación e inhibición en las diferentes partes de la corteza cerebral, es decir, la denominada neuro-dinámica cortical.

La memoria es el reflejo, por la conciencia, de lo que existió en el pasado, por medio del recuerdo, la reproducción y el reconocimiento, cuya base es la formación de conexiones temporales bastante firmes en la corteza cerebral.

La repetición es una de las condiciones esenciales de la memorización firme. Esta idea se reflejó en el viejo adagio: “la repetición es la madre de la instrucción”. Más, según han mostrado experimentos especiales, no toda repetición, ni mucho menos, conduce a resultados positivos: para ello, la repetición debe ser racional y debe estar orientada hacia un fin determinado. Al repetir el material debe examinarse, cada vez desde un punto de vista nuevo, ligando los hechos conocidos con otros nuevos; de lo contrario, aburre en seguida y se pierde el interés. La repetición mecánica es un aprendizaje poco productivo.

Cuanto más desarrollada está la psiquis del animal, tanto mayor es la magnitud relativa de su cerebro. El volumen medio de las personas de nuestra época es de 1450 centímetros cúbicos. El tamaño típico del cerebro de los antropoides es de 350 centímetros cúbicos. Es decir, el tamaño relativo del cerebro es muy importante para el desarrollo de funciones psíquicas superiores.

El pensamiento es una actividad psíquica dirigida al conocimiento generalizado y mediato de la realidad objetiva, mediante el descubrimiento de las conexiones y relaciones existente entre los objetos y fenómenos que se conocen.

La inteligencia es la capacidad del hombre para pensar y regular las relaciones con la realidad objetiva.

Segal (1985):

El hombre primitivo aún no tenía un órgano especializado para hablar. Hablaba con todo el cuerpo: hablaban los músculos de su cara, sus hombros, sus piernas, y más que todo sus manos. El hombre primitivo tampoco podía hablar con palabras; pero tenía las manos que lo apoyaban a expresarse. Ejecutaba todo su trabajo con las manos. No usaba la lengua para hablar. Lo que significa que aún no había desarrollado el pensamiento abstracto.

Sidorov (1985):

Desde el punto de vista histórico el primer representante del Homo sapiens fue el llamado hombre de Cro-Magnon, surgido hace aproximadamente cincuenta mil años. Los hechos verificados por la ciencia, señalan como causas principales del origen del pensamiento, las tres siguientes: la sociedad, el trabajo y el lenguaje articulado. El pensamiento no se nos antoja ahora una facultad humana especial, independiente, aislada de las condiciones exteriores; sin embargo, se trata de una propiedad que apareció históricamente, con un desarrollo progresivo, que sirve a la sociedad y que no habría podido existir sin ella. En este sentido, el niño llega a ser un individuo pensante, no nace como tal.

Así pues, las premisas fundamentales para el surgimiento del pensamiento son: sociedad, trabajo y lenguaje.

El lenguaje es la auténtica realidad del pensamiento, el medio para formar los actos mentales, la propia capacidad de pensar. Las palabras son las portadoras de los conceptos, son objetos ideales, el material con el que opera el hombre cuando piensa. Esto no agota el límite del pensamiento, ya que con la operación de los conceptos se generan los juicios y con estos los razonamientos. Es decir, los conceptos son las "células" con que opera el pensamiento.

D’ Egremy (2007):

“El razonamiento parece llevarse a cabo en la corteza cerebral, en el área pre-frontal, es decir, en la parte anterior del lóbulo frontal. La experiencia médica ha confirmado que cuando existen lesiones en esa región, el proceso de razonamiento se ve afectado o simplemente no se realiza”.


 Cerebro órgano de la conciencia humana

El cerebro humano es el órgano más complejo y es el substrato material de la conciencia humana.

Herrera (2016): define escribe: “la conciencia ... [es] un proceso mental, es decir, neuronal, mediante el cual nos percatamos del yo y de su entorno en el dominio del tiempo y del espacio”. Respecto a la fisiología que está detrás de la conciencia, comenta que las neuronas propagan y transmiten señales eléctricas, pero la manera en que lo hacen es muy diferente a como lo hacen los cables en los que se mueven los electrones. La membrana del axón en las neuronas separa soluciones de sales de cloruro de sodio y cloruro de potasio. En el estado de reposo, existe en el interior un exceso de iones cloro sobre iones de sodio y potasio juntos, de tal manera que en el interior hay una carga neta negativa. Ante un estímulo, la membrana del axón se abre para dejar pasar los iones que modifican la carga eléctrica en el interior, haciéndola positiva. Esta inversión de carga se propaga porque los campos eléctricos que se generan provocan que se abran los canales, llamados compuertas de sodio, en la membrana celular. Esta inversión provocará la apertura de compuertas de potasio que permite el paso de los iones potasio, y así sucesivamente.

Viosca (2017) escribe que el cerebro tiene alrededor de 100 000 000 millones de neuronas  que utilizan hasta 19 000 genes de los 30 000 que componen el genoma humano, y se enlazan entre sí formando mil millones de conexiones. Cuando el impulso nervioso viaja de una neurona a otra, lo hace gracias a la conexión que se establece entre el axón de la neurona que transmite la señal y la dendrita de la neurona que la recibe. Esta, sin embargo, no es una conexión directa. Entre los extremos de una y otra célula existe un diminuto espacio vacío llamado sinapsis. Para superar la hendidura, el botón sináptico, situado en el extremo del axón, libera unas moléculas llamadas neurotransmisores, que atraviesan el espacio sináptico hasta unirse a unos receptores situados en el extremo de la dendrita y se abre un canal iónico por el que el potencial de acción continúa. Los canales iónicos son proteínas complejas y flexibles incrustadas en la membrana celular que actúan como tubos capaces de abrirse y cerrarse para dejar pasar un tipo de ion (sodio, potasio y calcio). En estado de reposo, el interior de la neurona tiene una carga negativa respecto al exterior. Cuando la acción del neurotransmisor provoca la apertura de los canales de sodio, estos iones del exterior pasan al interior celular, lo que modifica el potencial de la membrana: su parte interna se vuelve positiva. Este cambio se conoce como polarización y produce el potencial de acción en la neurona receptora.

En el mismo sentido se expresa Sánchez (2017) al escribir acerca de la comunicación entre las neuronas: los contactos entre neuronas se denominan sinapsis, llamándose neurona pre-sináptica a la que envía una señal y neurona post-sináptica a la que la recibe. Las neuronas siguen el proceso de la polarización que significa que tiene dos polos clave: el árbol dendrítico, a un lado del soma o cuerpo neuronal, que recibe señales de otras neuronas, y el axón, al otro lado, que envía señales al polo dendrítico de las neuronas siguientes en un circuito neuronal. Cada neurona será a la vez pre y post-sináptica, ya que recibirá señales en su polo dendrítico (post-sináptica) y las enviará a través de su polo axónico (pre-sináptica). Las neuronas en reposo son electronegativas en su interior, con una diferencia de potencial de -90 mV (milivoltios) entre el interior y el exterior celular. En estas condiciones las células están polarizadas. A la llegada de un estímulo, se activan secuencialmente canales iónicos. Primero se abren los canales de sodio (Na+), permitiendo la entrada a la célula de este catión que arrastra sus cargas positivas y anula la electronegatividad. Así, la neurona se despolariza. En escasos milisegundos se activan canales iónicos de potasio (K+), que sale de la célula arrastrando cargas positivas y retornando la polarización al nivel original; la célula se re-polariza. Esta entrada y salida de iones modifica el voltaje desde los niveles de reposo (-90) hasta los +30 mV, y  posteriormente se retorna a la condición de origen. También hay canales de (Ca+), que se abren por la des-polarización producida por el último potencial de acción, permitiendo la entrada de este catión al interior de la pre-sinapsis. El calcio tiene la particularidad de que su concentración extracelular es alta, mientras que en el interior es mínima. Al penetrar el calcio en el interior de la neurona activa procesos para la liberación de neuro-transmisores. Estos salen del espacio sináptico y se unen a espacios sinápticos y se unen a los receptores post-sinápticos y de esta forma se posibilita el movimiento del potencial de acción entre las neuronas.

Valderas (2017) afirma que “todas las teorías de la conciencia coinciden en conceder un papel fundamental a la corteza cerebral. Esta aparece con los mamíferos. Se trata de una red finamente organizada y constituida por seis capas de células. Reposa sobre el cerebro antiguo de organización de los reflejos. Las estructuras antiguas subyacentes a la corteza prosiguieron desempeñando una función clave en la conducta de mamíferos, pero su dominio del comportamiento empezó a debilitarse a medida que la corteza cerebral se expandía y crecía su control sobre éste. La gran expansión de la corteza pre-frontal se asocia a una mayor flexibilidad en la conducta, a una mayor capacidad para el auto-control y resolución de problemas y, como cabía esperar, a una capacidad consciente más desarrollada. Todo parece indicar que la conciencia juega un papel fundamental en cómo el cerebro desempeña dos de sus funciones más importantes, a saber: la respuesta adecuada al dolor o al frío, a la sed y al placer; y el aprovechamiento de las ventajas ofrecidas por la cooperación y la sociabilidad”.

El mismo autor citado dice que la conciencia ha sido producto y, en cierta medida, motor de la evolución humana. Nos aporta capacidad para abstraer, pensamiento simbólico y sociabilidad. Un progreso clave de la evolución animal fue el desarrollo de una estructura nerviosa longitudinal y bilateralmente simétrica, la línea media. Sin ese eje corporal de simetría, el planeta seguiría ocupado por anémonas, esponjas y similares de simetría radial. El tránsito de una simetría radial, a una simetría bilateral creó en los animales una izquierda y una derecha y un sistema nervioso. Una de las adquisiciones más importante en la evolución del sistema nervioso central de los vertebrados fue la aparición en el extremo del cráneo, o telencéfalo, de láminas superficiales de neuronas que acabarían por componer la corteza  o córtex. En los mamíferos, se identifica una corteza especialmente compleja, de seis capas, que por su aparición tardía en la evolución se ha llamado neo-córtex. Solo en la especie humana se encuentra una re-estructuración drástica del cerebro y, por ende, de la conciencia. La especie que emergió de África hace unos 200 000 años no presenta un cerebro relativamente grande. Tenía, eso sí, una mayor corteza de asociación, involucrada  en una gran variedad de procesos cognitivos. También poseía un lóbulo frontal comparativamente grande en el que se iban a desarrollar las capacidades mentales superiores, las que nos definen como especia humana. Solo en el hombre debido a un mayor tamaño relativo de su cerebro confluyen la conciencia, el lenguaje y el pensamiento.


Discusión

El estudio de la conciencia es un problema filosófico complejo, cuyo abordaje certero depende de la solución correcta del problema fundamental de la filosofía: la relación entre la conciencia y la materia, así como las respuestas derivadas de la pregunta: ¿que es lo primario y que lo secundario?

La filosofía idealista considera que la conciencia existe independientemente de la realidad material y es la que determina el movimiento de la materia. En contraposición el materialismo considera que es la materia en su movimiento la que genera la conciencia.

Para resolver la controversia es necesario retroceder en el tiempo y seguir el movimiento de la materia, por lo menos desde hace 4 500 millones de años cuando la Tierra era un planeta sin vida y se trataba de materia muy caliente en estado de fusión, condición térmica que hacía imposible el origen de la vida. Según Hazen (2015) al poco tiempo cuando la Tierra tenía unos 50 millones de años fue impactada por un asteroide del tamaño de Marte, impacto que produjo la inclinación de nuestro planeta y lo hizo más grande, condición que fue crucial para que tuviera la gravedad necesaria para retener una atmósfera que al carecer de oxígeno fue crucial para el origen de la vida. La atmósfera primaria del joven planeta era reductora (ausencia de oxígeno) y uno de los componentes gaseosos era el vapor de agua, que se originó por el aporte de la intensa actividad volcánica y la evaporación del agua congelada de los cometas debido al impacto sobre la superficie de la Tierra. El planeta seguía enfriándose hasta alcanzar el aire el punto de saturación, a  partir del cual se formó por el proceso de condensación, una extensa nubosidad, que luego produjo prolongadas precipitaciones (agua líquida y/o sólida), llenó las cuencas terrestres para formar los océanos primitivos que cubrían casi la superficie basáltica del planeta, hace uno 150 millones de años. Con el agua líquida y la atmósfera (mezcla de gases: metano, amoniaco, vapor de agua, etc.) se dieron dos de las condiciones para el surgimiento de la vida primitiva. Faltaban todavía los continentes, cuya formación se debió a la fusión de la roca basáltica oceánica favorecida por el agua líquida para formar la roca granítica típica de los continentes que al ser más ligera se elevó y dio origen a los continentes hace unos 500 millones de años. La roca de los continentes por acción de los cambios meteorológicos accionados con la energía solar, se intemperizó y liberó los componentes químicos que al ser transportados por los escurrimientos superficiales se depositaron en los océanos y junto con los minerales inorgánicos aportados por las fuentes hidrotermales, generaron la otra condición necesaria para el origen de la vida temprana. Los gases de la atmósfera al reaccionar con la lluvia y con la energía ultravioleta aportada por el Sol y tal vez adicionalmente por las descargas eléctrica (relámpagos) se combinaron para formar compuestos orgánicos simples (aminoácidos, nucleótidos, péptidos) que al depositarse en las aguas de los océanos y al reaccionar con otros elementos minerales formaron compuestos orgánicos más complejos: proteínas, ácidos nucleicos, fosfolípidos, que al interaccionar con el agua, particularmente los fosfolípidos, dieron origen a una membrana que separaba el medio exterior del interior, dando como consecuencia el origen de la célula procariota, hace unos 3 500 millones de años en los mares. Así pues, la vida primitiva tuvo un origen químico como lo conjeturó Oparin desde 1924 y confirmado por los experimentos de Stanley-Miller en 1953, quien sometió a una atmósfera primitiva reductora rica en metano, amoniaco y vapor de agua a descargas eléctricas y al poco tiempo se formaron compuestos orgánicos simples, tales como aminoácidos y nucleótidos. Era evidente que no había una barrera infranqueable entre lo inorgánico y lo orgánico. La vida perduró por otros 1000 millones de años en los océanos ricos en alimento (compuestos orgánicos) que se formaban de manera natural, por lo que se produjo por la necesidad de sobre-vivencia el auto-trofismo, primero químico y luego foto-autótrofo (fotosíntesis) desarrollado por las ciano-bacterias. hace unos 2500 millones de años, proceso en el que se combinaban químicamente el bióxido de carbono aportado por el aire con el agua aportada por los océanos, para formar glucosa y la liberación de oxígeno molecular, que primero se depositó en el océano y una vez que se agotó al oxidar al hierro, tuvo que ser liberado a la atmósfera. Esto representó la primera contaminación global para una vida anaeróbica que prevalecía, pero a la vez dio la oportunidad para el surgimiento de la célula eucariota más compleja que su antecesora hace unos 1500 millones de años. La vida seguía en los océanos y hace unos 600-700 millones de años por la tectónica de placas la Tierra se congeló dando origen a lo que se conoce como Tierra “bola de nieve” y en esta ocasión la tectónica de placas, a través de la actividad volcánica, particularmente por la emisión de gases invernadero (bióxido de carbono y vapor de agua) rescataron al planeta volviéndolo a la normalidad y al poco tiempo en términos geológicos aparecieron de formas de vida más complejas pluricelulares, como la fauna de Ediacara todavía con “residencia” en el océano. Probablemente por la tectónica de placas los océanos se levantaron y se convirtieron parcialmente en nuevos continentes, por lo que las especies animales y vegetales tuvieron que adaptarse a las condiciones terrestres continentales, dando como consecuencia a lo que se denominó como Tierra verde y un nuevo Eón: El Fanerozoico (vida visible) en la que la vida se hizo más compleja. Aparecieron los anfibios, luego los reptiles y poco después los mamíferos y las aves. En la extinción de los reptiles (dinosaurios) tal vez tuvo que ver una casualidad que cambió radicalmente la historia de la vida en la Tierra: probablemente el impacto de un meteorito de unos 10-15 kilómetros de diámetro, en lo que hoy es la Península de Yucatán  (México) y sus consecuencias inmediatas fue un excesivo calor y luego por la presencia de cenizas en la atmósfera que bloquearon la radiación solar, provocó frío, poeceos físicos que eliminaron a los dinosaurios y le “desbrozaron” el camino evolutivo a los pequeños mamíferos hace unos 65 millones de años.

De los mamíferos se desprendieron los primates entre los que se encuentran los simios y los monos antropoides (gorilas, orangutanes y chimpancés) hace unos treinta millones de años. Luego hace unos 15 millones de años aparecieron los homínidos (todas las especies emparentadas con el linaje humano), que una vez más por la tectónica de placas se produjo un hundimiento en el este africano y elevación del relieve en las partes adyacentes, lo que alteró la trayectoria de los vientos y de ser un clima cálido húmedo de exuberantes vegetación y fauna el oriente africano se tornó seco, clima que condicionó el origen de la sabana, caracterizada por la existencia de grandes llanuras de pastizales, arbustos y árboles espaciados. En este nuevo ambiente nuestros antepasados arborícolas tuvieron que bajar de los árboles al suelo en busca de alimentos, condición que los obligó a caminar erguidos (Australopitecos), con lo que les quedaron libres las manos que al principio las utilizaron para manipular objetos y luego fabricar instrumentos de trabajo primitivos, dando así origen al hombre primitivo: el Homo habilis, que todavía conservaba algunos rasgos de sus antecesores Australopitecos, pero su capacidad de fabricar herramientas de trabajo lo elevaron por arriba de sus predecesores, ya con un cerebro de unos 600 gramos más grande de unos 350-400 gramos. A la práctica laboral rudimentaria basada en la apropiación directa de lo que la naturaleza le aportaba (recolección de productos vegetales y caza de animales salvajes), también le correspondió un lenguaje primitivo inarticulado en el que se comunicaba con todo el cuerpo, pero principalmente con las manos. El siguiente hombre primitivo el Homo erectus perfeccionó sus instrumentos de trabajo y logró un invento crucial para su sobre-vivencia: el fuego, técnica que le permitió protegerse del frío en un ambiente de continuas glaciaciones que iniciaron en el Pleistoceno hace 2 millones de años), último periodo de la Era Cenozoica (vida reciente); además, le sirvió para ahuyentar y cazar a los animales depredadores que coexistieron con él, y lo más importante, le permitió cocer sus alimentos lo que los hizo más asimilables, lo que repercutió en la reducción de tamaño del sistema digestivo, lo que favoreció el crecimiento y mayor complejidad (900 gramos). Sin embargo, su lenguaje seguía siendo inarticulado y rudimentario y básicamente corporal como su antecesor el Homo habilis. Después de otras especies del género Homo, que todavía no se definen claramente, apareció en Europa principalmente hace unos 35 000 años, que es un tiempo relativamente reciente en términos geológicos y se trató del Homo sapiens (hombre sabio) con un cerebro de unos 1500 gramos, con el  que aparece el lenguaje articulado propiamente, como lo testifica el arte (pinturas rupestres), el cual puede ser definido como el reflejo de lo abstracto en imágenes concretas sensibles. La ciencia todavía no había aparecido, tuvieron que pasar otros miles de años, pero el desarrollo de la economía de aproiación directa durante el período Paleolítico, sentó las bases  para la primera revolución tecno-productiva: la Revolución Neolítica, con la que aparece el cultivo de plantas (agricultura) y la domesticación de animales (ganadería), actividades que aumentaron la productividad de alimentos y asimismo dieron origen a la primera división social del trabajo. Además, hizo posible el surgimiento de la sociedad clasista: el Esclavismo hace unos 1000 años a.C. en Medio Oriente. Con el esclavismo, apareció la división del trabajo en intelectual y físico, lo que hizo posible el surgimiento de la ciencia: primero la ciencia general (filosofía) y los rudimentos de las ciencias particulares sistematizadas por Aristóteles (384-322 a. C.).

El surgimiento de la conciencia requirió el movimiento cuantitativo y cualitativo de la materia, para finalmente culminar  hace unos dos millones de años con la aparición del hombre primitivo y después de casi dos millones de años apareció el Homo sapiens hace unos 35 000 años y tuvo que  aparecer la propiedad privada y la sociedad clasista, para que apareciera la ciencia primitiva en Grecia, Egipto y otros países de Medio Oriente, para la que se requería un lenguaje articulado y desarrollado que permitiera comunicarse en la actividad productiva y social de la especie humana y, además para la abstracción y generalización científicas. Así es, como apareció el lenguaje como la expresión práctica de la conciencia.

Es evidente, entonces, que es la materia en movimiento (transformación) la que dio origen a la especie humana después de un prolongado tiempo de desarrollo histórico de la Tierra de 4 500 años, por consiguiente no tiene nada de misterioso y sobre-natural, lo que confirma la tesis materialista dialéctica: la materia es lo primario y la conciencia es derivada (secundaria), tesis confirmada por los descubrimientos de las ciencias particulares, particularmente durante los siglos (XV-XX), cuya generalización filosófica confirma la validez del materialismo dialéctico, en la que el lenguaje oral y escrito ha sido fundamental.


Conclusiones

La conciencia es el reflejo de la realidad objetiva del mundo que nos circunda y es una actividad psíquica específicamente humana.

El lenguaje es un producto social. Surgió en el hombre primitivo (Homo habilis) hace unos dos millones de años, como una necesidad de comunicarse durante el proceso laboral, aunque era básicamente corporal. Se desarrolló con el Homo erectus. En este el lenguaje siguió siendo en lo fundamental un medio de comunicación, también de carácter corporal. Con el Homo sapiens hace unos 35 000 años, además, de medio de comunicación también se transformó en el fundamento de la generalización y la abstracción, actividades mentales que hicieron posible el pensamiento abstracto reflejado en el arte (pinturas rupestres). Tiempo después, en los siglos VII-IV a.C. en Grecia, apareció la ciencia primitiva (filosofía) y las ciencias particulares rudimentarias sistematizadas por Aristóteles. 

Es la materia en movimiento (transformación) la que dio origen a la especie humana, después de un prolongado tiempo de desarrollo de la Tierra de 4 500 millones de años, por consiguiente, no tiene nada de misterioso y sobre-natural, lo que confirma la tesis materialista dialéctica: la materia es lo primario y la conciencia es derivada (secundaria), tesis confirmada por los descubrimientos de las ciencias particulares, especialmente durante los siglos (XV-XX), cuya generalización filosófica confirma la validez del materialismo dialéctico, en la que el lenguaje oral y escrito ha sido fundamental.

El lenguaje es la expresión práctica de la conciencia humana, ya que está presente en toda nuestra vida socio-productiva y educativa, que nos permite comunicarnos y a través de la generalización y abstracción expresar los conceptos científicos.

La corteza cerebral es el substrato material de las funciones psíquicas superiores, entre las que destacan la conciencia en general y en particular el pensamiento abstracto.

El hemisferio cerebral izquierdo es el “órgano” del pensamiento abstracto, que aunque morfológicamente es similar al hemisferio derecho, funcionalmente son muy diferentes.

Los lóbulos frontales ocupan una mayor extensión, por consiguiente, son los que coordinan como un todo la actividad intelectual (pensamiento) de la especie humana, particularmente en el hemisferio izquierdo.

La moderna neurología confirma la tesis materialista dialéctica de que la conciencia en general y el pensamiento abstracto en particular tienen una base material: la comunicación electro-química entre las neuronas.  Es decir, no existe nada sobre-natural, la conciencia y el pensamiento tienen su fundamento material: la corteza cerebral.

El pensamiento abstracto no se adquiere por el hecho de nacer, es decir, no es genético. Se logra a través de una ardua instrucción y estudio y la reflexión; y,  la repetición racional es clave para alcanzarlo, ya que hace firmes las conexiones neuronales para fijarlos en la memoria racional.


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